Perú 2019 – Etapa 2 – Trujillo: La Ciudad Revolucionaria

Con mucho más pasado que el colonial, Trujillo se presenta como la gran capital del norte y supone un enclave perfecto para disfrutar de su bonito y cuidado centro histórico y también para descubrir algunas de las culturas pre-Incas más importantes de la costa del Peru.

Breve Historia de la Ciudad

La andadura de Trujillo se remonta a la época en la que España comenzó la conquista de Perú, en 1532. Hasta ese momento, habían pasado por el valle importantes culturas y civilizaciones como la Moche, la Chimú (o Chimor) y, finalmente, la Inca.

Aunque ha habido algo de duda o controversia sobre la fecha exacta de la fundación de la ciudad (1534 o 1535) y sobre a quién se le atribuye (Francisco Pizarro o Diego de Almagro), parece ser que finalmente fue Diego de Almagro quien la fundó en diciembre de 1534.

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Los balcones son una de las señas de identidad de Trujillo

En cuanto al nombre, Trujillo, los dos personajes de la discordia eran oriundos de Trujillo de Extremadura, por lo que está claro de dónde viene el nombre: fue fundada originalmente como “Trujillo de Nueva Castilla”.

Inicialmente poblada por nobles españoles que explotaban su agricultura, fue desarrollándose paulatinamente hasta que a finales del siglo XVII, y tras varios ataques y saqueos piratas, se convierte en una ciudad amurallada con 3000 casas.

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Municipalidad de Trujillo

A partir de entonces, siguió creciendo poco a poco y ganando identidad propia hasta que, antes de la llegada de los libertadores, declaró su independencia de España en 1820. Los patriotas trujillanos desempeñaron un papel importante en las batallas finales contra los españoles, haciendo que Simón Bolívar instalase aquí su cuartel general.

El siglo XX fue bastante movidito para Trujillo. En 1895 nació en la ciudad Haya de la Torre, líder del APRA, que se presentó a las elecciones para presidente en 1931 pero perdió, supuestamente, debido a que el dictador Sánchez Cerro hizo trampa autoproclamándose ganador.

Haya de la Torre acabó en prisión, provocando una revuelta de la clase media que culminó con más de 1000 muertos, muchos de ellos del APRA. El partido no conseguiría el poder hasta los años 80’ con la victoria del denostado Alan Garía pero fue realmente el gobierno revolucionario militar el que marcó el cambio, liberando a la región de la opresión de los magnates del azúcar y dividiendo sus haciendas entre las cooperativas de los trabajadores.

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Multicolor en la Plaza de Armas de Trujillo

En la actualidad, la ciudad tiene casi un millón de habitantes y rivaliza por el puesto de la segunda más importante del Perú con Arequipa. Es conocida por la amabilidad de la gente pero también por la inseguridad de ciertas zonas, fundamentalmente por la noche.


Viajando Hacia Trujillo

A la capital del norte se puede llegar en avión (el aeropuerto está a unos 10 km del centro de la ciudad) o también en autobús. Desde Lima se tarda 8 horas en llegar siguiendo la ruta de la Autopista Panamericana, pero no era nuestro caso.

Nosotros estábamos en Cajamarca, a 2750 metros de altitud, y desde ahí la única forma de llegar a Trujillo es en autobús. Después de la maravillosa experiencia con Cruz del Sur para viajar de Lima a Paracas, decidimos repetir la compañía y no pudimos estar más acertados.

Salimos de Cajamarca puntuales, a las 18.30, en las formidables butacas VIP de la primera planta que se pueden reclinar hasta 160º (bueno, eso es lo que dicen yo creo que exageran un poco en el numero de grados pero igualmente son gloria pura) por 65 Soles cada uno.

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La nave espacial

¡Pero qué comodidad! Aproveché el viaje para escribir un poco y leer sobre las ruinas del área de Trujillo (pintaza todo). Al llegar cogimos el taxi de la propia compañía para ir hasta Huanchaco, un pueblo costero en el que habíamos decidido alojarnos.

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¡Listo para descansar!

Pagamos 40 soles por el trayecto de 15 km, que realmente es algo caro, pero como nos habían dicho que incluso hay que tener cuidado con los taxis a esas horas de la noche (era casi la 1 de la madrugada) no nos arriesgamos y nos fuimos con el taxi oficial.


Huanchaco y Los Caballitos de Totora

En la planificación que hicimos para el viaje optamos por quedarnos casi siempre en las ciudades (Lima, Cajamarca, Chachapoyas, Arequipa, Cusco…) y desde ahí movernos a los alrededores, así que para Trujillo optamos por alojarnos en este pequeño núcleo costero para así disfrutar un poco del Oceáno Pacífico.

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Paseo marítimo de Huanchaco

Parece ser que Huanchaco fue un simple y tranquilo pueblo pesquero, totalmente apartado de cualquier itinerario turístico, hasta los años 70’. A partir de ahí, empezaron a llegar los surfistas y otros turistas buscando playa.

En la actualidad, la ciudad no tiene ningún encanto especial si nos fijamos únicamente en sus edificios: casas de adobe a medio construir, muchas calles aún de tierra y hoteluchos de costa. Pero el paseo marítimo es bastante ameno y la atmósfera de tranquilidad que se respira (especialmente en los meses de temporada baja), la buena oferta de restaurantes y locales para tomar algo y la constante presencia del mar, hacen de Huanchaco un enclave interesante para establecerse.

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Mucha gente de Trujillo va a pasar el día a Huanchaco para desconectar

Además, está muy bien comunicada con Trujillo con la rede de combis y colectivos (los “Huanchaqueros”) y algunas de las ruinas más impresionantes de la zona quedan a tiro de piedra.

A nosotros nos gustó mucho la experiencia de alojarnos aquí y así poder descubrir las embarcaciones tradicionales diseñadas por los Mochica y que los locales aún usan en la actualidad: Los Caballitos de Totora.

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Caballito de Totora en acción

Nos quedamos en el Hospedaje Fremiott (55 soles la noche por habitación doble con desayuno), a dos minutos de la playa y llevado por un hombre muy amable al que todo le parece bien. En el fondo teníamos la intención de darnos un baño en el Pacífico, pero nos encontramos con un océano muy bravo (por lo menos en los meses de invierno peruano), así que nos contentamos con dormirnos y despertarnos con el romper de las olas al fondo.

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De la multitud de restaurantes que hay para elegir, los dos en los que acabamos son del todo recomendables. La primera noche cenamos en “The Lighthouse”, un local muy moderno y cómodo mirando al océano en el que la parrilla está fuera y puedes ver como te preparan la comida.

Realmente estábamos buscando simplemente un sitio donde tomar algo, pero como nos gustó la atmósfera y el camarero era muy majo (fue muy gracioso cuando puso de fondo canciones de Iseo & Dodosound, un grupo de Pamplona que yo no conocía) nos quedamos a cenar.

Tomamos la Brocheta Tropical de Pollo que estaba deliciosa. El precio es caro para ser Perú, pero decente si lo medimos por estándares europeos.

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El tercer día fuimos a comer a El Caribe, un restaurante oculto en una callejuela perpendicular al paseo marítimo en el que nos habían dicho que servían un Ceviche muy alabado por la gente local.

¡Y eso sonaba estupendamente!

Ese día teníamos que coger el autobús a Chachapoyas a las 16.30, así que fuimos a comer temprano (sobre las 13.00) para no ir con la digestión en proceso… ¡y menos mal!, porque 20 minutos después de llegar nosotros el restaurante empezó a llenarse a toda velocidad.

El ceviche que nos sirvieron era de un pescado que se llama Ojo de Uva y solo puedo definirlo como manjar de los dioses. ¡Qué pasada! Hacía años que no tomaba ceviche y creo que acertamos 100% con el sitio (aunque tuve que engañar a mi madre y ocultarle que era pescado crudo hasta que ya había comido unos bocados).

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¡El mejor del mundo!

Para completar la comida, pedimos chicharrón (también de Ojo de Uva) y, aunque a priori parecía mucha cantidad para los dos, nos lo comimos casi todo. Qué pena que ya nos tuviésemos que ir de Huanchaco…

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Nuestro Paso por la Ciudad de Trujillo

Las ruinas Moche y Chimú de la región están tan cerca de la ciudad que al final acabamos combinando Trujillo con la visita a las ruinas dos de los tres días que pasamos en la costa norte de Perú.

El primer día lo dedicamos a visitar las ruinas Moche y Chimú más alejadas de la ciudad: empezamos por las Huacas del Moche (al sur) y terminamos en el Complejo Chan Chan (al norte, cerca de Huanchaco), con lo que no pisamos la ciudad más que para hacer cambio de combis.

 

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Ciudadela Ñik Am dentro del Complejo Chan Chan

El segundo día, que amaneció nuboso igual que el primero, cogimos una combi para ir directamente al centro de Trujillo y empezar así el paseo por la Plaza de Armas.

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Plaza de Armas nublada… Igualmente bonita

La Plaza de Armas de Trujillo: Un Mundo de Color

La combi nos dejó a varias cuadras de la plaza, pero solamente teníamos que caminar recto por una calle para llegar. Por el camino pasamos junto a una Iglesia Evangélica en la que estaban cantando y, en concreto, una señora en el pasillo dándolo todo a tal nivel que parecía que en cualquier momento iba a salir volando (o levitando).

Es una pasada el poder de la Iglesia (en cualquiera de sus vertientes: Cristiana, Evangélica, Baptista, Jehová, Adeventista…) en Perú. Cada día que pasa nos da más la sensación de que manejan gran parte del cotarro en el país.

Sea como sea, llegamos a la Plaza de Armas sin complicaciones. Nos encontramos con una plaza sorprendentemente tranquila y… preciosa.

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Plaza de Armas de Trujillo, rebosante de colorido

A diferencia de la de Cajamarca, en Trujillo la Plaza de Armas es más un punto de encuentro, de relax y de paseo y que forma parte del entresijo comercial de la ciudad. Sí que hay tiendas, bancos y comercios en las casas que la rodean, pero en el centro hay fundamentalmente gente paseando, niños jugando y mucha vida social.

Vamos, lo habitual de una plaza.

En el centro está la estatua “Monumento a La Libertad” del alemán Edmund Möeller, formada por contundentes figuras de piedra sobre las que se alza una figura de un ángel con una antorcha que ha vivido varias controversias…

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Cuando se colocó la estatua se hizo evidente que las piernas estaban desproporcionadas con el resto del cuerpo, así que tuvieron que acortarlas.

Corregido este problema, hubo quejas de las mujeres más devotas de la ciudad alegando que el ángel era “demasiado masculino”, por lo que pidieron que le retirasen “sus partes” para no ofender a nadie.

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Al final la estatua es interesante, pero sin duda los jardines y los edificios que la rodean lo son más.

La Catedral

Data de mediados del siglo XVII aunque tuvo que ser parcialmente reconstruida tras los terremotos del siglo XVIII. Está situada en una de las esquinas de la plaza y destaca por el color de su fachada, algo que sería totalmente impensable en España.

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Catedral pastel de Trujillo

Aunque sencilla por fuera, me gustó especialmente por el carácter alegre que le da el color mostaza, acercándola más a la alegría y alejándola del dolor o lugubrismo habituales.

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Su interior es también bastante sencillo, aunque las pinturas del techo sí que me parecieron impresionantes.

Casonas de la Plaza de Armas

La principal riqueza de la ciudad antigua son sus casonas que no dejan de ser interesantes monumentos arquitectónicos. Muchas de ellas no son coloniales, sino recuerdos de los primeros años de la vida republicana en los que los aristócratas recién convertidos en líderes se daban aires de grandeza.

 

No hay que dejarse engañar por la sobriedad de sus fachadas ya que toda la ostentación se encuentra en los interiores. Entre las más famosas están la Casa del Mayorazgo o la de Urquiaga.

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Casa Urquiaga

Nosotros entramos en esta última, que pertenece al Banco de la Nación y se puede visitar de forma gratuita enseñando únicamente el pasaporte.

Su interior es muy interesante ya que a pesar de dejar claro el nivel económico e importancia de su pasado, está decorada con mucho gusto.

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Además de las estancias en las que hay muebles originales de la época e información interesante de la historia reciente del país, cuenta con una serie de patios coloridos que ya nos gustaría tener a cualquiera de los mortales corrientes.

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Aún así, yo me sigo quedando con la sobriedad de las fachadas exteriores de estas casonas. La combinación de color con las características ventanas con rejas blancas me parece el elemento fundamental de la Plaza de Armas de Trujillo y, probablemente, de la tradición de sus casonas.

Dos de las fachadas más bonitas son las de la Casa Bracamonte

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… y la del edificio de la Beneficencia Pública. No sé si es posible visitar el interior, pero con verlas por fuera y cómo se mimetizan con el resto de la plaza me pareció más que suficiente.

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A la que sí que pudimos entrar (atraídos por la música que venía de su interior) fue a la Casa de la Identidad Regional.

Este fue uno de esos momentos mágicos que solo se pueden disfrutar cuando te aventuras a descubrir una ciudad sin plan establecido, dejándote llevar por la intuición y lo que suceda en cada momento.

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Espectáculo en la Casa de la Identidad Regional

Y así, sin haberlo planificado, pudimos disfrutar de más de una hora de diversos espectáculos de danzas regionales que nos hicieron pasar un rato estupendo.

Estaban celebrando el “Día Internacional del Folklore” y de todas las danzas que vimos mi favorita fue la “Contradanza”, tanto por los trajes como por la música y la coreografía.

Aún siendo regionales (y tradicionales), algunas de ellas tenían ciertos elementos españoles difíciles de ocultar. Una de las chicas de una de las danzas podría haber colado perfectamente como “Carmen de España”.

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Con la energía recargada, retomamos el paseo por la Plaza de Armas, dando varias vueltas y atravesándola de esquina a esquina hasta que decidimos que ya era hora de ver un poco más de la ciudad.

Nos metimos por el Jirón Pizarro, una calle peatonal con muchísimos comercios, restaurantes… y más casonas trujillanas.

Solo pudimos entrar al Palacio Iturregui, una mansión del siglo XIX construida por un general y que en la actualidad pertenece al Club Central.

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El patio interior al que se accede rodeado por columnas y galerías me pareció exquisito. Desgraciadamente no nos dejaron visitar nada más, aunque no me quedó del todo claro el motivo.

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Continuamos la calle hasta la Plazuela el Recreo, que carece de la majestuosidad de la Plaza de Armas pero que claramente tiene otro tipo de vida, quizás más auténtica y humilde, dotándola de una atmósfera muy local e interesante.

Como ya habíamos dedicado varias horas al centro de la ciudad, decidimos hacer un cambio total de planes y acabamos el día visitando las Huacas Esmeralda y Aro Iris que están en las barriadas del norte de la ciudad, y de ahí volvimos a Trujillo para coger el huanchaquero haciendo antes una última parada que nos sorprendió muy gratamente:

El Mural Artístico: Historia a Golpe de Piedrecitas

En dos enormes paredes exteriores de la Universidad de Trujillo, los artistas Rafael Hastings y Carlos de Mar han creado el mural artístico más grande del planeta.

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Para ello han contado con la ayuda de miles de estudiantes a lo largo de más de 20 años, recreando muchos de los paisajes emblemáticos de Perú (montañas, nevados, volcanes, desiertos…) y también eventos históricos o representando muchas de las culturas del país.

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Empezamos en la esquina de las calles Jesús de Nazareth con Juan Pablo II y realmente no dábamos crédito a nuestros ojos.

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¡Nos pareció una artistada como la copa de un pino!

Menos mal que nos animamos finalmente a acercarnos hasta el recinto de la universidad, porque la decisión de ir a ver el mural fue más por hacer tiempo antes de volver a Huanchaco que por haberlo planeado originalmente.

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Disfrutamos todas y cada una de las innumerables escenas del mural. ¡Y pensar que todo esto se ha hecho cubriendo más de 3000 metros cuadrados con pequeñas baldosas de tan solo un centímetro cuadrado!

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Increíble, no hay que perdérselo.

El Mercado Mayorista: Pura Energía

Teniendo en cuenta lo que habíamos disfrutado en el mercado de Cajamarca no podíamos perdernos el de Trujillo.

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El tercer día cogimos una combi para ir directamente al mercado. El trayecto fue de locos. Había por alguna razón un atasco descomunal en la carretera que comunica Huanchaco con Trujillo, así que el conductor decidió… ¡salirse de la carretera e ir por la acera para adelantar y volver a incorporarse cuando ya no había atasco!

Increíble. Me encanta porque además todo el mundo se lo tomó con mucho humor, incluso los que estaban regulando el tráfico. Perú 100%.

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¡A lo loco y por la acera!

Llegamos a las 9 de la mañana y había un movimiento que ni en las rebajas de enero ¡Era muchísimo más grande que el de Cajamarca! Nos paseamos varias veces por todas las secciones: carnes, pescados, mariscos, frutas, semillas, ropas…

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La gente era muy amable, incluso cuando preguntábamos algo por curiosidad (nombres de pescados o de frutas, por ejemplo) sin ninguna intención de comprar.

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Maíces por doquier

Finalmente nos detuvimos en un puesto de zumos y bizcochos para hacer un re-desayuno que me sentó de fábula.

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¡Ñam ñam!

Despedida: Desfile Sorpresa en la Plaza de Armas

No queríamos dejar Trujillo sin pasar una vez más por la Plaza de Armas, así que al salir del mercado nos fuimos directos al centro de la ciudad.

Pero nos encontramos con una nueva sorpresa: el tráfico estaba cortado, había un montón de policías y militares y… muchas mujeres marchando con paso militar.
¡¿Pero qué estaba sucediendo?!

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Nos aceramos a preguntar y nos dijeron que estaban celebrando “El aniversario del Colegio Santa Rosa, orgullo de Trujillo y de todos los peruanos”. Caray… se nota que lo llevan muy en sus adentros…

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Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno, dos…

No sé que tipo de colegio será, pero por la calle fueron pasando una por una las promociones de mujeres del colegio a paso marcial, y después promociones de niños, de jubilados…

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Todo era un tanto surrealista pero, una vez más, un episodio en vivo de Perú al 100%.
Cuando el desfile empezó a hacerse algo repetitivo, cogimos la combi para hacer una parada en el Museo del Sitio Chan Chan antes de volver a Huanchaco para comer (ay, ese rico Ceviche…), recoger las cosas y poner rumbo a Chachapoyas.

Para Otra Visita…

Al norte de Trujillo hay bastante mas por descubrir. Nos quedamos con ganas de conocer el Complejo Arqueológico El Brujo (50km al norte, en el Valle de Chicama) y su colección de huacas y su museo de la cultura Moche.

Continuando aún más al norte (3h en autobús) se llega a la ciudad de Chiclayo. Desde ahí se puede visitar cómodamente el Museo Nacional de las Tumbas Reales de Sipán, el Batán Grande (conjunto de pirámides ceremoniales de la cultura Sicán) y el Valle de las Pirámides (pirámides de esta misma cultura con 1000 años de antigüedad).

¡Ahora nos vamos de nuevo a la sierra, pero esta vez al departamento de Amazonas!

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¡Energía autóctona para el camino!

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