Namibia 2017 – Etapa 1 – Sesriem y El Desierto Color Albaricoque

El entorno de Sesriem abarca alguna de las cosas que se vienen a buscar a Namibia: desiertos espectaculares, pocas multitudes, animales salvajes y sensación de amplitud. Ya sea al inicio, al final o por el medio del viaje, es una visita imprescindible.

De Windhoek a Sesriem

El Desierto de Namib parece el lugar ideal para empezar una ruta por Namibia, y para mí lo ha sido: dunas anaranjadas estilo albaricoque de las más altas del mundo, paisajes de infarto, un pequeño cañón, contrastes continuos de paisajes y colores, algo de vida salvaje…

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¿Apetecible? ¡Qué va! ¡Es mucho más que eso!

Salimos de Windhoek con nuestro 4×4 listo y las pilas cargadas a pesar del traspiés de bienvenida que tuvimos en el supermercado The Grove (pero de todo se aprende, así que partir de ahora tendremos cuidado extremo).

Teníamos muy clara la ruta, pero no así el tiempo que íbamos a necesitar (las informaciones que nos habían dado diferentes personas diferían en hasta dos horas). Además, para mí era la primera vez conduciendo un 4×4 y aunque gracias a la forma en la que aprendí a conducir no me suele costar nada adaptarme a un nuevo vehículo, que la primera vez conduciendo un 4×4 sea por la izquierda y con las carreteras de Namibia estaba claro que se perfilaba como terapia de choque.

De Windhoek cogimos la carretera B1 (asfaltada y estilo autopista) en dirección sur hacia Rehoboth. Estos kilómetros fueron bastante sencillos: buen asfalto y no demasiado tráfico para tratarse del área metropolitana de la capital. Al pasar este poblado nos desviamos por la C24, siendo mi primer contacto con carretera de tierra.

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Primer día conduciendo por las carreteras de Namibia

Podía ser peor. El problema principal son las nubes de polvo que vamos dejando los vehículos, pero con la poca afluencia que hay se disipan casi siempre antes de que otro coche pase por la zona.

Los paisajes empezaron a tornarse de estilo desértico pero con algo de vegetación. Una combinación muy interesante y que transmite mucha tranquilidad. ¡Todo pintaba de maravilla!

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El desierto empieza a abrirse paso…

Pronto descubrimos a qué hora iba a ser la puesta de sol a lo largo de nuestro viaje por Namibia: a las 5 y pico de la tarde el sol desaparece y a las 6 es completamente de noche. Nos dio un poco la lata porque era el primer día y tuvimos que conducir casi dos horas completamente de noche por esas carreteras algo diabólicas sin ningún tipo de iluminación ni presencia humana.

Al llegar a la intersección con la C14 seguimos hacia el norte rumbo a Solitaire para finalmente hacer los últimos kilómetros por la C19 (mi número favorito, un buen presagio) que nos llevó directamente a Sesriem. En total fueron unos 340 kilómetros.

En este último tramo nos asustamos un poco cuando saltaron por delante del coche un par de manadas de Oryx, pero gracias a mi buena vista nocturna no pasó nada. Total, llegamos al Sesriem Campsite a las 19:30 y el señor de la puerta nos miró con cara de “¿pero de dónde salen éstos?”

El Campsite de Sesriem

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Le enseñé la reserva y nos dijo que era muy tarde, que la puerta cierra a las 6 y pico pero que gracias a él podíamos pasar… ¡Menos mal!

Nos volvimos locos para encontrar la parcela que nos habían adjudicado (ni siquiera la gente que trabaja allí tiene muy claro dónde está cada cosa), pero finalmente apareció junto a un hermoso árbol que nos sirvió de cobijo para el coche y la tienda del techo.

Cenamos rápidamente algo de lo que habíamos comprado en el súper de Windhoek, nos dimos una buena ducha, abrimos la tienda y nos echamos a dormir como si no hubiese un mañana. ¡Y es que menudo tute llevábamos encima!

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Todo listo para la primera noche

Con respecto al campsite, me parece muy importante tener en cuenta que la entrada al parque de Namib-Naukluft (al menos a la zona de Sossusvlei) solamente se puede hacer por la puerta que está dentro del campsite. En esta época del año abren la puerta a las 5:45 de la mañana pero la puerta de acceso al campsite desde fuera la abren una hora más tarde, por lo que estar dentro del campsite da una buena ventaja para llegar a Sossusvlei antes que toda la gente que se aloja en los lujosos lodges de los alrededores y visitar esas maravillas con algo de tranquilidad.

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Compartiendo el desayuno con los pajarillos

Lo dicho: ¡Vale mucho la pena quedarse en este campsite!

Además, los baños están bastante bien con buena agua caliente y la cafetería y la tienda son muy completas, bonitas y la gente es agradable (¡también hay una pequeña piscina!).

Primer Día en el Parque Nacional de Namib-Naukluft

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Teníamos claro que el primer día lo íbamos a pasar sin prisa y sin estrés. Nos levantamos a las 7:30 de la mañana (amanece sobre las 6:30), desayunamos y recogimos la tienda (aún somos novatos, por lo que no son simplemente 5 minutos y ya).

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Con todo listo, paramos en recepción para formalizar nuestra estancia (aunque ya la teníamos pagada de antes) y coger el permiso para el parque para dos días (adulto: 80 NDR por día, coche: 40 NDR por día).

Antes de salir hacia el cañón de Sesriem nos tomamos un café (Isa) y un chocolate (yo) en la cafetería. Allí conocimos a Lara y Darío, un gallego y una vallisoletana que llevan una temporada viviendo en Sudáfrica y están haciendo una ruta por Namibia parecida a la nuestra pero en sentido contrario (nosotros vamos al revés que todo el mundo, ¡es genial!).

Nos contaron que les pasó algo parecido en Windhoek. Les rompieron el candado del maletero del 4×4 y cogieron la mochila de Darío con la cámara de fotos y unas cuantas cosas más. ¡Está claro que hay que tener mucho cuidado!

Sesriem Canyon

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Desde el campsite está clara la indicación que lleva al cañón. Son unos 5 kilómetros por una pista de tierra bastante bien cuidada. Compensa ir antes de que pegue el sol intensamente y también antes de que lleguen los autobuses de alemanes no acostumbrados a mucho movimiento que pueden colapsar un pelín la zona de bajada al cañón.

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Aparcamos junto a la bajada y nos dejamos maravillar por una bonita vista de este capricho de la naturaleza que fue formado por el río Tsauchab y que llega a tener por momentos 30 metros de profundidad.

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El cañón se va abriendo y cerrando a lo largo de su recorrido

El origen de su nombre me pareció muy curioso: cuando el río fluía con más asiduidad de lo que lo hace ahora, algunos de los primeros habitantes de la zona lo usaron para coger agua valiéndose de seis trozos de cuerda atados los unos a los otros. Esos nudos se llamaban riems y de ahí el nombre: ses riems.

El 90% de la gente (el día de nuestra visita el 100%) se limita bajar al cañón por las escalerillas esculpidas en la piedra y caminar los pocos metros que llevan hasta la gruta de la izquierda.

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Llega un momento en que el camino termina

¡Error! El cañón es pequeño pero bastante coqueto, y en la otra dirección tiene una longitud de varios kilómetros, por lo que vale la pena caminar algunos de ellos para observar detenidamente las diferentes formaciones y los tramos en los que se abre o se cierra.

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De vez en cuando hay algún acceso sencillo para subir de nuevo a lo alto y captar una nueva vista del cañón en alguno de los puntos en los que es más ancho.

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Después de patear y algún que otro momento de relax volvimos a la zona de las escaleras. Allí nos encontramos de nuevo con Darío y Lara y pasamos un buen rato hablando de Namibia, de lo que ellos ya habían visto y de lo que nosotros íbamos a ver. Buena conversación y valiosa información de primera mano.

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La vida pequeña en el desierto es también muy variada

Antes de irnos recorrimos el tramo que suele hacer todo el mundo. Está muy bien, es estrecho y termina en una angosta cueva con una apertura en lo alto. Vale la pena ir hacia los dos lados.

Relax en Sossusvlei Lodge

El plan que teníamos para la tarde era realizar un vuelo de 45 minutos en una avioneta para sobrevolar la zona de Sossusvlei. El problema es que al ser dos nos salía muy caro, por eso me puse en contacto con los de Sossusvlei Lodge (a 500 metros del campsite) que son los que lo organizan para que supiesen que estábamos interesados pero solo si se apuntaba más gente.

Siendo cuatro, nos salía a unos 1800 NAD por persona, algo asumible, pero no hubo suerte. Fuimos allí a las 2 de la tarde como nos habían dicho pero las únicas personas que habían mostrado interés no habían vuelto a dar señales de vida, por lo que nos quedamos sin vuelo, pero tuvimos una pequeña recompensa.

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Piscina del Sossusvlei Lodge

Estábamos bastante frescos a pesar del tute de vuelos y la parada en Qatar, pero esa tarde la queríamos dedicar al relax. Nos dejaron quedarnos en la piscina del Lodge (¡mucho mejor que la del campsite!), en un entorno precioso y con unas vistas bastante bonitas.

Isa se dio un buen baño y yo me dediqué más a relajarme y escribir en una bonita mesa de madera bajo la sombra de una acacia. Hacía bastante calor, pero la temperatura a la sombra era bastante agradable y pasé un buen rato.

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Antes de irnos me acerqué a un enorme árbol a pocos metros de la mesa. Tenía una especie de construcción enorme que no habíamos visto nunca. Una chica muy maja del Lodge nos explicó que es una especie de “Nido Social”, muy comunes en Namibia. Es decir, algo así como una residencia de pájaros que comparten zonas comunes. ¡Me pareció muy interesante!

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Enorme nido social

Mientras observaba el nido aparecieron de la nada unos pavos muy graciosos que parecían no tener rumbo.

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¿De dónde habrán salido?

Aquí en Namibia da la impresión de que los animales aparecen de la nada por generación espontánea.

Atardecer en la Elim Dune

A las 16:30 dejamos el Sossusvlei Lodge para ir a ver el atardecer a la Elim Dune. Es muy sencillo llegar, simplemente se coge la pista asfaltada que sale del campsite en dirección a Sossusvlei y a unos 5 kilómetros hay un desvío a la derecha que lleva por una pista de tierra hasta el aparcamiento.

Desde ahí hay un pequeño trecho de subida (no muy largo, pero que hecho con calma bien puede llevar unos 20 o 25 minutos) hasta lo alto del mirador que da buenas vistas de las dunas del oeste.

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A nosotros nos dieron mal la información (una vez más, aquí en Namibia no compensa fiarse de la información de la gente local) y realmente la Duna Elim requiere un buen trozo más de tiempo para subir. Desde ella se puede ver la vista que disfrutamos nosotros hacia el oeste pero también las vistas hacia el este, pero para verlo al atardecer hay que salir bastante antes… Otra vez será.

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Los colores del atardecer

Aún así, fue muy bonito observar la variación de colores y tonalidades a medida que la intensidad de la luz iba bajando. Un cierre muy especial para concluir el primer día real de viaje por Namibia.

Segundo Día en el Parque Nacional de Namib-Naukluft

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El verdadero premio gordo del parque nos estaba esperando a la vuelta de la esquina de un madrugón en condiciones: ¡Deadvlei!

Desde que vi en 2006 la película de Tarsem “The Fall” en el festival Cineuropa de Santiago de Compostela (preciosa fantasía rodada en más de 20 países) me quedé fascinado con unas imágenes rodadas en un lugar que me parecía de otro planeta: un enorme salar con árboles secos rodeado de unas impactantes dunas naranjas.

Parecía ciencia ficción, pero era real: existe y está en Namibia.

Deadvlei

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La mayoría de la gente se pega el madrugón para ver el amanecer desde la Duna 45 y después continuar hasta Deadvlei. A nosotros nos pareció mejor ir directamente al segundo sitio, para llegar antes de las hordas de gente y disfrutar de ese sitio tan especial sin mucho ruido.

Nos levantamos a las 5 de la mañana para tener tiempo de preparar la mochila, recoger la tienda y estar en la puerta del parque a las 5:30. A las 5:45 la abrieron y una fila de 7 u 8 coches salimos directos por la carretera asfaltada. Todos a excepción de dos se pararon en la duna, y otro intrépido 4×4 y nosotros seguimos hasta Deadvlei.

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La luna desapareciendo poco a poco a medida que amanece

Se necesitan unos 45 o 50 minutos (60 kilómetros) para llegar hasta el fin de la carretera asfaltada, donde hay un parking y la posibilidad de que los trabajadores del parque te lleven a través de 5 kilómetros de espesa arena hasta el aparcamiento de Deadvlei. Esa “carretera” es solo apta para 4×4 y aún así es muy fácil quedarse atascado.

Pero no lo dudamos… conectamos el modo 4×4, pusimos la marcha especial para terrenos de ese tipo y nos metimos de lleno a rodar por arena. ¡No nos quedamos atascados! Y cuando llegamos al aparcamiento de Deadvlei solo había un coche más, estaba amaneciendo y los colores eran alucinantes.

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¡Todo había salido a la perfección!

La zona está marcada por los dos vleis: Sossusvlei (que es el “lago vivo” aunque el clima del país y las sequías de los últimos años en una zona de mundo ya reseca de por sí lo tienen casi siempre a nivel cero) y Deadvlei (o “lago muerto”, una de las imágenes más famosas y cautivadoras de Namibia).

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Aparcamos y empezamos a caminar. Delante de nosotros una preciosa duna anaranjada de forma especialmente intensa por la luz del amanecer: la Big Daddy Dune.

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Subiendo la Big Daddy Dune

Empezamos a subirla en total soledad. La duna en sí es bastante larga y la parte final algo elevada pero no es necesario llegar hasta lo más alto.  Desde el punto medio se tienen ya unas vistas inigualables de Deadvlei (que estaba amaneciendo poco a poco mientras las sombras se retiraban)…

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Primera vista de Deadvlei

… y también de las demás dunas del desierto de Namib que quedan en las demás direcciones.

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Todo un festival de sensaciones y colores.

Esperamos un buen rato viendo el sol subir y las luces cambiar en Deadvlei. Cuando nos pareció oportuno nos dejamos llevar por la emoción y bajamos a toda prisa la duna para llegar al salar con sus acacias secas (algunas de más de 500 años).

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En ese momento estábamos solo nosotros y un grupo de franceses. La zona del salar es enorme y la mejor forma de visitarlo es dejarse llevar por la intuición y caminar de una esquina a otra, buscando diferentes ángulos, instantáneas…

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¡Todo para nosotros!

… básicamente disfrutando del momento.

Una vez más (algo que me pasa con paisajes naturales diferentes y sobrecogedores) se me encogió el estómago por unos segundos me cayeron un par de lágrimas de alegría, emoción y sobrecogimiento.

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¡Después de tantos años estaba en Deadvlei! Un sueño que en aquél entonces no me parecía fácil de cumplir pues no había iniciado aún mi verdadera vocación viajera (la vida de estudiante es lo que tiene) y Namibia no parecía tampoco un destino muy “al uso”.

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Deadvlei: ¡Sueño conseguido!

Pero con ilusión y perseverancia las cosas se consiguen. Pasamos un rato muy bueno caminando entre las acacias, sin nadie más a la vista realmente ya que con la dimensión del lugar y los pocos que éramos las personas quedaban eclipsadas por el conjunto total.

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Nos resultó muy interesante y chocante descubrir que, en la parte más oeste de Deadvlei, hay un mini-valle separado por una fisura parecida a un cañón de juguete que cuenta con 7 acacias que están vivas y coleando.

¡Y tan vivas están que hasta tienen nidos de pájaros y todo!. Es increíble la naturaleza, cómo puede conseguir que la vida siga en las condiciones más duras y surrealistas.

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Hay vida en Deadvlei… ¡pero hay que buscarla!

Poco a poco empezaron a llegar más y más turistas pero nosotros estábamos de suerte. Ya habíamos disfrutado a tope de la zona mítica de Deadvlei y habíamos descubierto este pequeño recoveco dentro del propio salar al que el resto de los turistas parecían no hacerle ni caso.

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Resulta que Namibia es un destino que se presta mucho a grandes grupos de turistas que son transportados como rebaños en bonitos autobuses de un lado a otro para sacar la foto… ¡y ya está! Así que un sitio como este rincón del que no se habla en ningún lado y que requiere un poco (pero muy poco, ¿eh?) de pateo para llegar se escapa de esos circuitos.

¡Pues estupendo! Todo para nosotros. Magia, vida y color; eso es Deadvlei.

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Estuvimos allí algo más de tres horas. El calor fue creciendo por momentos y cuando decidimos iniciar el camino de vuelta estaban llegando aún más y más grupos de turistas. La Big Daddy Dune parecía ya un montón de arena con decenas de hormiguillas trepando por una de sus crestas…

Vamos, un horror. Para disfrutar de la esencia de este lugar hay que vencer a los perezosos, darse el madrugón y llegar con el amanecer.

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Cuando volvimos al aparcamiento eran ya las 10:30. Desayunamos rodeados de pajarillos ávidos de recoger cualquier migaja que se nos escapase. Parece que los animales en Namibia no tienen tanto miedo de los humanos como en otros sitios (no sé si es algo bueno o algo que temer… jejeje).

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Con el estómago lleno, plenamente satisfechos y echando la vista atrás por última vez a esta genial zona del mundo, cargamos el coche y conectamos de nuevo el modo 4×4 para hacer el primer tramo del camino de vuelta.

Antes de llegar al campsite teníamos prevista una pequeña parada que nos salió también de 10.

Parada en la Duna 45

Puede parecer un nombre muy curioso pero no es más que el kilómetro de la carretera en el que se encuentra esta famosa duna entre los amantes de los amaneceres espectaculares.

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Duna 45

Y no es que yo no me encuentre entre ese grupo de gente, pero para mí una de las características de un amanecer espectacular es también el poder disfrutar de ese momento en un ambiente natural y descargado, y no rodeado de decenas de personas haciendo ruido y arruinando la salida del sol.

Por eso decidimos no hacerlo e ir de golpe a Deadvlei, pero no queríamos dejar Sesriem sin parar en un sitio tan emblemático, así que volviendo hacia el campsite hicimos una pequeña parada.

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No había nadie más que nosotros y un pequeño grupo de turistas chinos que ya se iban. El color de la duna era tan espectacular como las que habíamos dejado atrás. Dimos un pequeño paseo por una de sus crestas y después reanudamos la marcha ya que teníamos mucho que conducir por la tarde para llegar hasta Luderitz.

Sorpresa Final en la Carretera

Creíamos que Sesriem ya no iba a dar más de sí, ¡pero no! Antes de llegar al campsite nos cruzamos con dos grupos de avestruces a un lado de la carretera.

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“Hola, ¿qué tal va el día?”

¡Pero qué guay! Paramos en la cuneta y pasamos un buen rato observándolas con los prismáticos (un accesorio totalmente imprescindible para venir a Namibia).

Por supuesto sabían que estábamos ahí ya que no estaban muy lejos, pero les daba igual y estaban a lo suyo, haciéndonos sonreír con sus correteares y sus movimientos y retorcimientos imposibles de cuello.

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Todas estas cosas son las que he venido a buscar a Namibia: mundo salvaje, vida salvaje, naturaleza salvaje…

¡Y creo que las voy a encontrar!

2 comentarios en “Namibia 2017 – Etapa 1 – Sesriem y El Desierto Color Albaricoque

  1. Hola!!!
    Felicidades por el blog!
    Me ha hecho ilusión leerte porque en 1 mes nos vamos a Namibia y hemos alquilado el coche en la misma compañia que vosotros, Africa on wheels. Qué tal vuestra experiencia con ellos?
    Lo otro que me ha hecho gracia es que el primer dia hacemos el mismo recorrido. Nosotros llegamos al aeropuerto de Windhoek a las 10:40h y nuestra intención es llegar a Sesriem. Veo que vosotros llegasteis aunque un poco tarde…me daba miedo que se nos hiciera de noche… hay algun problema? Qué tal vuestra experiencia con esta ruta el primer dia?
    Muchas gracias!!!

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  2. Hola! Ante todo muchas gracias por leer mi blog y comentar 😀
    Con Africa on Wheels todo estupendamente, ninguna queja. Muy atentos y profesionales. El recorrido de golpe a Sesriem se hace bien, pero el tramo que os toque de noche os va a impresionar porque hay cero alumbrado público (evidentemente) y así de primeras impacta. Recordad que el seguro del coche en principio no cubre nada de lo que ocurra si se conduce de noche… por lo que conviene evitarlo, aunque al final nosotros casi todos los días acabábamos haciendo algún tramo por la noche… jejeje… Lo que sí os recomiendo es que aviséis al campsite por si las moscas. Un saludo!

    Le gusta a 1 persona

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