Perú 2019 – Etapa 5 – La Selva Amazónica de Iquitos

Gran parte de la superficie de Perú está ocupada por la Selva Amazónica. Es un cambio radical de fauna, paisajes, clima y forma de vida en comparación al resto del país y sin duda una de las experiencias más salvajes (nunca mejor dicho) que la diversidad de Perú nos ofrece. ¡Bienvenidos a la jungla!

¿A Qué parte de la Jungla Ir?

La Selva Amazónica Peruana está divida en 3 partes, todas muy grandes y cualquiera de ellas inabarcable en un solo viaje.

Madre de Dios es la región situada más al sur. Su ciudad más importante es Puerto Maldonado y los parques más importantes la Reserva de la Biosfera del Manú y el Parque Nacional Bahuaja-Sonene que sigue al Río Tambopata.

A esta parte de la selva se puede llegar en avión (desde Cusco o Lima) o en autobús (desde Puno o Cusco en una jornada de 14 horas).

La Selva Central es la zona más cercana a Lima y, sin embargo, la menos explotada por el turismo. Es famosa por su café, por el Parque Nacional Yanachaga-Chemillén y por el Valle de Chanchamayo. Su ciudad más importante es Pucallpa y realmente la única forma de llegar es por carretera desde Lima (unas 9 horas).

La región norte de la Selva es la de Loreto y ocupa casi un tercio de todo el país. Su ciudad más famosa es Iquitos y el principal atractivo la Reserva de Pacaya-Samiria.

Por la curiosidad y facilidad de acceso desde Lima, elegí esta última opción para mi incursión en la jungla peruana.


Iquitos: Una Gran Urbe en el Amazonas

Lo más fascinante de Iquitos es que con sus 400.000 habitantes se trata de la ciudad más grande del mundo que no está conectada con el resto de la civilización por carretera.

Solo se puede llegar en avión (desde Lima, Cusco, Pucallpa o Tarapoto) o en barco en un largo pero seguramente fascinante viaje desde Lagunas, Yurimaguas, Pucallpa o Santa Rosa.

Yo fui en avión desde Lima con Sky Perú por 50€ ida y vuelta. Baratísimo. Después de varios vuelos con ellos me declaro fan absoluto de esta compañía.

Mi objetivo fundamental era dedicar un día a la ciudad y tres días a una incursión con guía en el corazón de la jungla y, aunque conseguí hacer las dos cosas, en el fondo ambas se me retorcieron un poco y por motivos diferentes…

Diferencia entre Iquitos y el Resto del Perú

La diferencia más abismal es el clima. Iquitos y todo lo que la rodea tiene un clima tropical con temperaturas muy cálidas y que suben muchas veces por encima de los 30 grados y con un factor de humedad tremendo tanto de día como de noche.

¡Cuando salí del avión me dio la impresión de que había vuelto a Indonesia!

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Es Perú pero podría ser cualquier país del sudeste asiático

Aún así hay que tener mucha precaución con la ropa y vestir camisetas y pantalón largo al amanecer y atardecer para prevenir las picaduras de mosquitos.

Y es que en esta zona (y en la jungla en general) hay riesgo de Malaria, Dengue y Fiebre Amarilla.

Para la Fiebre Amarilla estaba vacunado (condición INDISPENSABLE para ir al Amazonas) pero para el Dengue y la Malaria no hay vacuna (de hecho para el dengue no hay nada de nada más que el repelente y la prevención).

En otras ocasiones en las que estuve en zonas con riesgo de malaria opté por ser muy precavido y no tomar el famoso Malarone (yo después de leer las contraindicaciones le llamo Malrollone). El propio médico del Centro de Vacunación Internacional me dijo que como solo iba a estar 4 días y era muy cuidadoso con el repelente y la ropa podía pasar sin tomarla…

Pero como era ya el final del viaje y se trataba de la zona de malaria potencialmente más peligrosa que había visitado, opté por tomarla y así descubrir también cómo reaccionaba mi cuerpo (había leído testimonios de gente a los que la pastilla les machacó el estómago o incluso tuvieron alucinaciones).

La forma de tomar el Malarone es la siguiente: una pastilla al día, preferiblemente a la hora de desayunar, empezando el día anterior a nuestra llegada a la zona de riesgo, todos los días de la estancia allí, y una semana después de dejar la zona. Como yo iba a pasar 4 días en el área de Iquitos me llegaba con una tableta de 12 pastillas (1 + 4 + 7).

Mientras escribo esta entrada han pasado ya dos semanas desde que dejé de tomar el Malarone y puedo decir que no noté ningún tipo de efecto secundario ni mientras la tomaba ni después. Y teniendo en cuenta la masacre corporal de picaduras que tuve una de las noches en la jungla (y no por mi culpa), esta vez me alegro de haberla tomado.

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En la selva hay muchos bichos

Otra diferencia fundamental (e interesante) entre Iquitos y el resto del país es la gastronomía. Aquí se pueden comer cosas que en otras partes de Perú ni se huelen: peces amazónicos, lagarto blanco, sopas de toda clase de animales, bichería

Llegué al aeropuerto a las 22:00 y la mototaxi del hostal estaba esperándome para llevarme a hacer el check-in (¡por tan solo 10 soles!).

Mi Frustrado y Frustrante Día en Iquitos

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Comedor del Hospedaje

Me había asegurado de reservar un hostal decente (Hospedaje Florentina, 35 soles la noche en dormitorio con desayuno incluido) porque era vital que tuviese una conexión wifi pasable para poder comprar las entradas del Festival de Cine de San Sebastián (una cita anual ineludible).

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Comedor del Hospedaje

Una vez instalado en la litera del dormitorio, me fui a la sala común y me acurruqué en el sofá con la tablet. Me quedaban unas cuantas horas de espera ya que la venta empieza a las 9 de la mañana (hora española) y eso en Perú equivalía a las 2 de la madrugada. Mientras tanto, aproveché para ir estudiando la programación del Festival de Sitges, que también estaba cerca.

El tío del hostal alucinaba porque no entendía qué estaba haciendo ahí a esas horas sin dormir (en ciertos momentos yo tampoco), pero bueno, tenía la esperanza de que este año fuese a ser un trámite rápido… pero no.

La inconmensurable ineptitud, inutilidad y estafa de la organización del festival ocasionó un colapso de más de 5 horas, así que no conseguí completar la compra de entradas hasta las 7:30 de la mañana (hora Peruana). ¡Menuda indignación que tenía encima! Porque además nos cobran 0,75€ de gestión por entrada por una gestión mucho más que patética.

Ladrones. Estafadores. Inútiles. Casi todos los años ocurres algo parecido, pero este han superado el récord.

Con este embrollo, al final no me acosté hasta las 8 de la mañana. Dormí tres horas y cuando me levanté tenía la cabeza como un bombo entre la indignación y el cansancio, así que opté por irme directamente a visitar el CREA y ver animalilloos para relajarme.

CREA: Centro de Rescate Amazónico

No me gustan los zoológicos y por mucho que me hablen bien de alguno evito visitarlos a toda costa. Sin embargo, en el hostal me habían insistido en que el CREA era diferente, y que su objetivo era rescatar, cuidar y reintroducir en la naturaleza animales que habían sido recuperados de ventas ilegales y otras transacciones parecidas.

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Además de grandes animales, en el CREA también hay que fijarse en lo más pequeño

La idea me pareció bonita e interesante, así que salí del hostal con la idea de ir directamente al CREA y ya después dar un paseo por la ciudad si me sobraba tiempo y tenía ganas.

Para llegar cogí un colectivo hasta la Terminal Terrestre de San Juan y desde ahí una mototaxi me llevó por 3 soles hasta la entrada.

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En colectivo por Iquitos

Tuve bastante suerte y después de pagar los 20 soles de la entrada me uní a una visita guiada que acababa de salir.

La visita duró una hora aproximadamente y me gustó mucho porque me parecieron bastante honestos. De cada especie que vimos nuestro guía nos comentó cómo se había recuperado, qué edad tenía y cuándo iba a ser devuelto a la jungla.

Los primeros animales que realmente me llamaron la atención fueron los Guacamayos. Creo que nunca los había visto en vivo y en directo y la verdad es que tienen un colorido alucinante.

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Además son muy graciosos. Esta pareja apareció varias veces durante nuestro recorrido e iban paseándose por todo el recinto como si fuesen los dueños y señores del lugar.

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En la zona de jaulas me sorprendió el Tigrillo o Leopardo Tigre: un pequeño felino bastante amenazado y que es típico de América del Sur.

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Estaba ahí tumbado a la bartola, separado del otro que tienen ya que al ser los dos machos no pueden ni tener contacto visual porque intentarían forzar la pelea.

En otras jaulas cercanas había un buen grupo de monos de diferentes tipos. Sin duda el que más me gustó fue el Mono Ardilla. ¡Qué bonito! Son muy pequeños y tienen una cara y unos colores muy característicos.

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En la zona acuática me sorprendió que pudiesen convivir el Paiche, que es el segundo pez de agua dulce más grande del mundo (supera los 3 metros y los 250 kg), con los Caimanes.

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El Paiche: Pez mastodonte

Supongo que tendrán una especie de acuerdo de no molestarse mutuamente porque cualquiera de los dos debe hacer bastante daño de un mordisco.

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Los caimanes me hicieron mucha gracia. Estaban totalmente relajados y petrificados, como si fuesen un grupo de amigos tomando el sol sin ningún tipo de preocupación.

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Después de pasar junto a unas nutrias (muy bonitas pero poco exóticas) llegamos a la zona de las tortugas.

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¡Aquí sí que las tenían de todos los tipos y tamaños! El guía nos comentó que mucha gente les escribe para saber cuándo las liberan y devuelven a la naturaleza, porque debe ser un espectáculo realmente bonito.

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La visita terminó en el estanque donde está la joya del centro: Los Manatíes.

Estos enormes mamíferos (en concreto la especie amazónica) pueden llegar a medir más de 2 metros y medio y pesar 500 kilos. Están amenazados por culpa de los cazadores y el mercado ilegal (hay incluso gente que los quiere como mascota).

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¡Pero qué curiosos que son! Les llaman también vacas marinas, y no me extraña nada porque cuando sacaban el morro para comer sus nenúfares me recordaron a las vacas pastando.

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Aunque la visita acabó en la piscina de los manatíes, nos explicaron que podíamos quedarnos el tiempo que quisiésemos paseando por las instalaciones.

Yo di una vuelta tranquila volviendo a visitar los animales que más me habían gustado y finalmente cogí un colectivo justo a la salida para volver al centro de Iquitos.

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Por clima y vegetación parece que estoy en otro país

Entre el calor que hacía, lo cansado que estaba y la hora a la que llegué al centro (casi a las 3 de la tarde), decidí que lo mejor era comer un buen plato de pollo a la brasa con arroz para recuperar fuerzas, dar un paseo rápido por la plaza central e irme al hostal a descansar.

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Centro de Iquitos

Y eso fue lo que hice, perdiéndome algún otro plan que tenía pensado hacer en la ciudad, pero como al día siguiente me tocaba inmersión en la jungla, consideré que valía la pena recuperar e ir completamente descansado.


Reserva Nacional Pacaya-Samiria: Into The Jungle!

Lo que yo habría hecho si no tuviese mi estancia en Iquitos tan “encajada” habría sido buscar el tour para la jungla una vez allí, pero tenía miedo de arriesgarme, así que unas semanas antes de ir me puse a buscar por Internet…

Los Tours Vende-Humo

Después de leer bastante comentarios de viajeros y reseñas, me decanté por contactar con Golden Snake Perú (que después descubriría que también opera bajo el nombre Amazon Green Treasure).

Sus paquetes para viajes aventureros a la Reserva Pacaya-Samiria son más caros que los de otras compañías (760 soles por el circuito de 3 días), pero el programa que planteaban era realmente completo y, sobre todo, ofrecían la experiencia de acampar, dormir y estar en el corazón de la jungla, lejos de toda civilización.

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En el peque-peque navegando por el Río Marañón

Evidentemente, ¡eso era justo lo que yo quería! Así que me decidí a contactar con ellos para ver si había más gente interesada en mis fechas. Al final me comprometí a hacerlo aunque fuese yo solo (tendría que pagar 140 soles más), pero no me quería perder esa experiencia.

Pues bien… una vez allí todo empezó a oler a chamusquina. En primer lugar el responsable de la empresa, Jim Alejandro, intentó meterme con unos biólogos que habían ido a hacer estudios de terreno. Es decir, con un programa bastante diferente al que habíamos hablado. Evidentemente, a él le compensaba porque así al ser más gente tendría más ganancia.

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A pesar de todo, la naturaleza nunca defrauda

Como le dije que eso no era lo que yo quería (todo esto negociando una vez que yo ya estaba en Iquitos) me ofreció una experiencia diferente en una zona que no era dentro de la reserva. Le dije que no, que yo quería ir a Pacaya-Samiria y tener la experiencia de inmersión en la jungla “como habíamos acordado por email“.

Así que al final me acopló a dos chicos que iban a hacer la estancia de 5 días. Jim me aseguró que el programa de mis tres días iba a ser el acordado, y que el tercer día simplemente yo me volvería y ellos continuarían.

Pues bueno… aunque la experiencia de la jungla estuvo muy bien porque es imposible que la jungla defraude, el plan de actividades que hicimos fue diferente, y dejamos de hacer justo algunas de las salidas o excursiones que más me apetecían (como las caminatas nocturnas). Eso, y una negligencia tremenda que tuvieron con mi tienda de acampada, me cabreó bastante.

Me parece una auténtica tomadura de pelo. Al volver de la selva le expuse todo esto a Jim Alejandro y él se escudó mucho en que ya lo hablaría con los guías, etc., etc., pero la realidad es la que es, y yo me volví sin haber visto muchos de los animales que tenía que haber visto por culpa de que mis guías no siguieron el plan que teníamos establecido.

En cambio, otros chicos que compartieron el coche con nosotros hasta Nauta el primer día y que fueron con otro guía local (con el que ojalá hubiese contactado yo), hicieron todo lo que tendríamos que haber hecho nosotros y vieron de todo.

Nosotros lo que más vimos fueron aves:

Así que ojo con esta compañía. Van de profesionales y seguro que lo son, pero si llegas a un compromiso con ellos y después no les cuadra bien, te recolocan como sea y que salga lo que tenga que salir.

Pacaya-Samiria: Día 1

Los de Golden Snake me recogieron en el hostal con retraso y me subí a un coche enorme y moderno donde conocí a mis dos compañeros de tour (un chico de Israel y otro de Austria) y a un grupo de 4 chicos de Lima que iban a hacer lo mismo pero con un guía local.

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Cargando el coche con todos los enseres

Juntos fuimos hasta Nauta, un poblado al sur de Iquitos y conectado por la única carretera que hay en toda la región. Allí conocimos a nuestros guías (Billy y Álex), dimos un paseo por el mercado para comprar lo que nos faltase y nos subimos a la embarcación para empezar a navegar por el Río Marañón, uno de los principales afluentes del Amazonas.

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Compras de última hora en Nauta

El río es simplemente increíble. Creo que nunca había visto un río de semejante tamaño… ¡y eso que al ser septiembre el caudal estaba varios metros más bajo de lo que alcanza en la época de lluvias!

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Río Marañón

Tanto la profundidad con su anchura son impresionantes. La mayor parte del tiempo daba la impresión de estar navegando por un mar y no por un río.

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Billy y Álex preparando la comida

El colorido del agua y de la vegetación de las orillas (cercanas o lejanas) iba variando a medida que nos adentrábamos más y más en el parque.

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Después de un par de horas navegando entre delfines rosados me di cuenta de que ya solo por ese rato había merecido la pena venirme a las profundidades de la selva.

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Delfín rosado

Ese día comimos en la embarcación (les llaman peque-peque). Álex nos preparó un suculento plato de paiche con arroz, que me entró como si llevase días sin comer (y eso que aún no había hecho realmente ningún esfuerzo físico en todo el día).

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Delicioso Paiche

En total, después de varias horas de recorrido por el río, llegamos al poblado de Buenos Aires, donde íbamos a pasar la noche en un lodge básico, muy bonito y con buenas mosquiteras.

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Comunidad de Buenos Aires

Antes de que se hiciese de noche volvimos al peque-peque para buscar un buen sitio donde darnos un baño y esperar a la puesta de sol.

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Navegando al atardecer

Yo me lo pensé un par de veces antes de bañarme porque Billy nos había dicho varias veces que había pirañas… pero que solo se acercan si tienes alguna herida sangrante.

La verdad es que sonaba un poco a ruleta rusa… porque no es tan fácil saber si tienes alguna herida, especialmente cuando estás de viaje de mochilero y en la selva. Pero bueno, como él se bañó sin demasiados reparos, al final todos nos decidimos a darnos un buen chapuzón.

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¡Al agua!

El agua estaba caliente, caliente. ¡Un verdadero caldo de cultivo!

Aunque no vinieron las pirañas, sí que había pececillos de estos que muerden la superficie de la piel y que se han llegado a utilizar incluso en balnearios y spas. En general, la sensación es solo de un roce, pero a veces el dichoso “mordisquito” nos daba un buen susto.

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Igualmente, el nivel de paz, desconexión y contacto con la naturaleza en su estado más salvaje fue todo un regalo.

La puesta de sol se fue acelerando poco a poco acompañándonos con una variedad de colores anaranjados como los que se ven siempre en las películas.

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La selva entraba en estado nocturno, así que volvimos al lodge antes de que oscureciese por completo para cenar y supuestamente hacer el primer paseo nocturno, pero por desgracia eso nunca llegó a ocurrir.

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Así que después de un día estupendo y lleno de buen rollo empecé a temerme lo peor: que el programa de actividades que Jim me había asegurado iba a variar en función del programa de los otros dos chicos que iban a quedarse 5 días.

Pacaya-Samiria: Día 2

Nos levantamos temprano para salir en el peque-peque a buscar osos perezosos. Al subir a la embarcación aún era de noche, pero muy pronto empezó a amanecer y cuando nos pusimos a caminar por la jungla ya había bastante luz.

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Amanece en nuestro lodge de Buenos Aires

La selva amaneció bastante activa sobre todo por las aves, que no paraban de revolotear y graznar de un lado a otro del río.

Lo primero que vimos (y oímos) fue un pájaro carpintero. ¡Nunca había visto uno! Me trajo muchos recuerdos de la canción Woodpeckers From Space a la que estaba completamente enganchado cuando era un niño.

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Aunque al principio costó, finalmente nuestro guía Álex (que era el local y el que parecía realmente controlar más de todo el asunto salvaje) encontró algunos osos perezosos en lo alto de las copas de los árboles.

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El movimiento es tal cual como se ve en los documentales. Parece que los han grabado en vídeo y nos lo están poniendo a cámara lenta.

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A las 8 estábamos de vuelta en el lodge para desayunar, recoger las cosas y volver al peque-peque para adentrarnos aún más en la selva.

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Desayuno a tope

Seguimos navegando por un afluente del Marañón, que parecía un río privado ya que no nos encontramos más que a algunos que otros locales que habían salido a pescar.

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Cuando Álex encontró una explanada adecuada para montar el campamento, nos detuvimos y observamos cómo Billy y Alex adecuaron el sitio para poner las tiendas de campaña. ¡Teníamos incluso una para cada uno! No me esperaba tanto lujo.

Aunque después de ver cómo fue finalmente la noche, habría preferido dormir apretujado en una con mis compañeros y no en la que me tocó… ¡Qué horror!

Una vez establecida la acampada, comimos y nos fuimos a hacer la caminata diurna por la selva. Supuestamente íbamos a ver de todo y llegar a una laguna, pero la realidad es que ni llegamos a la laguna ni vimos gran cosa…

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Lo que es indiscutible es que la vegetación es una pasada

Lo único que Billy se paró a enseñarnos fue una hormiga gigante supuestamente venenosa.

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El resto del camino, fuimos en hilera detrás de Álex que es el que iba abriendo camino “desbrozando” todo lo que se encontraba por delante.

Sí que nos topamos con algún que otro insecto más, pero los vimos porque nosotros mismo nos íbamos fijando, porque si llega a depender de Billy nos habríamos quedado únicamente con la hormiga.

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Bichitos diversos de la jungla

Lo que sí que me gustó mucho fueron los árboles. En particular una especie que tiene el tronco completamente recubierto de pinchos durísimos…

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… y otro que tiene las raíces totalmente al aire. ¡Una pasada! El tronco en sí empezaba a más de un metro del suelo. Nunca había visto nada ni remotamente parecido.

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Raíces aéreas

Cuando regresamos al campamento empezó a llover con bastante fuerza. Una típica descarga tropical, pero que no duró demasiado. El momento de estar relajados en el barco con la lluvia de fondo y el río y la selva envolviéndonos fue impagable.

Iluso de mí, aún tenía la esperanza de que existiese la posibilidad de hacer la caminata nocturna esa noche después de cenar, pero nunca llegó a ocurrir.

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Lluvia amazónica

Con la puesta de sol salimos en un bote de remos a buscar la cena. La idea era intentar pescar algunos peces para después comerlos y, de paso, ver caimanes.

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Empieza el paseo en bote

La parte de la pesca estuvo muy bien y fue bastante impresionante ver a Álex cazando los “Óscar” (así le llaman a ese pez) con un arpón rústico al estilo tradicional.

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Álex en acción

Mientras íbamos navegando buscando los Óscar otros peces saltaban ellos solitos al interior del bote. Algunos eran pececillos “normales”, pero otros bastante espeluznantes, como el Pez Drácula que de un salto acabó sacudiéndose en el suelo de la embarcación.

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Pez Drácula

Lo de los caimanes nunca llegó a materializarse. No vimos ni uno, pero al menos Álex pescó suficientes Óscars como para preparar una buena cena.

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Pez Óscar

¡Estaban deliciosos!

Después de cenar, nos enviaron a dormir sin hacer la caminata nocturna y sin idea de madrugar para hacer una caminata a primera hora. ¡Menudos comodones!

La Noche Escatológica de David Cronenberg

La crónica de esta noche no es apta par gente impresionable ni para gente que lleve mal lo mínimamente desagradable u orgánico.

Cuando fuimos a nuestras respectivas tiendas nos pegamos un susto de muerte. Junto a una de ellas había una rana gigante como nunca había visto antes.

¡Era enorme!, y no parecía tener ninguna intención de apartarse. Como Álex y Billy estaban en el peque-peque no teníamos forma de saber si era venenosa o no, así que intentamos moverla con un palo, pero nada…

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Cuando conseguíamos levantarla un poco, volvía a caer sobre su misma posición como un bloque de granito, así que que nos metimos rápidamente en las tiendas para dormir y cerramos bien las cremalleras para evitar que entrase la bichería… y la no tan bichería.

Y entonces a las 2 de la mañana me desperté con un retortijón de mil demonios. Esperé un par de minutos pero me di cuenta de que tenía que salir corriendo de la tienda si no quería “teñirla” de otro color.

Me puse las botas como pude, me coloqué la linterna frontal y salí corriendo a buscar una esquina en la que soltar la diarrea que pedía urgentemente salir de mi interior.

Tuve la mala suerte de elegir un rincón en el que había uno de los árboles con pinchos que habíamos visto por la tarde al cual, por supuesto, me agarré con las dos manos con un evidente grito de dolor.

Afortunadamente, justo a su lado había un árbol más “normal”, que me vino de perlas.

Para rematar la estampa, cuando estaba en posición levanté la mirada y tenía a dos metros de mí a la dichosa rana estática que me miraba fijamente como si se tratase del hipnosapo de Futurama. ¡Otra vez susto!

Dada la liquidez del asunto no tardé casi nada en terminar la faena y volví reptando a mi tienda para seguir durmiendo.

La sorpresa más gorda me la llevé al entrar y acostarme. Cuando miré al techo me di cuenta de que tenía varios agujeros por los que se estaban asomando varios miembros de la fauna bichil de la selva. ¡Qué horror! Esos agujeros debían llevar allí toda la noche. Empecé a inspeccionar la tienda y encontré varias hormigas, alguna que otra araña y mosquitos.

Seguro que ya se habían dado un buen banquete con mis piernas (sí, en efecto, el día siguiente descubrí que tenía las piernas y los pies completamente devorados). Cogí el papel higiénico y tapé los agujeros haciendo rollitos pequeños para que, al menos, ya no entrase nada más.

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Viviendo al límite

Con la tranquilidad de tener ya el refugio asegurado y las tripas vacías, me dejé llevar por la oscuridad y el intenso ruido de los insectos y animales nocturnos para dormir relajado las horas de noche que me quedaban por delante.

Pacaya-Samiria: Día 3

Nos levantamos a las 8 de la mañana sin ningún atisbo de ruta. Simplemente desayunamos y nos fuimos a hacer la actividad que habían decidido para esa mañana que era pescar pirañas.

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El río con todo su colorido

Que estuvo muy bien y estaba incluida en el programa, pero también aparecía escrito que íbamos a hacer una ruta de madrugada para ver aves y otras cosas que, por supuesto, no llegó a ocurrir.

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Mordisquitos

La pesca de pirañas me gustó, pero tampoco me pareció necesario pasarnos tanto tiempo haciéndolo… podríamos haberla combinado con algo más, pero para los guías era mucho más cómodo tenernos ahí con el anzuelo esperando al otro peque-peque que iba a venir a recogerme.

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Al menos conseguí pescar dos pirañas, porque nunca jamás en mi vida me había puesto a pescar nada.

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¡Bingo!

Los que pasaron a recogerme resultaron ser los chicos peruanos con los que habíamos compartido el trayecto hasta Nauta y su guía. Rápidamente hice buenas migas con ellos y con el guía también, que se quedó bastante sorprendido cuando le conté lo que habíamos y no habíamos hecho.

Ellos en cambio sí que habían disfrutado de caminatas nocturnas, habían visto los caimanes, y muchas otras cosas. Hidalgo (así se llama el guía) me pareció un hombre mucho más humilde y enterado que nuestro guía profesional Billy, así que si alguien tiene pensado hacer un tour por la reserva creo que podría ser una gran opción contactar con él (¡y además es más barato!).

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Contacto de Hidalgo

Hicimos una parada en 20 de Enero, el poblado del que procede Hidalgo y ahí nos retó a los cinco a trepar por una palmera al estilo tradicional: con dos cuerdas y poco más.

Por supuesto, a pesar de la noche que había pasado, yo no me podía quedar sin probar eso, así que me ofrecí voluntario para ser el primero.

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La mecánica parecía sencilla y al final resultó ser más importante la coordinación que la fuerza. Después de un par de minutos le había cogido el truquillo y empecé a subir hasta que llegué a lo más alto.

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¡La sensación era genial! Y al final ninguno de los chicos peruanos consiguió superar mi marca (jejejeje).

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Llegando a lo más alto

Al menos tuve una despedida divertida y buenrollera porque los cuatro eran verdaderamente majos.

Despedida y… ¡Fin del Viaje!

Ya en Nauta, nos fuimos todos hasta Iquitos y de ahí al aeropuerto porque teníamos el mismo vuelo de vuelta a Lima. Esperando a facturar, tuve una seria conversación con Jim Alejandro, el jefe de la empresa, que no sirvió de nada, pero al menos le dejé claro mi punto de vista.

2019-09-iquitos-ciudad-4-aeropuerto

Jonathan, del grupo de Hidalgo

Mi vuelo llegó a Lima a medianoche y me fui directo al hostal de Miraflores, zona en la que pasaría mi último día en el país antes de volver a España.

Valorando todas las experiencias vividas en los 32 días que pasé en Perú, e incluso teniendo en cuenta el sabor algo agridulce que me llevé de la selva, la verdad es que la valoración del viaje es de un 10 rotundo en casi todos los sentidos.

Perú superó con creces todas mis expectativas.

Un viaje para recomendar, repetir… y recordar.

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