Myanmar 2019 – Etapa 6 – Kyaiktiyo y Hpa-An: Dorado y Karst en el Sudeste del País

La última parada de mi viaje de 4 semanas por Myanmar no pudo ser más acertada: Kyaiktiyo fue una parada cultural interesante antes de llegar a Hpa-An, una zona con un paisaje completamente diferente al del resto del país y una atmósfera de tranquilidad absoluta que me absorbió por completo y me dejó un estupendo sabor de boca.

De Mrauk U a Kyaiktiyo

Visto en el mapa “no parece tanto”, pero se haga como se haga es un tute importante. En autobús se necesitan por lo menos 20 horas para llegar de Mrauk U a Yangon. Yo tenía un vuelo reservado, así que desde Mrauk U cogí el barco a Sittwe (3h 30min), desde Sittwe vuelo directo a Yangon (1h 30min) y, desde la terminal de autobuses de Yangon a la que se accede fácilmente en taxi, autobús hasta Kinpun.

Este autobús lo había reservado por Internet en la web Start Ticket Myanmar por 7000 Kyats y tardó 5 horas en llegar a Kinpun, donde tenía una habitación reservada en el Bawga Theiddhi Hotel (32.000 Kyats la noche con desayuno).

Todo salió bastante bien. Conseguí invertir solamente una jornada para desplazarme desde Mrauk U hasta Kinpun, que es el punto de acceso a Kyaiktiyo, así que podría hacer la visita a la famosa roca dorada el día siguiente por la mañana y después continuar hasta Hpa-An.

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Kyaiktiyo: La sagrada Roca Dorada

Tanto Kinpun como Kyaiktiyo están en el Estado de Mon, cuyo nombre proviene del importante grupo étnico aún presente en Myanmar y que, curiosamente, coincide con mis iniciales.


Kyaiktiyo: Curvas y Devoción Vertigionsas

Antes de irme a dormir había dejado reservado (con bastante ineficiencia por parte de los del hotel) el autobús para Hpa-An y tenía margen de sobra para visitar Kyaiktiyo con calma, pero tampoco quería arriesgarme…

Así que decidí madrugar todo lo posible para subir en el primer transporte de la mañana y bajar a tiempo como para aprovechar el desayuno del hotel (que lo tenía incluido) y darme una ducha antes de hacer el check-out.

Cuando sonó el despertador a las 6 de la mañana me puse en marcha. Por casualidades del destino, la estación de los camiones que suben a la gente hasta Kyaiktiyo estaba a 2 minutos del hotel, así que llegué sin demasiadas complicaciones.

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Tras pagar los 2000 Kyats del billete, me pusieron en primera fila en uno de los camiones que ya estaban casi llenos y, rápidamente, puso rumbo a lo alto de la montaña donde está la roca.

¡El camino fue una locura! Se puede subir a pie, pero son más de 1000 metros de desnivel con un calor nada apetecible, por eso no me lo planteé en ningún momento. Además, el precio del camión era bastante irrisorio, casi al mismo nivel que las medidas de seguridad.

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¡Ahí vamos!

Digamos que el trayecto no es muy disfrutable si no te gustan las montañas rusas, que es lo que parecía por momentos… Yo he de reconocer que, en el fondo, fue divertido, pero pasará bastante tiempo antes de que me olvide de los meneos que nos metió.

Ya en lo alto, el camión nos descargó en la zona en la que empieza la carretera-mercadillo plagada de tiendas que lleva hasta el punto de control donde los turistas tienen que pagar 10.000 Kyats por un pase (te lo ponen con una cinta alrededor del cuello y todo, como si fuese la tarjeta de un congreso).

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En procesión hacia la roca dorada

Tras vaciar la cartera se llega muy rápido al primer mirador desde el que se ve la roca dorada. Unas semanas antes estaba medio tapada porque estaban reparando el puente, pero ya estaba en perfecto estado, así que pude verla en su plenitud.

No digo que sea la cosa más impactante que he visto en Myanmar ni mucho menos, pero es realmente curioso (tanto la roca como las vistas del valle y las montañas).

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En sí, Kyaiktiyo, es uno de los lugares sagrados más venerados de todo el país: la leyenda cuenta que Buda dio uno de sus pelos a un ermitaño que lo anudó en su propio moño para custodiarlo bien hasta que pudo entregarlo al Rey Thaton con la condición de que fuese guardado en un templo con la forma de su propia cabeza.

Tras una larga búsqueda, el rey encontró una roca apropiada en el fondo del océano y, gracias a la ayuda de fuerzas sobrenaturales, la transportó hasta su ubicación actual, al borde de un precipicio y sostenida gracias a la fuerza todopoderosa del pelo de Buda.

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Misticismo fuera, hay que reconocer lo increíble que es que la roca siga manteniéndose en la posición límite en la que está, incluso después de haber soportado varios terremotos de relativa intensidad.

Lo mágico de la visita es invertir algo de tiempo en dar vueltas por el recinto para presenciar la devoción de la gente local (no solamente de los monjes) y ver cómo interactúan con la roca.

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Aunque yo fui a finales de noviembre, que es ya época alta para los peregrinajes, realmente no había tanto mogollón de personas como esperaba, y pasé un par de horas muy interesantes contemplando la roca desde varios puntos y mezclándome con la gente.

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Fervor Budista

De hecho, había muy pocos turistas occidentales, por lo que la visita fue bastante especial.


De Kinpun a Hpa-An

El camión de la muerte me llevó de vuelta a Kinpun a toda velocidad, así que a las 10:30 de la mañana estaba ya en el hotel desayunando. Después volví a la habitación para darme una ducha, recoger la mochila y, finalmente, bajar a la recepción par esperar mi pick-up.

La noche anterior había dejado reservado el autobús a Kinpun. El chico de recepción del hotel, al que le importaba todo un pimiento, me había dicho que solo había dos autobuses de Kinpun a Hpa-An: a las 10 am y a las 22 pm. El primero me quedaba muy justo para subir a Kyaiktiyo y el segundo me daba una pereza tremenda.

Lo que se le olvidó decirme es que tenía la posibilidad de ir hasta Kyaikhto, a poco más de 10 kilómetros de Kinpun y situado en la carretera principal entre Yangon y Hpa-An, con más posibilidad de transportes.

Efectivamente, cuando se lo comenté, me dijo que sí, que podía recogerme una pick-up en el hotel a las 12.30 para así llegar a coger el de las 13:00 en Kyaikhto. Menos mal que había hecho mis propias investigaciones porque él no soltaba ni prenda. Eso sí, el billete conjunto de pick-up y autobús me lo vendió rapidísimo y sin ningún problema por 9000 Kyats.

Al final la pick-up apareció por el hotel media hora antes de lo acordado (menos mal que ya estaba listo) y después el autobús llegó a Hpa-An sorprendentemente más rápido de lo esperado: tardó solamente 2h y 30 minutos, por lo que a las 15:30 estaba ya en mi destino.


Hpa-An: Dos Días de Moto y Naturaleza en el Estado de Kayin (o Karen)

Algo lejos de las rutas más habituales por el país, el antiguamente muy conflictivo Estado de Kayin está resurgiendo en la actualidad como una zona tranquila en la que disfrutar una forma de viajar lenta y pausada y con más atractivos de los que inicialmente puede parecer a simple vista.

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Hpa-An está llena de colorido

 

Los Kayin

El tercer grupo étnico más grande del país (Kayin o Karen, casi 4 millones) es el más heterogéneo de Myanmar al estar formado por un montón de tribus con lenguas muy diferentes. Fueron agrupados por los misionarios Baptistas en el siglo XIX, influencia que aún se nota al ser un 25% de ellos Cristianos en un país absolutamente Budista.

Vivieron su propio conflicto a partir de la fundación en 1947 de la Unión Nacional Karen para conseguir la independencia pacífica de su estado. Tras dos años de intentos diplomáticos, las tropas del gobierno masacraron más de 80 poblados, iniciando el conflicto militar más longevo de Myanmar y que provocó el desplazamiento de más de 200.000 personas hasta que se declaró el alto al fuego en el año 2012.

Aunque casi 150.000 personas Kayin siguen viviendo en campos de refugiados en la frontera con Tailandia, cualquiera que visite la región notará poco o nada este conflicto aún bastante reciente en la memoria de la gente.


Cómo Visitar la Región

Hpa-An es la pequeña capital de una preciosa región kárstica con muchos encantos. Aunque la ciudad en sí no tiene nada especial, su atmósfera y tranquilidad atrapará a cualquier viajero que llegue de los puntos más concurridos del país como Inle, Yangon o Bagan.

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Amanecer en la cima del Mount Taung Wine

Las tres noches que pasé en la ciudad dormí en el Little Hpa-An Boutique (13.000 Kyats por noche con desayuno), un precioso hostal limpio, cómodo, con los mejores baños que me encontré en todo el país y un personal extremadamente amable (en especial el dueño, que es chino y vivió parte de su vida en Londres).

Para moverse por la zona lo ideal es alquilar una moto (8000 Kyats al día) y tener total libertad de movimiento. He leído varios comentarios sobre lo peligroso que es conducir una moto en Hpa-An pero, sinceramente, creo que es una de las mejores zonas del país (y probablemente del sudeste Asiático) para hacerlo.

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Vistas desde el interior de la Cueva Yathaypyan

Las carreteras y pistas son bastante planas y buenas. Fuera de la carretera principal casi no hay nada de tráfico (e incluso en la principal es un tráfico muy fluido) y la gente local conduce con bastante tranquilidad.

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Los caminos secundarios nos llevaban continuamente a estampas así

Eso no quiere decir que se pueda ir a lo loco y sin tener cuidado o que se deba alquilar una moto sin saber conducirla (no, Asia no es el sitio para aprender), pero a mí ir en moto por esos paisajes me pareció una de las mejores experiencias de la zona.

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Paisaje Kárstico en el Mount Zwekabin

Para quien prefiera otra opción, es muy habitual hacer circuitos en tuk-tuk colectivos que no salen muy caros y permiten disfrutar igualmente de las vistas a las montañas, pero los tiempos vendrán marcados y se pierde la posibilidad de cambiar de plan o improvisar destino en el momento.

Kyat Ka Lat Pagoda

Las dos horas de tarde que me quedaron libres el día que llegué las dediqué a explorar el centro de la ciudad y hacer algunos recados como ir a la oficina de correos o reservar el billete de Taxi Colectivo a Mywaddy (ciudad en la frontera con Tailandia).

Al día siguiente desayuné a las 8 de la mañana y a las 9 estaba empezando un recorrido en moto solo con la primera parada clara (la pagoda) y sin ningún otro plan determinado totalmente y que fue cambiando a lo largo del día.

Desde el centro de Hpa-An se llega bastante rápido a Kyat Ka Lat Pagoda, uno de los lugares más emblemáticos de la región. Esta pequeña pagoda en lo alto de un montículo de una isla en un lago artificial es realmente una cucada.

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Kyat Ka Lat Pagoda

No hay que pagar entrada, pero se agradece un donativo (1000 Kyats es suficiente) para su conservación con el que te pondrán una pulsera de hilo que, supuestamente, hay que llevar puesta hasta que se caiga de forma natural para atraer la suerte (en agosto de 2020, 10 meses después del viaje, la mía aún aguanta xD).

En el puente del lago me encontré con Eva, una chica holandesa que me sonaba del hostal y que también estaba viajando sola. Rápidamente hicimos migas y acabamos viajando juntos ese día y los dos siguientes hasta cruzar la frontera con Tailandia. ¡Qué fácil es viajar solo en esta zona del mundo!

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Lago junto a la pagoda

Tras la pagoda, acordamos visitar alguna de las cuevas de la zona y acabar el día con la puesta de sol en uno de los miradores más famosos (el más alto, de hecho) y que nos rompería las piernas con tanta escalera.

Cueva Sadan

La cueva más famosa del área de Hpa-An está a unos 30 kilómetros al sur de la ciudad y se llega tanto por carreteras principales como por pistas secundarias.

Nosotros, por supuesto, elegimos evitar las carreteras principales todo lo posible para disfrutar más de la vida rural del paisaje, y es algo que recomiendo sin dudarlo ya que el propio trayecto hasta la cueva nos gustó mucho más que la cueva

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En moto por las pistas secundarias de Hpa-An

La Cueva Sadan (1000 Kyats) debió ser muy bonita antes de que el fanatismo religioso decidiese poner un montón de budas en su interior y bloques de cemento por todas partes.

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Interior de la cueva

Se recorre con bastante facilidad porque tampoco es que sea enorme y, al llegar a la otra salida, se puede coger una barca por 1500 Kyats para volver al punto de inicio sin tener que volver a atravesar la cueva.

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La barca también nos gustó mucho más que la cueva. Fueron simplemente 5 o 10 minutos de paseo, pero nos pareció más bonito que una cavidad natural estropeada por pastiches religiosos por doquier.

En Busca del Pueblo Perdido (feat. Moto Estropeada)

Antes de subir al mirador queríamos seguir recorriendo caminos secundarios con la moto. En el mapa que nos habían dado en el hostal aparecía un poblado tradicional al este del Mount Zwekabin, así que fijamos ese punto en el GPS y nos dejamos llevar por los caminos de tierra por los que iba la ruta.

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Conducir por estos parajes es un privilegio

No tengo muy claro si llegamos a encontrar el pueblo que buscábamos en concreto, pero la experiencia fue fabulosa: éramos los únicos extranjeros conduciendo por esa zona y todo el mundo se paraba a sonreírnos y hablar con nosotros.

¡Incluso un montón de personas que iban en una especie de procesión se pararon para decirnos hola con su mejor cara!

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Cuando decidimos volver a la carretera principal, cogimos una ruta directa por un camino muy angosto que acabó llevándonos a una pasarela estrecha de hormigón sobre un pantano. Teníamos que cruzar eso con la moto y la verdad es que daba algo de yuyu…

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Riesgo

Pero bueno, cosas así ya había hecho cuando aprendí a conducir una moto allá por el año 2000, así que no dudamos demasiado, fijamos la vista en el punto final y cruzamos sin demasiado problema pero con la adrenalina a tope.

¡Emociones fuertes!

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Niños del pueblo nos saludan a nuestro paso

Como quedaba poco para las 15:00 (que era la hora a la que habíamos decidido empezar la ruta al Zwekabin) paramos en un restaurante para comer algo y ahí mi moto decidió ponerse en huelga. Cuando íbamos a seguir me resultó imposible encenderla, así que llamé al hostal y, con la ayuda de los majísimos dueños del restaurante, me dijeron que dejase ahí la moto y continuásemos los dos con la de Eva.

Probablemente era solo el sistema de arranque que estaría sucio (no quiero saber cómo se hace el “mantenimiento” de las motos en Myanmar) ya que al día siguiente la misma moto volvía a estar disponible para alquilar.

Menos mal que me había juntado con Eva, porque si no me habría quedado completamente tirado.

Atardecer en el Monte Zwekabin

El pequeño percance de mi moto hizo que llegásemos algo más tarde de lo que habíamos calculado a los Jardines Lumbini (a las 15:30), uno de los puntos de acceso a la montaña.

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Cima del Zwekabin vista desde los Jardines Lumbini

Hay dos posibles rutas para subir al Zwekabin: la oeste, que es la que hicimos nosotros, y la este. Hay que pagar 4000 Kyats en cualquiera de las dos y ambas tienen miles de escaleras, pero la oeste es algo más larga y por lo tanto menos empinada.

Aún así le llega. Son casi 700 metros de desnivel que se cubren con un total de 2900 escalones que dejarán las piernas tiesas incluso al montañero más experimentado (no es lo mismo subir a un monte que subir escaleras, es un trabajo completamente diferente).

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Y hay que subir hasta ahí arriba… ¡Glup!

Yo lo más parecido que había hecho fue en Sri Lanka con la subida al monte Sri Pada, que fueron más escalones y más desnivel, pero el tamaño de los peldaños era más respetable para la salud humana.

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La subida interminable

Aquí, muchos de los peldaños nos ponían la rodilla a 90º pero aún así pusimos todo nuestro empeño y esfuerzo para llegar a lo alto en solamente una hora (incluyendo alguna pequeña parada por el medio).

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Al menos las buenas vistas amenizan la subida

Para cualquiera que no esté habituado a la montaña o a subir muchas, pero muchas escaleras, puede ser una gran frustración y extenuación llegar a la cima del Zwekabin, por lo que es mejor ir con la idea de que se van a necesitar al menos 2 horas para llegar.

Una vez arriba, hay un monasterio no particularmente interesante en el que se ha construido una moderna (pero con gusto) plataforma para sentarse tranquilamente a disfrutar de las vistas y, en nuestro caso, también del atardecer y la puesta de sol.

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Creo que lo mejor es subir al Zwekabin para llegar a lo alto entre las 16:00 o las 16:30, evitando así las horas centrales de calor y abriendo la posibilidad a ver una muy bonita puesta de sol sobre el valle y las montañas.

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Para el amanecer no me parece una opción muy acertada teniendo en cuenta lo espectacular que es desde el otro mirador (Mount Taung Wine).

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Mientras pasaban los minutos e iban cambiando las luces del día, llegaron tres chavales muy majos con los que nos habíamos cruzado un par de veces mientras subíamos.

Parecían muy interesados en esperarnos para bajar, y al principio hasta pensamos que habían decidido ser nuestros guardianes o algo así, pero la historia fue bastante diferente.

Resulta que formaban parte de una excursión de instituto y fueron los únicos que consiguieron llegar hasta la cima. No tenían linternas, así que necesitaban ir con alguien más para bajar lo antes posible y no retrasar más al resto del grupo que los estaban esperando.

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Muy contentos sin saber lo que les esperaba abajo…

Cuando llegamos a la base, la cara de la profesora era un poema, y empezó a darles unos ostiones bastante fuertes mientras ellos se tapaban como podían…

Está claro que la enseñanza en Myanmar está todavía en tiempos de “La Vieja Escuela” total.

Amanecer en el Monte Taung Wine

Por si no habíamos tenido suficiente con casi 6000 escalones entre subida y bajada, decidimos ir a ver el amanecer al día siguiente al monte Taung Wine.

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Amanecer desde lo alto de Taung Wine

Está algo alejado de la ciudad y de los otros puntos de interés de la región, pero se puede llegar fácilmente en moto en 40 minutos aproximadamente.

Hay que tener cuidado con lo que pone en Google Maps o en Maps Me. Hay alguna señalización sobre el punto de inicio que no es correcta y puede llevar a la desesperación, ya que no es fácil buscar unas escaleras ocultas en la noche.

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Pese a toda la logística que conlleva, la recompensa no tiene precio

Nosotros al llegar a la zona nos encontramos con una señora que más o menos nos indicó bien y en diez minutos conseguimos encontrar las escaleras. Están al final de una pista asfaltada después de cruzar un puente pequeño. Si se utiliza Maps.Me desde Hpa-An, se llega directamente (aunque el último tramo no aparece ni en el mapa, pero es una pista asfaltada).

Es imposible pasárselas de largo porque la pista acaba ahí.

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Escaleras para subir a Taung Wine

Conviene salir sobre las 4 o 4:15 de la mañana. Tuvimos un percance parecido al del día anterior pero esta vez con la moto de Eva… ¡no encendía, increíble! Así que al final fuimos los dos en la mía. No hay ningún tipo de control allí así que la entrada es gratuita.

A las 5:10 aproximadamente estábamos en la base de las escaleras y comenzamos a subir. Esta vez fueron “solamente” 1400 escalones y algo más cómodos que los de Zwekabin, así que fuimos con algo más de calma.

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Últimos escalones para llevar a la cima

Tardamos 30 minutos en llegar a lo alto (hay una pagoda) y no había nadie más, así que nos acomodamos para empezar a disfrutar del espectáculo del nacimiento de un nuevo día.

Cuando el sol estaba a punto de salir (sobre las 6:15) llegaron algunas personas más, pero en ningún momento estuvimos más de 10 personas en lo alto.

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Y qué decir… Todo el esfuerzo de madrugar y subir las escaleras en la oscuridad con la resaca de piernas del día anterior aún presente había merecido la pena.

Tanto el amanecer como la vista en general de esos paisajes kársticos con montañas tan aisladas y verticales me parecieron preciosas.

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Con Eva en lo alto de Taung Wine

Se estaba tan bien y con una temperatura tan agradable que nos quedamos disfrutando del momento hasta las 08:30… ¡Y porque queríamos volver al hostal para desayunar, que sino podríamos haber seguido aún más!

La vista general de 360º es imbatible y me da la sensación de que podría ser también una buena opción para quien quiera ver el atardecer sin tener que subir todas las escaleras del monte Zwekabin.

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Si tuviese que elegir entre Zwekabin y Taung Wine, me quedaría con el segundo. Aunque si es posible, creo que hacer los dos, uno para la puesta de sol y otro para el amanecer, es muy buena idea.

Tarde de Cuevas con Eva y Jori

En el desayuno conocimos a Jori, otro chico de Holanda que acababa de llegar de Tailandia y que estaba viajando solo también. Le comentamos si quería venir con nosotros a ver un par de cuevas a mediodía, y le pareció muy buena idea, así que quedamos a las 12 para salir con las motos.

La primera cueva a la que fuimos fue a la Yathaypyan, al otro lado del río Thanlyin. Es gratuita y a Eva y a mí nos pareció mucho más bonita que la Cueva Sadan.

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Entrada a la cueva Yathaypyan

Aunque también tiene unos cuantos budas en su interior, no está tan destrozada y aún se puede apreciar de alguna manera la belleza natural de sus formaciones rocosas.

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Además, la vista desde lo alto de las escaleras que conducen a la entrada es muy bonita, con la extraordinaria mezcla de las partes planas y montañosas que caracterizan a esta zona de Myanmar.

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La Myanmar Kárstica

Cuando ya íbamos a irnos, vimos que existía la posibilidad de visitar una cueva acuática en barca saliendo de un improvisado embarcadero junto al parking de motos.

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Parking de la cueva

Nos pareció buena idea y solamente teníamos que pagar 5000 Kyats entre los tres, así que decidimos hacer ese tranquilo paseo en barca por la cueva (con murciélagos, por cierto), y ver desde dentro las entrañas de la montaña.

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Pasando el día…

Fue un paseo muy bonito por un precio irrisorio. Muy recomendable.

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Dejando ya atrás Yathaypan, paramos en un sitio local para comer y después seguimos en moto hasta la Cueva de los Murciélagos.

La cueva en sí no se puede visitar. Lo que hay que ver es, por un lado, las vistas del atardecer desde una estupa a la que se accede por unas escaleras (muy pocas, que no cunda el pánico) y la salida masiva de miles de murciélagos de la cueva cuando se pone el sol.

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Entrada ala BatCueva (na-na-na-na-náaaaaa)

El atardecer no me pareció nada del otro mundo, pero la salida de los murciélagos es una auténtica pasada. Nosotros la vimos desde la estupa pero creo que se verá mucho mejor desde abajo.

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Vistas desde la Bat Cave

Es realmente alucinante, como un enjambre enfurecido y eterno que no cesa de salir de las profundidades de la cueva para intentar esquivar la muerte a manos de las espabiladas águilas que esperan ansiosas el momento de conseguir comida fácil.
Impactante.

Ya de vuelta en el hostal, devolvimos las motos y nos fuimos a cenar para despedirnos. Jori se quedaría unos días más en Hpa-An pero Eva y yo teníamos al día siguiente un Taxi Compartido para ir hasta Mywaddy y cruzar la frontera a Tailandia.

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Un gran día con Eva y Jori

Me parecía imposible, pero se terminaba mi viaje por Myanmar. ¡Me daba muchísima pena!


Paso Fronterizo Mywaddy (Myanmar) – Mae Sot (Tailandia)

Desde antes de llegar a Myanmar tenía claro que iba a terminar mi viaje en Hpa-An para así cruzar a Tailandia y acceder rápido al norte (Chiang Mai), desde donde acabaría viajando a la frontera que tiene con Laos.

Desde Hpa-An hay autobuses y taxis compartidos a Mywaddy, pero por la diferencia de precio (el taxi nos costó 10.000 Kyats a cada uno y el autobús costaba 8.000) compensa ir en taxi. Fuimos muy cómodos y no había ningún viajero más, así que pagamos un billete de taxi compartido por realmente un estupendo taxi privado.

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Rumbo a cruzar la frontera en un taxi compartido pero privado

Nos recogió a las 7 de la mañana y tardamos algo más de 4 horas en llegar a Mywaddy. El taxi nos dejó justo en la frontera fuimos directos a la oficina de control de pasaporte de Myanmar.

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Mywaddy, lado de Myanmar de la frontera

Una vez allí, nos los guardias nos localizaron rápidamente y nos pasaron por delante de otra gente. Vamos, que nos colaron directamente. No queríamos, pero insistieron tanto que como para decirles que no. Finalmente nos sellaron el pasaporte (el policía hasta intentó hablarme en castellano… majos hasta el final) y nos dieron las gracias por haber visitado su país.

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Sellando el pasaporte en Mywaddy

Después, cruzamos a pie el puente sobre el río que marca la frontera entre los dos países, y rellenamos el formulario de ingreso para entrar en Tailandia. En total, tardamos poco más de 30 minutos en hacer todo el proceso y mi sensación fue como de pasar de un país rural a la versión de ese mismo país pero reimaginado por las Kardashian…

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Cruzando a pata la frontera

¡Y eso que ya había estado en Tailandia un mes antes!

Pero 4 semanas en Myanmar (que es todo lo que la Visa permite) marcan mucho y en el buen sentido de la palabra.

Solo espero que tanto Laos como Camboya sean la mitad de lo magnífica que ha sido este discreto país del Sudeste Asiático, ignorado por muchos pero tan disfrutado por otros.

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Mae Sot, lado de Tailandia de la frontera

¡Gracias por todo Myanmar!

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