Azores 2017 – Faial (II): De los Pies a la Cima del Volcán

La mejor forma de apreciar los contrastes de paisajes y colores de Faial es caminando. Bosques, volcanes, océano… Una isla donde se puede tener todo en muy poca distancia.

Hay 8 rutas oficiales que se pueden consultar en la web de Visit Azores. Todas están perfectamente señalizadas: en el punto de inicio hay un panel indicativo con información de la ruta (longitud, dificultad, historia, terreno, desnivel…) y a lo largo del recorrido hay señalización en cualquier sitio en el que pueda haber duda sobre qué rumbo tomar. ¡Azores lo pone fácil!

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Por falta de indicaciones que no sea…

Las cuatro rutas que hice en esta isla han sido estupendas y van desde pocos kilómetros y poco desnivel, hasta recorridos más largos que tiran de pierna.


1) Circular a la Caldeira

La circular de la Caldera de Faial es la ruta estrella de la isla: es relativamente sencilla (tanto en dificultad como en el itinerario, imposible perderse) y combina la exótica idea de dar la vuelta a un impresionante cono volcánico con las mejores vistas de la isla (¡y de las islas cercanas!) gracias a su estratégica situación en el centro geográfico de Faial.

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Caldeira de Faial: festival de colores

Si solo hay tiempo para hacer una ruta en la isla, probablemente ésta sea la mejor opción.

  • Distancia: 8 kilómetros (circular)
  • Desnivel: +240 m / -240 m
  • Altitudes Mínima y Máxima : 1037 m / 910 m
  • Tiempo Efectivo Caminando: 2h 30min

Resumen de la Ruta

El camino empieza donde termina la carretera. Hay un parking espacioso para dejar el coche (se necesita vehículo propio para llegar, los autobuses de la isla solo recorren la costa). La primera emoción viene al cruzar un pequeño túnel peatonal hasta llegar al Miradouro da Caldeira do Faial.

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Vistas de la Caldeira desde el mirador

¡Es completamente alucinante! Su tamaño, su frondosidad de vegetación… ¡todo!
Desde aquí se puede apreciar perfectamente la dimensión de la caldera: tiene un diámetro aproximado de 2 kilómetros y una profundidad media de 400 metros. Se originó hace unos 400.000 años debido a diferentes erupciones que llegaron a cubrir dos tercios de la isla y finalmente, con la caldera ya formada, una erupción basáltica en su interior que formó el pequeño cono que aún se puede ver.

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Hasta la erupción de Capelinhos en 1957 había un lago permanente en el interior de la caldera formado por la acumulación de agua de lluvia, pero la magnitud de esa erupción formó diferentes fisuras que hacen que el agua se filtre, por lo que hoy en día la presencia de ese lago es bastante intermitente.

Volvemos a cruzar el tunel y subimos unas escaleras para iniciar el rodeo a la Caldeira (que se suele hacer en sentido horario). El primer tramo es de continuo ascenso hasta llegar al punto más elevado de toda la isla, el Cabeço Gordo (1037 m).

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Subiendo al punto más alto de la isla

No es una subida complicada en absoluto, pero tiene una pendiente bastante maja comparada con el resto de la ruta. Dese aquí las vistas de la Ilha de Pico son formidables. Se puede apreciar en su totalidad, dominada por su prominente Pico (2351 metros). ¡Tan cerca (a unos 6 km de Faial) pero a la vez tan lejos!

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Pico en su totalidad, vista desde la Caldeira

Empezamos ahora a recorrer la zona oeste de la caldera. Las vistas al interior durante esta parte del camino se caracterizan por la perfecta panorámica que se tiene del pequeño cono interior, el que se formó después de la caldera debido a una pequeña erupción.

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Continuamos serpenteando por el camino, situado en lo alto de la cresta de la caldera. A nuestra derecha un precipicio (aunque no vertical) que baja hasta su interior, y a nuestra izquierda la ladera de la isla que se extiende hasta la base del Océano Atlántico, muy tranquilo como una balsa de aceite, al menos durante los días de nuestra visita.

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Llegando a la zona norte de la caldera empezamos a descender. Es la parte más baja del muro volcánico, pero aún así la enorme silueta de Pico en la lejanía supera la barrera de la perspectiva y sigue luciendo como el Rey del Atlántico que es.

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Hacia abajo (hacia la costa), vemos ya la punta norte de Faial, Ponta dos Cedros, separada de nuestra posición por un extenso y frondoso bosque.

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Las vistas también son buenas “hacia abajo”

Para cerrar el círculo tenemos que salvar nuevamente un pequeño desnivel de subida, mucho menos intenso y más progresivo que el primero, que nos llevará poco a poco al inicio del cuadrante este de la caldera, desde el que descenderemos progresivamente también hasta el punto de inicio.

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El clásico de Faial merece su fama: La Caldeira mola y punto.


2) Capelo-Capelinhos

Si hay una ruta que permita ver de golpe todos los contrastes que se pueden encontrar en Faial, debe ser ésta. Entre subidas y bajadas, la ruta de Capelo-Capelinhos cruza preciosas fincas de hierba verde reluciente, sube por frondosos volcanes que ofrecen espectaculares vistas de distintos puntos de la costa, y termina en la zona más nueva de la isla: Capelinhos.

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Zona de Capelinhos, nacida en 1957

Un espectáculo natural y visual que requiere buenas dosis de agua y superar un desnivel tirando a moderado. No es un simple paseo, cuesta algo de sudor y energía.

  • Distancia: 15 kilómetros (circular)
  • Desnivel: +700 m / -700 m
  • Altitudes Mínima y Máxima : 486 m / 40 m
  • Tiempo Efectivo Caminando: 3h 30min

Resumen de la Ruta

Para iniciarla, hay que conducir hasta la Igreja de Capelo, situada a unos 183 metros de altitud. Junto a ella hay bastante sitio para aparcar, por lo que el coche no representa ningún problema. Dejamos atrás la iglesia (ya caminando cuesta abajo) y poco después nos encontraremos a mano derecha una casa de piedra en ruinas junto a un sendero que sube a su izquierda.

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Los primeros cientos de metros transcurren en ascenso, cruzando varios prados donde las vacas de la isla pacen tranquilamente.

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Pasaba por aquí…

A medida que ganamos algo de altitud, las vistas de la línea costera hacia Castelo Branco
empiezan a hacerse más visibles, completando el paisaje verde intenso con el azul atlántico de las Azores.

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Morro do Castelo Branco al fondo

Pronto se llega a una pista de tierra, en la que tenemos que girar a mano izquierda. Este tramo es bastante llano y las vistas del océano nos acompañan en todo momento hasta llegar a una pista ya asfaltada, donde retomamos el ascenso.

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¡Sin duda, una de las carreteras con más flores y color que he visto en mi vida! No me gusta caminar por carreteras, siempre me ha parecido que cuando una ruta tiene mucho tramo de carretera se pierde gran parte del encanto, pero en este caso me dio bastante igual…

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Carretera de Jurassic Park

No pasó ningún tipo de vehículo y la carretera era toda mía, para subirla con calma disfrutando de las distintas flores y plantas mientras me acercaba cada vez más y más a Cabeço Verde (486 m).

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Un buen rato antes de llegar a la cima, nos encontramos un desvío a la izquierda señalizado con varias sub-rutas. Ése es el desvió que hay que tomar una vez deshagamos nuestros pasos bajando de Cabeço Verde para continuar la ruta hacia Capelinhos. Pero por ahora aún quedaba algo de trecho por subir.

¡Y cómo se notaba el cambio de altitud! A 200 metros las vistas de la costa eran muy buenas, pero ya por encima de los 400 metros toda una nueva dimensión se perfila en el horizonte, destacando la primera vez que se pueden distinguir tanto Cabeço do Canto como Capelinhos (como siempre, flanqueados por una barrera de hortensias y todo tipo de verde).

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Capelinhos aparece al fondo con sus colores oscuros

Ya en lo alto de Cabeço Verde, se puede hacer una pequeña ruta circular (de no más de 10 minutos) que nos da una estupenda perspectiva de varios sitios importantes de la isla. Por un lado, una vista mejorada de Cabeço do Canto y Capelinhos, que son los siguientes objetivos por los que pasa esta ruta…

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Vistas desde lo alto do Cabeço Verde

… y por otra parte, se puede distinguir el trozo de isla norte que va desde lo alto de la Caldeira hasta la Ponta dos Cedros.

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De Ponta dos Cedros a Caldeira

Pues sí… ¡Vale la pena subir hasta Cabeço Verde! La ruta se puede completar sin este pequeño trozo de ida y vuelta, pero la paz y tranquilidad que se respiran en lo alto (salvo por unas inconvenientes antenas estilo feísmo español) son impagables.

Empapado de tanto color, comencé a bajar por la misma carretera que me había llevado a lo alto del Cabeço Verde hasta llegar al cruce que mencioné antes. Aquí la ruta se vuelve una salvaje, atravesando distintos tipos de vegetación (entre matorral y bosque) hasta pasar por la Furna Ruim.

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Esta Furna es muy interesante, ya que es un túnel de lava con una profundidad bastante
impresionante, pero la vegetación es tan densa y frondosa que resulta casi imposible
vislumbrar nada ahí dentro.

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No ocurre lo mismo con Caldeirao. Siguiendo por el mismo camino se llega rápidamente a Caldeirao, una de las formaciones volcánicas más antiguas de la zona. Su situación indica que, muy probablemente, se trata de un cono secundario del volcán de Cabeço Verde, formado por una especie de conducto que en algún momento divergió del principal.

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Caldeirao: parece la entrada al Centro de la Tierra

Su aspecto visto de cerca se resume en un inmenso agujero en la falda de Cabeço Verde, repleto de la más densa vegetación que se puede ver en toda la ruta. Destaca una de las especies endémicas más importantes del archipiélago, la Vidalia (Azorina Vidalii).

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Caldeirao y Cabeço do Canto

Nos adentramos de nuevo en el bosque para seguir descendiendo y, pronto, volver a ascender un poco para llegar a lo alto de un nuevo cono volcánico (¡esta ruta es un no parar de volcanes!).

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Aquí, antes de llegar a lo alto, es vital darse la vuelta. A mi juicio. Una de las mejores vistas de toda la ruta. Se aprecia perfectamente el volcán de Cabeço Verde y el sub-volcán de Caldeirao, elevándose ligeramente y sobresaliendo de su ladera. ¡Precioso!

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En el caso de Cabeço do Canto, estamos ante un pequeño cono volcánico cuya formación se debió a la acumulación de diversos materiales expulsados durante una única erupción. En su interior, además de tres especies de árbolers: Faia (Myrica Faya), Pau Branco (Picconia Azorica) y Urze (Erica Azorica); se pueden observar aún restos de ceniza de la erupción volcánica que, hace 60 años, formó la Ponta dos Capelinhos.

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Cráter de Cabeço do Canto

La ruta rodea parcialmente este cono volcánico en sentido horario con una buena vista de la última parada interesante del recorrido, la Ponta dos Capelinhos y su correspondiente y muy moderno volcán.

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Seguimos la indicación que nos lleva ladera abajo (sí, bastante abajo), hasta que el camino termina junto a la carretera general. La cruzamos y nos dejamos llevar por las distintas subidas y bajadas y formaciones de la Ponta dos Capelinhos. Toda esta zona se formó en la prolongada erupción de 1957, y resulta realmente fascinante comprobar que, a día de hoy, sigue representando un perfecto ejemplo de paisaje lunar. Éso, y cómo ciertas plantas se las han apañado para abrirse paso entre tal drástico paisaje y conseguir sobrevivir.

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Paisaje lunar de Capelinhos

La mejor forma de visitar el entorno es dejarse llevar por las ganas y la curiosidad. Hay muchos rincones mágicos, con distintas perspectivas de los acantilados, el faro o el volcán de Capelinhos.

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Volcán de Capelinhos, el más joven del archipiélago

Yo me fui al extremo norte según llegué y, desde ahí, fui recorriendo poco a poco los distintos salientes, trozos de acantilados y caminos que encontraba. No tiene ninguna dificultad, pero hay que tener cuidado si se tiene algo de vértigo… ¡En algún punto las distancias verticales son realmente grandes!

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El faro, que debió ser bastante bonito, está ahora algo abandonado, y se puede subir a lo alto previo pago de una entrada a un señor con portátil que apareció de la nada cuando me acercaba. Después de las espeluznantes vistas que había tenido durante toda la jornada me pareció innecesario pagar para subir al faro y ver… lo mismo, así que seguí mi camino.

La parte final de la ruta es más feúcha comparada con todo lo anterior. Si se dispone de dos coches se puede dejar uno aquí, cerca del Porto de Capelinhos, el otro en la Igreja de Capelo, de dónde sale la ruta, para evitar estos kilómetros finales.

Para cerrar el bucle caminando hay que coger una pista de tierra que sigue en dirección sur y no dejarla hasta llegar al Farol do Vale Formoso, un faro blanco que aparece un par de kilómetros después de dejar atrás Capelinhos.

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Continuamos la pista dejando el faro a mano derecha y, un kilómetro después, giramos a la izquierda por una pista más estrecha que sube en pendiente continua hasta llegar a la carretera general, a 100 metros de la iglesia de dónde habíamos salido unas horas antes.

Por su trazado, paisajes, exigencia y variedad, ha sido la ruta que más me ha gustado de Faial.


3) Entre Montes

Esta corta, sencilla y preciosa ruta circular asciende a dos montículos muy importantes en la historia de la isla de Faial. Además comienza desde muy cerca del centro de Horta, por lo que no es necesario disponer de vehículo propio ni utilizar transporte público si se está alojado en la ciudad.

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Vistas de Horta desde Monte da Guía

Como curiosidad, la península en la que se enclavan estos dos montes fue vital a la hora de establecer el primer cable telegráfico submarino entre Europa y América en 1893 (¡y que se mantuvo en funcionamiento 7 décadas!).

  • Distancia: 4 kilómetros (circular)
  • Desnivel: +200 m / -200 m
  • Altitudes Mínima y Máxima : 100 m / 2 m
  • Tiempo Efectivo Caminando: 1h 30min

Resumen de la Ruta

La ruta empieza en la Traversa de Porto Pim, desde donde se ve la playa. Cogiendo la Rua da Rosa llegamos a la zona de la bahía principal de Horta para subir por un camino señalizado que va hacia el Monte Queimado (altitud: 75 metros).

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Praia de Porto Pim

Este monte estaba habitado en el siglo XIX y era un importante enclave para la población local que recurría a él para conseguir leña para sus fuegos.

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La subida es sencilla y muy bonita, atravesando un pequeño bosque hasta llegar al punto más alto del monte desde donde hay una buena visual para ver la bahía de Horta, la playa de Porto Pim y una genial panorámica de la Ilha de Pico.

Es imposible perderse. El camino está bien marcado y solo hay que seguir la señalización hasta empezar el descenso, esta vez orientado hacia la zona de Porto Pim. De nuevo a nivel del mar, atravesamos el parking de coches situado en la porción de tierra que une la isla con la península del Monte da Guía (altitud: 100 metros) para realizar la segunda parte de la ruta.

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Dejamos atrás unos carteles explicativos y tomamos la pista que sube hacia la derecha para llegar al mirador de Lira, desde donde vemos perfectamente la bahía donde se ubica la playa.

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Fue construido por la familia Dabney, una de las más importantes de la historia de Faial. Llegaron en 1804 atraídos por las oportunidades de comercio que ofrecía la isla. John Bass Dabney, el patriarca, tenía el título de Cónsul de EEUU para las Azores y se trasladó con su familia construyendo en Monte da Guía su casa de verano y el Mirador de Lira.

Después de casi 100 años de historia en la Isla, los Dabney dejaron Faial en 1892, dejando atrás un importante legado de comercio, historia y cultura a sus habitantes.

La ruta continúa ahora por unas escaleras que llevan a lo más alto de este monte, coronado por la capilla de Nossa Senhora da Guía. Es verdaderamente un punto para parar, descansar y disfrutar con el espectáculo visual.

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Vistas desde a Capela da Nossa Senhora da Guía

Además de la bonita capilla, rodeada de verde y acogida por el océano, si el tiempo lo permite hay una vista estupenda de la costa de Faial desde Horta hasta el Morro do Castelo Branco.

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Verdaderamente, uno de los miradores más bonitos de toda la isla.

Seguimos caminando hacia la zona de Caldeirinhas (cráteres del volcán submarino de Monte da Guía) atravesando una pequeña cresta con vegetación baja que va dejando a nuestra izquierda esta zona de “Caldeira do Inferno”.

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El último tramo es sencillamente la bajada hasta el nivel del mar, pasando por el Miradouro do Neptuno, que tiene una curiosa historia: En febrero de 1986 Faial se vio inmersa en la peor tempestad que se recuerda en el siglo XX, con rachas de viento que llegaron a los 250 km/h y olas de 30 metros.

El famoso faialense José Henrique Azevedo (Peter) consiguió fotografiar el choque de una ola que llegó a los 60 metros de altura en esta punta del Monte da Guia, viendo para su asombro que la figura de Neptuno se podía intuir en el perfil de la ola. La foto se hizo tan famosa en la isla que el punto en cuestión pasó a llamarse con el tiempo “Mirador de Neptuno”.

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Bajando del mirador se vuelve en un santiamén a la playa de Porto Pim, pasando por la casa de los Dabney mencionada antes, que es donde termina definitivamente el recorrido.

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Casa de los Dabney

¡Una ruta estupenda que combina monte y playa!


4) Rumo ao Morro do Castelo Branco

Recorrido sin ningún tipo de dificultad que supone una alternativa para llegar a pie hasta el “Morro” de Castelo Branco, una especie de promontorio de piedra muy importante por el paraíso que supone para muchas aves. Se puede llegar también en coche.

  • Distancia: 4 kilómetros (circular)
  • Desnivel: +120 m / -120 m
  • Altitudes Mínima y Máxima : 200 m / 80 m
  • Tiempo Efectivo Caminando: 1h 30min

Resumen de la Ruta

La ruta comienza en Lombega, en la pedanía de Castelo Branco, al suroeste de la isla. El primer tramo es de continuo descenso, pasando primero junto a varias casas del poblado para después continuar ya por una pista más rural.

Muy pronto empezamos a tener bonitas vistas de los prados y acantilados de la zona sur de la isla; prados muy frecuentados por vacas que nos miraban atónitas dando a entender que no mucha gente frecuenta el camino.

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Acercándonos ya al Morro nos situamos aún más cerca de la línea costera, pudiendo apreciar aún mejor los acantilados de la isla. ¡Buena altura en ciertos puntos!

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Es posible llegar hasta la base del morro caminando. Subir debe ser más sencillo de lo que puede parecer desde su base. Aún así, opté por no ir a lo alto ya que las vistas no iban a cambiar mucho y la vegetación desde abajo parecía tan espesa que probablemente caminar sería bastante incómodo.

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Morro do Castelo Branco

Se lo dejo en su totalidad a las aves y otros animalillos que puedan vivir ahí arriba.

El camino de regreso se puede hacer por la pista que utilizan los coches para bajar
(completando así un recorrido circular) o volviendo por el mismo camino (el de las vacas) que nos trajo hasta este punto, sin duda mucho más bonito y natural.

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¡En esta isla las vacas tienen siempre vistas privilegiadas!

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