Laos 2019 – Etapa 1 – Luang Prabang con Ruta por el Río Mekong

Los primeros días en Laos estuvieron marcados por el agua: dos días navegando por el Río Mekong y tres días en Luang Prabang (rodeada por los ríos Mekong y Nam Khan) con ruta en moto a la catarata Kuang Si. Paisajes preciosos y una ciudad espléndida, pequeña y coqueta. ¡No pudimos empezar con mejor pie!

Cruzando la Frontera

Después de 5 semanas viajando decidí que el cruce de Tailandia a Laos iba a ser cómodo, así que lo arreglé directamente con la gente de mi guesthouse en Chiang Khon (Baan Fai Guesthouse, estupenda) para que hiciesen ellos todos los trámites y, al día siguiente, me llevasen al “estilo señor”.

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Documentación para el visado

Negocié un poco el precio y conseguí que por 1300 Baht (unos 35€) me arreglasen transporte desde el hotel hasta la frontera, el autobús que cruza el puente entre Tailandia y Laos (no se puede cruzar a pie como sí hice al pasar de Myanmar a Tailandia), transporte desde el puesto fronterizo de Laos hasta el embarcadero de Houayxai y el viaje en barco de 2 días por el río Mekong.

¡Por un día que me lleven sin pensar tampoco pasa nada!

Todo salió bastante bien, aunque por supuesto tuve momentos típicos asiáticos de “espera repentina”.

A las 8 de la mañana me recogieron en el hostal y me llevaron hasta el puesto fronterizo de Chiang Khong, donde todo fue sobre ruedas. Me dieron el ticket para el autobús y un vale para la compañía que iba a gestionar el viaje en barco por el río Mekong.

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Cruzando el Río Mekong

Ya en Laos, me hicieron el visado (35$ para españoles y, en general, rondando ese precio para casi cualquier otro país) y tuve que esperar 2h a que me recogiesen para ir al embarcadero.

Los oficiales de este puesto fronterizo eran muy amables e incluso me dejaron “volver atrás” cuando ya había pasado el punto de no retorno para poder sacar dinero en el único cajero que había en las cercanías.

En ese rato de espera vi a varias personas que vendían los viajes de 2 días por el río Mekong hasta Luang Prabang y también el viaje en el speedboat que no es nada recomendable porque parece ser que es bastante peligroso (hace el recorrido en tan solo 6 horas).

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Si lo hubiese hecho todo por mi cuenta habría podido reservar ahí mismo el trayecto por menos precio, pero había decidido que ese día me lo diesen todo rodado, así que los euros que gasté extra tampoco me sentaron muy mal.


De Houayxai a Luang Prabang por el Mekong

Una vez en el embarcadero de Houayxai, nos dieron un rato para comprar algo de comida en alguno de los puestos y, finalmente, subimos al bote sobre las 12 del mediodía.

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Embarcadero en Houay Xai

No sé cuánta gente iba en cada una de estas embarcaciones, pero para resumir podría decir que muchos-muchísimos.

La experiencia del primer día fue muy buena porque, además de los turistas, había mucha gente local que iba bajándose en algunos de los poblados a orillas del río.

Los paisajes eran estupendos y tuve la suerte de conseguir un sitio en un lateral para ir a mi bola, relajado, mientras escribía y disfrutaba del viaje y sin que nadie me molestase.

A eso de las 17:30 llegamos a Pakbeng, que es el pueblo en el que paran las embarcaciones para dormir. Yo iba sin ningún tipo de reserva pero no pasa nada porque a la llegada hay un montón de gente ofertando sus hoteles y guesthouses. Yo conseguí una sencilla pero con habitación y baño individual (Phonephitack Guesthouse) por 40.000 Kip (4 €).

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Llegada a Pakbeng

Como ya se hacía de noche, me dediqué a patear un poco el pueblo buscando un sitio para comprar una SIM local (125.000 Kip) y cenar. Como era mi primer día en el país me decidí por probar el Lao Laap, una especie de carne marinada. ¡Buenísimo!

El segundo día por el Mekong transcurrió también sin ningún tipo de incidencia. Salimos a las 9 de la mañana (una vez más conseguí sentarme en un sitio pegado a la “ventana”) y llegamos a Luang Prabang a las 16.30.

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Segundo día de viaje por el Mekong

A pesar de ser un viaje largo el día se me pasó volando entre el trasiego de gente local y la tranquilidad del río, presagio del espíritu general de tranquilidad que reina en el país.

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La única pena del trayecto fue presenciar por primera vez el impacto que está teniendo la presencia China en el país, sobre todo en el aspecto fluvial. Están construyendo un montón de puentes, presas y embalses; lo que ocasiona que algunos ríos que habían sido siempre navegables ahora solo se puedan surcar en ciertos trayectos.

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Los Chinos cargándoselo todo

¡Una pena! La verdad es que los chinos se están cargando poco a poco parte del encanto del país

Una vez en Luang Prabang, descubrí que las embarcaciones paran realmente a varios kilómetros, así que tuve que subir a un tuk-tuk colectivo (20.000 Kip) que me dejó en la puerta del hotel, llegando prácticamente a la vez que mi amiga Isa que venía directa desde España (¡sincronización perfecta!).


Luang Prabang, la Ciudad Cuca del Sudeste Asiático

Parada obligatoria para cualquier viajero que visite Laos, esta icónica ciudad del Sudeste Asiático sigue conservando un gran atractivo a pesar del creciente número de turistas que la visitan cada año.

Su ambiente tranquilo y relajado ofrece una fabulosa alternativa al habitual bullicio de otras ciudad importantes como Bangkok, Yangon, Mandalay, Hanoi o Phon Penh.

Historia de la Ciudad

Con poco más de 55.000 habitantes, esta ciudad protegida por la UNESCO destaca por su legado de templos y edificios de la época colonial francesa, pero también por su curiosa ubicación, a orillas de dos grandes ríos.

Se cree que los primeros en asentarse en la zona llegaron del valle Nam Ou alrededor del siglo X d.C. guiados por Khoun Lo, que llamó al asentamiento Xieng Dong Xieng Thong (“Ciudad de Oro”). Tres siglos después, la ciudad era ya uno de los centros más importantes del mundo Lao y acabó siendo un estado dependiente del gran reino siamés de Sukhothai.

En el silo XIV pasó a ser un reino independiente (Lane Xang Hom Khao o “Tierra del Millón de Elefantes y el Parasol Blanco”). Posteriormente, y tras la invasión de la ciudad en 1478 por los vietnamitas, se inició una era de prosperidad en la que se construyeron templos y se trajo la estatua sagrada Pha Bang (que acabaría dándole a la ciudad el nombre de “Luang Prabang”).

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Vat Sene Souk Haram

Tras las invasiones birmanas del siglo XVII y la disolución del reino de Lane Xang Hom Khao, Luang Prabang pasó a ser un reino independiente bajo Kingkitsalat a principios del siglo XVIII. Décadas después, y tras varios episodios intensos con China y Siam, el reino de Luang Prabang se entregó a manos de los franceses.

Durante el período francés la ciudad fue reconstruida y permaneció tranquila, en parte gracias a su ubicación, algo remota para las rutas de comunicación de la época.

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Hoy en día, Luang Prabang es una ciudad muy tranquila

El fin de la monarquía llegaría definitivamente en 1975, cuando el Pathet Lao forzó la abdicación del rey, dando paso al nuevo gobierno comunista. Finalmente, el reconocimineto de la UNESCO en 1995 le dio a la ciudad un nuevo impulso, poniéndola en el punto de vista de muchos viajeros que anteriormente no habrían ni oído hablar de ella.

Cómo Organiza la Visita

La parte más importante de la ciudad se encuentra en una especie de pequeña península rodeado por los ríos Mekong y Nam Khan. Conviene buscar un alojamiento relativamente cercano (hay mucha oferta y de todos los precios) para poder moverse tranquilamente a pie por la ciudad, ya que realmente se presta a ello y los paseos resultan muy agradables.

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Ríos Nam Khan y Mekong

Nosotros nos alojamos en el Beauty Season 1935 Hotel, un hotel de clase media a 13€ la noche la habitación doble con baño y desayuno. Está muy bien situado (cerca del centro pero a la vez separado del bullicio) y el personal es muy atento.

Nuestro itinerario acabó siendo el siguiente:

  • Día 1 (tarde-noche): paseo por las calles Kingkitsarat y Soulivayongsa, que son las que bordean la península, para hacernos una primera idea de la ciudad.
  • Día 2: ruta a pie por los templos de la ciudad y las calles con edificios coloniales.
  • Día 3: excursión de día entero en moto hasta la catarata Kuang Si. Por la tarde-noche, nuevo paseo por el centro de la ciudad.
  • Día 4: tres días después, volvimos a pasar unas horas en Luang Prabang y aprovechamos para cruzar el río Mekong en barca y visitar “la otra orilla”.

En total, creo que más o menos dos días enteros para lo que es la ciudad en sí es suficiente para disfrutarla plenamente y en tranquilidad, aunque es fácil visitar lo importante en un único día o alargar la estancia para dejarse llevar por su ambiente y encanto.

Wat Xieng Thong (Vat Xiengthong)

Si hay un templo que nadie se puede perder en Luang Prabang, ese es el Wat Xieng Thong (“Monasterio de la Ciudad Dorada”, 20.000 Kip).

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Ahora vas y lo lees…

Aunque quizás compense dejarlo para el final para no eclipsar a los demás templos, vale la pena ir temprano por la mañana para evitar los grupos organizados de turistas (especialmente los grupos Chinos que son muy numerosos) y así poder disfrutarlo sin mogollón.

El templo principal o Sim fue construido en 1560 por el rey Setthathilat y es el edificio más grande que domina el complejo.

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Es uno de esos edificios en los que el exterior es realmente casi lo más impactante. Sus tejados están formados por curvas perfectamente trazadas, intentando evocar las alas abiertas de un pájaro.

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Los motivos dorados que decoran las muros tanto en su interior como exterior son también exquisitos, resaltando gracias al contraste con los tonos oscuros de las paredes.

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Me encantó en concreto la cabeza de elefante del exterior, que sirve para drenar al exterior el agua que se vierte por unos canales de su interior durante el festival del Año Nuevo.

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Pegada al Sim, está la alucinante Capilla Roja, que fue sin duda el edificio que más me gustó de todo el complejo, a pesar de su pequeño tamaño.

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Capilla Roja

Este pequeño santuario está ricamente decorado por pequeños mosaicos reflectantes de colores. Son una pasada, a veces lo más impresionante de un lugar es, realmente, lo más pequeño.

En su interior se guarda una de las imágenes de Buda Reclinado o tumbado de bronce más importantes del país.

Junto a la Capilla Roja, hay otros pequeños santuarios o estupas igualmente preciosos, por los que vale la pena deambular para contemplar todos sus detalles.

Por último, en la otra punta del complejo, hay una gran estructura en la que se guarda el Carruaje Funerario Real que fue utilizado para transportar los restos del Rey Sisavang Vong.

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En conjunto, el Wat Xieng Thong es una verdadera joya que además muestra un estilo diferente a lo que había visto ya tanto en Tailandia como en Myanmar.

Wat Sop Sickharam y Wat Sene Souk Haram

Pese a ser más modesto y pequeño que el Wat Xieng Thong, el Wat Sop Sickharam es ideal para ver a monjes haciendo algunas de sus rutinas diarias y disfrutar del legado cultural de Laos en tranquilidad.

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Tanto en este templo como en los que visitamos a continuación, estuvimos siempre solos (salvo por la compañía de los monjes y algún que otro gato).

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El Wat Sene Souk Haram es, sin duda, uno de los templos más lujosos de todo Luang Prabang, por lo que me sorprendió que no lo visitase nadie y que fuese gratuito (aunque se recomienda dejar una pequeña donación).

Su magnífica Sim bañada en oro es realmente espectacular. En este caso, el interior es más modesto y lo realmente impactante es el exterior.

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Junto al edificio principal hay una caseta en la que se guardan dos barcas estrechas y largas que se utilizan en el festival que tiene lugar cada año al final de la época de lluvias.

Wat Pa Phai y Wat Mai Suwannaphumaham

Del pequeño Wat Pa Phai cabe destacar dos cosas: el entorno en general, ya que está rodeado de una exuberante vegetación muy bien cuidada…

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… y su fachada principal, detalladamente decorada y pintada.

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El Wat Mai (10.000 Kip) tiene la Sim más importante de la ciudad después de la del Wat Xieng Thong. Aunque en general pueda parecer que no aporta nada nuevo, la calidad de alguno de los relieves es realmente impactante.

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Este es el último templo que vale la pena destacar. Visitamos también el Wat Sirimounghoun, pero realmente no nos aportó nada nuevo, por lo que se puede obviar perfectamente.

El Palacio Real

La visita al palacio real (30.000 Kip) es muy interesante. Acceder al recinto es gratis y se puede ver de cerca el Wat Ho Pha Bang, que inició su construcción en 1993 y tardó más de 20 años en completarse.

En su interior, está el emblemático Pha Bang, la imagen de buda de 83 cm de alto, símbolo y emblema del país. Aunque no se puede acceder a su interior ni fotografiarlo, sí se puede ver desde fuera.

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Vat Ho Pha Bang

Lo que realmente cubre el precio de la entrada es el acceso a lo que hoy en día se denomina Museo del Palacio Real que es, realmente, el antiguo Palacio Real construido en 1904 por los franceses.

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Además de lo bonito que es el edificio por fuera, la visita a su interior es realmente interesante ya que no es un palacio que haya estado excesivamente recargado y es un buen punto de partida para entender parte de la intrincada historia de este país.

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Al edificio no se puede acceder ni con calzado ni con cámaras de fotos (hay que pasar antes por una taquilla a depositarlo todo).

Como puede llevar un buen rato recorrer todas las salas y exposiciones, es un buen plana para las horas centrales del día, cuando el sol pega fuerte y la calle parece que se nos viene encima.

Phou Si: Puesta de Sol y Turisteo

La Colina o Monte Sagrado (Phou Si) fue el único sitio de la ciudad donde realmente notamos que sí, efectivamente, había unos cuantos turistas en la ciudad.

Aún así fue gracioso porque realmente pude identificar prácticamente a todo el mundo: o bien habían llegado conmigo en uno de los barcos del río Mekong o nos los habíamos cruzado antes en algún rincón de la ciudad.

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Inicio de la subida a Phou Si

Es decir, gente había, pero tampoco era un exceso.

Lo interesante de esta pequeña colina (20.000 Kip) es subir cuando aún es de día para disfrutar primero de las vistas de Luang Prabang y su precioso entorno natural…

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… y, después, quedarse descansando mientras se va poniendo el sol y el río se va tiñendo de diferentes tonalidades (a la vez que va llegando más y más gente, claro).

La subida es sencilla y, se tome el acceso que se tome (hay tres posibilidades en total), solamente hay que seguir los escalones hacia arriba ya que todos acaban confluyendo en el mismo punto.

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Luang Prabang desde las alturasasd

Aunque se puede decir que a estas alturas de la película yo ya tenía una buena sobredosis de puestas de sol asiáticas, un atardecer así de bonito sobre el mítico río Mekong la verdad es que no estuvo nada mal.

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Cuando ya era casi de noche, encendimos las linternas y bajamos por las mismas escaleras para buscar una terraza agradable donde cenar junto al río.

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¡Cierre de día estupendo!

El “Alms Giving” o la “Donación de Limosna”

Esto sí que está ya realmente pervertido por el turismo.

Esta tradición en la que los monjes deambulan en procesión por las calles de la zona más antigua de la ciudad es una de las imágenes más emblemáticas de la ciudad.

El origen y fundamento de la ceremonia se sustentan en la gente local, que sale a la calle de madrugada para poner arroz en los cestos de los monjes que caminan en procesión.

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Pero lo que debería ser un acto cultural, tradicional y de buena fe, se ha convertido en un espectáculo “de masas” buscando el añorado selfie para demostrar que “yo he estado ahí”.

Nosotros llegamos a las 5 de la mañana y, poco a poco, empezaron a llegar furgonetas (sí, sobre todo de chinos) impacientes por ocupar un lugar en la calle y hacer su ofrenda mientras 4 cámaras hacían fotos desde múltiples ángulos.

¿Vale la pena y es curioso de ver por el significado histórico y cultural? Sí.

¿El acto en sí se ha denigrado totalmente por culpa de los visitantes que arrasamos con todo sin importar su importancia para la gente local? También.

La Otra Orilla del Mekong

El Narnia de Luang Prabang está en el Río Mekong. El último día que pisamos Luang Prabang fue volviendo de Nong Khiaw, y como nos quedaron varias horas libres entre un autobús y otro, decidimos cruzar en barca el río Mekong y aventurarnos a ver qué había en la otra orilla.

Los precios que nos ofrecían nos parecían muy elevados, pero al final conseguimos que nos cobrasen 15.000 Kip a cada uno, después de regatear, por el viaje de ida.

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Cruzando a la otra orilla

Sorprendentemente, muy pocos turistas cruzan a este distrito (Chomphet) y, aunque no es tan bonito y elegante como el otro lado, sí que resulta interesante por significar un gran salto en el tiempo (hacia atrás, por supuesto).

La cuestión es que el puente más cercano para cruzar está a varias decenas de kilómetros, por lo que la única opción realmente viable es cruzar en una barca pequeña (como hicimos nosotros) o en un barco más grande que transporte motos o coches.

Nada más llegar nos encontramos con un entorno mucho más rural que Luang Prabang en el que los perros, gatos, gallinas y demás animales correteaban a sus anchas por las cuestas y calles.

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Lo primero que hicimos fue subir las escaleras hasta el Wat Chom Phet (10.000 Kip). El templo en sí no tiene mucho interés, pero las vistas de la desembocadura del río Nam Khan en el Mekong son muy bonitas.

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Ríos Nam Khan y Mekong

Después, seguimos caminando por el poblado de Xieng Men en el que solamente había gente local. Aunque se empieza a notar la llegada de la modernidad, aún está un par de décadas por detrás del centro de Luang Prabang, y pudimos ver a la gente local en sus actividades diarias.

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Poblado Xieng Men

Restaurantes en Luang Prabang

Nos dejamos llevar más por lo “bonito” que nos pareciese el sitio que por la preocupación de si realmente eran restaurantes totalmente locales o no.

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Terraza del Rosella Fusion

Creo que, igualmente, tuvimos bastante resultado, y aunque seguro que habría sido fácil encontrar comida más barata, al final acabamos comiendo o cenando siempre en sitios preciosos por una media de 60.000 Kip cada uno.

  • Rosella Fusion: en la calle Kingkitsarat. Buena comida con precios asequibles en una preciosa terraza junto al río Nam Khan. Nos gustó mucho y volvimos una vez más.
  • The Brother House: en la misma calle que el anterior pero en la acera de enfrente. No está junto al río, pero la terraza es muy bonita e, igualmente, es un sitio tranquilo con buena comida y atención excelente.
  • Bakery Café: calle Khem Khong, junto al río Mekong. Terraza tranquila, bien iluminada y con excelentes vistas sobre el río. La comida está bien, pero mejor en los otros dos sitios.

Catarata Kuang Si

Una de las grandes ventajas de Luang Prabang (además de ser una ciudad bonita, pequeña e histórica) es su entorno natural: montañas y agua.

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Catarata Kuang Si

Y en lo que a agua se refiere las cataras de Kuang Si merecen una mención especial porque son la perfecta excursión de un día para escapar del asfalto y relajarse en un precioso santuario natural con no demasiado bullicio de gente (sobre todo eligiendo bien las horas y el itinerario).

Lo más habitual es ir en una excursión organizada, pero como teníamos previstos dos viajes en moto de varios días por el país, nos pareció un buen momento para alquilar motos por primera vez y así ver cómo nos sentíamos conduciendo por las carreteras de Laos.

La respuesta: estupendamente.

A las 08:30 de la mañana alquilamos dos motos en un sitio muy cerca de nuestro hotel (hay bastante oferta en toda la ciudad) por 80.000 Kip cada una. Desde el centro de la ciudad, teníamos unos 30 kilómetros por carretera bastante llana, poco transitada (y a veces no muy bien asfaltada) hasta la entrada de las cataratas.

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Carretera a Kuang Si

El trayecto nos encantó. Una vez fuera de la ciudad, conducir por esas carreteras casi sin tránsito resultó ser algo muy relajante, y en poco más de 40 minutos estábamos ya en nuestro destino.

La Catarata y sus Rutas

La entrada al recinto cuesta 20.000 Kip y, una vez dentro, se puede optar por quedarse en la zona de baños más conocida, ir directamente a ver la caída mítica de la cascada o coger la ruta más larga para subir hasta lo más alto y después bajar progresivamente.

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Sendero de subida

Evidentemente optamos por la última opción, porque tampoco es que sea una gran subida y teníamos tiempo de sobra. Además, la gente que iba llegando optaba por las opciones fáciles y nos apetecía tener algo de vida salvaje para nosotros solos.

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La subida fue muy placentera y más y más bonita a medía que ganábamos altura. Una vez fuera de la carretera, comenzamos a subir unas escaleras muy artesanales que pronto empezaban a estar devoradas por el agua.

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Supongo que más avanzada la estación seca estos tramos de escaleras estarían sin agua, pero a mí me gustó mucho subir por ahí. ¡La naturaleza, como siempre, reclamando su lugar original!

Las vistas, en todo momento, de verdor y frondosidad intensas.

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Punto más alto de la ruta

Una vez arriba, nos ofrecieron montarnos en una barca de bambú  para ir al nacimiento del río que origina la cascada. Fue una buena decisión porque, por 10.000 insignificantes Kip, un señor muy amable nos llevó tranquilamente en la barca artesanal todavía más adentro de esa pequeña junglilla.

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Pensamos en bañarnos pero el agua estaba bastante fría, así que optamos por esperar un rato y buscar una de las pozas donde tuviésemos también algo de sol.

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Finalizado el paseo en barca de bambú, comenzamos el descenso por otro camino más empinado que el que habíamos tomado para subir, hasta que llegamos al mirador de la caída principal de la cascada.

Son en total 60 metros de caída de agua que va abriéndose y chocando con muchas rocas a la vez que forma pequeñas cascadas hasta caer a la primera gran poza.

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¡Una auténtica preciosidad! Y no solo la cascada… el color del agua era como para meterse dentro y beberla: pura, cristalina y aturquesada.

Tras admirar durante un buen rato la cascada, seguimos descendiendo hasta que encontramos una poza bastante grande, con algo de sol y prácticamente desierta.

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¡Ese era el rincón ideal para un buen baño!

Dejamos nuestras cosas en un banco y nos tiramos al agua que tenía temperatura estilo Rías Baixas classical style

En total, estuvimos más de media hora nadando, flotando, acercándonos a alguna de las pequeñas cascadas que caían en la poza y disfrutando del frescor de un agua realmente limpia.

Casi nos dio pena salir de la poza, pero empezaba a llegar gente (tampoco mucha) y ya habíamos disfrutado bastante de nuestra bañera natural privada, así que pusimos rumbo a nuestra siguiente parada: los osos.

Refugio de Osos

Este santuario (llevado por unos australianos) es el hogar de más de una docena de osos negros asiáticos que han sido rescatados del comercio ilegal.

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Aquí los cuidan y alimentan con la ayuda de las aportaciones de los visitantes (la entrada está incluida en el ticket de Kuang Si, pero venden camisetas muy bonitas y otro tipo de souvenirs) y el gobierno de Laos.

Los osos se ven desde bastantes puntos del parque. La ruta larga que tomamos nosotros pasa un par de veces muy cerca del recinto donde están los osos para, finalmente, llegar a la entrada más “oficial” (que cuenta con un mirador con bastante información y la tienda oficial).

Yo no conocía esta raza de osos. Son más pequeños de lo que estamos acostumbrados a ver o imaginar y resulta muy gracioso ver cómo interactúan entre ellos.

Es muy fácil que te vuele el tiempo sentado en un banco del mirador mirando para ellos. ¡Monísimos!

Mariposario y Vuelta a Luang Prabang

Muy cerca de Kuang Si, está este mariposario (40.000 Kip) que cuenta con más de 50 especies y que fue abierto en 2014 por una pareja holandesa.

Los dueños y trabajadores son muy amables y muy dispuestos a explicar y responder cualquier pregunta o curiosidad.

Y las mariposas son fascinantes. Nosotros fuimos algo tarde, cuando la intensidad de la luz estaba bajando, por lo que ya no estaban demasiado activas, pero aún así pudimos ver un montón, de muchos tipos y colores.

Especialmente curioso fue ver varias crisálidas en diferentes fases de metamorfosis. Alucinante.

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Con las pilas más que recargadas por el agua, los osos y las mariposas, iniciamos el camino de vuelta a Luang Prabang.

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Pero no todo iba a ser sencillo… A medio camino, mi amiga Isa notó que una de las ruedas de su moto estaba muy baja de arie, así que paramos en un taller de un poblado para que la hinchasen un poco, pensando que así aguantaría hasta llegar a la ciudad.

Y llegar llegamos y la rueda aún tenía bastante aire, lo que pasa es que el trayecto que había hecho sin aire antes de que nos diésemos cuenta forzó parte de la llanta y tuvimos que pagar nosotros el arreglo (que tampoco fue gran cosa, unos 150.000 Kip).

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Por si alguien lo duda: no, las motos que alquilas en Laos no tienen ningún tipo de seguro. En general, si la estropeas o te la roban… te toca apoquinar.

Pero bueno, es parte de la aventura, y hay que pasar por el aro.

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