Myanmar 2019 – Etapa 2 – Lago Indawgyi: Retiro en el Estado de Kachin

Quien decida saltarse el circuito turístico habitual y tomar el largo camino hasta el lago más grande de Myanmar encontrará un santuario natural donde la tranquilidad y la paz son la norma, el kayak, la bici y el trekking tus aliados, y los turistas brillan por su ausencia.

El Lago y el Estado de Kachin

El lago en sí pertenece a la una reserva natural de más de 700 kilómetros cuadrados establecida en 1999 para proteger la biodiversidad de la zona.

El Estado de Kachin y sus Conflictos

A día de hoy, esta es una de las partes del país que está en la lista negra de las fichas de gran parte de las embajadas del mundo.

Con el nombre Kachin realmente se suelen englobar seis diferentes grupos étnicos que viven en este estado norteño, con una población total que ronda el millón de personas.

Desgraciadamente, más que por la diversidad cultural y étnica, la zona es conocida muchas veces por el Ejército Independiente de Kachin, que ha estado involucrado en un largo conflicto con el gobierno y que se ha visto avivado de nuevo desde 2011 después de un acuerdo de alto el fuego de 1994 que, finalmente, no se consiguió mantener.

A todo esto hay que sumar que el 70% del jade del mundo se extrae en Myanmar, en su mayor parte en la mina de Hpakant que está en este estado (a 70 km del lago). Tras el alto al fuego de 1994 el entonces gobierno militar de Myanmar intensificó la extracción, transformando la zona cercana a la mina en un páramo.

En la actualidad, empresas chinas y cooperativas mineras con cimientos militares siguen acentuando la extracción y exportando a la vez que consiguen evadir impuestos.

¿Por Qué Visitar el Lago?

A pesar de todo lo anterior, a día de hoy la zona del lago Indawgyi es totalmente segura, al igual que el camino para llegar desde Mandalay (que se puede hacer en tren o en autobús), y es una maravillosa alternativa (o complemento) al bonito pero totalmente turistizado Lago Inle.

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Mapa del área del lago

Yo en este viaje quería combinar destinos turísticos (porque al final son muchas de las cosas más importantes del país) con otros completamente fuera del mapa de los grandes grupos, y el Lago Indawgyi fue el primero de ellos.

¡Y vaya si acerté! Pasé tres días estupendos rodeado prácticamente solo de gente local y de la exuberante naturaleza que rodea al lago y a sus poblados.

Transporte hasta Indawgyi

Yo creo que la opción más cómoda y práctica es coger el autobús directo que une a diario Mandalay con Lonton (el poblado más grande del lago y el único en el que hay alojamientos con licencia para turistas). Sale a las 16.00 de una estación de autobuses que hay al noreste de la ciudad y el trayecto dura aproximadamente 16 horas .

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Billete a Lonton

El billete cuesta 25.000 Kyats pero el autobús suele ir medio vacío y es relativamente cómodo, así que es fácil encontrar una postura más o menos confortable para aprovechar la noche (a mí se me pasó bastante más rápido de lo que esperaba).

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Aire acondicionado a 1000 por hora. Menos mal que había mantas…

En la única parada que hace (en Shwebo, para cenar, aproximadamente 3 horas después de la salida) yo solo quería comer un poco de arroz, pero una mujer que tenía un puesto empezó a sacarme sopas, arroces, pollo, currys, verduras…

Tuve que pedirle varias veces por favor que parase ya, que no tenía casi hambre, pero yo estaba demasiado adormilado como para ser capaz de insistir. Al final me resigné a la idea de tener que pagar mucho más de lo que correspondería a lo que realmente había comido… pero no. ¡Todo ese banquete me costó solamente 2000 Kyats (poco más de 1€)!

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Parada para cenar en Shwebo

Supongo que es lo que tiene salir de las grandes ciudades…

La otra forma de llegar a Lonton es coger un tren con destino a Myitkyina y bajar en ,. Desde ahí, hay que conseguir una pick-up para llegar a Lonton que saldrá cuando esté llena, haciendo que el viaje total dure por lo menos entre 18 y 20 horas.

Por eso creo que es mucho mejor el autobús, porque el de vuelta a Mandalay sale de Lonton aproximadamente a las 14:00, que también es una hora muy buena para aprovechar gran parte del día en el lago.

Alojamiento: Muy Básico pero Muy Barato

Yo solo encontré dos guesthouses que pudiesen acoger turistas, y están además una justo al lado de la otra (¡y el autobús para a menos de un minuto!). Además, parece que tienen una especie de acuerdo de forma que si una está llena (que no debe ocurrir casi nunca) redirige a quien llegue a la otra.

Yo decidí alojarme en la Indaw Mahar Guesthouse. La casa me tenía buena pinta (rústica y de madera) y además tenía una terraza con vistas al lago. Una de las chicas de recepción del Ostello Bello de Mandalay me ayudó a hacer la reserva (porque el dueño no habla nada, absolutamente nada de Inglés), aunque realmente no habría hecho falta porque problema de sitio no hubo.

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Indaw Mahar Guesthouse

Pagué 10000 kyats por noche por una habitación con vistas al lago, ventilador, dos camas, mosquitera y uso del baño compartido. ¡Baratísimo!


Día 1 en Indawgyi: Kayak y Bici

El autobús fue sorprendentemente puntual y a las 8 en punto me dejó en la puerta del Indaw Mahar Guesthouse. El dueño, que es un señor muy gracioso que se pasa el día entero en la entrada encima de un cojín viendo vídeos y películas de comedia en la tele, me estaba esperando y me llevó a la habitación.

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Aquí, pasando el día…

Unos minutos después apareció Anie, una chica que claramente no era de allí. La saludé y me comentó que era de Alemania y estaba haciendo una estancia de 4 meses para escribir un proyecto para un máster que estaba terminando.

La verdad es que me ayudó mucho los tres días que pasé allí ya que trabaja en el Indawgyi Wetland Education Center, una especie de centro cultural de la región con unas trabajadoras mucho más que majísimas y que se esfuerzan todo lo que pueden en aprender y mejorar la comunicación en inglés.

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Indawgyi Wetland Educational Center

Allí fue donde puede alquilar el kayak, la bici y organizar el día de trekking.

En Kayak hasta la Shwe Myitzu Pagoda

Una de las características más curiosas del lago es la existencia de esta pagoda dorada (doradísima, de hecho) en una pequeña islita a la que, en general, solo se puede acceder en una embarcación (salvo en la época seca ya que el nivel del agua baja y se puede acceder por un camino).

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La pagoda en sí data de la mitad del siglo XIX y cuando se ve desde la distancia parece estar flotando mágicamente sobre el lago.

Yo tenía claro que quería aprovechar esa oportunidad para ir a visitarla en kayak y así, de paso, hacer un poco de remo y disfrutar con tranquilidad del lago desde su superficie.

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Shwe Myitzu Pagoda

Así que a las 9:30 me acerqué al Indawgyi Wetland Educational Center y alquilé un kayak para 4 horas (7500 kyats).

Me esperaba algo cutrillo, pero para nada: tanto el kayak como el remo eran de bastante buena calidad, sin mucho que envidiar a los que suelo utilizar cuando hago algo parecido en España.

Sin dilatarme más en el tiempo, me puse a la faena aprovechando que aún no hacía excesivo calor y que incluso soplaba una suave y placentera brisa (ya tendría tiempo de sobra para achicharrarme a la vuelta a las 12 del mediodía).

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Disfruté tanto, pero tanto de ese paseo… Salvo algún que otro pescador, yo era la única persona que estaba en el lago. ¡No me lo podía creer! Además el agua estaba casi como un plato, haciendo que el esfuerzo de remar tampoco fuera demasiado exigente.

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Al final llegué a las cercanías de la pagoda antes de lo que me esperaba, así que me detuve un rato a observarla y rodearla con el kayak para encontrar de paso el mejor sitio donde atracar.

Dejé el kayak debajo de unas plataformas de madera que tienen montadas para que la gente acceda de forma sencilla desde las embarcaciones y subí las escaleras hasta la islita para dar una vuelta por esta curiosidad flotante.

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El ambiente era de tranquilidad casi perpetua. Había algunas que otras personas locales que iban y venían, pero nada de mogollón ni de, por supuesto, turismo.

De hecho, Anie me comentó que lo habitual es que visiten el lago entre 250 y 300 turistas… ¡cada año! No me extraña que durante los tres días que pasé allí no me encontrase a ningún otro “blanquito” por el lugar… ¡es que no había! El único turista (además de Anie) era yo.

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¡Y qué estupenda era esa sensación de saber que estás conociendo un sitio en el que muy pocos occidentales antes que tú han puesto un pie!

Después de darle varias vueltas a la pagoda y sentarme a contemplar el horizonte, puse rumbo de vuelta a Lonton.

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Embarcadero de la pagoda

El lago estaba aún más tranquilo, así que fue muy fácil remar, pero el sol estaba a un nivel de intensidad cercano al Día del Juicio Final, así que en el fondo me alegré cuando vi que ya me estaba acercando al punto de inicio.

En Bici hasta Lwemun

Ya había conocido más o menos cómo era el entorno natural del lago… desde el lago, así que ahora me tocaba hacer un acercamiento por tierra.

Cuando llegué con el kayak totalmente acalorado y sudado al Indawgyi Wetland Educational Center, se me ocurrió que sería una buena idea tomarme un buen jugo de coco pare hidratarme y recuperar nutrientes… ¡pero a 13 kilómetros de distancia!

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Anie me había hablado de un sitio para tomar un coco y a la vez tener buenas vistas de la pagoda en el pequeño pueblo de Lwemun, a 13 kilómetros. También me dijo que la ruta era casi totalmente plana, y yo me veía con fuerzas, así que… ¿por qué no?

Alquilé una bicicleta durante unas horas (3500 Kyats) y me puse a pedalear.

La ruta fue sencilla (salvo el tramo final, que había que subir una cuesta y ya estaba un poco ansioso por llegar) y me permitió contemplar con calma los verdes paisajes de la zona y los reflejos de las montañas en el lago.

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El sitio de los cocos fue muy fácil de encontrar: al acabar el pueblo, siguiendo por la carretera, está a mano derecha después de una curva (es imposible no verlo porque tienen una cantidad tremenda de cocos a la vista).

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Vistas desde el sitio de los cocos

Ya hidratado y con algo menos de calor, hice la ruta de vuelta con calma porque tenía tiempo de sobra, disfrutando del aire algo más fresco del atardecer en la cara y de la vida local y rural del lago que iba cerrando el día a mi paso.


Día 2 en Indawgyi: Trekking por el Norte del Lago

El día anterior al devolver la bici dejé organizado (con la ayuda de las chicas del Educational Centrr, por supuesto), una ruta de trekking con un guía local para el día siguiente.

Me apetecía mucho conocer algún poblado típico de la zona, caminar por esos bosques poco explorados y, de ser posible, ver algo de la fauna del lago.

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La inmensidad del lago

Todo eso sucedió y, además, de manera superlativa gracias a la tremenda profesionalidad de mi genial guía Pawley.

Lo normal para estos trekkings es ir en barco hasta el poblado y empezar el trekking allí, pero al estar yo solo se me hacía carísimo pagar el barco, así que llegamos a un acuerdo intermedio en el que iríamos hasta el pueblo en la moto de Pawley (15000 Kyats), haríamos el trekking (15000 Kyats) y, finalmente, comeríamos en una de las casas que preparan todo de su propia huerta (6000 Kyats).

En total, me salía el día entero por 36000 Kyats, que no es barato para el presupuesto de Myanmar, pero sí que era una cantidad que me podía permitir.

En Moto hasta Ton San Kha

Quedamos a las 9 de la mañana en el centro. Pawley apareció puntual con su moto y desde el principio me pareció un tío sincero, profesional, agradable, ameno y… ¡un excelente conductor!

Porque las pistas hasta Ton San Kha (el pueblo del trekking) no son para principiantes, sobre todo porque la semana anterior había llovido un montón y quedaban muchas zonas o muy embarradas o totalmente inundadas.

Pero daba igual, porque Pawley podía con todo.

Entre el estado de las carreteras y los 30 kilómetros que separan Lonton de Ton San Kha tardamos algo más de una hora en llegar.

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Ton San Kha

Allí nos estaban esperando los dueños de la casa tradicional en la que íbamos a comer con un primer tentempié para coger fuerzas para el trekking.

Trekking hasta Shwe Taung (Pagoda y Monasterio)

Lo de comer estaba muy bien pero realmente lo que habíamos ido a hacer era caminar, así que sin perder más tiempo nos pusimos en marcha, saliendo directamente por un camino desde la parte trasera de la casa.

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Aperitivo antes del pateo

El recorrido me pareció maravilloso, era justo lo que yo esperaba: bosque casi virgen, naturaleza total y mucha bichería.

Hasta la pagoda fue prácticamente todo subida, no excesivamente empinada, pero sí continua y algo pesada sobre todo teniendo en cuenta el factor de calor y humedad de la zona.

Por el camino Pawley fue enseñándome y explicándome cosas muy interesantes de la naturaleza del parque: cómo encontrar los distintos tipos de azafrán, cómo darle al bambú diferentes usos, me mostró varias plantas medicinales…

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Vamos, que se vía a la legua que conocía perfectamente el terreno y que, además, le gustaba mucho todo lo que tenía que ver con la naturaleza.

A mí también, y toda esa parte me pareció muy interesante, pero lo que más me emocionó y aportó fue encontrarnos con toda clase de insectos de tamaños y colores como pocas veces había visto antes (fundamentalmente arañas y mariposas).

Pero antes de ellos, el primer insecto que me encontré fue un enorme ciempiés (o escolopendra, o algo así) que, por supuesto, era venenosísimo.

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Después fueron apareciendo poco a poco tanto las arañas (la más impresionante de todas fue la Araña Tigre) y las mariposas y libélulas, en un sinfín de variedades de colores y tamaños.

Es imposible elegir cuál es la más bonita de todas. Además, no parecían demasiado preocupadas por nuestra presencia y en vez de escapar se dedicaron a revolotear a nuestro alrededor sin ningún miedo.

Pero si hubo un momento que destacó por encima de todos los demás fue cuando oímos un ruido en el camino y vimos a una enorme serpiente Pitón que intentaba escapar sin ser descubierta por nosotros.

Yo, evidentemente, tuve un subidón de adrenalina entre la emoción y el miedo que me hizo quedarme de piedra, pero Pawley todo lo contrario: ¡salió corriendo como un loco detrás de ellas y la agarró por la cola!

Yo no me lo podía creer… y menos aún cuando se le escapó, se subió a un árbol y él empezó a trepar detrás de ella como si de una ardilla se tratase. Increíble.

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Después de un primer momento de tensión, me acerqué para ver a mi guía en acción. Quería que la pitón bajase del árbol para así cazarla y comprobar si era de la especie local autóctona (Pitón Burmesa) o de la “invasora” (Pitón India), y para eso necesitaba comprobar unas marcas que tienen junto a los ojos.

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Comprobando que es una Pitón Birmana

Después de un buen rato zarandeando el árbol como si estuviese recogiendo manzanas, la serpiente se dio por vencida y se descolgó.

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Pawley saltó detrás de ella y la capturó, enroscándosela en el brazo. De verdad, que si no llego a verlo con mis propios ojos no me habría creído nada de toda esta historia.

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Tras comprobar que, efectivamente, era la especie local, le eché un cable para desenrollarla porque la pitón estaba haciendo una fuerza considerable y, ya libre, se fue de nuevo a la jungla echando pestes de esos dos humanos que habían venido a darle la tabarra.

Vistas del Lago y Vuelta a la Aldea

La fase de subida terminó cuando por fin llegamos a la pagoda, que no es que sea nada del otro mundo, pero es la excusa perfecta para subir hasta su ubicación y disfrutar de las vistas del lago.

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Vistas del Lago Indawgyi

Desde ahí se aprecia mucho mejor que desde cualquier otro punto la inmensidad de esta mole de agua (la más grande del país, no hay que olvidarlo). Precioso.

Para no hacer la vuelta por el mismo sitio, bajamos primero hasta el monasterio, donde descansamos un rato en un par de bancos a la sombra de unos árboles antes de continuar el camino.

Esta segunda parte del trekking nos permitió ver el río que desemboca en el lago y que da lugar también a unos paisajes muy bonitos.

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Bajando por el sendero, nos encontramos con unos chicos en una especie de caseta que parecían conocer a Pawley, y nos ofrecieron hacer con ellos en una barca los dos últimos kilómetros en vez de caminar a pleno sol… ¡y gratis!

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Pawley me preguntó si me parecía bien, y yo le dije que por su puesto. Ya que no habíamos tenido el viaje largo en barco, al menos tendríamos un pequeño paseo y por esta zona todavía más alejada de los poblados grandes del lago.

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Así que nos acomodamos en la barca y nos dejamos llevar por esta gente tan agradable, generosa y no corrompida aún por el turismo clásico.

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Pawley y yo con cara de hambre

Ya en Ton San Kha, volvimos a la casa del principio y nos acomodamos en el suelo de madera de la habitación principal, esperando por la comida.

Igual que había ocurrido en Shwebo en el viaje en autobús, la mujer empezó a traer platos y más platos hasta que comimos lo suficiente como para hacer tres digestiones seguidas.

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¡Pero qué bueno estaba todo! Cómo se nota la calidad cuando la materia prima es buena…

Últimas Paradas antes de Volver a Lonton

Pawley decidió regalarme dos paradas más antes de dar por finalizado nuestro día de trekking y aventuras.

Primero me llevó a Nammilaung, un pequeño pueblecito de camino a Lonton donde hay un buda hecho completamente de fibra de bambú (Ni Paya).

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Parece ser que lo hizo íntegramente la misma persona. Alucinante, parecía una cesta gigante de mimbre pero con forma de Buda.

Por último, paramos en la Hopa Pagoda para ver el atardecer sobre el lago y, desde ahí, nos fuimos directamente al Educational Center.

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Atardecer desde la Hopa Pagoda

Antes de irse, Pawley me invitó a ir a hacerle una visita a su pueblo la mañana siguiente. Me pareció una idea estupenda. Tenía toda la mañana por delante hasta que pasase el autobús a las 2 de la tarde para volver a Mandalay, así que podía alquilar una bici y dar un paseo hasta su pueblo y ver un poco más de la forma de vida de la región.


Día 3 en Indawgyi: El Pueblo de Pawley (Latponlay)

Si quería disfrutar de la ruta en bicicleta y tener algo de tiempo para estar con Pawley en su pueblo tenía que salir temprano. Tenía más o menos marcado en el mapa dónde estaba su casa, aunque la indicación final era “cuando llegues pregunta por mí y ya te indicarán“.

En total desde Lonton eran 17 kilómetros por buena carretera y pistas muy llanas, así que en poco más de una hora debería ser capaz de llegar sin apretar demasiado.

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Paisajes entre Lonton y Latponlay

Me planté en el Educational Center a las 8 de la mañana, que es cuando abren, para alquilar una vez más la bicicleta. Esta vez, en vez de ir hacia el norte de lago tenía que ir hacia el sur.

La ruta hasta la casa de Pawley fue bonita y divertida. Me crucé con un montón de gente que no paraban de sonreír y saludar, como si realmente estuviesen emocionados de que alguien pasase por allí.

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¡Hasta las mujeres que estaban trabajando en los campos de arroz bajo un sol intenso y abrasador se ponían contentas y saludaban con todas sus fuerzas!

Este tipo de cosas ya no se encuentran en muchos lugares del mundo. Al final somos nosotros mismos los que nos encargamos de cargarnos toda es naturalidad y transformarlo todo al mismo patrón común… ¡Qué pena!

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La gente de Myanmar es, probablemente, la mejor experiencia del viaje

Cuando llegué al pueblo, me di cuenta de que lo que tenía marcado en el mapa era una esquina en la que había varias casas. Empecé a preguntar por Pawley y, finalmente, supieron señalarme la casa correcta.

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Por supuesto su familia no hablaba nada de inglés, pero supieron entender que yo estaba allí de visita y le llamaron para que viniese, porque estaba haciendo unos recados. La verdad es que eran todos majísimos.

Mientras esperaba, di unas vueltas por el pueblo, viendo la rutina diaria de la gente. Al menos la impresión que daban era la de total tranquilidad, es decir, ningún temor a los conflictos del Estado de Kachin que seguramente son mucho más notorios en otras partes de la región.

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Paseando por Latponlay

Cuando finalmente llegó Pawley, empezó a trepar a una palmera (igual que yo en Perú unos meses antes, pero él sin cuerdas ni nada) para coger unos cocos.

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Una vez arriba, sacó una especie de sable y cortó varios que cayeron como en los dibujos animados, pero esta vez sin golpear a nadie en la cabeza.

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¡Eran muy sabrosos y extremadamente frescos! Primero bebimos el jugo y después nos comimos la parte de dentro (algo que nunca había hecho) mezclándola con una especie de terrones de azúcar marrón.

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Después de los cocos y de ver la casa, le dije a Pawley que me tenía que ir porque tenía que llegar a tiempo para el autobús, y entonces se ofreció a llevarme a mí y a la bicicleta en su moto. Me parecía imposible, pero sí, sucedió.

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En este país tienen solución para todo. Me gustaría saber la cara que habríamos puesto cualquiera de nosotros si nos encontramos con esa escena en las carreteras de Europa… jajaja.

Como regalo final, por el camino nos encontramos con dos elefantes. ¡Si es que el Lago Indagwyi lo tiene todo!

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Ya en Lonton, me despedí definitivamente de Pawley, de Anie, de la gente del Educational Center y me fui a por mi mochila y a coger el autobús de vuelta a Mandalay que, una vez más, fue increíblemente puntual.

La experiencia de Indawgyi fue maravillosa y me sirvió para empujarme a seguir buscando alternativas no turísticas en este país que, aparentemente, tiene mucho más para ofrecer de lo que inicialmente creía.

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Personal del Indawgyi Wetland Educational Center

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