Tailandia 2019 – Etapa 1 – Ayutthaya: La Otra Gran Capital de los Tais

Un estupendo respiro del mogollón urbano que es Bangkok. La antigua capital de Tailandia ofrece un perfecto contraste de ritmo de vida, densidad de gente y estilo de templos para disfrutar con calma de su estupendo legado histórico.

Un Poco de Historia

La ciudad (reconocida por la UNESCO en 1991) debe su nombre a la ciudad india de Ayodhya, lugar de nacimiento del legendario héroe del Ramayana, Rama.

Fue fundada en 1351 y se expandió rápidamente gracias al creciente comercio entre India y China, pero el inicio de su apogeo no llegaría hasta el siglo XV, cuando ocupó el espacio dejado por el declive del imperio Khmer en Angkor y el primer reino Thai de Sukhothai.

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Wat Ratchaburana

Ayutthaya se convirtió en un imperio que ocupaba aproximadamente el territorio de lo que hoy es Tailandia y, su capital, llegó a ser una ciudad de más de un millón de habitantes.

Sin embargo, en 1767 y tras cuatro siglos de estabilidad y prosperidad, las continuas tensiones con los Birmanos provocaron el asedio, captura y expolio de Ayutthaya; quedando abandonada a expensas de la jungla, pero nunca olvidada.


Cómo Planear la Visita

Aunque hay mucha gente que decide quedarse a pasar la noche, si no se dispone de tiempo suficiente o no se tiene especial interés en cambiar el campamento base de Bangkok, se puede hacer perfectamente una visita de un día entero para recorrer todo lo principal e incluso partes secundarias.

Sí que conviene, en ese caso, llegar bastante temprano para no sentir la necesidad de apurar a medida que se acerque la hora de retorno (el conjunto de templos es realmente bonito y lo óptimo es dejarse llevar sin sentir la constante presencia amenazante de una hora límite).

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Wat Phra Si Sanphet

Buscando los horarios de tren por Internet me encontré con un montón de viajes organizados desde Bangkok con unos precios totalmente abusivos. Que quede claro que no compensa de ninguna manera (al menos a mi juicio) ir a Ayutthaya en uno de estos tours para turistas… Toda la logística es suficientemente sencilla como para hacerlo de forma independiente… ¡y muy barato!

El Transporte: menos en avión (aunque vete a saber si hay alguna avioneta para turistas adinerados), se puede ir en todos los medios: barco, bus y tren. Los dos últimos son los más habituales y económicos. Una vez más, como siempre que es posible elegir, yo opté por el tren, saliendo en uno de los primeros de la mañana (sobre las 06.30) y regresando en el tren de las 18.00. Cada trayecto me costó 20 Baht (¡menos de un euro!).

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Listado de trenes retrasados en la estación de Bangkok (sí, todos…)

Moverse por Ayutthaya: una vez allí, la oferta de tours in situ es también bastante elevada: tours en barco, tours en furgoneta, tours en tuk-tuk, tours en bicicleta… Teniendo en cuenta que casi todas las distancias son asumibles y que el terreno es prácticamente llano en su totalidad, opté por la bicicleta y acabé pasando un día estupendo pedaleando de una esquina a otra (el alquiler me costó 50 Baht para todo el día).

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Mi bici achicharrándose al sol en Phra Mongkhon Bophit

La Ruta a Seguir: esto es algo ya muy personal. Al comprar el ticket que incluye todas las ruinas (220 Baht, algo más barato que pagar una a una) me dieron un mapa muy bien trabajado con todos los templos, pero al final yo seguí el maps.me y me fue muy bien.


Mi Recorrido por Ayutthaya

Nada más bajarme del tren, crucé la carretera y alquilé la bicicleta. Aún no eran ni las 9 de la mañana y tenía que devolverla como muy tarde a las 5 de la tarde, así que tenía tiempo de sobra. Siguiendo un caminito que salía a mano izquierda, fui hasta un pequeño embarcadero con un transbordador (5 Baht por persona y otros 5 Baht por bicicleta) que cruza en un par de minutos a la pseudo-isla donde está la gran mayoría de monumentos.

Se puede ir en bicicleta, pero hay que pasar por uno de los puentes llenos de tráfico que comunica las carreteras principales con el centro de Ayutthaya, y es un poco horroroso…

También se puede alquilar la bicicleta después de coger el barquito, pero me interesaba alquilarla cerca de la estación porque aún no tenía muy claro hasta dónde quería llegar con el pedaleo.

Una vez al otro lado, puse el dedo en el mapa con la clara intención de ir primero al sitio más turístico de todos, comprar el billete, y esperar que en los demás monumentos no hubiese demasiado mogollón…

Wat Phra Mahathat: Cuando lo más Famoso no es lo Mejor

Lo primero que se le suele venir a la cabeza a la gente que ha leído sobre Ayutthaya o ha visto alguna foto o publicidad es la archifotografiadísima cara de Buda rodeada por las raíces de un árbol de Bodhi.

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“¡¡Sacadme de aquíiiii!!”

Pues bien, dentro de lo curioso que resulta el asunto, yo creo que no es ni lo mejor de Ayutthaya… ¡ni lo mejor de este propio templo!

Pero nada, todo el mundo ahí como locos haciéndose millones de fotografías en 47 posturas diferentes mientras el resto de las ruinas de Wat Phra Mahathat estaban prácticamente desiertas para el resto de exploradores. ¡Muchas gracias Instagram!

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Este templo debió ser uno de los más majestuosos de Ayutthaya y la leyenda cuenta que el Prang principal (de 38 metros de altura) llegó a albergar restos del propio Buda. Sin embargo, ya solo quedan restos de esta estructura rodeados por varias estupas, pequeños prangs y restos de esculturas de Buda (la mayoría sin cabeza… curioso).

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Un buen sitio para empezar el recorrido, tachando así de la lista el monumento más concurrido y abriendo el apetito para todo lo que viene después.

Wat Ratchaburana

A poco más de un tiro de piedra de Wat Phra Mahathat, está esta hermosa torre construida en 1424 por el rey Boromraja II como homenaje a sus hermanos que se habían matado en un duelo con elefantes por la disputa al trono.

Además de la popular torre a la que se puede subir y entrar, hay cuatro chedis de estilo Sri Lanka simétricamente colocados a su alrededor.

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En comparación con el anterior, estas ruinas las visité totalmente solo… ¡y eso que están literalmente a 100 metros de las otras!

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Un ejemplo más del poder que tiene la necesidad de hacerse una foto en el sitio más instagrameable…

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Dentro del prang hay unos escalones que bajan hasta una cripta, pero no pude acceder porque estaban en reformas. Buscando otra forma de bajar lo único que me encontré fue un arsenal de murciélagos en la sombra esperando tranquilamente a que bajase el sol para entrar en acción.

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Decenas de Batman Tailandeses

¡Glup!

Wat Phra Ram

Precioso y perfecto prang de finales del siglo XIII, bastante parecido al anterior pero algo más escondido.

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Aunque la estructura en sí se ha mantenido bastante intacta, queda poco de la decoración externa de estuco (algo que sí se aprecia mejor en Wat Ratchaburana), pero aún así el sitio es fantástico: cielo azul, manto verde, ruinas magníficas y nadie en decenas de metros a la redonda.

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Viharn Phra Mongkhon Bophip: El Palacete

Después de empaparme de los tres recintos anteriores, me apetecía hacer un pequeño cambio de estilo y también sentarme un rato a beber algo frío porque estaba pasando un calor de mil demonios.

Revisando el mapa, vi que estaba bastante cerca de este moderno salón, réplica del original, construido en 1956 con ayuda de los Birmanos como muestra de reconocimiento a la devastación que habían llevado a cabo en la ciudad 200 años atrás.

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El edificio es bastante bonito y, a pesar de ser muchísimo más moderno que todo lo que le rodea en un par de kilómetros en todas las direcciones, encaja de manera bastante decente en el conjunto de templos a visitar en Ayutthaya.

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Nada más llegar aparqué la bici junto a una sombra que no duraría demasiado (de esto me di cuenta después) y compré CocaCola y agua bien fríos en un chiringuito que había junto a la entrada.

¡Hidratación fresca al fin! Era justo lo que necesitaba: 15 minutos de tranquilidad, a la sombra, y bebiendo algo frío.

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El interior del edificio no me sorprendió demasiado salvo por el Phra Mongkhon Bophit, una de las estatuas de Buda hechas de bronce más grandes de todo el país (¡mide 12.5 metros sin contar la base!).

Wat Phra Si Sanphet: La Maravilla

Con lo bien que me había quedado con la CocaCola fría y el rato a la sombra me daba una pereza tremenda coger la bicicleta y volver al sol. Afortunadamente, revisando bien el mapa, vi que había una entrada a Wat Phra Si Sanphet a dos minutos de donde estaba, así que esa iba a ser mi próxima parada.

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Con lo que no contaba era con que iba a ser una parada tan larga…

Pero fue por un buen motivo: ¡Es espectacular! Y esto es lo bueno de visitar un sitio sin saber demasiado cuáles son los mejores monumentos y cuáles los secundarios, que te puedes sorprender continuamente.

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Originalmente fue de los templos más grandes de Ayutthaya y, a día de hoy, es de los que mejor se conserva a pesar de tener más de 500 años.

El nombre proviene de Phra Si Sanphet, una imagen de metal de Buda de las más grandes que se han construido (16 metros de alto recubiertos de 173 kg de oro) pero que no sobrevivió a la invasión Birmana.

Lo que sí que sobrevivió fue la serie de tres chedis con el característico estilo de Ayutthaya y que se construyeron para albergar en su interior las cenizas de tres reyes (algo parecido a lo que ocurre en Wat Pho en Bangkok).

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Además de estas tres chedis (que se pueden ver desde cualquier ángulo) hay más estructuras en pie que hacen que valga la pena dar un buen paseo por todo el recinto con calma, empapándonos de la atmósfera del lugar.

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No vale tanto la pena desviarse por el lado opuesto a la entrada para ir a ver los restos del Palacio Real (destruido también por los Birmanos) y que no permite hacerse una idea ni de la forma ni del tamaño del edificio original.


Hasta aquí los templos más característicos de la isla formada por los ríos Chao Phraya, Lopburi y Pasak, pero hay más Ayutthaya al otro lado de sus aguas, y no me refiero a una Ayutthaya “menor”, sino a una Ayutthaya que tampoco hay que perderse.

Wat Chaiwatthanaram: Y parecía Difícil superar lo Anterior…

Aunque estén totalmente alejadas del resto (y aún así fácilmente abarcables en un bonito paseo en bicicleta), estas ruinas de ladrillo con elegantes diseños de estuco al estilo de las estupas de los Khmer es un lugar realmente sorprendente.

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Quizás se conserva tan bien por ser algo más reciente que sus compañeras (de mediados del siglo XVII), pero no por eso hay que obviarla o considerarla menor.

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En la actualidad, se cree que su construcción a cargo del rey Prasat Thong tuvo como objetivo conmemorar la victoria sobre Camboya, diseñando así el templo al estilo de Angkor y girando entorno a un prang de 35 metros de alto rodeado por 4 prangs más pequeñas y 8 chedis.

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Los diseños originales que mejor se conservan son los de las chedis, y también resulta bastante impactante el corredor cuadrangular que rodea al Prang principal y que cuenta con 120 Budas sentados… ¡y decapitados!

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“El Wat de las Cabezas Cortadas” by Carolco

Desde la explanada de césped que hay a mano izquierda de la entrada hay unas vistas estupendas de todo el conjunto de ruinas que se vuelve particularmente bonito a medida que se acerca la puesta de sol.

Phra Buddah Sai Yat: La Sorpresa Friki

Echando la vista atrás, es posible que la primera vez en mi vida que oí hablar de Tailandia fue jugando al Super Street Fighter II de la Mega Drive con mis amigos. En el juego, uno de los personajes más emblemáticos (Sagat) era de Tailandia y su escenario de lucha era una enorme figura de un Buda reclinado.

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Sagat en su escenario del Street Fighter clásico

Pues bien, estando en ruta desde el Wat Chaiwatthanaram al Wat Na Phra Men (totalmente prescindible), me equivoqué de desvío y acabé pasando por un par de calles muy cuidadas con casas bastante bonitas y, finalmente, junto a una enorme estatua de Buda reclinado sin nada más a su alrededor que me recordó inmediatamente a la de Sagat.

Por supuesto, paré de golpe, me puse a investigar por Internet y parece que sí… ¡el escenario de Sagat estaba inspirado en esa escultura en concreto!

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Esto me suena…

Jajaja, ¡pero qué bueno! Esto sí que era algo que no me esperaba: acabar relacionando mi visita a Ayutthaya con uno de los videojuegos que más me influyó cuando estaba en primaria.

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¡Bendita Sega!

Wat Yai Chai Mongkhon

Me quedaban aún dos tempos potencialmente importantes y tenía tiempo de sobra para ir a los dos e incluso parar por el camino si me apetecía, así que decidí ir primero al que quedaba más lejos: el Wat Yai Chai Mongkhon.

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Wat Yai Chai Mongkhon

No es que esté muy lejos, pero el camino me parecía algo dudoso porque me daba la impresión de que tenía que cruzar las vías del tren, y no sabía yo si eso iba a ser posible (¡y más con la bici!).

Así que decidí seguir una ruta algo más larga pero que parecía segura… y con segura me refiero a que era asfalto, pero no me esperaba yo tanto asfalto: sin darme cuenta acabé en medio de una carretera enorme con 4 carriles en cada sentido y que tenía que atravesar de un lado a otro sin ningún paso de peatones, plataforma elevada ni nada.

Bueno… cruzar, crucé, pero digamos que no me quedaron muchas ganas de repetirlo. Una vez al otro lado, llegué finalmente al templo en pocos minutos por una carretera muchísimo más tranquila.

Este wat me llamaba especialmente la atención por estar aún en uso pero, una vez allí (a lo mejor por sobredosis de templos), tampoco me llamó excesivamente la atención (salvo por los dos enormes Budas vestidos con color azafrán que flanquean las escaleras de acceso al Chedi).

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No es que me arrepintiese de ir o de pagar los 50 Baht (no está incluido en el ticket general), pero no me impactó tanto como cualquiera de los conjuntos de ruinas anteriores.


Regreso a Bangkok pasado por Agua

En el templo anterior el clima decidió que mi paso por Ayutthaya tenía que llegar a su fin. Me quedaba otro más por visitar, pero antes de salir de nuevo en bici empezó a llover al estilo de los días anteriores (de golpe, fuerte y sin previo aviso), por lo que no quise arriesgarme a resbalar o a que me cogiese la lluvia mientras pedaleaba.

Esperé un rato a que amainase y salí rápido con la bici dispuesto a intentar volver por la ruta que había evitado una hora antes (la de las vías del tren) y que resultó ser más cómoda, corta y mucho más bonita.

Y sí, tuve que cruzar las vías del tren con la bici, pero por un puentecillo y pasarelas de madera perfectamente colocados para ello y que no me supuso ningún esfuerzo.

Al final, devolví la bici a las 4 de la tarde y me dediqué el rato que quedaba antes de coger el tren de vuelta a Bangkok a leer un poco sobre la historia de Myanmar (antigua Birmania), tan intrínsecamente ligada a la propia historia de Ayutthaya y tan cercana en el tiempo y geografía: ¡mi vuelo a Mandalay salía en menos de 24 horas!

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Mientras esperaba el tren, sonó el himno y… ¡todos de pie como en el cine! Lavado de cerebro total.

Ya en Bangkok, no me compliqué la vida y fui directamente a mi restaurante favorito pero esta vez a tomar un exquisito Pad Sui por 70 Baht, seguido de una estupenda ducha, revisión de mochila y emoción total al sentir que por fin iba a empezar la verdadera aventura.

¡Objetivo Birmania!

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