
Cualquier viaje a las Feroe pasará obligatoriamente por Streymoy. No solo por ser la isla en la que está la capital (Tórshavn) y por tener muchos atractivos naturales, sino porque sirve de nexo de unión por carretera con Vágar, Sandoy, Eysturoy y, por lo tanto, con el resto de islas del este del archipiélago.
Información Básica sobre esta Isla
- Principales conexiones con otras islas: Suðuroy (en ferry), Sandoy (por el túnel Sandoyartunnilin), Vágar (por el túnel Vágatunnilin), Eysturoy (por el túnel Eysturoyartunnilin o por el puente Brúgvin um Streymin), Nólsoy (en ferry), Hestur (en ferry).
- Es la más larga de todo el archipiélago (unos 50 km de longitud) y la más grande (370 km²).

- Viven aproximadamente 26000 personas, de las cuales solo 5000 residen fuera de la capital, lo que hace de Streymoy un paraje natural casi desértico al salirse de las áreas que concentran la población.
- Su nombre proviene del término feroés streymur, que significa «corriente fuerte», y de oy, forma abreviada de oyggj que significa «isla». Fue la primera isla en ser verdaderamente colonizada.
- La parte sur tiene una geografía menos dramática que las partes central y norte, formadas por profundos valles y varios picos que superan los 700 metros de altura (Melin y Kopsenni, por ejemplo). Las líneas de costa oeste y norte están formadas por acantilados casi verticales que hacen las delicias de muchas aves.

Nuestro paso por Streymoy se dividió en diferentes incursiones, a veces pasando jornadas enteras en la isla pero otras veces combinando una parada en Streymoy con visitas a otras islas vecinas como Vágar o Eysturoy. Nos movimos casi siempre desde nuestro primer alojamiento en la vecina isla de Eysturoy, conduciendo por el puente gratuito Brúgvin um Streymin, para visitar Tórshavn (la capital), Kaldbaksbotnur y Kaldbak, Kirkjubøur, Saksun, Vestmannasund, Kollafjørður, Tjørnuvík y el Mirador del Pico Sornfelli.
En esta entrada recorreremos Tórshavn y otros enclaves que se encuentran cerca de la capital: Kaldbaksbotnur, Kaldbak y Kirkjubøur.
Kaldbaksbotnur y Kaldbak: Primera sorpresa
Después del viaje en avión desde España teníamos claro que íbamos a dedicar el primer día a Tórshavn, ya que lo veíamos un plan que no iba a requerir mucho esfuerzo y nos iba a ayudar a empezar a empaparnos con la cultura y gente de las islas.
Sin embargo, conduciendo desde nuestra casa en Eysturoy, no pudimos evitar fijarnos en el magnífico fiordo Kaldbaksbotnur, 10 kilómetros al norte de Tórshavn.


Inmediatamente, decidimos parar y seguir la pista asfaltada que lo rodea por su costa norte hacia el poblado de Kaldbak.
En este momento no llevábamos ni 15 horas en las islas, pero nos quedamos ya maravillados ante este espectáculo de la naturaleza: un inmenso fiordo recogido por acantilados verdes con pequeñas cascadas casi en cualquier punto al que mirásemos.


¡Quién nos iba a decir que esto sería solo el principio y que estas imágenes tan impresionantes iban a ser el día a día de las siguientes dos semanas!
Poco a poco seguimos conduciendo (y sí, parando en varias ocasiones) hasta que llegamos al pueblo de Kaldbak, al final de la pista asfaltada. Aunque no hay mucho que ver en este pueblo, destaca con creces la preciosa iglesia de madera, una de las más antiguas de todas las islas.


No pudimos entrar pero sí pudimos apreciar bien el interior, cotilleando a través de los cristales.
Sin buscarlo, este pequeño desvío nos introdujo de lleno en algunos de los elementos más importantes de las islas: fiordos, acantilados, cascadas, construcciones tradicionales de madera con tejado de césped y… ovejas, ¡muchas ovejas!
Tórshavn: Capital pequeña, gran encanto
Resulta imprescindible dedicar tiempo a conocer esta pequeña ciudad cuyo nombre procede del dios noruego de la guerra y significa, literalmente, «El Puerto de Tor«.
Breves nociones sobre la ciudad
El primer hecho histórico destacado que concierne a Tórshavn fueron las reuniones que el ting (el parlamento vikingo) comenzó a realizar en el promontorio rocoso conocido como Tinganes de manera ininterrumpida desde el año 900 d.C. hasta el año 1816. En la actualidad, este enclave sigue siendo la sede del gobierno Feroés.

Aunque el Monopolio de Comercio que se estableció en 1579 aseguró, de alguna manera, el futuro de la ciudad debido a su buen enclave en un enorme puerto natural, la población de la capital crecía muy lentamente debido a las restricciones existentes sobre la propiedad de la tierra, lo que dificultaba enormemente la labor de los ganaderos. A principios del siglo XVII poco más de 100 personas vivían de forma regular en Tórshavn y el incendio que se produjo en 1673 en la zona de Tinganes, destrozando muchos de los almacenes, no ayudó a que la ciudad creciese con celeridad.
El cambio significativo se produjo gracias a la reforma sobre los derechos de propiedad de la tierra, haciendo que la población pasase de aproximadamente 5000 personas en el año 1800 a 15000 personas en el año 1900.

En la actualidad, Tórshavn es una ciudad (pequeña) ya bien establecida, con identidad propia y que da residencia a 21000 personas (es decir, a dos quintos de la población de todas las Feroe).
Cómo planear la visita a Tórshavn
Además de su tamaño reducido, casi toda la zona más interesante para caminar y visitar se encuentra cerca del puerto.

Lo más práctico es aparcar el coche en el parking gratuito que hay cerca de Vestaravág (la zona oeste del puerto), entre las calles Skálatrøð y Sigmundargøta, junto a la tienda Öström (N 62.008718º, E 6.775198º); y caminar hacia la zona encuadrada entre Tinganes y Niels Finsens gøta (la arteria principal de la ciudad).
Reyn
La parte más antigua de Tórshavn consiste en un pequeño barrio de casas del siglo XIV muy bien cuidadas, todas con el tradicional tejado de césped y pequeñas ventanas de madera, en las que aún vive gente de manera habitual. El barrio tuvo la suerte de librarse del incendio que desoló la península de Tinganes en el año 1673.

Paseando por sus calles estrechas podemos experimentar una mezcla muy interesante y llamativa entre la antigüedad de estas casas y los elementos más modernos que se han ido incorporando.
Las casas se construyeron pequeñas y bajas a propósito para que conservasen bien el calor pero también porque la madera era un recurso muy escaso (recordemos que en las Islas Feroe NO hay árboles de forma natural).


Es importante tener presente en todo momento que aquí vive gente, como nos lo recuerda el cartel que hay a la entrada y que dice:
BIENVENIDOS A NUESTRO BARRIO, DONDE SE DESARROLLA LA VIDA MODERNA.
VALORAMOS EL TIEMPO CON NUESTRAS FAMILIAS, BEBEMOS CAFÉ EN EL JARDÍN Y, A VECES, NOS APRESURAMOS POR LLEGAR AL TRABAJO, IGUAL QUE TÚ.
MIENTRAS ESTÉS AQUÍ, POR FAVOR RESPETA NUESTRA INTIMIDAD.
En el cartel hay también un mapa en el que se muestra el itinerario que se debe seguir para poder recorrer este pintoresco barrio sin entrometernos en la vida privada de sus residentes.
Disfrutamos mucho del paseo por este pintoresco barrio, rebosante de tranquilidad y autenticidad (lo que acabarían siendo «marca de la casa» de las Islas Feroe en general).

Tinganes
El nombre de este lugar histórico significa «Lugar del Parlamento» y es uno de los parlamentos establecidos más antiguos del mundo (aquí no pude evitar acordarme de Islandia y su Pingvellir, a tan solo unos 500 km al noroeste y que visité en el año 2013).
En la época vikinga estas primeras reuniones en asamblea se celebraban directamente sobre las rocas de Tinganes, ya que realmente no existía en ese momento ninguna construcción en Tórshavn.

Por desgracia, las casas originales que había en este enclave fueron arrasadas por el incendio de 1673 (no corrieron tanta suerte como las del Reyn), pero se volvieron a reconstruir poco después y son las que han llegado hasta nuestros días.
Cuando en 1852 se reestableció el Parlamento (tras su disolución en 1816) se construyó un nuevo edificio al norte de la ciudad, que es el que se usa en la actualidad, pero las casas de esta punta de la península siguen albergando instituciones gubernamentales.

Los edificios más importantes de Tinganes son Skansapakkhúsið, Salurin, Vektarbúðin, Sjóbúðin y Bakkapakkhúsið, todos del mismo estilo y de la misma época (mediados del siglo XVIII).
Además de pasear por las cortas callejuelas del Tinganes, vale mucho la pena rodear el extremo sur de la península hacia el oeste y llegar a una especie de islote formado por rocas que ofrece una vista maravillosa de varios de estos edificios.

Aquí, mientras contemplábamos la vista con un estupendo cielo azul de fondo, conocimos a un chico que trabaja para el gobierno de las Feroe en uno de estos edificios y que nos contó algunas curiosidades sobre la vida en las islas. Fue una conversación muy interesante y, en ciertos momentos, incluso surrealista porque se quedaba alucinado cuando le contábamos algunos de los planes que teníamos para las dos siguientes semanas (nos dio la impresión de que a él le tiraba más el comer y la fiesta que la parte de naturaleza, que era realmente nuestra prioridad).
Skansin: El Fuerte de Tórshavn
A poco más de 5 minutos a pie desde el Tinganes está este pequeño fuerte construido en 1580 y perfectamente visible por el faro blanco y rojo que lo corona.

Su construcción (probablemente encargada por Magnus Heinason) sirvió para proteger la ciudad de los ataques de piratas y ladrones cuando ya se estaba convirtiendo en un importante centro de mercado.
Realmente la construcción original tuvo poco recorrido vital ya que fue destruida por un saqueo francés en 1677 cuando los habitantes de la ciudad no consiguieron reunir en 12 horas lo que exigían los franceses: 100 bueys, 200 ovejas, 500 pares de guantes, 1200 pares de calcetines y 60 camisones (¡casi nada!).
El siguiente fuerte de Skansin se reconstruyó a finales del siglo XVIII pero corrió una suerte parecida, esta vez por un ataque perpetrado por los Británicos en 1808 durante las guerras Napoleónicas.
Lo que ha llegado hasta nuestros días es la reconstrucción final en forma de estrella que volvió a recibir una visita por parte de los Británicos cuando ocuparon las Feroe durante la Segunda Guerra Mundial. De los 6 cañones que hay en el fuerte, dos fueron utilizados para proteger a las islas del ataque de los alemanes.

Aunque comparándolo con otras atracciones de la ciudad pueda parecer que carece de interés, sí que es cierto que su visita es un agradable paseo con unas vistas excepcionales de la ciudad y las islas más cercanas (Nólsoy y Eysturoy).

Niels Finsens Gøta
La calle principal de Tórshavn tiene el nombre del doctor Niels Ryberg Finsen, que ganó el nobel de medicina en 1903 por el uso de la radioterapia para tratar enfermedades de la piel (ya podemos decir que, en proporción a la población, las Feroe superan con creces a España en número de premios nobel).
En la propia calle o en sus inmediaciones podemos encontrar muchos de los puntos más interesantes de la ciudad (incluido el Reyn, cuya entrada norte está muy cerca del extremo sur de esta calle.
Sin duda, uno de los edificios más importantes de esta zona es el Løgting que acoge al parlamento Feroés y es, sin duda, uno de los edificios parlamentarios más pequeños del mundo. Aunque no pudimos entrar, sí que nos fue posible ver un poco el bullicio (bueno, «bullicillo») de algunas trabajadoras y trabajadores que salían y entraban para hacer el descanso y tomar un café.

En este punto nos preguntamos lo siguiente: si en todas las islas viven solamente unas 55000 personas… ¿Cuántas formarán parte del gobierno o de los ayuntamientos?
Cerca del Løgting, en la plaza Vaglið, podemos observar el precioso edificio tradicional con tejado de césped que en el que está a la librería H. N. Jacobsen, sin duda la más importante y pintoresca de todas las Feroe. Vale la pena entrar para ver la genial combinación de librería, cafetería y juguetería que acoge al público con un ambiente tranquilo, agradable y caliente.

No hay que dejar pasar el Bojsengarður, un pequeño jardín urbano que está pegado a la librería (a la derecha de la puerta principal) y que conecta por una pequeña cancela con la catedral. No sabemos si es totalmente público o privado, pero el acceso es fácil y parece abierto, así que entramos a curiosear para maravillarnos un poco de lo bien cuidado que está y de la vista de algunos de los pocos árboles que se ven en toda la ciudad (¡y las islas!).

Las rocas de basalto que constituyen el edificio que está situado enfrente de la librería dan un contraste tremendo a la delicadeza y bucolismo de este último. Se trata del Ráðhúsið, el ayuntamiento de la ciudad, y fue construido en 1894. Antes de pasar a ser el ayuntamiento (a mediados del siglo XX) era una escuela municipal.

Volviendo hacia la librería H. N. Jacobsen nos acercamos a la que se considera la catedral de Tórshavn: la Havnar Kirkja. Aunque nos acercamos varias veces a lo largo del día que pasamos en Tórshavn, nunca la encontramos abierta, así que tuvimos que contentarnos con darle un par de rodeos al exterior.
A pesar de que se la considere «la catedral», no tiene una estructura majestuosa especial, que es lo que a nosotros se nos viene directamente a la cabeza al pensar en ese término. Al final, es una iglesia grande en la capital de las Feroe y que sigue el modelo tradicional del resto de iglesias que veríamos en otros pueblos y en otras islas.


La Niels Finsens gøta es también la principal arteria comercial de la ciudad. Mis dos tiendas favoritas son el Føroya Heimavirkisfelag (tienda de ropa tradicional confeccionada por gente local, maravillosa) y la tienda de discos Tutl (ambas en el número 9 de la calle). En la tienda de ropa hay una preciosa selección de vestidos, chales, jerseys, guantes, gorros y calcetines (no tan preciosa desde el punto de vista de la cartera $$$) y en la tienda de discos una selección de música local e internacional.

Las chicas de la tienda de discos me asesoraron muy bien para elegir un disco de un grupo de las Feroe interesante e incluso me pusieron varios ejemplos para que pudiese escucharlos antes de decidirme.
Otros lugares Interesantes
Alejándonos un poco del centro de Tórshavn encontramos también algunos lugares que vale la pena visitar y a los que se puede ir caminando mientras se disfruta de la tranquilidad de una capital en la que casi no hay tráfico:
Kongaminnið : monumento en forma de obelisco de basalto erigido en el año 1882 para celebrar la visita que había realizado el rey danés Christian IX a las Feroe ocho años atrás. Aunque el monumento es curioso, por lo que realmente la pena venir hasta aquí es para disfrutar de las estupendas vistas de la ciudad (siempre que las posibles y persistentes nieblas lo permitan, claro…)


Vesturkirkjan: iglesia curiosa, geométrica (y algo surrealista) que destaca a la vista por su forma piramidal en un barrio en el que las casas no pasan en general de dos plantas de altura.
Se construyó en el año 1975 y causó inicialmente bastante controversia por el choque que suponía con la estructura y arquitectura habitual del resto de iglesias de las islas (y de las casas en general).


En principio hay que concertar cita para visitar su interior, pero nosotros simplemente abrimos la puerta y entramos. Vale la pena subir por las escaleras para ver de cerca la zona del órgano.
Vestaravág y alrededores: la zona del puerto de Tórshavn con sus casas de colores junto al mar y los pequeños botes que suelen estar amarrados al puerto es de las más fotografiadas de la ciudad.

Cerca del puerto encontramos también la casa Smiðjan í Litluvík, una de las casas tradicionales mejor conservadas de la isla.

Tjóðsavnið: el Museo Nacional de las Islas Feroe es barato (80 DKK por persona) y un plan perfecto para pasar una mañana o una tarde de mal tiempo (algo con bastante probabilidad de ocurrir en cualquier momento del año). Las exhibiciones que tienen montadas explican con mucho detalle la formación geológica de las islas y también cómo ha sido la (dura) vida en las Feroe a través de los siglos.

Kirkjubøur: Entra el clima feroés
Después de pasar casi todo el día en Tórshavn decidimos acabar la jornada en el extremo sur de la isla: Kirkjubøur. Con lo que no contábamos era con que las nieblas iban a hacer acto de presencia por primera vez.
Cogimos el coche y tomamos la ruta 12 que cruza hasta la costa oeste de Streymoy y continúa hacia el sur hasta este pequeño poblado con una gran importancia histórica para las islas.

Fueron los irlandeses los primeros que se instalaron en esta zona por el año 800 d.C., atraídos por la cantidad de algas que las corrientes arrastraban y que seguro les sirvieron tanto como alimento como fertilizante para los cultivos precarios que la climatología de la isla les permitía.
Sin embargo, tampoco estuvieron aquí demasiado tiempo debido a las frecuentes incursiones de los vikingos Noruegos, y fue ya en el año 1020 cuando Kirkjubøur empezó realente a tener algo de importancia.
La construcción de la iglesia original se debió a la insistencia de Gæsa, hija de Tórhallur «el Rico«, un poderoso granjero que llegó a ser propietario de prácticamente la mitad de la isla de Streymoy. Posteriormente, llegaría Gudmundur, el primero obispo de las Feroe, que quien convirtió este pequeño poblado en un punto desde el que la Iglesia Católica dominaría el territorio y se apropiaría con importantes cantidades de terreno (¿a alguien le choca? No, ¿verdad?).
Actualmente, las ruinas que quedan de lo que debió ser la iglesia y un cementerio no son especialmente cautivadoras, pero sí la granja (Roykstovan í Kirkjubø), la iglesia moderna (Ólavskirkjan) y los restos de la catedral (St. Magnus Cathedral).

Aunque la forma más cómoda de llegar es en coche, Kirkjubøur está muy bien conectada con Tórshavn por una línea de autobuses y además el lugar en el que para tiene baño, calefacción e información turística.
Granja Roykstovan í Kirkjubø
Estamos aquí, perdidos en la esquina de una isla de un diminuto archipiélago, ante la casa de madera habitada más antigua de toda Europa.
Data del siglo XI y en su momento debió ser la residencia del obispo. Para visitarla hay que pagar 50 DKK por persona usando un curioso sistema de «autocobro» que puede ser tanto en metálico como con tarjeta. ¡Está claro que por muy antigua que sea la casa no puede escapar de las modernidades del siglo XXI!

La visita se hace rápido pero vale la pena ver las entrañas de una casa tradicional feroesa con muchos componentes originales muy bien conservados. Está construida con leños de madera tallados cubiertos de brea, situados sobre unos cimientos de piedra que llegan a alcanzar los dos metros de ancho (no me extraña que haya resistido tanto tiempo).


La estancia principal y más importante para la vida diaria en aquella época es una especia de gran salón-cocina en el que la se prendía fuego para que los miembros de la familia pudiesen hacer sus labores: trabajar la lana, coser, etc. También era el lugar de contar historias y realizar bailes tradicionales.

Iglesia Ólavskirkjan
Esta iglesia, «Iglesia de Olav», compartió escena simultáneamente con la catedral St. Magnus y otra pequeña iglesia llanada Líkhús. Durante los siglos XIII y XIV sirvió como catedral de las Feroe hasta la construcción de St. Magnus. Fue entonces cuando la Iglesia de Olav pasó a tener otros usos hasta su conversión en iglesia parroquial.


En el año 1863 el mar estaba ya a punto de comérsela para siempre, pero se decidió construir un baluarte artificial en la línea de costa para poder preservarla. Finalmente, en 1874 se realizó una restauración a tal nivel que casi se puede decir que se convirtió en una iglesia nueva.
No es gran cosa, pero tiene una ubicación exquisita al lado del mar que suple muchas de sus deficiencias artísticas.
St. Magnus Cathedral
La construcción de esta formidable estructura gótica de 27 x 11 metros se sitúa aproximadamente en torno al año 1300. Para ello, los feroeses recurrieron a piedras y rocas de las colinas cercanas bajo las órdenes del obispo Erlendur (casi podría añadir «hijo de Arathorn, heredero del hijo de Isildur, hijo de Elendil de Gondor»)
Desde ese momento y hasta la Reforma Luterana del año 1538 fue la catedral de las islas y se cree que es posible que su construcción nunca se llegase a completar y que lo que vemos en la actualidad es lo que se había construido hace 700 años cuando se decidió poner fin a este proyecto .

Los muros miden unos impresionantes 150 cm de grosor y alcanzan los 9 metros de altura. En su interior podemos ver todavía las 12 cruces maltesas originales que se grabaron en sus muros. Una verdadera mole que me recordó mucho al Hermitage Castle en Escocia (aunque este último sí que se llegó a completar).
Saliendo de St. Magnus, se puede continuar un sendero que va hacia los acantilados y que pasa por las ruinas de la otra pequeña iglesia que hubo aquí en la antigüedad (Líkhús).

No lleva a ningún lugar en concreto, pero sirve bien para dar un pequeño paseo y disfrutar de las vistas del poblado y del mar desde algo de altura.
Ruta 536 en Coche: Velbastaður-Syðradalur
Estos dos pequeños poblados de la costa sudoeste de Streymoy no tienen gran atractivo en comparación con otros de la isla, pero la ruta de carretera que los une ofrece unas vistas impresionantes de dos islas menores pero con una forma muy curiosa vista desde la distancia: Koltur y Hestur.
Hestur
Con únicamente 6 km² de superficie, Hestur es una de las islas más pequeñas de la Feroe y, a pesar de su cercanía a Streymoy, de las más recónditas. Está dominadas por los picos Eggjarrók y Múlin, de 420 metros de altura, y su costa es tan acantilada que se transforma en un paraíso para varias especies de aves.

Solamente viven 15 personas en la isla y se puede acceder en barco pero hay que planificar bien la incursión ya que los viajes y horarios son muy limitados.
Koltur
Hermana pequeña de Hestur (solamente 2 km² de superficie), rápidamente se convirtió sin haber puesto un pie en ella en una de nuestras islas favoritas por la forma tan surrealista que tiene emulando a una especie de nave interespacial y que pudimos apreciar desde distintos ángulos y lugares.

Toda la isla está declarada parque nacional y dicen que es una de las más bonitas del archipiélago. Está dominada por el monte Kolturshamar de 478 metros de altitud, pero es en su parte llana donde podemos encontrar la única granja con personas (pocas) de toda la isla. No hay ferrys regulares que la conecten con Streymoy, por lo que el helicóptero se convierte en la única opción práctica para visitarla.
Otras rutas en el sur de Streymoy que no hemos hecho
- De Tórshavn a Kirkjubøur: sencilla ruta con buenas vistas de Hestur, Koltur y Sandoy que pasa por varios restos históricos (9 km, 300 m de desnivel, solo ida, la vuelta a Tórshavn se puede hacer en autobús).
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