Islas Feroe 2025 – Norte de Streymoy

El norte de la isla de Streymoy se descubre como un paraíso natural lleno de pueblos de ensueño, playas volcánicas, circos glaciares y acantilados frondosos que quitan la respiración.

Información Básica sobre esta isla

  • Principales conexiones con otras islas: Suðuroy (en ferry), Sandoy (por el túnel Sandoyartunnilin), Vágar (por el túnel Vágatunnilin), Eysturoy (por el túnel Eysturoyartunnilin o por el puente Brúgvin um Streymin), Nólsoy (en ferry), Hestur (en ferry).
  • Es la más larga de todo el archipiélago (unos 50 km de longitud) y la más grande (370 km²).
  • Viven aproximadamente 26000 personas, de las cuales solo 5000 residen fuera de la capital, lo que hace de Streymoy un paraje natural casi desértico al salirse de las áreas que concentran la población.
  • Su nombre proviene del término feroés streymur, que significa «corriente fuerte», y de oy, forma abreviada de oyggj que significa «isla». Fue la primera isla en ser verdaderamente colonizada.
  • La parte sur tiene una geografía menos dramática que las partes central y norte, formadas por profundos valles y varios picos que superan los 700 metros de altitud (Melin y Kopsenni, por ejemplo). Las líneas de costa oeste y norte están formadas por acantilados casi verticales que hacen las delicias de muchas aves. 

Nuestro paso por Streymoy se dividió en diferentes incursiones, a veces pasando jornadas enteras en la isla pero otras veces combinando una parada en Streymoy con visitas a otras islas vecinas como Vágar o Eysturoy. Nos movimos casi siempre desde nuestro primer alojamiento en la vecina isla de Eysturoy, conduciendo por el puente gratuito Brúgvin um Streymin, para visitar Tórshavn (la capital),  Kaldbaksbotnur y Kaldbak, Kirkjubøur, Saksun, Vestmannasund, Kollafjørður, Tjørnuvík y el Mirador del Pico Sornfelli.

En esta entrada recorreremos todos los lugares que visitamos en la zona de la isla al norte de Tórshavn: Vestmannasund, Saksun, Haldarsvík, Tjørnuvík, Kollafjørður y el Mirador del Pico Sornfelli.

Paisaje glaciar en Saksun

Vestmanna, Vestmannasund y Los Acantilados

El día que planeamos cruzar a Vágar para intentar recorrer todo lo que pudiésemos de esa isla en una jornada, comenzamos con esta parada en la costa oeste de Streymoy para hacer el famoso tour de los acantilados de Vestmanna.

Vestmanna es el nombre de este pueblo pesquero en el que viven 1300 habitantes (dedicados fundamentalmente a la industria de la pesca o los astilleros), situado en un puerto natural en una bahía que conecta con el canal Vestmannasund que separa las islas Streymoy y Vágar. 

El pueblo en sí no tiene especial interés, aunque su ubicación es realmente espectacular y las vistas del mismo mientras nos acercábamos por la carretera descendiendo por las laderas de la bahía nos iban dejando extasiados.

Vistas de la bahía de Vestmanna desde la carretera

Además de ser, después de Tórshavn, el segundo pueblo más grande de la isla, aquí se ubica la central hidroeléctrica más importante de las Feroe que usa la fuerza del río Fossá para generar la electricidad que llega a Tórshavn, Eysturoy, Vágar, Klaksvík e incluso Suðuroy. De hecho, es fácil ver los cables que transportan la electricidad alzándose por encima de las colinas si uno se fija un poco.

Vestmanna vista desde el barco

Dicho todo esto, la inmensa mayoría de la gente, como nosotros, viene hasta aquí para subirse a un barco y hacer un recorrido escénico por los acantilados del canal Vestmannasund. Es una de las atracciones turísticas más concurridas de la isla por lo que conviene reservar con algo de antelación (nosotros reservarmos dos días antes para el tour de las 9 de la mañana por 400 DKK cada uno a bordo del barco Froyur).

Y qué decir… ¡Fue todo un acierto! Resultó ser una excursión maravillosa y el clima nos acompañó durante todo el tour en barco (después empeoró en Streymoy pero no en Vágar, que es la isla a la que nos dirigimos al acabar el recorrido… ¡Así son las Feroe!).

Formaciones rocosas de la costa de Vágar

A las 9 en punto salió el barco y el capitán nos fue explicando un poco la historia de la zona a medida que avanzábamos para abandonar la bahía. Una cosa curiosa que nos contó es que el porcentaje de gente centenaria en las Feroe es uno de los más altos del mundo, y en Vestmanna hay una residencia de ancianos donde en ese momento residían al menos 5 personas con más de 100 años (entre ellas Maria Á Heygum, una mujer que pasó 50 años bañándose a diario en el mar como se puede ver en el cortometraje «Waves» sobre esta costumbre que le ha ayudado «encontrar su momento diario para ella misma»).

La primera sorpresa que me llevé en este tour de los acantilados Vestmannabjørgini (así se les llama en feroés) es que realmente el recorrido se centra sobre todo en los acantilados de la costa noreste de la isla Vágar y no en los de Streymoy. Aún así, decidí incluir el recorrido aquí porque el punto de salida está en esta isla.

Costa de Vágar vista desde el barco

El resto de sorpresas vinieron todas continuamente una tras otra… Estos acantilados, que llegan a superar los 600 metros de altura, proporcionan un lugar inigualable para que muchas aves puedan criar tranquilamente sin presencia de depredadores y con abundante comida disponible proporcionada por las aguas del Atlántico Norte.

Aunque por la época del año (mediados de agosto) ya era demasiado tarde para ver frailecillos, sí que pudimos ver a una pareja rezagada que aún no habían abandonado el lugar y también a un par de focas intrépidas que pasaron a saludarnos de vez en cuando. En los meses de mayo, junio y julio, es normal ver miles de pájaros volando y disfrutando de un paraje del que son claramente los amos.

Aún así, el recorrido fue igualmente espectacular. Nos metimos en una cueva de la costa de Vágar, rodeamos una roca que parecía tener dos caras (pareidolia a tope)…

… contemplamos fabulosas vistas del Monte Sornfelli (al que iríamos 10 días después)…

Vistas del Monte Sornfelli

… pero también de otras islas como Hestur y Koltur. ¡Un espectáculo que nadie debería perderse!

Como curiosidad final, pasamos también cerca del que es uno de los pueblos más aislados de las islas Feroe: Slættanes, en la punta noreste de Vágar. Aunque en su momento llegó a tener hasta 80 habitantes, hoy en día está completamente aislado según los estándares de comunicación que solemos manejar: no tiene electricidad, no hay carretera ni caminos marcados y la única forma de llegar a pie es cruzando las montañas de Vágar desde Gásadalur (not for the faint of heart).

Slættanes: ¿Quién se anima a pasar ahí una temporadita?

Saksun y la Black Sand Beach (Playa de Arena Negra)

Situado en un enclave de infarto: un valle glaciar elevado sobre un maravilloso lago con una cascada que cae sobre una playa de arena negra que lleva al mar (¿qué más se puede pedir?), este pueblo es uno de los destinos más frecuentados por los viajeros que se adentran en este paraíso llamado Islas Feroe.

En la actualidad no viven en Saksun más de 30 personas pero por la cantidad de visitantes diarios que recibe es sin duda uno de los lugares con más bullicio de las islas (además, está relativamente cerca y accesible de Tórshavn y del aeropuerto). 

La carretera que lleva hasta aquí (ruta 592) se bifurca antes de llegar al pueblo y es ahí cuando debemos tomar la primera decisión: playa o pueblo (spoiler: da igual el orden pero hay que visitar las dos cosas). 

El entorno de este recuncho de Streymoy es inigualable

En nuestro caso, como fuimos ya hacia media tarde, había muy poca gente y optamos por hacer primero la ruta sencilla que lleva desde el parking de la bifurcación hasta la Playa de Arena Negra (Black Sand Beach).

Ruta de la Laguna Pollurin y la Black Sand Beach

  • Duración: 2 horas (15 de agosto)
  • Zonas Visitadas: Black Sand Beach, Laguna Pollurin
  • Kilómetros Recorridos: 6 kilómetros (lineal, ida y vuelta)
  • Desnivel Total Acumulado: 70 metros de subida y de bajada
  • Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 40 m / 0 m

Saliendo del parking habilitado, tenemos que seguir la pista asfaltada hasta pasar unas casas que llevan a un camino que se dirige a las dos pequeñas casas que hay casi a nivel de la laguna Pollurin.

Caminando hacia la laguna Pollurin

Las vistas y el lugar son sobrecogedores. Parece realmente que estamos en el fin del mundo y de la civilización (un poco sí que es cierto) y mirando hacia atrás podemos ver el verdadero pueblo de Saksun en un promontorio elevado sobre el agua de la laguna.

Saksun en las alturas

Rápidamente empezamos a pisar la arena negra y vemos cómo la laguna, en la que desemboca una preciosa cascada, se une con el agua del mar creando formas en la arena como resultado de las distintas mareas.

Sin ninguna dificultad, seguimos caminando hasta llegar a la desembocadura en el mar.

Un lugar absolutamente mágico en el que solo estábamos nosotros tres, otra pareja de españoles (ya es casualidad) con un niño pequeño, y un grupo de cuatro personas jugando con una pelota. Un ambiente tranquilo y familiar que  me invitó, como no, a bañarme.

Y es que siempre que se presenta la ocasión de bañarme en un sitio tan único como este me parece una pena desaprovecharla aunque pueda hacer frío dentro y fuera del agua (en este caso, el agua estaba fresquita pero fuera se estaba relativamente bien para lo que suelen ser las Islas Feroe…)

Puedes descargar aquí el track de esta ruta.

Saksun

Rehaciendo el camino hasta el coche volvimos a la intersección con la carretera principal y, en esta ocasión, continuamos hacia el pueblo. Aparcamos el coche sin ningún problema ya que casi no había nadie y dimos un pequeño paseo contemplando las casas y las vistas.

La ubicación del pueblo es inmejorable pero nos hace imaginar lo dura que debió ser la vida en este lugar tan expuesto a las inclemencias del clima y tan alejado de otros núcleos de población. 

Saksun: lugar mágico

Allí mismo fue cuando nos dimos cuenta de que realmente esta parte del pueblo se ha transformado en una especie de museo al aire libre llamado Dúvugarðar. Había que pagar entrada (50 DKK) para deambular cerca de estas casas tradicionales de tejado de césped así que decidimos no hacerlo porque ya habíamos visto unas cuantas parecidas y sabíamos que en los 12 días que aún teníamos por delante íbamos a ver unas cuantas más (total, se veían perfectamente desde cualquier punto del pueblo…).

Lo que sí que hicimos fue caminar un momento hasta la iglesia, del estilo de muchas otras de las Feroe, y una vez más en un enclave difícil de superar. Está claro que «La Iglesia» es lista y avispada en cualquier época, país y cultura…


Fossá y Haldarsvík: El Poder del agua

Siguiendo la ruta 594 por la costa noreste de Streymoy (hacia Tjørnuvík), pasamos por Fossá (la cascada más alta de las Islas Feroe) y por Haldarsvík, un bonito pueblo con una interesante y sencilla ruta a otra cascada más escondida que la anterior.

Fossá

Encontrar la primera de estas dos cascadas no es muy complicado… Está justo en el borde de la carretera, 2 kilómetros al sur de Haldarsvík.

Es una parada imprescindible: mide 140 metros de altura y desciende por un barranco rocoso pasando por varias terrazas hasta caer directamente al mar. Cuando es época de lluvias fuertes puede llegar a medir hasta 30 metros de ancho (supongo que en ocasiones incluso inundará parte de la carretera).

Para verla de cerca no hay más que seguir el sendero perfectamente indicado hasta una especie de pequeña plataforma-mirador desde la que se puede contemplar la fuerza que tiene. No requiere ningún esfuerzo especial y se tarda solamente 5-10 minutos en llegar.

También se puede ver bien desde la carretera pero vale la pena subir por el camino, sobre todo si hay un grupo de turistas ruidosos con drones y trípodes haciéndose mil millones de fotos y vociferando por todas partes (dejo el adivinar el país de procedencia de este grupo para la imaginación de quien me lea). 

Que conste que en las dos semanas que pasamos en las islas este fue el único momento en el que nos encontramos con gente ruidosa. En general, los turistas que vienen hasta aquí y se salen del área de Tórshavn son gente que disfruta y respeta la naturaleza y la tranquilidad que esta debe tener.

Haldarsvík

Siguiendo por la carretera 2 kilómetros hacia el norte llegamos a este pequeño pueblo en el que vale la pena hacer una breve parada.

La mayoría de las casas coloridas (y bien conservadas) de Haldarsvík están dispuestas cerca del puerto y mirando hacia el canal Sundini que separa las islas de Streymoy y Eysturoy.

Haldarvík

Sin embargo, por lo que es conocido este pueblo entre los isleños es por su inusual iglesia de planta octogonal construida en 1856 y también por un curioso monumento de estilo modernista construido por Fridtjof Joensen en 1982 encima de una pequeña colina para rendir homenaje a toda la gente que perdió su vida en el mar. 

Ruta de Kluftáfossur

  • Duración: 1,5 horas (18 de agosto)
  • Zonas Visitadas: Haldarsvík, Kluftáfossur
  • Kilómetros Recorridos:  2 kilómetros (lineal, ida y vuelta)
  • Desnivel Total Acumulado: 150 metros de subida y de bajada
  • Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 140 m / 20 m

La ruta no tiene pérdida porque la cascada se ve desde el propio pueblo y solo hay que encontrar el sendero que nos lleva por los lados izquierdo y derecho del pequeño arroyo Kluftá hasta una cavidad basáltica donde desemboca el último tramo de la cascada.

Kluftáfossur vista desde Haldarsvík

Es realmente una recompensa enorme para el poco esfuerzo que requiere este pequeño paseo que pudimos hacer totalmente solos (lo que agradecimos enormemente después del grupo ruidoso que tuvimos que aguantar en Fossá un rato antes).

La cascada me recordó ligeramente a la cascada Hengifoss en el noreste de Islandia que había visitado 12 años antes. Me hice una foto para emular aquel momento y después me di cuenta de que sigo teniendo el mismo pantalón de montaña de «invierno», jajaja.

Por muchos más años de pantalón azul…

Puedes descargar aquí el track de esta ruta.


Tjørnuvík: «El Retreat»

La ruta 594 deja Haldarsvík y continúa 5 km hacia el norte hasta llegar al último pueblo de la isla, Tjørnuvík, donde la carretera termina.

El pueblo es alucinante pero este último tramo de carretera no se queda corto ya que (cuando el clima lo permite), podemos deleitarnos con unas vistas fabulosas de Eiði y de los famosos promontorios Risin or Kellingin.

Vistas de Eiði y las estacas Risin og Kellingin

No miento si digo que tuvimos que parar por lo menos 4 o 5 veces el coche para bajar y quedarnos un rato contemplando esta maravilla que nos estaba regalando la naturaleza. A esto nos ayudó bastante un semáforo que hay instalado para regular el tráfico en ambos sentidos en un tramo que es demasiado estrecho como para que circulen dos coches a la vez (sobre todo teniendo en cuenta el bonito precipicio que hay a uno de los lados…).

Precaución amigo conductor…

Una vez en Tjørnuvík no hace falta fijarse mucho para entender por qué es uno de los pueblos más visitados y populares de las islas: está rodeado en tres de sus lados por colinas verdes y escarpadas y está situado en la base de un valle glaciar formado durante la Edad de Hielo (vamos, que es imposible que deje indiferente a nadie…).

Pero no todo iba a ser tan idílico… Tjørnuvík ha sufrido a lo largo de los siglos bastantes daños debido fundamentalmente al desprendimiento de rocas que, en ocasiones, llegaron a destruirlo casi en su totalidad.

Actualmente, una red de diques y muros de piedra protegen a las edificaciones de este tipo de sucesos y permite que la parte llana entre las casas y las laderas de las montañas se pueda cultivar con heno y algunos vegetales.

It’s hay season!

Sin embargo, aunque es cierto que el conjunto de casas con este enclave natural que las rodea es alucinante, es realmente la playa en forma de bahía semicircular lo que hipnotiza a cualquiera que se atreva a mirarla.

Tuvimos la enorme suerte de que llegamos en un momento de «temperaturas altas» para el clima habitual de las islas. Yo creo que estaríamos rozando los 17 grados y el sol apretaba, así que lo vi claro… En primer lugar, acababa de ser mi cumpleaños; en segundo lugar, estábamos en un lugar mágico y, en tercer lugar, tenía una compañía inmejorable, así que definitivamente vi que tenía que darme un buen baño o iba  a arrepentirme.

Playa de Tjørnuvik

Había metido en el coche el bañador y una toalla para estar preparado por si se propiciaba esta situación (y así fue). Me cambié junto al coche y atravesé la playa bajo la mirada atónita de las siete u ocho personas que estaban también en la arena con varias capas de ropa… y me metí en el agua.

Estaba fresca pero tampoco mucho peor de lo que podemos encontrar algunos días de temperatura enrevesada en las playas de las Rías Baixas de Galicia (yo creo que estaría a unos 12 o 13 grados).

Y qué puedo decir… Tener todo el mar para mí bajo la mirada de las estacas Risin og Kellingin e inmerso en un valle glaciar de esta categoría es algo verdaderamente para recordar.

Al salir del agua me sequé un poco al sol y fui a cambiarme al coche porque tampoco quería correr el riesgo de resfriarme y no poder disfrutar al 100% de todos los días que aún nos quedaban por delante.

Dimos un paseo por una especie de espigón artificial que hay por un lateral de la bahía y disfrutamos un rato más de la playa antes de coger el coche y continuar nuestro camino.

Definitivamente, conviene estudiar bien las previsiones meteorológicas y conducir hasta aquí cuando parezca que va a hacer un buen día porque la recompensa es total.


Kollafjørdur: El pueblo Lineal

Seguramente, en cualquier desplazamiento entre las islas de Eysturoy y Streymoy, pasarás por delante de este pueblo al dar el pequeño rodeo que te permite evitar pagar el precio loco del túnel Eysturoyartunnilin que conecta las dos islas.

El pueblo en sí es de tamaño medio-grande para los estándares de las Feroe (unos 800 habitantes) y no destaca especialmente por ser de los más memorables: una colección de casas dispuestas en una línea recta a lo largo de la carretera.

Iglesia de Kollafjørður

Pero lo que sí es digno de admiración es su iglesia del año 1837 de madera que cuenta con las características de construcción típicas de la zona: paredes cubiertas de brea, ventanas blancas, techo de césped y una torre-campanario.

Es, sin duda, una de las más bonitas y mejor conservadas de todas las que hemos visto en las 10 islas que hemos visitado.


Mirador del Pico Sornfelli

Un par de kilómetros al norte de Kollafjørður, sale una bifurcación de la carretera hacia la izquierda (ruta 50) que nos permite subir con el coche directamente casi hasta el punto más alto del Monte Sornfelli (749 m de altitud). 

Antes de llegar a la cima nos encontramos con una señal de prohibido el paso que nos obliga a girar a la izquierda y dejar el coche en un parking asfaltado habilitado en una zona llana con vistas espectaculares de casi 360º.

Vistas desde el parking del Pico Sornfelli

Si miramos hacia el oeste, nos encontramos con Vágar (puede distinguirse incluso el Trøllkonufingur a la izquierda) y la inmensidad del Vestmannasund.

Trøllkonufingur en la isla de Vágar

Hacia el este, distinguimos claramente el fiordo Kaldbaksfjørður, la punta Vørðan del sur de Eysturoy (donde está el Nes Vindmøllepark) y la isla de Nólsoy.

Kaldbaksfjørður y Nólsoy

Hacia el norte, vemos toda la zona montañosa del norte de Streymoy, intuyendo al final de todas esas cordilleras el trozo de océano que ya habíamos visto en Saksun o en Tjørnuvík.

Caminando un poco por el trozo de carretera en el que estaba la señal de prohibido el paso (entendimos que «prohibido para vehículos», o eso quisimos entender…) nos encontramos con los antiguos radares militares (restos de un puesto de la OTAN) que aún tienen su servicio para ayudara regular las telecomunicaciones y el control de tráfico aéreo.

Caminando por la carretera de «prohibido el paso»…

Desde aquí, un espectacular juego de nieblas y luces que iban  y venían, nos dejaron ver por momentos nada más y nada menos que un total de 6 islas: Hestur, Sanðoy, Stóra Dímun, Lítla Dímun, Skúvoy y Suðuroy.

Hestur, Sanðoy, Stóra Dímun, Lítla Dímun, Skúvoy y Suðuroy

Y aquí, en estas alturas, se terminaron nuestras incursiones a las maravillas de Streymoy. En este momento en el Pico Sornfelli era ya el día 23 de agosto, llevábamos 10 días en las Feroe y nos tocaba poner rumbo al este para pasar los últimos 4 días de este glorioso viaje en una casita muy especial en Borðoy…


Otras rutas en el norte de Streymoy que no hemos hecho

  • De Leynar a Kollafjørður: breve ruta que discurre sobre colinas con buenas vistas de las montañas más altas de Streymoy y de las islas Vágar y Koltur (5 km, 300 m de desnivel, solo ida, vuelta en autobús).
  • De Hvalvík a Vestmanna: buen trekking que pasa por el valle de Bjarnadalur con buenas vistas del valle Saksunardalur (9 km, 500 m de desnivel, solo ida, vuelta en autobús).
  • De Tjørnuvík a Mýlingur: buena ruta de trekking a un mirador impresionante sobre acantilados y la estaca Mýlingur que se puede ver también, si el clima lo permite, desde Eiðiskollur (13 km, 700 m de desnivel, ida y vuelta).

Una respuesta a “Islas Feroe 2025 – Norte de Streymoy”

  1. ¿Que el agua está fría? Visiten las playas das rías baixas y hablamos 😉.

    Menudo chapuzón eh! 🏊

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