Namibia 2017 – Etapa 6 – La Costa de Los Esqueletos: Agua y Desierto

La experiencia namibia llegó a su fin con dos días de megamix de todo lo que había visto en tres semanas: océano, animales, plantas y desierto. Un final que me ha dejado muy buen sabor de boca y la idea encendida en el cerebro de volver a África. I had a farm in Africa…

Además, siendo del Atlántico Pontevedrés como soy, me hacía mucha ilusión terminar el viaje en el mismo océano pero a muchos miles de kilómetros de distancia (¡Y en el Hemisferio Sur!).

La zona de la Costa de los Esqueletos, Swakopmund y Walvis Bay es una de las paradas típicas y ,desde un principio, teníamos claro que teníamos que ir.

La Costa de Esqueletos

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Salimos de Spitzkoppe temprano para llegar a la costa atlántica a mediodía y tener aún algunas horas para empezar a inspeccionar el terreno.

El camino es bastante sencillo. Lo mejor es salir de Spitzkoppe por la D1925 y después de unos 15 o 20 kilómetros girar a la derecha para continuar por la D1918. Desde aquí son casi 100 kilómetros por la misma pista hasta llegar a Henties Bay.

No creo que esta pequeña ciudad costera tenga demasiado interés, pero es un buen punto para ir al supermercado y llenar el depósito del coche. Lo único curioso que vimos fue una nave a las afueras con un letrero en forma de foca. Pensamos que sería a lo mejor un sitio para comprar aceite de foca o a saber qué relacionado con las focas, pero para nada…

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Colonia de focas de Cape Cross

Apareció un señor sorprendido de que alguien tuviese curiosidad por husmear por allí y nos estuvo contando que lo que tenían era una pequeña plantación de… ¡Olivos!

¡Menuda sorpresa! Tienen de dos especies (una traída de España y otra traída de Italia), y aunque llevan poco más de tres años con la plantación ya están empezando a producir algo de aceite. Súper curioso.

Al salir de la visita de los olivos pusimos rumbo al norte por la C34. Teníamos reserva para esa noche en el Cape Cross Lodge Campsite así que nos pareció buena idea conducir hasta cerca del campsite parando en aquéllo que nos llamase la atención y, si nos quedaba aún tiempo, seguir conduciendo al norte por el Parque Nacional.

La carretera es una recta infinita asfaltada con un paisaje muy árido y poco variado. Nos paramos un par de veces en unos puestos de venta que tenían unos cristales preciosos y ultra geométricos que me fascinaron. ¡Eran distintas formaciones de sal!

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Me habría encantado llevarme uno de esos pero seguro que con el ajetreo del viaje de vuelta se rompería en la maleta. La naturaleza es muy caprichosa y cuando quiere nos ofrece como resultado estas joyas.

Después de pasar junto al desvío que lleva al campsite seguimos conduciendo hacia el norte. El día estaba muy nublado. ¡Parecen dos países completamente diferentes! Cuando estuvimos en la zona de Lüderitz tuvimos también momentos de muchas nubes y, ahora que hemos vuelto a la costa (pero más al norte), vuelve a estar nublado y la temperatura y la sensación térmica son muy diferentes.

Después de casi 80 kilómetros (poco antes de la Ugab Gate) hay una señal que indica The Winston a la izquierda. Fue la primera señal interesante que vimos así que decidimos desviarnos y cotillear.

La pista se fue transformando poco a poco en arena hasta que, casi sin darnos cuenta, ¡estábamos ya conduciendo por la playa!

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Llegar en coche a los restos de un barco naufragado… ¡solo en Namibia!

Qué sensación más rara… una playa enormemente larga, sin ningún rastro de vida (salvo nosotros, claro), y las olas del mar rompiendo a pocos metros.

Pronto descubrimos qué era eso de “The Winston”. Se trata de los restos de un barco pesquero que se hundió aquí, en la Costa de los Esqueletos, en 1970.

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Nunca antes había estado en los restos de un naufragio, así que la experiencia (a pesar de parecer a priori una chorrada) fue interesante. El paraje en el que estábamos parecía totalmente de otro mundo, lo podría describir casi como “agresivo”.

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Paseamos un rato por la playa y cotilleamos los restos del barco. ¡Hacía un viento que cortaba la piel! No sé exactamente cuál sería la temperatura, pero desde luego la sensación térmica era chocante si la comparábamos con cualquier otro sitio de Namibia en el que hubiésemos estado en las tres semanas anteriores.

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Volvimos al coche y salimos de la playa antes de que se lo llevase la marea. Bueno, eso no iba a ocurrir, pero después sí que leímos que se desaconseja totalmente conducir por la zona porque el firme puede ser muy engañoso…

Un poco más al norte de los restos del naufragio está la conocida como Ugab Gate, que es una de las puertas de entrada al Skeleton Coast Park. Bueno, realmente casi todo lo anterior forma parte también del parque pero decidieron poner la puerta aquí. ¿Por qué? Porque los restos de uno de los barcos naufragados más famosos están justo después y así quien quiera verlos tiene que pagar una entrada solo para conducir 5 km más, hacer la foto y salir.

También se puede continuar hacia el norte hacia una zona que tiene pintaza, pero ya es mucha distancia y requeriría disponer de algún día más para verlo todo con calma.

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Chacal cerca de Cape Cross, en la Costa de Los Esqueletos

Decidimos no pagar la entrada. Total, ya habíamos visto al Winston, que fue una sorpresa porque no lo esperábamos, y además estábamos completamente solos (lo que hacía hincapié en la idea del dramatismo de los restos del barco). Nos apetecía más ir al campsite a hacer la cena y relajarnos que hacer cualquier otra cosa.

Cape Cross Lodge Campsite

El Cape Cross Lodge Campsite es muy amplio y tiene unos baños formidables. Está junto al edificio principal que es donde están las habitaciones (comprobamos el precio y son caras, muy caras) y el bar-restaurante, un precioso salón de madera con chimenea y vistas al mar.

Pasamos ahí dentro las últimas horas del día escribiendo, leyendo, comiendo… ¡Qué relax! Pero pronto se hizo de noche y se disponían a cerrar, así que nos fuimos a la zona del camping a nuestra tienda.

Fue, sin duda, la noche más fría que pasamos en Namibia. Y no precisamente por la temperatura que debía rondar los 10 o 12 grados, si no porque la sensación térmica era mortal debido a la humedad. Dormí con todas las capas térmicas que tenía (¡incluso con el gorro!) y dentro del saco en modo momia sin dar lugar a que entrase frío ni saliese el calor.

Cape Cross: Focas, Focas, ¡Muchas Focas!

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Por lo menos el frío que pasamos por la noche tuvo una buena recompensa: ¡Nuestro último encuentro con la fauna de Namibia!

En 1485 el portugués Diego Cão llegó a esta esquina del Atlántico. Fue el primer europeo en llegar tan al sur del continente africano. Hoy en día esta zona está ocupada por una inmensa colonia de focas que dejará boquiabierto a cualquiera.

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¡Al mogollón!

Para visitarla hay que pagar la ya habitual tarifa de 80 NAD por persona más 10 NAD por coche, pero vale la pena. El horario en esta época del año es de 10 de la mañana a 5 de la tarde, pero nos recomendaron ir temprano porque es cuando menos gente hay.

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Cría de foca

Esta colonias de focas (que realmente son Lobos Marinos Surafricanos o Lobos de El Cabo) están presentes en toda la costa de Namibia, aunque la de Cape Cross es la más accesible.

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Está A TOPE y en pleno funcionamiento como si se tratase de una macro-comuna donde todo el mundo es bienvenido a lo largo de todo el año. El número de focas que la habitan es, normalmente, superior a 100.000. Sí, sí… ¡100.000 focas!

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El ciclo anual de estos mamíferos acuáticos empieza a mediados de octubre, cuando llegan los machos que son mucho más grandes que las hembras, llegando a pesar casi 300 kg frente a los 70 kg de ellas.

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En cuanto al tamaño también hay bastante diferencia. Los machos miden más de 2 metros mientras que las hembras se quedan en el metro y medio.

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Poco después (a finales de noviembre o principios de diciembre) cada una de las hembras embarazadas da a luz a un único cachorrillo de foca que permanecerá en la colonia por lo menos los próximos 11 meses.

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Plan de domingo: dormir

Poco después de dar a luz las hembras se aparean con los machos que controlan los harenes (sí, es que son tal cual) y el ciclo continúa.

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La visita a la colonia es brutalmente impactante. Sabía perfectamente que me iba a encontrar con 100.000 focas, pero es muy distinto verlo en directo. Hay momentos en los que hasta cuesta distinguir las cabezas de tanto animal que hay apiñado.

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Había tantas que hasta varias decenas estaban por fuera del recinto, rodeando la pequeña puerta de madera que da acceso a la pasarela.

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Dominando el rebaño

Una de las cosas que más me sorprendió fue el incesante ruido que hacen, una especie de mezcla entre gemido humano, mugido de vaca y balido de oveja. En ocasiones era aturdidor.

Algunas de las personas que llegaron después de nosotros aguantaron bastante poco porque, además del ruido, hay un olor a “pescado sucio” muy intenso que de alguna forma me recordó al olor que había en las granjas de cerdos cuando iba de pequeño con mis tías y mi abuela a comprar un cerdo para criar.

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Nosotros no tuvimos ningún problema con eso y nos quedamos paseando por la pasarela casi una hora y media. ¡No podíamos dejar de mirar para todos los lados!

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Cuando ya estábamos a punto de marchar apareció un invitado especial: ¡el chacal cojo! En los últimos años muchos chacales han llegado a la costa de los esqueletos procedentes del interior de Namibia y, cuando hay alguna cría pequeña algo despistada, se la ventilan.

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Aunque no este chacal. El pobre estaba totalmente cojo de una pata y caminaba dando saltillos entre las focas desesperado, buscando algo de lo que alimentarse, pero no consiguió ningún botín ya que las crías estaban relativamente crecidas y las adultas no le dejaban acercarse a menos de dos metros.

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Salimos de allí con pestazo pero contentos de habernos dejado caer por esta esquina perdida del mundo.

The Welwitschia Plains: Paisaje Lunar y Plantas Milenarias

Dejamos Cape Cross y condujimos 130 km al sur por la C34 hasta Swakopmund, la población más importante de la zona. Aquí el tiempo era radicalmente diferente: cielo azul, sol y calor, ¡menudos contrastes!

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Última visita al desierto de Namib

En la oficina de turismo nos recomendaron que pasásemos las últimas horas del día recorriendo la ruta de las Welwitschia Plains, una zona poco visitada, cerca de la ciudad, con un paisaje distinto y la posibilidad de ver unas curiosas plantas. ¡Nos pareció estupendo para terminar la jornada!: animales por la mañana y plantas por la tarde. Así que pagamos el permiso (40 NAD por persona y 10 NAD por coche) y pusimos rumbo.

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¡Preciosos líquenes!

Para llegar desde Swakopmund hay que coger la B2 hacia Usakos y desviarse a la derecha por la C28 cruzando el Swakop River, hasta llegar a la entrada del Namib-Naukluft Park (¡reencuentro con el Desierto de Namib!).

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Los paisajes desérticos en Namibia son todos espectaculares

Poco después aparecerá la indicación del recorrido. En este punto hay que girar a la derecha y a partir de aquí hay que seguir las 13 piedras numeradas que muestran los puntos de interés (beacon) de la ruta. Los que más me llamaron la atención fueron los siguientes:

Beacon 02: a lo largo de la ruta aparecen continuamente dos tipos de arbustos que son capaces de sobrevivir en semejante paisaje seco. Me hizo mucha gracia el Dollar Bush (Arbusto del Dollar, no sé cómo se llamará en castellano), cuyo nombre hace referencia a sus hojas en forma de moneda.

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Está perfectamente adaptada al medio (una zona que recibe menos de 20 mm de lluvia al año de media y que sufre, a veces, períodos de varios años sin una sola gota de agua).

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Beacon 03: en esta zona destaca la presencia de líquenes que crecen muy lentamente (menos de 1 mm al año).

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Beacon 04: una estupenda vista del Valle de Swakop que ofrece una sensación de paisaje lunar alucinante. Todas estas formaciones son el resultado de la erosión y el paisaje continúa más allá de donde llega la vista.

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Beacon 05: el clima del desierto de Namib se caracteriza por la niebla nocturna, lo que hace que la presencia de líquenes sea mayor aquí que casi en ningún otro lado del mundo.

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Beacon 06: un nuevo mirador del paisaje lunar formado por el río Swakop.

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Beacon 11: llegamos al fin a las Welwitschia Mirabilis, la joya de la ruta.

Esta planta desértica es endémica del desierto de Namib y crece de un tronco grueso del que salen dos únicas hojas de crecimiento continuo. Tienen un aspecto totalmente distinto a cualquier otra cosa que haya visto antes en mi vida.

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Se reproducen por semillas que deben mantenerse húmedas y expuestas a la luz y al calor (esto último no es nada problemático en esta zona…). Absorben el agua a través de estructuras en sus hojas que les sirven para aprovechar el rocío nocturno del desierto. Es una de las plantas más raras que existen en el mundo y se considera en serio peligro por su carácter endémico y por la dureza de condiciones en las que vive.

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Son además un claro ejemplo de especie dioica (especies en las que hay macho y hembra). Tienen características diferentes y en esta parte del recorrido hay plantas que están marcadas con el símbolo de macho y otras con el símbolo de hembra para que los visitantes podamos apreciar las peculiaridades de cada una. ¡Genial!

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Welwitschia Mirabilis macho

Otro dato curioso es lo difícil que llega a ser determinar la edad de estas plantas, que pueden llegar a vivir entre los 1000 y los 2000 años.

Junto a ellas es fácil encontrar a las Chinches de la Welwitschia, unos bonitos bichos que son sus principales polinizadores.

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Beacon 12: la Welwitschia reina. Este espléndido ejemplar de welwitschia tiene aproximadamente 1500 años de edad. ¡Es enorme!

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Después de este bonito e inesperado recorrido volvimos a Swakopmund, dándose la extraña situación de llegar al campsite (Swakopmund Alte Brucke Resort Campsite) aún de día.

Último Día en Namibia: Dunas, Flamencos y Carretera

Ya está, el viaje llegaba a su fin, y el último día lo habíamos dejado para acercarnos en coche a Windhoek y dormir… pues “por ahí”, en cualquier lado.

No hay tanta distancia de Swakopmund a la capital en comparación a otras enormes tiradas de kilómetros que habíamos hecho las semanas anteriores, así que decidimos aprovechar por lo menos la mañana por la zona.

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Iglesia en Walvis Bay

Primero nos fuimos a la famosa Duna 7 cerca de Walvis Bay. Es una duna situada junto a la C14, de las más altas de la zona. Se aparca en el área de picnic y, desde ahí, comienza la subida que se hace más larga y pesada de lo que parece (sin ser para nada difícil).

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Es curiosa la sensación que se tiene al llegar arriba, porque estando tan cerca de las carreteras da la impresión de traslado instantáneo a la zona de Sesriem que tan lejana parecía.

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Nos dio algo de pena que estuviese tan sucia en comparación con el resto del país (había bastantes restos de plásticos y envases).

Desde la Duna 7 seguimos un poco al sur hasta Walvis Bay, donde acabamos visitando su laguna que es la más antigua de toda la costa de Namibia y es, a su vez, un santuario para más de 150.000 aves.

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No es que sea en sí muy bonita, fundamentalmente por las construcciones humanas que la rodean, pero tuvimos la suerte de coincidir con un gracioso grupo de flamencos que nos detuvo un buen rato.

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Y así se acabó lo que se daba, pero no antes sin… ¡un nuevo filete de Oryx! Volvimos a Swakopmund para comer en un restaurante que nos recomendaron los del campsite, y vaya si acertaron. Está justo en la playa, con unas vistas al océano magníficas y unos filetes de oryx para morir allí mismo.

¡Ay! No me quería marchar…

Pero un avión de Qatar nos estaba esperando en 15 horas.

Hay 350 km de Swakopmund a Windhoek, todo por carretera buena. Llegamos hasta Usakos algo abatidos por el cansancio, y allí encontramos una especie de restaurante-campsite para la gente local donde decidimos quedarnos. Era tan barato que no nos lo podíamos creer.

Preparamos la última cena y la compartimos con el vigilante de seguridad que agradeció mucho que alguien le diese un plato caliente (no hay que olvidar que en esta época del año las noches son frías en todo el país) y nos acostamos sabiendo que a las 5 de la mañana teníamos que levantarnos para cubrir el último tramo de la ruta.

Y con ese último tramo superamos los 7000 kilómetros rodando por suelo namibio. 7000 kilómetros entre animales, cañones, desiertos y plantas. 7000 kilómetros llenos de experiencias nuevas, aventuras locas y menos locas, mucho amor por África y… ¡una sartén que finalmente seguirá su curso!

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¡Adiós Namibia! Me has abierto la puerta de África por la que espero volver pronto, pues está claro que hay mucho, pero mucho por ver, saborear, disfrutar y aprender.

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2 comentarios en “Namibia 2017 – Etapa 6 – La Costa de Los Esqueletos: Agua y Desierto

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