Myanmar 2019 – Etapa 3 – Lago Inle: Dos Días en el Núcleo Turístico del País

La joya del Estado de Shan es uno de los destinos más turísticos de Myanmar. Aún así, vale la pena ir y dejarse llevar por su atmósfera relajada, la vida que rodea a sus aguas y la diversidad étnica y cultural de toda la zona. ¡Menos mal que al final no me lo salté!

La Importancia del Lago

Dejando de lado lo bonito que es (tanto el lago como su entorno), Inle es el hogar natural del os Intha o “Hijos del Lago”, descendientes de los Mon que se adaptaron a vivir en las aguas del lago al no tener realmente un territorio en propiedad.

De esta necesidad nacieron sus casas construidas directamente sobre el agua y también los jardines flotantes, que aún cubren una gran parte del extremo sur de Inle.

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Jardines de Inle

Como no podía ser de otra forma, la actividad más importante de la gente local de esta zona ha sido (y es aún) la pesca, por lo que resulta casi imposible no encontrarse con los tan fotografiados pescadores con sus barcas y sus utensilios de pesca tradicionales.

Cómo Llegar a Inle

Para empezar, es importante recalcar que prácticamente nadie se queda a dormir en el propio Inle. Aunque sí que existe la posibilidad de pernoctar en algunas cabañitas hiperturísticas, su precio echa rápidamente para atrás a cualquiera que llegue a planteárselo.

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Estampa típica del Lago Inle

Tanto por economía como por comodidad, la inmensa mayoría de la gente se queda en Nyaungshwe, una pequeña ciudad que ha nacido por y para el lago y que está situada al norte del mismo, conectada por un canal.

Lo más normal es llegar directamente a Nyaungshwe en autobús (salvo que se haga el trekking desde Kalaw), ya sea desde el propio Kalaw o desde Yangon, Mandalay, Bagan, Taunggyi o cualquier otra conexión. Existe también un tren eterno, en cuanto a duración se refiere, que debe ser muy bonito, pero no conozco a nadie que lo haya cogido.

Otra opción es el avión, utilizando el aeropuerto de Heho (a medio camino entre Inle y Kalaw), pero salvo que se ande muy mal de tiempo poca gente utiliza esta opción.

Para los que hagan el trekking como yo, lo normal es llegar en barca al centro de Nyaungshwe entre las 2 y las 3 de la tarde, lo que da tiempo de sobra a instalarse en el hostal (en mi caso repetí cadena: Ostello Bello, 20.000 Kyats en habitación compartida aunque increíblemente estuve las dos noches solo) y hacer aún alguna actividad corta por la tarde.

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Ostello Bello

¿Qué Hacer en Inle?

Puede parecer que una vez visto el lago ya se han terminado todos los planes en la zona, pero es justo lo contrario…

Para empezar, un buen tour completo del lago lleva tranquilamente entre 7 y 9 horas, con lo que ya se invierte casi todo un día en esa excursión.

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Vendedora del Lago Inle

Pero también se puede visitar un buen trozo del lago por tierra, y hacerlo en bicicleta es una opción cada vez más popular. Además, se puede combinar con la visita a la Bodega de la Montaña Roja para probar el vino local (que fue realmente lo único con lo que me quedé con ganas de hacer).

En Nyangshwe no hay gran cosa que visitar aparte de los típicos mercados estilo Myanmar, pero sí es un buen sitio para organizar excursiones o relajarse con unos buenos masajes.

De todo lo que rodea a Inle, yo creo que la excursión de medio día más interesante es a las pagodas (o Espagueti-Pagodas como las llamo yo) de Kakku, un sitio único y especial que no se abrió al turismo hasta inicios del siglo XXI.

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Las pagodas de Kakku

Por otro lado, si se tiene la suerte de llegar a la región en la época del Festival de los Globos de Fuego de Taunggyi (suele coincidir a principios de noviembre), es de obligatorio cumplimiento ir a pasar allí una tarde para ser testigos in situ de la locura absoluta que es ese festival… ¡Están como cabras!

Otra opción podría ser una visita a las Cuevas de Pindaya, algo que me había planteado, pero como ya iba a visitar cuevas parecidas en Hpa An y algunos de los comentarios que leí daban a entender que tampoco eran gran cosa, decidí finalmente saltármelas y ayudar así a que todos los demás planes encajasen mejor (vamos, que me deshice del rival más débil).


Del Agua al Fuego: Festival de Taunggyi

En la entrada anterior hablé ya de lo majo que había resultado mi grupo del trekking de Kalaw a Inle y de lo bien que congeniamos todos desde un principio.

Así que, a pesar de que evidentemente la gran mayoría íbamos a seguir caminos diferentes, decidimos aprovechar que llegamos antes de lo que pensábamos a Nyaungshwe para seguir juntos esa tarde e ir en bloque al Festival de Globos de Fuego de Taunggyi.

Taunggyi Pasado Por Agua

Decidimos preguntar en los hostales más grandes aprovechando que yo me quedaba en el Ostello Bello y Sophie y Elien (las chicas belgas) en el Baobabed. Al final la opción más económica y con más tiempo era la del Baobabed ya que nos ofrecían una especie de camioncillo para los 9 por 8000 Kyats cada uno, saliendo del hostal a las 4 de la tarde y volviendo sobre las 12 de la noche.

¡Genial! Teníamos hasta tiempo de sobra para darnos una ducha e incluso relajarnos un rato antes de ir al famoso festival.

Este evento tan sumamente famoso en todo el país no es más que la adaptación local del Festival de las Luces de Tazaungdaing que tiene lugar todos los años durante aproximadamente una semana coincidiendo con el día de luna llena de Tazaungmon (casi siempre en noviembre, como comentaba antes).

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La cosa va de enviar pequeñas “bombas” al cielo…

En concreto, en la celebración de Taunggyi (que de no ser por este festival tampoco es un sitio con demasiado interés) se juntan hordas de gente para ver los globos aerostáticos que se lanzan al cielo decorados con velas que dibujan diferentes imágenes o, mucho más a lo loco, cajas enteras de fuegos artificiales.

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Preparando la caja con la artillería…

Vamos, que es tan sumamente locura que lo habitual es que todos los años muera alguien en algún accidente relacionado con los globitos, así que lo mejor es mantener una distancia prudencial o, de meterse en el cogollo como hicimos nosotros, hacerlo con mucha cautela.

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¡Toma fuego!

Total, que a las 4 de la tarde estábamos todos puntuales, limpios y frescos después de una ducha reparadora no-estilo-cubo, en la entrada del Baobabed Hostel para irnos a Taunggyi.

Con lo que no contábamos era con la tormenta del siglo… Nada más salir de Nyaungshwe empezaron a caer las primeras gotas, y para cuando llegamos a Taunggyi (una hora después), llovía como si estuviese empezando el diluvio universal.

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En grupo al Festival de Globos de Fuego de Taunggyi

¡Qué mala pata! Porque si llueve mucho los globos no salen, y por lo tanto no hay espectáculo, pero bueno, no perdimos la fe y nos compramos unos ponchos de plástico bien duro y resistente para ir igualmente hasta el recinto.

Por el camino era todo una locura. Había un montón de calles de la ciudad totalmente cortadas al tráfico y rebosantes de millones de chiringuitos tipo mercadillo vendiendo de todo.

Cuando llegamos al recinto central seguía lloviendo sin parar, pero la gente seguía viniendo en masa y no se les veía muy preocupados por el aguacero. La mayoría seguían caminando tranquilamente, comprando comida en alguno de los puestos de arroz, noodles o fritos.

Pero nosotros estábamos totalmente desubicados. No sabíamos ni dónde era exactamente lo de los globos, ni qué íbamos a hacer con tanta lluvia, así que encontramos un sitio para resguardarnos y esperar un poco con la esperanza de que se calmase un poco la intensidad de la tormenta.

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Protegiéndonos de la lluvia con nuestros ponchos rosas clónicos

Y fue entonces cuando un policía que se apiadó de nosotros cogió un paraguas y nos indicó que le siguiésemos. No teníamos ni idea de adónde nos llevaba, pero cualquier cosa era mejor que quedarnos donde estábamos a esperar algo que a lo mejor era imposible.

Pues bien, el policía en cuestión nos llevó hasta una especie de “Palco VIP” que ponen para ver los globos desde una distancia segura y, lo mejor de todo… ¡Con techo!

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Palco VIP para no mojarnos ni “arder”

Menudo lujo. ¡Teníamos sillas y todo! Así que nos sentamos, pusimos nuestros ponchos a secar y nos alegramos al ver que la lluvia estaba parando… ¡El espectáculo iba a comenzar!

La Locura de Los Globos

Finalmente tuvimos suerte (será del karma acumulado durante el trekking) y la lluvia paró por completo. Mientras preparaban el primer globo aprovechamos para ir a comprar algo para cenar en alguno de los puestos.

Yo me compré unos noodles estilo Shan con dos huevos cocidos, todo para llevar por 1500 Kyats. Un chiste vamos. Y además estaban buenísimos.

Así, con el estómago contento también, nos sentamos a ver por fin qué se cocía en este festival tan afamado… ¡y tan peligroso!

El primer globo empezó a hincharse poco a poco, mostrándonos los dibujos trazados por los cientos de velas utilizadas.

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Al cabo de un par de minutos estaba ya levantando el vuelo. Fue entonces cuando vimos que también había una segunda parte que iba en una especie de anexo colgante y que ponía “AOT”.

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No teníamos ni la más remota idea de qué quería decir eso de AOT, pero tampoco nos importaba mucho… Estábamos demasiado absortos viendo cómo el globo iba elevándose poco a poco hasta transformarse en un pequeño punto luminoso del oscuro cielo nocturno como para preocuparnos por el significado de los mensajes.

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¡A volarrrr!

Con el primer globo ya fuera de órbita, vimos cómo empezó el movimiento frenético de gente y furgoneta para montar el tenderete del siguiente globo.

Nos sorprendió mucho lo rápido que lo tuvieron listo (¡en este país tan lentos para unas cosas pero tan eficientes y rápidos para otras!) y cómo en un abrir y cerrar de ojos estaban ya en proceso de lanzarlo.

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Esta vez nos tocó una imagen de Buda. ¡Por supuesto no podía faltar un Buda en un festival de Myanmar!

La verdad es que tenía un toque bastante surrealista ver esa imagen de Buda hecha con velas elevándose indefinidamente hasta desaparecer de nuestra vista….

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Por ahora la cosa pintaba bien, y todo indicaba que se acercaba el momento de los globos más locos (los peligrosos de los fuegos artificiales).

Sophie, Elien y yo decidimos probar suerte y bajar al recinto a mezclarnos un poco con el mogollón y ver así cómo los preparaban y cómo llevaban a cabo todo el proceso.

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Montando el tenderete para el siguiente globo

¡Menudo jolgorio que había! Gente bailando, tocando platillos, emocionados porque iban a lanzar su globo en el que a saber cuánto tiempo habían estado trabajando….

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La gente iba como loca de la emoción

Por otro lado, hileras de policías o bomberos protegidos con escudos y equipados con extintores.

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Esto daba un poco de mala espina, pero ya que estábamos allí teníamos que vivirlo en primera persona.

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Y entonces, cuando el globo estaba listo, le acoplaron un tremendo arcón lleno de petardos, fuegos artificiales y cablecitos…

Cruzamos los dedos para que todo saliese bien porque daba la impresión de ser demasiado rústico y poder estallar en cualquier momento (¡horror!), pero la adrenalina nos mantenía clavados allí mismo sin movernos ni un ápice.

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Esto tiene pinta de hacer mucho ruido…

Tres, dos, uno… ¡Llegó el momento! Y todo ocurrió más rápido de lo que creíamos. El globo empezó a elevarse y los fuegos artificiales empezaron cuando la caja aún no levantaba ni 4 metros del suelo…

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¡Menuda locura! Los petardazos y fuegos pasaban por encima de nuestras cabezas como si fuesen gaviotas sobrevolándonos para robarnos la comida. Normal que todos los años la palme alguien… ¡Están locos!

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Pero mentiría si dijese que no disfrutamos de esa locura. Los reflejos nos llevaron a apartarnos rápidamente unos metros, pero cuando el globo estaba ya más alto volvimos a acercarnos para ver cómo seguía disparando fuegos artificiales sin parar en todas las direcciones.

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¡Venga a lo loco!

El Festival de Globos de Fuego de Taunggyi estaba enseñándonos todo su potencial.

A pesar de que estábamos cansados (en el fondo habíamos llegado a Nywaungshwe unas horas antes después de 3 días de trekking), el cuerpo nos pedía quedarnos aún a ver otro globo más, así que esperamos en el recinto para volver a ver la dinámica de montaje desde el principio, porque es realmente apasionante.

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Este segundo globo de fuegos artificiales fue algo más seguro. Empezó a elevarse apaciblemente y no empezó a disparar los fuegos hasta que estuvo al menos a 20 metros por encima de la gente que seguía bailando y disfrutando del momento como si fuese el momento culmen de todas sus vidas.

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¡Una suerte haber presenciado todo esto!

Con este globo ya en la estratosfera (por lo menos), volvimos al cobertizo a reunirnos con nuestros compañeros y volver juntos en grupo a la camioneta que ya debía estar esperándonos para llevarnos de vuelta a Nyaungshwe.

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Cuando llegué a mi hostal pasada la medianoche, me tumbé en la cama y me paré unos minutos a pensar en todo lo que había hecho y lo bien que lo había pasado esos últimos días.

¡Myanmar estaba siendo un auténtico disfrute!


Pagodas Espagueti de Kakku

Tenía claro que Kakku era uno de los sitios de Myanmar a los que no quería renunciar bajo ningún concepto. También sabía que iba a necesitar compañeros de escapada o que si no me iba a salir algo caro, pero daba igual: ¡tenía antojo de ir y punto!

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Con lo que no contaba era con lo fácil que iba a ser conseguir compañía, ¡e incluso con un par de días de antelación!

El segundo día del trekking de Inle paramos a comer en una casa en la que conocí a un grupo que estaba haciendo la versión corta (2 días y 1 noche en vez de 3 días y 2 noches) y entre ellos estaban Ester y Adonay, dos canarios majísimos que también tenían pensado de alguna forma u otra ir a Kakku una vez llegásemos a Inle.

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¡Las pagodas espagueti!

Intercambiamos el teléfono por si no coincidíamos en lo que quedaba de trekking y al final, al llegar a Inle, nos pusimos en contacto y programamos la visita a Kakku para la mañana siguiente a nuestra.

Como yo estaba en el Festival de Taunggyi e iba a llegar algo tarde se ocuparon ellos de reservar el taxi con su hotel. Total, al final es una excursión más o menos establecida en Inle y todos los taxis cobran una tarifa fija: 50.000 Kyats por el viaje de ida y vuelta (que dura aproximadamente una hora y media cada trayecto) y tiempo de espera de 2 horas (que puede parecer mucho, pero una vez allí te lías y… ¡el tiempo se va!).

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Este bonito conglomerado de pagodas (5000 Kyats la entrada) situadas en una zoma algo remota al sur de Taunggyi en un cuadrado de 300m de largo y 150m de ancho se remonta al siglo XII, cuando el Rey Alaungsithu de Bagan construyó, supuestamente, una pagoda en ese mismo sitio.

En la actualidad hay cientos de ellas, organizadas o en perfectas hileras o en plazas algo más caóticas por las que da un gusto tremendo pasear.

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Me encanta este sitio

Al llegar puede parecer que todas son iguales, copy + paste, pero no, hay que fijarse con calma para ver las diferencias y detectar las construcciones que son completamente diferentes a la mayoría (¡que las hay!).

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Nosotros llegamos a Kakku sobre las 10:30 de la mañana y nos quedamos hasta algo después de las 12:00, y en todo ese rato no nos encontramos más que con algún que otro monje y gente local.

Me lo esperaba bastante más concurrido de turismo la verdad, pero oye, ¡mucho mejor así! Ya nos llega con la dosis de turismo que hay en Inle. Aprovechamos el momento de tranquilidad que la suerte nos había otorgado y nos dedicamos a caminar incesantemente de un lado a otro.

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Grupo de chicas que nos pidió hacer una foto

Antes de irnos fuimos hasta el pequeño estanque (bueno, más bien “poza de agua” que hay entrando al recinto a la derecha.

El susodicho estanque es feo de caray, pero es cierto que el agua en reposo da la oportunidad de hacer unas fotos preciosas jugando con la simetría. ¡No hay que perdérselo!

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Nos alegramos mucho los tres de haber ido hasta Kakku y además, por mi parte, me lo pasé muy bien hablando con Adonay y Esther de viajes, de las Canarias, de Galicia y de Navarra.

Con compañeros así da gusto viajar solo y unirte a los planes que vayan surgiendo.

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Ya de vuelta en Nyaungshwe (casi las 2 de la tarde), decidí darme un homenaje y comer en un sitio de pancakes del que me habían hablado y que quedaba muy cerca del hotel de los canarios, que es donde nos dejó el taxi.

La verdad es que me esperaba algo rico, pero no tanto… Por 9000 Kyats me tomé un pancake con cebolla, tomate, huevo y queso, un batido de chocolate y un pancake de postre con chocolate y plátano.

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Gordura de la buena

Acabé tan lleno y llevaba tanto tute acumulado desde días atrás que había llegado el momento de hacer una pausa, descansar en el hostal y tomarme la tarde de relax con un buen masaje en el Aqua Lillies Spa (algo más caro que en otros sitios, 30.000 Kyats por 90 minutos, pero la profesionalidad del personal y la limpieza y cuidado del sitio son innegables).

El masaje fue tan perfecto que la tormenta de turno que tocaba para ese día estalló nada más empezar, haciendo que lo disfrutase aún más (¿puede haber algo mejor que un buen masaje con el ruido de lluvia y tormenta de fondo?).

Eso sí, al salir tuve que volver al hostal en tuk-tuk porque a pesar de estar a poco más de 1 kilómetro las calles eran ríos y seguía lloviendo sin parar.

¿No se supone que noviembre es ya el inicio de la época seca? El cambio climático está poniendo al mundo entero patas para arriba.


Ruta en Barca por el Lago Inle

La actividad estrella del lago. Muy típica, muy turística, algo preparada… ¡pero imprescindible!

Para hacer el tour en barca me junté de nuevo con Elien y Sophie. Reservamos en el Baobabed una barca para los tres (27000 Kyats en total, 9000 cada uno) para salir a las 5 de la mañana y pasar 9 horas recorriendo algunos de los puntos más interesantes del lago.

¡Otra vez madrugón! Está claro que viajar por Myanmar sin madrugar no es conocer Myanmar… Y de Inle me iba a ir directamente a Bagan, donde tendría que seguir con madrugones para poder ver sus famosos amaneceres…

Está claro que en algún momento tendré que hacer un parón para dormir y pochar, jajaja.

Amanecer en el Lago, Taller de Plata y Phaung Daw Oo Pagoda

Me levanté a las 4:30 de la mañana para hacer el check-out exprés, dejar mi mochila en el guarda equipajes y llegar a tiempo al Baobabed (¡madrugón e intensidad non-stop!).

Un par de minutos antes de las 5 me planté allí y en ese momento justo salieron mis amigas belgas a hacer el check-out. Dejaron sus mochilas a buen recaudo y un señor nos metió en un tuk-tuk y nos llevó a un embarcadero para empezar el recorrido.

Durante ese primer trayecto motorizado yo iba aún un poco “alelado”, pero cuando subimos a la barca ya me despejé por completo.

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Me alegré bastante al notar un poco de “fresco” en el cuerpo, sensación completamente anodina en Myanmar y que echaba de menos (OJO, tuve un poco de fresco solo durante las dos primeras horas y cuando estábamos en movimiento por la sensación térmica de la brisa… Estando quietos ni frío ni ná).

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Amanece en Inle

Como el día empezó nublado no pudimos ver el amanecer, pero fue muy relajante quedarnos tranquilamente flotando sobre las aguas, viendo cómo iba naciendo el día a la vez que la gente local empezaba sus rutinas diarias de trabajo.

El Lago Inle no se detiene, haya o no turistas.

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La primera parada la hicimos en un taller de plata. Por supuesto este tipo de visitas tienen el objetivo final de que compres algo, pero igualmente resulta interesante ver cómo trabajan (la plata, en este caso) y visitar algunas de estas casas que parecen flotar sobre el lago.

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Una chica muy amable y sonriente nos recibió y nos hizo una explicación en 5 minutos muy bien condensada de cómo trabajan la plata y de de qué partes del país la traen.

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Del taller continuamos a la Phaung Daw Oo Paya, una pagoda flotante que carece totalmente del encanto que tenía la del Lago Indawgyi, pero en la que vale la pena parar para ver la devoción de la gente local en primera persona.

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Lo más interesante es ver a los fieles aportar sus pequeñas hojas doradas al grupo de 5 pequeñas figuras de Buda (aunque a mí me parecían más bien cacahuetes) que hay en el centro del edificio y que incluso tiene una retransmisión en directo por una pantalla.

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La visita no estuvo mal pero no entra en lo mejor que tiene que ofrecer el Lago.

Indein y sus Pagodas: El Pueblo Sorpresa

Continuando hacia la parte sur del lago empezamos a desviarnos por unos canales mucho más estrechos que supusieron una variación de paisaje: de la inmensidad del centro del lago a navegar rodeados por vegetación selvática.

Nos gustó mucho esta parte del trayecto pero más aún nos gustó el pueblo al que fuimos: Indein (o Inthein), que fue la parte del día que más disfrutamos.

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Lo primero que hicimos fue dar un buen paseo por el mercado que tiene una parte totalmente rústico y local pero también otra parte más turística con los típicos puestos de recuerdos, cosas de plata y demás (pero a buen precio).

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Cruzando hacia la otra orilla del pueblo nos adentramos en el conjunto de ruinas conocido como Nyaung Oak Pagodas: un grupo de estupas en ruinas con varias esculturas interesantes (Budas, chinthe, elefantes…) y, sobre todo vegetación.

¡Mucha vegetación! Lo mejor de este sitio es la mezcla y simbiosis perfecta entre las ruinas y la naturaleza. Me encanta cuando los árboles reclaman su sitio y empiezan  devorar y asimilar construcciones y ruinas antiguas.

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Especialmente alucinante fue una estupa con un árbol que había ido creciendo por su interior… ¡Una pasada!

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Nos sorprendió además que no había nada de turismo. Creo que tuvimos suerte por haber empezado el recorrido en barca muy temprano (5 de la mañana), porque aparentemente Indein es uno de los sitios más visitados por los grandes grupos de todo el entorno del lago, pero en fin… ¡Mucho mejor así!

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Siguiendo colina arriba por un pasadizo amplio, grande y cubierto, se llega a la Shwe Indein Paya: una colección de estupas de los siglos XVII y XVIII colocadas de forma que pueden recordar a Kakku (pero sin llegar a atisbar la grandeza de las Espagueti-Pagodas).

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Aún así, es un sitio bonito para dar un par de rodeos a su estupa central mientras se disfruta de las mini estupas blancas y doradas.

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Una vez más, salvo una pareja de turistas y algo de gente local, no había nadie visitando el lugar.

Últimos Talleres y Monasterio

Claramente habíamos hecho ya la parte más importante del recorrido, pero aún nos quedaban un par de paradas antes de volver a la ciudad.

De Indein nos fuimos directamente a un taller de costura en el que trabajan con el loto. Allí vimos cómo una mujer rompía los tallos y obtenía las fibras que posteriormente transformarían en hilo con una rueca tradicional para llevar a los telares.

¡Un trabajo de mil demonios! Pero parece ser que la fibra en sí es resistente a todo, y que cualquier cosa que compres que esté hecha de loto durará para toda la vida (y más le vale, porque mejor no hablar de los precios).

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Del loto continuamos a un taller de reparación y construcción de las barcas tradiciones que se ven en el Lago Inle.

Aunque no teníamos excesivo interés, entramos también en la fábrica de tabaco “burmés”, ya que estaba justo en el mismo sitio que la de las barcas. Aquí lo realmente sorprendente fue cronometrar a una de las mujeres: ¡28 segundos en preparar cada uno de los cigarros birmanos a mano! Y lo hacía todo casi sin mirar.

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El último taller del día (y, quizás, el más turistizado) fue el de las Kayan (Paduang), las famosas mujeres del “cuello largo”.

Aunque realmente los poblados originales de las Kayan están más al sur cerca de Loikaw, el lago les permite a algunas de ellas vender sus telas y creaciones y, a pesar de lo “preparado” que puede parecer, realmente son mujeres originales de las tribus y no una falsedad (el cuello las delata).

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Tras tanto taller seguido nos dirigimos a la última parada: el Monasterio Ngaphe Kyaung, también conocido como el “Jumping Cat Monastery“, aunque desgraciadamente ya no hay Jumping Cat ni casi cats realmente (parece ser que hace unos años trasladaron a casi todos los gatos a otro sitio, aunque alguno aún queda por ahí).

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Lo más bonito del monasterio es la tranquilidad que se respira y la sensación de estar caminando por una edificación de teca en medio de un lago. Además los budas tallados en madera de su hall principal son estupendos.

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Una bonita última parada para el tour del lago. Cuando nos dimos cuenta llevábamos ya casi 8 horas de recorrido… ¡Y aún no era ni la 1 de la tarde!

Vuelta a Nyuangshwe y Rumbo a Bagan

Ya surcando las aguas principales de Inle entramos de lleno en su vida frenética. El lago nada tenía que ver con el sitio tranquilo y apacible de las 5 de la mañana…

Ahora era un lugar de trabajo, con pescadores haciendo su jornada y barcas motoras por todas partes (algunas de turistas y otras de gente local) transportando pasajeros de un lado a otro.

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En ese último rato por las aguas de Inle nos relajamos en nuestros asientos y disfrutamos del viaje, de las vistas y del movimiento humano.

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Pescadores del Lago Inle

Cuando llegamos a Nyaungshwe les comenté a Sophie y Elien que estábamos muy cerca del sitio de los pancakes, así que nos fuimos juntos allí a comer. Yo repetía, pero me dio igual porque realmente están buenísimos, y de vez en cuando una alternativa a los noodles y el arroz sienta bien.

Después de comer nos separamos. Ellas se fueron a su hostal y yo a darme un masaje de pies en el Aqua Lillies Spa (18.000 Kats) de una hora antes de poner rumbo a Bagan.

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Aqua Lillies Spa

Había comprado varios días antes un billete de autobús de Nyaungshwe a Bagan con J.J. Exprés (25000 Kyats), una de las compañías más caras pero también de las más cómodas para hacer el trayecto nocturno y así llegar antes del amanecer a Bagan y poder disfrutar ya de todo ese primer día allí.

Hay que tener cuidado porque es un trayecto muy codiciado y tampoco es que haya tantos buses. De hecho, Elien y Sophie no encontraron billete y tuvieron que irse en una especie de minivan improvisada que fue bastante más tortuosa que mi autobús.

Así que después del masaje, volví al hostal, me di una ducha en los baños de la planta inferior, me relajé un rato, cogí mis cosas y puse rumbo a uno de los sitios más mágicos (y quizás el más conocido) de todo Myanmar: Bagan.

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