Esta isla fue la gran revelación de todo el viaje. No mucha gente se aventura a visitarla por la logística que requiere (viaje en ferry de más de 2 horas y cambiar de alojamiento), pero es una pena porque tiene los acantilados más espectaculares del archipiélago y los lugareños más majos y agradables. Suðuroy es el Parque Jurásico de las Feroe.
Información Básica sobre esta Isla
- Principales conexiones con otras islas: Streymoy (en ferry).
- Es la cuarta isla más grande de las Feroe (160 km²) y la situada más al sur. En ella viven 5000 personas y se las considera las más amigables y animadas de todas las islas (cumplen el «Efecto Sur» de Rafaella Carrá). Su nombre (una vez más de forma muy descriptiva) significa «La Isla del Sur».

- Geográficamente hablando se trata de una isla muy alargada (30 km de largo) pero relativamente estrecha (en general, menos de 5 km de ancho). Toda la costa oeste está recubierta por unos formidables acantilados verticales de hasta 472 metros de altura. Sin embargo, la costa este es más accesible y es donde se sitúan casi todos los pueblos importantes de la isla y los terrenos de cultivo.
- Orientarse en la carretera es muy sencillo puesto que, realmente, existe una única carretera principal que une Hvalba en el norte con Hamrabyrgi en el sur (aunque después hay pequeñas pistas asfaltadas para acceder a pequeños poblados como Fámjin).
Nuestra visita a Suðuroy requirió un cambio de alojamiento. Dejamos nuestra casa en Skáli y cogimos el primer ferry de la mañana desde Tórshavn en Streymoy (a las 08:45) para llegar a Tvøroyri en Suðuroy (a las 10:45). Lo primero que hicimos fue ir a nuestro alojamiento, una preciosa casa tradicional en el propio Tvøroyri, a 5 minutos en coche del puerto.


Descargamos nuestras cosas y nos pusimos a tope con las rutas para aprovechar al máximo nuestro tiempo en la isla. Le dedicamos dos días casi enteros: el que llegamos casi completo y todo el día siguiente y estamos convencidos de que fue un tiempo muy bien invertido ya que los encantos naturales de la isla nos dejaron petrificados.

El tercer día cogimos el ferry de las 8 de la mañana para regresar a Tórshavn y poner rumbo a nuestro último alojamiento (en concreto en Depil, Børðoy, cerca ya de la isla Viðoy).
Moviéndonos y regresando siempre al mismo punto, nuestra casita en Tvøroyri, visitamos los acantilados Beinisvørð, Eggjarnar, Lopranseiði y Ásmundarstakkur; el mirador Á Rodini, las columnas de basalto de Froðba, el faro de Akraberg y los pueblos Fámjin, Sandvík y Vagur.
El Viaje en Ferry Tórshavn-Tvøroyri
El ferry que conecta la capital de las Feroe (Tórshvan) con la principal ciudad de Suðuroy (Tvøroyri) es el Smyril, que lleva haciendo ese recorrido un montón de años.

Nosotros reservamos los billetes con mucha antelación para no quedarnos sin sitio para el coche (los cogimos el 25 de mayo para viajar el 21 de agosto, justo cuando se pusieron a la venta) pero realmente no es un trayecto tan demandado como puede ser por ejemplo el de Mýkines, así que no hace falta agobiarse.

De hecho, pocos días antes de ir, decidimos cambiar la hora de regreso a Tórshavn y no tuvimos ningún problema porque aún quedaban bastantes huecos disponibles.
Lo que sí que no dependió de nosotros fue el segundo cambio para el billete de vuelta… Nos llegó un mensaje de que se iban a mantener los horarios pero justo a partir del 23 de agosto (el día que teníamos billetes para volver a Tórshavn) realizaban un cambio de barco para labores de mantenimiento o algo así, por lo que ya no sería el Smyril el que realizaría el trayecto, sino el Galaxy.

En las dos semanas que pasamos en las Feroe vivimos varios momentos surrealistas y únicos, y el del Galaxy fue uno de ellos. Además de estar pintado como si fuese la nave de los 4 Fantásticos, el ferry parecía ser un megamix extraño de pastiches del Mediterráneo: tenía la bandera de Chipre, los carteles informativos estaban escritos en inglés, griego, italiano y… ¡albanés! (WTF) y, para rematarlo, los carteles indicativos de las estancias estaban en inglés y castellano, e incluso había un «Restaurante Mallorca«, un «Salón Ibiza Music Hall» (muy apropiado el nombre), un «Bar Formentera» y un «Salón Cabrera«.





Como se ve en las fotos, todo parecía un gran despropósito. Claramente este ferry venía de pasar casi toda su vida en el Mediterráneo y ahora lo habían trasladado al Atlántico Norte…
Independientemente del cambio de barco el viaje de vuelta a Tórshavn fue igual de bien que el de ida, aunque el mar estaba algo más revuelto y tuvimos un par de sacudidas y elevaciones interesantes al romper las olas.

Sea como sea, salvo que el clima sea realmente horripilante, vale mucho la pena pasar parte del trayecto en cubierta disfrutando de las vistas de las islas grandes (Streymoy, Sandoy y Suðuroy), pero también de las curiosas islas pequeñas que quedan a medio camino (Skúvoy, Stóra Dímun y Lítla Dímun).




Nosotros pasamos las 2 horas del viaje de ida casi enteramente en la cubierta al aire libre. Hacía algo de fresco pero con ropa térmica se estaba bien y nos encantó ver cómo íbamos pasando junto a cada una de estas islas tan misteriosas.
La entrada en el fiordo Trongisvágsfjørður, dominado por el asentamiento de Tvøroyri, es también digna de ver y no precisamente a través de un cristal.
Ruta Á Røðini (Kikarin): «El Telescopio»
Después de instalarnos en nuestra casa de Tvøroyri nos pusimos rápidamente en acción. El día no estaba muy soleado pero la visibilidad era excelente, no hacía prácticamente viento y la temperatura era buena, así que decidimos que había que exprimirlo al máximo ya que en estas islas nunca puedes saber a la perfección qué va a ocurrir al día siguiente…

Condujimos hacia el oeste, con la idea de ir recorriendo parte de los miradores de los tan famosos acantilados de Suðuroy. Nuestra primera elección fue la ruta Á Røðini, también conocida como Kikarin («El telescopio«), un sencillo paseo casi sin desnivel para estirar las piernas y comenzar a descubrir la belleza acantilística de esta isla.
Ruta Á Røðini (Kikarin)
- Duración: 2 horas (21 de agosto)
- Zonas Visitadas: Á Røðini (Kikarin)
- Kilómetros Recorridos: 3 kilómetros (lineal, ida y vuelta)
El punto de inicio de esta caminata es la entrada al antiguo túnel que conectaba con Hvalba, al norte de la isla (Hvalbiartunnilin, N 61.560201º, O 6.913450º). Este viejo túnel de 1,5 km de longitud, se construyó en 1963 (el más antiguo de las Feroe) y se cerró en el año 2021 cuando se inauguró un túnel nuevo, más seguro y más ancho para conectar Trongisvágur con Hvalba.
Aquí se puede dejar el coche y seguir las indicaciones de «Kikarin» y los postes (a veces algo ocultos) que llevan hasta un telescopio fijo instalado sobre una plataforma para ver de cerca algunas de las estacas de estos acantilados.

La ruta es muy sencilla, casi sin desnivel y sin complicaciones. Realmente solo hay que caminar hacia el suroeste, pasando a la derecha del pequeño lago Botnskarð y siempre en dirección al mar.
El camino es muy placentero, siempre por encima de césped y rodeado de las colinas de esta zona de la isla.

Una vez en la zona del telescopio (que estaba algo oxidado y cascado, pero más o menos hacía la función), las vistas son estupendas. Se puede caminar con cuidado hacia el sur y hacia el norte para acercarse más o menos al borde (según la tolerancia a las alturas de cada persona) y apreciar mejor los acantilados, las estacas y el perfil de costa de Suðuroy.

El regreso se hace por el mismo camino. Cuando estábamos cerca del coche, nos encontramos con una pareja de granjeros que estaba cogiendo algunas de las ovejas que tenían pastando en la zona y agarrándolas a una especie de potro de madera para ponerles alguna inyección. Eran muy majos y tenían muchas ganas de hablar. Nos contaron alguna curiosidad de la zona y hasta acabamos cruzándonoslos un par de veces más (reconocíamos su coche) en los dos días que pasamos en Suðuroy.
Puedes descargar aquí el track de esta ruta.
Antes de continuar con más rutas de acantilados nos desviamos hasta el pueblo de Fámjin.
Acantilados Eggjarnar
Desde la punta noroeste del enorme fiordo Vágsfjørður al sur de la isla sale una carretera (bueno, pista asfaltada, N 61.470808, O 6.822335), que toma rumbo sur subiendo por una ladera en unas curvas en zig-zag no aptas para cualquiera hasta el mirador de los acantilados Eggjarnar.

La pista es muy estrecha y está en condiciones mejorables, por lo que el trayecto de poco más de 3 kilómetros puede llevar perfectamente entre 10 y 15 minutos.
Al acabar la pista estaremos delante de unos edificios abandonados que formaban parte de una estación de navegación de largo alcance (LORAN, «Long-Range Navigation») para embarcaciones y aviones que podía interceptar señales a más de 2000 kilómetros de distancia con un rango de precisión de 16 kilómetros. Ahora es un eco del pasado ya que los GPS han hecho que toda esta instalación sea algo totalmente inútil. Estuvo activa desde 1943 hasta 1977.
Desde aquí, estamos a muy pocos metros de los acantilados Eggjarnar, con 200 metros de caída vertical.

El lugar es realmente alucinante y especial. La mejor vista se tiene hacia el sur y en días despejados (como en el que fuimos) se pueden distinguir al fondo los acantilados Beinisvørð (a los que iríamos una hora después).

Del mar, emergen un montón de estacas en forma de islotes o penínsulas, destacando Stóritindur, la península más grande, unida a los acantilados por un paso rocoso que ya ha sido colonizado por la hierba de las Feroe.

Tras disfrutar un buen rato del lugar, volvimos al coche para bajar de nuevo por la tortuosa carretera hasta Vágur y poner rumbo a Lopranseiði y Beinisvørð (más acantilados al más puro estilo Suðuroy).
El Itsmo de Lopra y el Mirador Lopranseiði
A la altura de la localidad de Lopra (en la esquina sur del fiordo Vágsfjørður) la distancia entre las costas este y oeste de la isla es de unos escasos 500 metros. Podemos dejar el coche en el saliente del margen derecho de la carretera (justo donde hay un cartel que pone Lopranseiði (N 61.443317º, O 6.778094º).


Desde aquí, caminando 15 minutos por la pista, llegamos a una nueva e impresionante vista de los acantilados de la costa oeste de Suðuroy.

Lo más curioso de este trozo de acantilados es un corte perfectamente rectilíneo que separa la línea de costa del islote Lopranshólmur. Nosotros fuimos en la segunda mitad de agosto pero, normalmente, en los meses de mayo, junio y julio este es un lugar muy codiciado para muchas aves, especialmente los frailecillos.



Hacia el sur, los acantilados Beinisvørð se ven más de cerca que cuando estábamos en Eggjarnar y claramente iban a ser nuestra siguiente parada.
Beinisvørð: Isla Nublar
Antes de entrar en el túnel de Lopra, hay que continuar por la pista que sale a la derecha, señalizada como «Um Hestin» (N 61.439112º, O 6.771321) y que claramente se ve cómo va subiendo por las laderas de la cordillera.
Desde el inicio de esta carretera hay que continuar exactamente 4,8 kilómetros hasta un punto conocido como Hesturin (N 61.4239591º, O 6.7528245º) y que se distingue fácilmente por los restos de un gran mástil de antena radiofónica al lado derecho de la carretera.
Se puede dejar también el coche en el arcén de la curva anterior, que es suficientemente ancho como para un par de vehículos, pero yo creo que es más cómodo y fácil aparcar junto a los restos de la antena de radio y caminar hacia los acantilados desde ahí.
Los acantilados de Beinisvørð son los segundos acantilados verticales más altos de todas las Feroe, pero no es solo su altura lo más característico…



Todo el terreno que rodea la línea de los acantilados está cubierta por pendientes recubiertas de la hierba densa del verde feroés que tanto nos gusta.
Es evidente que hay que acercarse a los acantilados con mucho cuidado y pies de plomo y, sobre todo, teniendo en cuenta la tolerancia que cada persona tenga a las alturas. Dicho esto, creo que con buena visibilidad es difícil tener un accidente si se va con prudencia ya que es un terreno en el que no hay sorpresas… Se ve perfectamente lo que es suelo firme y lo que es aire y caída.

Nosotros hicimos un pequeño recorrido desde donde dejamos el coche hacia el oeste, dejando a nuestra derecha la caseta y la antena de radio. Al llegar al límite de los acantilados nos quedamos en shock y empezaron a salirnos lágrimas de emoción… ¡Pero esto qué es!

De repente estábamos en el rodaje de Parque Juráisco (en las escenas iniciales en las que el helicóptero se acerca a la ficticia Isla Nublar). Nos sentamos a contemplar los acantilados, con unas vertiginosas caídas al mar pero cubiertas en gran parte por césped feroés.

Del mar surgen, como en otros lugares de las Feroe pero sobre todo en Suðuroy, unas estacas rocosas que parecen haber querido independizarse de la línea de costa y reclamar su propio protagonismo.
Impresionante. Es imposible describir la suerte de haber podido disfrutar de este lugar con un clima tranquilo, con buena visibilidad y con la única presencia de las ovejas locales.


Perno no hay que quedarse solo con esta vista. Siguiendo la línea de los acantilados cuesta abajo, podemos llegar hasta un saliente más o menos llano (como una especie de plataforma flotante) desde donde las vistas son también maravillosas, e incluso se puede seguir descendiendo por la ladera cubierta de césped para tener vistas también hacia el sur.

Llega un momento en el que vemos perfectamente todos los acantilados de la costa oeste de Suðuroy hacia el norte, el fiordo Vágsfjørður y parte de Vágur. El efecto óptico es muy curioso porque parece realmente que estamos viendo una isla desde otra isla independiente y que el fiordo se junta con el Océano Atlántico.
Pero no, ya sabemos que realmente es una única isla con un itsmo muy estrecho justo en ese punto.

Visto en perspectiva, este fue uno de los momentos más mágicos de las dos semanas que pasamos en las Feroe. Irrepetible
Cuando nuestro cuerpo y espíritu habían absorbido todo lo que podían de Beinisvørð, volvimos al coche y continuamos por la carretera en dirección sur. Desde aquí, la pista desciende gradualmente hasta llegar a Sumba y continúa hacia el sur de la isla hasta el faro de Akraberg.

Puedes descargar aquí el track de esta ruta.
El Faro de Akraberg
El primer día de circuito por Suðuroy lo terminaos en el Faro de Akraberg, el punto más meridional de la isla y, por lo tanto, el más al sur de todas las islas Feroe (salvo unos pequeños peñascos a 4 kilómetros de la costa).

Desde aquí, la porción de tierra algo significativa más cercana son las Islas Shetland, a 300 kilómetros en dirección sureste (hay antes unos islotes escoceses llamados North Rona y Sula Sgeir pero son insignificantes y están deshabitados ).
Para llegar al Faro de Akraberg hay que conducir poco más de 2 kilómetros desde Sumba hasta donde ya no se puede continuar en coche.
Durante la Segunda Guerra Mundial los soldados británicos estaban asentados aquí, manteniendo el faro en funcionamiento y también la estación de radar que escaneaba mar y tierra al sur de las islas. Aún queda en pie una de las casetas que construyeron como parte de un mecanismo de aviso ante posibles invasiones.

Podemos seguir el sendero hasta llegar al faro e incluso continuar un poco más. Hay que tener cuidado porque los acantilados no son para tomárselos a broma y no hay ningún tipo de protección.

Tanto el faro como la casa adyacente (donde vivía el farero) datan de 1909 y fueron construidos por los daneses. El faro está bien amarrado y sujeto al suelo usando unos alambres tensores bastante gordos para ayudarle a soportar los fuertes y feroces vientos que azotan la región y que son famosos en las Feroe (la última familia en vivir aquí se fue después del huracán de 1998 que destrozó su coche y arrancó de cuajo el techo de su casa).

Es un bonito lugar para terminar el día dando un paseo tranquilo junto al faro y sus acantilados. Desde aquí nos separaban 110 kilómetros del punto más al norte del archipiélago (el norte de la Isla de Viðoy, al que habíamos ido unos días antes).

Ruta de Ásmundarstakkur
Nuestro segundo día en Suðuroy empezó visitando el pueblo de Sandvík para después hacer la ruta de la estaca Ásmundarstakkur.
Ruta de la Estaca Ásmundarstakkur y sus Acantilados
- Duración: 3 horas (22 de agosto)
- Zonas Visitadas: Ásmundarstakkur, Puente de Ásmundarstakkur
- Kilómetros Recorridos: 6 kilómetros (circular)
- Desnivel Total Acumulado: 300 metros de subida y de bajada
- Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 300 m / 40 m
La estaca en cuestión alcanza los 109 metros de alto pero realmente creo que los acantilados que la roden son todavía mucho más impresionantes que la propia estaca.

Para llegar al punto de inicio de la ruta hay que conducir por una pista asfaltada que sale hacia el oeste de Sandvík durante 1,5 kilómetros hasta llegar a una especie de granja (N 61.630013º, O 6.955581º) donde hay que dejar el coche.
Desde aquí hay que tener presente que hay dos lugares clave a visitar en esta ruta y que se pueden incluir en un recorrido prácticamente circular o ir solamente a uno de ellos: la estaca Ásmundarstakkur y los acantilados que la rodean o el «puente colgante» que cruza a una especie de península elevada separada por un impresionantes desfiladero.


Nosotros optamos por hacer la ruta completa, empezando por la estaca y los acantilados y después el puente colgante.
Inicialmente creíamos que iba a ser «simplemente» caminar hasta un mirador para ver la estaca Ásmundarstakkur pero pronto descubrimos que la cosa iba mucho más allá. La estaca es impresionante, sí, pero los acantilados que tiene detrás son cuanto menos espectaculares.
Altísimas paredes verticales que tocan el océano con entrantes que parecen cuevas misteriosas donde rompen las olas. Nos quedamos impresionados.

Creíamos que después de todos los acantilados que habíamos visto el día anterior ya era difícil sorprendernos tanto con algo de Suðuroy, pero estábamos equivocados y la isla mágica escondía más sorpresas para mostrarnos.
Delante de los acantilados, la estaca sobresale como protagonista con su parte alta casi puntiaguda que claramente es un lugar muy transitado por distintos tipos de aves (aunque estábamos fuera de la temporada alta de avistamiento de aves, sí que había aún algún pájaro volando pero se nota que la estaca es un lugar transitado por todas las cagadas blancas que hay en sus laterales).

Caminando un poco por el entorno vemos que hay otras formaciones rocosas interesantes: arcos naturales, desfiladeros que parecen ventanas apuntando al mar… Un lugar lleno de postales que parecen cuadros pintados.



Incluso es posible divisar desde algún punto las islas de Mýkines, Vágar y Streymoy e incluso el islote Tindhólmur que tanto nos había fascinado el día que pasamos en la isla de Vágar.

Después de un rato, pusimos rumbo hacia el puente. Para ello retrocedimos un poco y empezamos a subir por una ladera rumbo al sur. No está indicado de ninguna manera y tuvimos que ir orientándonos usando el google maps (ahí tenía ubicado el puente) y más o menos el mapa que tenía en el GPS. Parecía que no iba a aparecer pero finalmente llegamos sin demasiada complicación.

El puente a la vista parece bastante precario y sirve para atravesar un pequeño desfiladero. Hay que recordar que originalmente se puso para que pudiesen cruzar las ovejas (hay incluso una señal que te advierte de que si lo cruzas es bajo tu propio riesgo y responsabilidad).


De todas formas la sensación al cruzarlo (siempre de uno en uno) fue muy diferente. Es bastante sólido y realmente no da tanta impresión como podía parecer. Desde el propio puente hay unas vistas maravillosas del desfiladero y también hacia los acantilados.

Una vez cruzado el puente nos encontramos en un promontorio por el que se puede dar un rodeo para seguir disfrutando de todas las vistas del lugar desde distintos ángulos, acompañados únicamente de la inmensidad del lugar.

Cuando dimos vuelta para volver a cruzar el puente había una mujer china atascada y de rodillas que parecía no estar viviendo el mejor de sus momentos. Al otro lado, otra mujer estaba haciéndole fotos (y hay que decirlo, riéndose de ella como si no hubiese un mañana). Cuando la mujer atascada consiguió atravesar, cruzamos nosotros y estuvimos hablando un rato con ellas. Eran bastante graciosas y claramente tenían cero preparación para andar por el monte y haber llegado hasta este lugar sin ayuda.
¿Cómo consiguieron llegar? Resulta un misterio.

Muy satisfechos, pusimos rumbo de vuelta hacia el coche, ya atravesando las laderas más en línea recta, para llegar rápido y poder continuar con el tour de Suðuroy: Froðba, Vágur y Porkeri.
Puedes descargar aquí el track de esta ruta
Pueblos y Otros lugares Interesantes de Suðuroy
Fámjin
Un verdadero remanso de tranquilidad. Para llegar hay que recorrer los 9 km de la ruta de carretera 32 que sale de cerca de Øravík y que termina justo en el pueblo. El enclave es muy bonito pero lo que realmente es importante aquí es lo que encierra su iglesia de 1875, un verdadero símbolo nacional: la Merkið (la primera y verdadera bandera feroesa).

Esta tela con la cruz roja de bordes azulados sobre un fondo blanco fue la creación de Jens Oliver Lisberg y dos de sus amigos, todos estudiantes en la Universidad de Copenhagen, cuando tuvieron la idea de establecer una bandera para su país y así alimentar los sueños de independencia que ya había por entonces en las Islas Feroe.

Aunque ondeó por primera vez en una misa de Fámjin en junio de 1919, no fue hasta varias décadas después que esta bandera recibió el reconocimiento oficial. Durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas británicas que ocupaban las islas prohibieron a los barcos feroeses mostrar la bandera danesa (entonces territorio ocupado) y les animaron a llevar la suya propia.
Pasando por alto las protestas de las autoridades danesas, el gobierno británico anunció el 25 de abril de 1940 a través de la BBC esta decisión, por lo que ese día ha quedado grabado en el espíritu colectivo de los feroeses como «El Día de la Bandera«.

Nosotros encontramos la iglesia abierta así que no tuvimos ninguna complicación para ver la Merkið. Si está cerrada, hay que intentar encontrar a algún residente local por la calle (no es tarea fácil) y pedirles que abran la iglesia.
Sandvík
El poblado más septentrional de la isla ofrece unas vistas espectaculares sobre la isla Lítla Dímun (que con el paso de los días en las Feroe acabó convirtiéndose en una de nuestras favoritas, y eso que no llegamos a poner un pie en ella…).

El pueblo se llama así por su enorme y estupenda playa de arena pero realmente es más conocido por la leyenda de Sigmundur Brestisson. Supuestamente, fue quien trajo el cristianismo a las islas pero fue sorprendido por sus enemigos «paganos» en su granja de Skúvoy. Para sobrevivir, tuvo que tirarse al mar y nadar hacia Suðuroy (supuestamente cargando a sus espaldas con dos de sus hombres) hasta que llegó a Sandvík después de 15 km de travesía acuática.

Al llegar, se desplomó en la playa y la primera persona que se lo encontró (un granjero con el nombre de «Tórgrímur el Malvado») le cortó la cabeza (no se andan con tonterías estos feroeses…).

Más allá de la playa, las vistas de Lítla Dímun y la leyenda de Sigmundur, no hay muchos motivos para pasar demasiado tiempo en el pueblo.
Froðba: Kulugjógv y Holid í Helli
Este pequeño pueblo, en el lado norte del fiordo Trongisvágsfjørður, es el asentamiento más antiguo de la isla. El pueblo en sí no tiene gran cosa: está formado por unas cuantas casas separadas (muy bien conservadas, eso sí) y en un enclave muy bonito.

Aquí lo más importante es conducir hasta la curva en forma de U y buscar la bajada marcada bajo el nombre Kulugjógv (N 61.545182º, O 6.760526º) para poder ver una de las formaciones geológicas más interesantes de la isla: una colección de columnas de basalto (del estilo de las tan famosas de Islandia).



Las columnas son muy bonitas y, estando junto al océano, es un lugar estupendo para sentarse en tranquilidad y tomar el bocadillo.

Siguiendo medio kilómetro más hacia el este por esta carretera, llegamos a una pequeña esplanada para dejar el coche (N 61.545688º, O 6.748755º) y ver a lo lejos la cueva Holid í Helli, horadada por las propias olas.

Cuando la marea está baja (y tranquila) se puede llegar hasta la entrada de la cueva. Nosotros nos acercamos todo lo que pudimos pero las olas no estaban muy amistosas, por lo que decidimos, por seguridad, conformarmos con hasta donde habíamos llegado.
Vágur
En la segunda ciudad más grande de la isla viven 1350 personas pero realmente no hay casi nada que ver salvo su curiosa (y a la vez chocante y a la vez fascinante y a la vez horrible) iglesia gótica de piedra construida en 1927 y la tienda Heimavirki con jerseys feroeses tradicionales hechos a mano.

Es también un buen lugar para ir al súper o echar gasolina.
Porkeri
Nuestra última parada en estos días que pasamos en Suðuroy fue el pueblo de Porkeri, en la entrada del fiordo Vágsfjørður.
El motivo fundamental para venir hasta Porkeri era visitar su preciosa iglesia de 1847, con espectaculares tallas de madera hechas a mano. Aquí, POR FIN, después de tantas iglesias al más puro estilo feroés cerradas, pudimos entrar para ver el interior de una de estas pequeñas joyas nórdicas.

La iglesia está perfectamente conservada y, de hecho, nos sorprendió que estuviese abierta tan alegremente. Pronto entendimos qué pasaba. Cuando salimos, empezamos a ver un montón de gente en procesión hacia la iglesia. La habían estado preparando y la habían dejado abierta para celebrar un funeral de alguien que acababa de fallecer.


Nos hicimos a un lado y nos quedamos un rato contemplando discretamente este momento. Por la ubicación, la ropa de la gente y la manera de proceder, parecía por momentos que estábamos dentro de una película de Fellini.
Otras rutas en Suðuroy que no hemos hecho
- Ruta a Nakkur: cerca de Froðba sale una pista abandonada que lleva hasta un mirador conocido como Nakkur (325 metros de altitud) desde el que hay muy buenas vistas de Lítla Dímun, Stóra Dímun, Skúvoy y Sandoy (6 km, 300 m de desnivel, ida y vuelta).
- Ruta a Hvannhagi: desde el hospital de Tvøroyri sale esta ruta hacia el lago circular Hvannhagi (también conocido como Hvannavatn), situada en un balcón hacia el océano con vistas a las dos Dímuns (8 km, 400 m de desnivel, ida y vuelta).
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