Perú 2019 – Etapa 4 – El Valle Sagrado de los Incas

Visitar el Valle Sagrado es casi tan obligatorio como visitar Machu Picchu, pero intentar hacerlo en una sola jornada puede resultar agotador y estresante. ¡Tanta maravilla Inca necesita ser digerida despacio para que deje el mejor sabor de boca posible!

El Valle Sagrado se sitúa al norte de Cusco y realmente engloba todo lo que hay prácticamente desde Pisac hasta Machu Picchu.

Sin embargo, cuando se habla de Valle Sagrado a modo de visita turística, el Machu Picchu queda excluido (porque además no se puede llegar por carretera) y todo el mundo suele referirse al pueblo de Chinchero, a las Salineras de Maras y a las ruinas de Pisac, Ollantaytambo y Moray.

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Las Salineras de Maras es de lo más auténtico que hemos visto en el valle

Hay muchos tours que salen de Cusco y hacen todas esas paradas en un frenético día de autobús en el que la prisa se sobrepone a la curiosidad.

Nosotros teníamos claro que no nos interesaba ir de un sitio a otro correteando como locos y sin llegar a explorar bien esos monumentos. Preferiríamos incluso tener que renunciar a algunos de ellos por poder visitar otros en profundidad, pero no era tampoco el caso porque teníamos tiempo suficiente.

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Visitar Pisac con calma lleva entre 2 y 3 horas

Así que después de conocer al taxista Germán que nos llevó al Tour del Sur de Cusco por 100 soles, quedamos con él para hacer un trozo del valle sagrado (Moray, Maras y Ollantaytambo) al día siguiente por 160 soles entre los tres, dejando Pisac para otro día por ser lo que requiere más tiempo de todo lo que hay en el valle.

Consideramos que, gracias a eso, pudimos aprovechar muy bien el Boleto Turístico y ser los dueños de nuestro propio ritmo. Al final, sin tener en cuenta los desplazamientos, invertimos más de 1 hora en Moray, aproximadamente 2 horas en Maras y 2 horas y media en Ollantaytambo.

En Pisac estuvimos 3 horas, por lo que realmente conviene dejarlo para otro día y no intentar juntarlo todo en una misma jornada agotadora y frenética.


Moray: Incas Alienígenas

Germán no pudo venir así que nos envió a su socio, Nelson, por el mismo precio. A las 8 de la mañana nos recogió en el hotel y pusimos rumbo a la primera de las tres paradas que teníamos planificadas para todo el día: Moray.

Por el camino hicimos un par de paradas en algunos miradores que había junto a la carretera con unas vistas muy buenas de los valles y las montañas de la zona.

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Le pregunté a nuestro conductor cuáles eran esos montes pero no supo responderme… Pronto nos dimos cuenta de que sus inquietudes giraban más entorno a hacerse selfies y ponerlos en Instagram… ¡Era el taxista Millenial!

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Aún así, hizo muy bien su trabajo a pesar de no tener tanta conversación como Germán.

Poco después de las 9 de la mañana estábamos ya en Moray, prácticamente solos. Nelson nos dejó en el parking donde nos sellaron el Boleto Turístico y nos dimos de bruces ya con el primer sector de las terrazas.

Habíamos visto ya las terrazas de Tipón, pero esto era algo completamente distinto… ¡Eran círculos perfectamente definidos y concéntricos!

Una verdadera locura de ingeniería pero también matemática.

El primer grupo de terrazas, Q’echuyoq Muyu, es el más grande y el que mejor se conserva.

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Parece imposible que con medios tan rudimentarios los Incas fuesen capaces de diseñar y construir cosas tan geniales y precisas.

Muchos de los tours llegan a Moray y hacen un paseo exprés de 30 minutos para ver los circulitos, dar la explicación de turno y salir por patas a la siguiente parada, pero al tener tiempo vale la pena coger uno de los caminos un poco más largos y bajar hasta los límites permitidos de las terrazas.

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¡Viva el madrugón!

Es tal el grado de perfección que me parece inevitable pensar en los típicos círculos alienígenas de las naves espaciales de las películas de ciencia-ficción…

Dejando a un lado Q’echuyoq Muyu se llega a Sima Muyu, un grupo de terrazas más pequeño y algo peor conservado pero que tiene un aspecto quizás más realista.

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Vamos, que se parece más a lo que yo llamaría “ruinas”, porque a los otros parecía que les acababan de sacar el precinto de lo inmaculados que están.

Y, por último y volviendo a subir, llegamos al Intiwatana: otro grupo de terrazas circulares junto a unas vistas preciosas de las montañas de alrededor.

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Volviendo desde este punto al parking por la ruta más directa se pasa junto a un mirador que permite ver los dos primeros grupos de terrazas circulares desde una perspectiva más aérea, incrementando aún más la sensación de perfección y de círculos trazados con compás.

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Q’echuyoq Muyu desde el mirador

El momento en el que decidimos irnos coincidió con la llegada de un montón de autobuses y furgonetas de grupos de gente que salían detrás de sus respectivos guías, todos identificados con pegatinas o banderillas y metiendo prisa ya desde el primer segundo.

¡Menudo estrés!

Subimos al coche y le dijimos a Nelson que nos sacase de ahí y que nos llevase directamente a las Salineras de Maras antes de que la horda turística nos alcanzase.


Las Salineras de Maras: Sal de las Montañas

Desde Moray la siguiente parada natural es la de las Salineras. Está relativamente cerca y no resulta del todo sencillo llegar en transporte “público” (hay que enlazar combis con taxis), por lo que nos alegramos mucho de contar con nuestro conductor particular para seguir a nuestro ritmo.

Estas salineras tienen más de 400 años de uso y aún en la actualidad están operativas. Por lo que oímos, las llevan varias familias (cada familia es propietaria de unos cuantos estanques de los que extraen la sal) y después se procesa de forma común en una especie de cooperativa.

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Trabajadores y sacos de sal

Extraen sal de tres tipos: la que queda más al fondo, la “sal marrón” es para utilizar como sal de baño, la intermedia o “rosada” para parrillas o ensaladas y la de la superficie o “blanca” (que es la más fina) como sal de cocina común.

Aunque la entrada no esté incluida en el Boleto Turístico (cuesta 10 soles) no hay que perderse esta visita ya que el espectáculo visual es una pasada.

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Salineras de Maras

La carretera que llega hasta la entrada es estilo puerto de montaña (no hay que olvidar que se encuentran a 3300 msnm) y la primera panorámica que nos regala es el aperitivo para un bonito paseo por tal estampa montañera.

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Conviene llegar antes de las 11 de la mañana porque a partir de esa hora es cuando empieza la sucesión interminable de tours organizados que colapsan las instalaciones, los miradores, el parking y la carretera (y no es una carretera como para andarse con tonterías).

La mayoría de la gente llega con su tour, hacen un paseo de 20 minutos, compran sal y se marchan. Yo desaconsejo esa celeridad, porque el sitio bien merece dedicarle más tiempo.

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Una maravilla de lugar

Nosotros le explicamos a nuestro conductor que nos recogiese en Tarabamba (en la carretera que comunica Urubamba con Ollantaytambo), un poblado a menos de 4 km de la entrada a las salineras y al que se puede llegar por un bonito camino que transcurre en su primer tramo pegado a todas las salineras y siempre en descenso.

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Caminando junto a las salineras

Prácticamente nadie lo hace, y permite disfrutar de otras panorámicas del valle y también acercarse y tocar algunas de estas salineras de las zonas más alejadas (con el beneplácito de los trabajadores), ya que a las que están en la zona de la entrada turística no se puede acceder.

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El paseo hasta Tarabamba nos pareció realmente bonito. Antes de cruzar el puente final que (que es donde habíamos quedado con Nelson), pasamos por el poblado de Pichingoto en el que se estaba preparando algún tipo de celebración con trajes regionales.

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Descendiendo hacia Tarabamba

 

Como tampoco teníamos demasiado tiempo de sobra si no queríamos visitar Ollantaytambo con prisas, nos quedamos un rato a mirar y después seguimos caminando.

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Antes de cruzar el algo cochambroso puente apareció Nelson con el coche. Supuso que estaríamos llegando y decidió entrar para ver si ya nos veía… ¡y nos encontró!

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¡Riesgo riesgo!

Ya en el coche volvimos a la carretera y nos pusimos en ruta a Ollantaytambo.


Ollantaytambo: Tamaño Bestial

Este es uno de esos sitios que se quedan grabados en la memoria. El valle en el que está este pequeño y encantador pueblo estuvo ocupado por los Chanapata (del 800 al 300 a.C.), los Qotacalla (del 500 al 900 d.C.), los Killki (del 900 al 1420 d.C.) y, por último, por los Incas hasta que su imperio se derrumbó.

El pueblo fue ideado como un centro administrativo más que como una ciudad y se beneficia de temperaturas bastante amables (entre 11ºC y 23ºC de media), buenos recursos de agua y buenas tierras.

La Plaza de Armas es el verdadero centro del pueblo (como de costumbre) y desde ella se accede fácilmente a la entrada de La Fortaleza, que es realmente el motivo principal de visitar Ollantaytambo.

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Andenes principales de Ollantaytambo

Por su ubicación entre Machu Picchu y Cusco (además el tren para aquí) es el sitio del Valle Sagrado con más movimiento de turistas, siendo casi imposible encontrar momentos de paz y tranquilidad, pero aún así… ¡no hay que perdérselo!

La entrada está incluida en el Boleto Turístico y una visita concienzuda (ya sea con guía o no) lleva bien un par de horas por lo menos.

A nosotros nos sorprendió mucho cómo a las 15:30 de la tarde los guías de los grupos organizados empezaron a advertir a sus clientes que era la hora de marchar porque aún tenían que ir a Pisac… que está a una hora de distancia, con lo que llegarían sobre las 17:00 para estar allí media hora y marcharse.

¡Tremendo horror de visita estilo chinos-que-bajan-del-bus-hacen-foto-y-se-van!

Menos mal que habíamos dejado Pisac para el día siguiente porque una vez allí descubrimos que era aún más grande que Ollantaytambo (OMG!).

Lo primero que llama la impresión de la fortaleza son sus terrazas, construidas de manera perfectamente regular y simétrica siguiendo la ladera de la montaña.

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Son realmente imponentes y a medida que se va subiendo por las escaleras se pueden apreciar aún mejor y verlas acompañadas de todas las cimas de las demás montañas que la rodean.

Siguiendo por un camino a la derecha, se llega a una zona de Qolqas.

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Acceso a la zona de Qolqas

No es que sea la parte más espectacular del conjunto, pero las vistas que hay del pueblo y el montañón de enfrente (en el que también hay unas ruinas a las que se puede acceder de manera gratuita) son de infarto.

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Volviendo hacia el centro de la construcción pasamos por el inacabado Templo del Sol, de un tamaño bastante considerable…

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… y por el muro conocido como Diez Hornacinas, debido a los diez huecos equidistantes que tiene.

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Más arriba se encuentra la Zona Militar, y aquí es donde la mayoría de las visitas terminan (algunas de hecho ni siquiera llegan hasta este punto).

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Vistas desde la Zona Militar

Y eso es un error, porque cruzando una puerta que está abierta hasta las 4 de la tarde se puede comenzar a subir por un sendero estrecho pero que no representa grandes peligros hacia la zona más elevada del conjunto.

Aunque la altitud es inferior a la de Cusco (sobre los 2800 msnm), la subida no es un simple paseo por lo que conviene tomárselo con calma y aprovechar para disfrutar de las amplias vistas de ese sector del Valle Sagrado.

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Una vez arriba, aparecen las ruinas del Inka Watana, dominando el valle hacia los dos lados, todo el yacimiento de Ollantaytambo y parte del horizonte.

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Inka Watana, en la parte alta de Ollantaytambo

Es realmente el único lugar en el que se puede tener algo de tranquilidad, así que después de la subida se puede aprovechar la paz reinante para recuperar el aliento y recargar las pilas con el espectáculo privado que tenemos delante de nuestros ojos.

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Desde el Innka Watana se puede seguir subiendo por un sendero (ahora sí peligroso) hasta una roca que no aporta nada nuevo y tampoco mejora mucho las vistas. Yo no volvería a hacerlo, quiero decir, me quedé igual que si no hubiese seguido subiendo, así que creo que no vale la pena.

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Vistas desde el Inka Watana

Cuando empecé a bajar para reunirme con mi madre y Rosalía llevábamos 2 horas en el recinto y eran ya casi las 5 de la tarde.

Bajamos al pueblo con la idea de juntarnos con Nelson y volver directamente a Cusco, pero el chico tenía guardado un as en la manga y nos convenció rápidamente.

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Plaza Principal de Ollantaytambo


Chinchero: Pueblo de Artesanos

Este pequeño pueblo a casi 3800 msnm y a 30 km de Cusco es una de las paradas clásicas en cualquier tour del Valle Sagrado. Tiene algún pequeño yacimiento Inca que entra dentro del Boleto Turístico, pero teniendo en cuenta todos los demás sitios que íbamos a visitar (mucho más espectaculares) habíamos decidido saltárnoslo.

Pero Nelson nos convenció para hacer una parada en un mercado textil por el que van rotando diferentes familias cada semana para vender sus propios trabajos, y como tampoco teníamos nada mejor que hacer en Cusco ya que íbamos a llegar de noche, nos pareció buena idea.

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Enseñándonos los tintes naturales

Las chicas que estaban ese día eran muy amables y nos hicieron una muestra rápida de cómo utilizaban elementos naturales para tratar y teñir la lana de alpaca.

La verdad es que fue bastante interesante y revelador. Después de la explicación dimos un paseo por sus puestos y compramos algunas carteras, telas, gorros y guantes de buena calidad, originales y a buen precio.

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Entre unas cosas y otras, cuando llegamos a Cusco eran casi las 19:30, así que fuimos directos a vegetar al hotel porque al día siguiente queríamos visitar Pisac por la mañana para así concluir el circuito Pre-Machu Pichu del Valle Sagrado.


Pisac: Y eso Que ya Era Difícil Sorprendernos

El último día antes de emprender la peregrinación (porque es casi lo que es) a Machu Picchu fuimos a visitar la última gran fortaleza Inca a la que se puede ir cómodamente desde Cusco: Pisac.

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Zona alta de Pisac

Como teníamos toda la mañana libre, llevábamos bastante tute acumulado y nos quedaba aún lo más gordo, decidimos tomarlo con más calma aún y centrarnos en Pisac y nada más que Pisac.

A Nelson, nuestro chófer del día anterior, se le fue la pinza (o se vino arriba, no sé) y nos pidió una cantidad de dinero loca para llevarnos a Pisac y traernos: ¡180 soles! Es decir, más de lo que habíamos pagado el día anterior y eso que era mucha menos distancia y menos tiempo…

Así que hablamos con las chicas del hostal y nos consiguieron un taxi para los tres para llevarnos, esperarnos y traernos por 100 soles en total.

Nos pareció un precio bastante apropiado, ya que entre combis hasta el pueblo y taxi hasta la fortaleza poco menos íbamos a gastar, así que quedamos a las 8 de la mañana para empezar la excursión.

El taxista era algo reservado pero muy amable. Nos llevó directamente a la entrada de la fortaleza que está en lo alto de una montaña junto al pueblo de Pisac por encima de los 3000 msnm. Se puede acceder a pie desde el pueblo pero es una buena caminata de 1 hora para salvar los casi 400 metros de desnivel que hay.

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Acceso a Pisac en lo alto de la montaña

Mucho mejor reservar esas energías para todas las subidas y bajadas que hay en la propia fortaleza.

Como el sitio arqueológico es enorme y era el último antes de Machu Picchu, decidimos coger un guía para empaparnos de la historia del lugar algo mejor. Pagamos 160 soles entre los tres por una visita guiada de casi 3 horas con Felipe.

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Vistas desde Qanturasqay

Fue un guía bastante bueno y desde el primer momento nos dejó bien claro qué era lo que íbamos a visitar (no como aquel de Sacsaywaman), aunque en un momento intentó vendernos unos báculos y no sé qué mas, pero  bueno, globalmente hizo bien su trabajo.

La Fortaleza o Ciudadela de Pisac combina de alguna manera todo lo que habíamos visto los días anteriores: cientos de terrazas, conductos de agua, templos, qolqas, pasadizos y cuevas, escaleras y caminos esculpidos directamente en la roca, vistas…

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Terrazas o andenes de Pisac

Aquí fue cuando realmente fui consciente de lo bien que habíamos diseñados las visitas del área de Cusco. Claramente Pisac es la culminación del trabajo Inca, por lo que lo mejor es dejarla para el final del Valle Sagrado y antes de ir a Machu Picchu.

La zona por la que accedimos a la Fortaleza de Pisac se llama Qantusraqay. Aquí, además de las vistas del valle, Felipe nos llevó por las diferentes construcciones explicándonos el uso de cada una y algunas de las características arquitectónicas.

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Me sorprendieron mucho las bisagras esculpidas directamente sobre la roca. Una auténtica demostración de ingeniería Inca pero también de fuerza. ¡Una pasada!

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Bisagra rústica 100%

De ahí tomamos un camino que nos llevó de paseo por la zona de Andenes de Qallaqasa.

Como llevábamos acumulada una buena dosis de andenes o terrazas Incas en los días anteriores no nos sorprendió tanto como debería, pero hay que reconocer que son una auténtica maravilla.

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Eran tantos y tan bien construidos, bajando por la ladera, que parecía un mar verde de piedra que iba deslizándose colina abajo.

Además, como aún no eran ni las 10 de la mañana no había casi nadie en todo el recinto, lo que suponía un verdadero cambio al compararlo con las hordas de Ollantaytambo.

Definitivamente, visitar Pisac por la mañana había sido una gran idea.

Estos andenes llevan a la zona de Qallaqasa, esculpida y edificada en la parte más alta de esa colina, por lo que tuvimos que empezar a calentar las piernas para subir a lo más alto.

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Felipe nos comentó que la inmensa mayoría de tours organizados llegan como mucho hasta ese punto, ya que pocos dedican más de media hora a Pisac.

¡Qué locura! Hacer todo el camino hasta Pisac desde Ollantaytambo (después de haber pasado también por Chinchero, Moray y Maras) solo para estar media hora y volver a Cusco.

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Ventanas en Qallaqasa

Una auténtica pérdida de tiempo y saturación al mismo tiempo.

Después de pasar un rato en el Qallaqasa empezamos a bajar para después volver a subir y llegar así a uno de los miradores más elevados.

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Rumbo al mirador

Aquí aprovechamos para hacer una parada algo más larga y descansar.

Además de un rostro Inca formado por las rocas (que parece que están en todas partes), las vistas hacia la zona del pueblo eran de otro mundo.

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Rostro Inca

¡Había de todo!: terrazas y más terrazas, antiguos caminos Inca, montañas, el pueblo, ruinas…

Un pasote.

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Vistas desde el mirador

Desde el mirador seguimos el camino de sube y baja, atravesando también un túnel, para llegar a la parte del complejo más alejad: el Intiwuatana.

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Aquí el estado de conservación de las construcciones, muros, casas y templos es realmente excepcional y quizás lo más parecido a lo que acabaríamos viendo un par de días después en Machu Picchu.

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Pasamos por el Templo del Sol, por la Ñusta Tiana (casa de la Princesa), por almacenes y muchas otras construcciones Inca que habían conseguido sobrevivir casi inmaculadas al paso del tiempo (y de los conquistadores).

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Nos detuvimos en varias de ellas para admirar su perfección y aprender un poco más sobre su historia, completando así una visita que había superado con creces las expectativas, y eso que las llevábamos ya bastante altas.

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Finalmente, en vez de volver al punto de inicio, fuimos por un camino lateral que lleva hasta un punto de la carretera que está a medio camino entre el pueblo y la entrada a la Fortaleza.

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Vistas del camino de vuelta

Felipe le había explicado a nuestro taxista que nos esperase allí para así no tener que remontar todo lo que habíamos descendido. Una gran idea.

Una vez en la carretera y tras casi 3 horas de recorrido, nos despedimos de nuestro guía y volvimos a Cusco haciendo una pequeña parada en la loca Plaza Mayor del pueblo de Pisac para para visitar el mercado.

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Con nuestro guía Felipe

Y digo loca porque se puede casi decir que la plaza no existe… está totalmente devorada por los puestos del mercado y parece ser que es así todos los días del año. Pisac es famosa por las platerías y todos los tours acaban parando en alguna tienda, por lo que se forman unos colapsos en las estrechas calles del pueblo de auténtica locura.

Creo que tienen que plantearse no dejar acceder a las furgonetas al centro porque al final caminando desde la carretera hasta no lleva ni 5 minutos, pero bueno… ya sabemos cómo es esto del turismo masivo en casi todo el mundo hoy en día: tiene prioridad absoluta por encima incluso de los verdaderos habitantes del lugar.

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Cuentas extrañas que encontré en una de las tiendas. ¿Alguien me lo explica?

Ya en Cusco, dedicamos la tarde a dar un paseo de despedida y a preparar el equipaje minimal para Machu Picchu.

Después de 5 días con campamento base en Cusco llegaba el momento de dejar allí las mochilas grandes y salir de excursión con lo puesto y poco más a la Meca de Perú.

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