Perú 2019 – Etapa 2 – Cajamarca: El Fin de Atahualpa

A sus 2720 metros de altitud, Cajamarca es una tranquila ciudad andina al más puro estilo colonial, rodeada de montañas y de mucha historia. Un lugar ideal para empezar a entender con calma el estilo de vida de Perú y revivir uno de sus capítulos históricos más intrigantes: el inicio del fin del Imperio Inca.

Un Poco de Historia

Ya hace 3000 años la cuenca en la que se sitúa hoy en día la ciudad estaba ocupada por culturas indígenas que acabarían generando la Cultura Chavín. Muchos de los yacimientos de la región indican que la civilización que llegó a formarse aquí fue bastante avanzada y capaz de realizar increíbles construcciones incluso sin disponer de herramientas sofisticadas.

Posteriormente, aparecieron los Caxamarca y los Huamachuco, ambos adoradores del Dios Catequil, que habitaron la zona desde el siglo III a.C. hasta la llegada de los Incas en el año 1460. Este momento coincidió con el apogeo de la fase final de la Tradición Caxamarca, conocida como el “Reino de Cuismanco”.

Este Rey aglutinó a las diversas naciones existentes en el norte del Perú y no se lo puso fácil a los Incas ya que estaba aliado con los Huamachucos y los Chimú. Aún así, Tupac Yupanqui venció y desde ese momento y durante 70 años la ciudad se convirtió en un enclave importante del Imperio, sobre todo por su ubicación estratégica entre Cusco y Quito.

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Casas de Cajamarca

Años después, el 15 de noviembre de 1532, se produjo en el centro de la actual Cajamarca el encuentro entre dos mundos: el Inca y el Europeo. El desenlace fue terrible para los Incas, iniciándose así el afianzamiento colonial en un territorio rico en minerales.

El apogeo de esta nueva Cajamarca se dio en el siglo XVIII con el aumento de las actividades agropecuarias y la producción de tejidos a gran escala.


Cómo Llegar a Cajamarca

Nosotros optamos por volar desde Lima, ya que el precio del billete (facturando la mochila) era de 36€. Hay varias compañías que realizan el trayecto (StarPerú, Peruvian Airlines…) y el asequible precio es una buena forma de ahorrarse muchas horas de viaje en autobús (6h desde Trujillo o 14h desde Lima, por ejemplo).

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Volando a Cajamarca

El aeropuerto está a tiro de piedra del centro de la ciudad y las vistas de todo el valle y las montañas que se tienen desde el avión bien valen el precio del pasaje, como dirían los locales.

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Aeropuerto rural de Cajamarca

Para aprovechar bien el día cogimos el primer vuelo de la mañana que salía a las 05:15 de Lima. Ante todo pronóstico (supongo que todo prejuicios, realmente) el vuelo salió puntual y en menos de una hora y media estábamos en el diminuto aeropuerto cajamarquino.

Desde el aeropuerto, cualquier taxi conecta con el centro de la ciudad por 10 soles.


Nuestra Visita a la Ciudad y los Alrededores

Dicen de Cajamarca que es la ciudad “mas española de todo Perú”, así que a lo mejor por eso nos sentimos tan cómodos desde el primer momento.

Tras arañar la superficie del bullicio que es Lima, Cajamarca nos pareció un auténtico remanso de paz, prácticamente sin presencia de turistas gringos y con mucho más atractivo y posibilidad de excursiones de lo que inicialmente habíamos pensado.

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Iglesia de las Monjitas

Pasamos 3 días en la ciudad y valieron totalmente la pena para poder descubrir con calma su ritmo de vida, entrar en contacto con la gente local y aventurarnos en algunos de los tesoros naturales y arqueológicos que alberga en sus alrededores.

Además, la ausencia casi total de turismo extranjero hace que la inmersión en la cultura autóctona sea mucho más auténtica y no agobiante.

  • Día 1: Nos dedicamos exclusivamente a la ciudad. Llevábamos 2 días de tute intenso entre la llegada a Perú desde España y la excursión del día anterior a las Islas Ballestas y la Reserva Natural de Paracas, así que nos pareció buena idea deambular por la ciudad tranquilamente para disfrutarla poco a poco.

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  • Día 2: Visitamos los Baños del Inca, hicimos la excursión a Cumbe Mayo y aún nos quedó la tarde para seguir paseando por la ciudad y subir al Cerro Santa Apolonia

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  • Día 3: Visitamos las lejanas Ventanillas de Combayo (con muchas anécdotas por el camino) y las interesantes pero menos impresionantes Ventanillas de Otuzco. A las 18.30 cogimos el autobús para dejar la zona de montaña y pasar unos días en Trujillo, junto al Océano Pacífico.

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El Tour Por la Ciudad

Aunque vista desde el avión parece una ciudad grande o muy extensa, realmente tiene solamente 200.000 habitantes y la parte realmente interesante se concentra entorno a la Plaza de Armas, por lo que no es necesario recurrir a ningún tipo de transporte y se puede llegar a cualquier sitio a pie.

La Plaza de Armas

Aquí fue donde empezamos nuestro paseo por la ciudad, en parte porque la primera noche nos alojamos en un hotel “de calidad” (Hotel Casablanca, 155 soles la habitación doble con desayuno).

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Este hotel está dentro de una de las múltiples casas coloniales de la ciudad y, aunque la habitación era decente y cómoda y el interior del edificio precioso, tiene el inconveniente de compartir techo con un casino que, aunque no muy popular, tiene movimiento y ruido como para dar la alta hasta las 4 de la madrugada…

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Desayunando en el patio interior del hotel

Nada más llegar dejamos las mochilas en la recepción y empezamos a caminar por el enclave en el que se produjo la caída del imperio Inca.

La plaza es maravillosa y está considerada una de las plazas de Armas más bonitas de todo el país. A lo largo de los 3 días que pasamos en la ciudad acabamos pasando por ella un sinfín de veces y siempre encontrábamos un elemento nuevo que valiese la pena o que llamase de nuevo nuestra atención: podía ser una de las múltiples y coloridas casas coloniales, un monumento o una escena de la vida cotidiana de la ciudad; pero sea como sea, nos quedó claro que la Plaza de Armas representa el espíritu de la urbe.

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Plaza de Armas de Cajamarca

Nos dio la impresión de que todo el mundo y todos los gremios tenían su lugar y su momento en la plaza: limpiadores de botas, cholitas vendiendo, comerciantes, gente trajeada…

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Cholitas de Cajamarca

Quizás los edificios más importantes de la plaza sean la Catedral y la Iglesia de San Francisco.

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Iglesia de San Francisco

La Catedral de Cajamarca (antiguamente Iglesia de Santa Catalina) data del siglo XVII y quedó a medio hacer porque supuestamente mientras se construía los sacerdotes que la administraban recibían un subsidio de la Corona y así, debido a la “acumulación de subsidios”, no se llegó a concluir.

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Catedral de Cajamarca

Su fachada de estilo Barroco Plateresco es la más elaborada de todas las fachadas de las iglesias de Cajamarca y destaca mucho más que su interior, bastante modesto para lo que estamos acostumbrados si la comparamos con las catedrales españolas.

Por otra parte, la Iglesia de San Francisco fue el primer templo levantado por los conquistadores españoles y se la consideró una de las mejores iglesias de todos los pueblos indios. Se construyó casi en su totalidad a principios del siglo XVII, aunque las torres fueron añadidas en el siglo XX.

El Cuarto del Rescate

Los tres sitios que requieren pagar entrada en Cajamarca están aglomerados en un mismo ticket que cuesta 5 soles y permite la entrada al propio Cuarto del Rescate, al Complejo Belén y al Museo Arqueológico y Etnográfico.

De todos ellos, el más antiguo e interesante (pero no por ello más bonito) es sin duda el primero, que es la única construcción original Inca que aún se conserva en la ciudad. Está situado en una de las calles que salen de la Plaza de Armas y a tan solo dos minutos de esta.

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El susodicho Cuarto del Rescate

La historia del cuarto se remonta a la llegada de Pizarro junto a sus 62 caballeros y 106 soldados a Cajamarca. Atahualpa, el emperador Inca, estaba relajándose en los baños a pocos kilómetros de la ciudad y aunque era conocedor del avance del escuadrón español y podría haberlo vencido fácilmente en cualquier pase montañoso, decidió esperar a su llegada, un fatídico 15 de noviembre.

Cuando el grupo Pizarresco llegó, se encontró con un campamento vacío que bien podría albergar a 30.000 soldados (la desventaja numérica era más que evidente). Aun así, Pizarro ya tenía su plan en la cabeza: escondió a sus tropas en puntos estratégicos rodeando la plaza y cuando Atahualpa llegó acompañado por “únicamente” 5000 hombres, se quedó sorprendido al no encontrarse con el ejército que esperaba.

Acto seguido, el fraile dominicano Vicente de Valverde hizo su entrada e invitó a Atahualpa a cenar con Pizarro. El líder Inca declinó la oferta a causa de todos los objetos que los españoles habían robado y acto seguido el fraile le mostró una Biblia y empezó a sermonear.

Evidentemente, Atahualpa no había visto un libro en su vida y tras examinarlo lo tiró al suelo, provocando que el fraile diese paso a una masacre iniciada por dos cañonazos.

Los caballeros españoles se abrieron camino rápidamente, consiguieron capturar al emperador y matar a todo el séquito que le acompañaba. A pesar de la desventaja numérica, eran muy superiores en técnica, equipo y estrategia.

Ya prisionero, Atahualpa se ofreció a comprar su propio rescate llenando una enorme estancia con oro y plata, tan codiciados por los españoles, que es la conocida hoy en día como Cuarto del Rescate.

Después de un año consiguió reunir todo el metal prometido pero por el camino había dado aviso a sus seguidores en Quito para que viniesen a liberarlo, pues no se fiaba de sus captores (normal…). Estos mensajes fueron interceptados por los españoles que acabaron condenándole a la hoguera basándose en que “había ganado su título traicionando a su hermano y que realmente estaban liberando a los Incas de la tiranía de Atahualpa”.

En fin, en el momento actual que vivimos en el que la mentira y las justificaciones banales están a la orden del día en el panorama político, no está de más recordar a estos precursores de la megalomanía y la estupidez humana.

Finalmente, el líder Inca aceptó ser bautizado para morir por garrote vil y no quemado, algo completamente incompatible con sus creencias.

El Complejo de Belén

Una cuadra al sur del Cuarto del Rescate hay una preciosa plazuela, la Plazuela Belén, en la que está la tercera iglesia más importante de la ciudad.

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El interior de la Iglesia Belén destaca fundamentalmente por su cúpula, aunque todo lo demás no me sorprendió demasiado… Disfrutamos mucho más del conjunto formado por la plaza en sí y la fachada de la iglesia (si es que en el fondo al visitar una ciudad suelo preferir mucho más los exteriores que los interiores).

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Iglesia Belén

La entrada se hace por la “Dirección Desconcentrada de Cultura de Cajamarca”, situada a su derecha. Además del paso a la iglesia, está la Oficina de Turismo que tiene un personal extremadamente amable (como casi todo el mundo en este país) y un par de patios por los que vale la pena pasar.

El Museo Arqueológico y Etnográfico

Situado en lo que en su momento fue el Hospital de Mujeres (justo enfrente de la Iglesia Belén), este pequeño museo muestra una interesante colección de cerámicasfiguras de piedra de diferentes culturas pre-Inca, desde los Nazca en el sur hasta los Chapapoyas en el norte.

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El día que lo visitamos coincidimos con varias excursiones de colegio que parecían perseguirnos por toda la ciudad y, aunque se portaban decentemente, no podían evitar ser ruidosos. ¡Y en mis vacaciones lo último que quería era teletransportarme a una jauría de niños intentando ser culturalizados por sus profesores!

Mientras esperábamos a que se fuesen, nos quedamos fuera contemplando la fachada de la entrada al museo en la que conviene no perderse la representación de dos mujeres, cada una de ellas con cuatro pechos.

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Ya dentro, me gustó mucho el esquema de las diferentes eras, zonas y culturas que han pasado por Perú. Me ayudó mucho a organizarme la cabeza en un panorama realmente complicado para un mindundi de la historia como soy yo.

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El osario de la cultura Cajamarca con la momia de un niño en su interior también fue bastante impresionante, malrollero y emocionante al mismo tiempo.

El Cerro Santa Apolonia

Situado a un par de cuadras al sur del centro de la ciudad se levanta una pequeña colina conocida como Cerro Santa Apolonia.

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Subiendo a lo alto del cerro

A medio camino de la subida, está la pequeña Iglesia de Santa Lucía, muy venerada por la gente local, y a partir de ahí hay que pagar 1 sol para entrar en el Parque de la Ecología y poder subir a lo alto del cerro.

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No es una subida realmente complicada (son todo escaleras y cuestas) y, una vez en lo alto, las vistas de la ciudad sirven de recompensa al esfuerzo realizado.

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Vistas desde lo alto del cerro

Como no, varios de los grupos de escolares que nos pisaban los talones también subieron al mismo tiempo que nosotros, pero así aprovechamos para poner la oreja y atender un poco a las explicaciones que les estaban dando los guías o profesores (jejeje).

El Mercado Central y la Calle Amazonas

Sin duda la calle que mejor resume el bullicio comercial de la ciudad es la Calle Amazonas: una larga y viva hilera de tiendas y comercios de todo tipo.

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Además de todos los pequeños negocios que hay en la calle, vale realmente la pena visitar el Mercado Central, ya sea para comprar algo o simplemente para deambular y ver a los cajamarquinos en acción.

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Por una cosa o por otra, acabamos pasando por el mercado en varias ocasiones. Las primeras visitas fueron fundamentalmente para comprar fruta…

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… o para tomarnos un “juguito de aguaymonte”, una fruta tamaño tomate cherry que también se conoce como “Tomatito de Rama”.

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Aguaymanto, en el medio

El precio de cada zumo era de 2,5 soles y daba como para llenar dos vasos grandes. Además, nos los sirvieron con semillas de sésamo y sin azúcar para poder disfrutar del sabor real de la fruta.

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¡Estaba delicioso!

Nos gustó tanto la experiencia del mercado que el último día que pasamos en la ciudad decidimos comer directamente allí y oye, por 5 soles (que es realmente un chiste de precio) nos dieron un menú estupendo.

 

No muy lejos del Mercado hay unas galerías dedicadas a tiendas de ropa y arreglos que nos vinieron como anillo al dedo para arreglar la cremallera atascada del cortavientos de mi madre (10 soles) y coser uno de mis pantalones que estaba a punto de romperse (5 soles).

Vamos, que al final acabamos haciendo de todo en Cajamarca, como si estuviésemos viviendo allí mismo.

Los Carteles de Cajamarca y Otros Momentos

Caminando de un monumento a otro o simplemente dejándonos llevar por la intuición y la curiosidad, acabamos encontrando una serie de carteles con mensajes muy curiosos o escritos de una manera que nos llamaron la atención.

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Desde luego, cualquiera de ellos daría el cante en España pero a mí me parecieron buenísimos.

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¡Son buenísimos!

Paseando sin rumbo también acabamos dando con una calle plagada de ópticas, con una iglesia con un nombre tan curioso como Iglesia de las Monjitas, con un grupo de chicos bailando K-Pop y con mucha, pero mucha, propaganda cristiana en cualquiera de sus formatos: Católica, Evangélica, Jehová, Pentecostal, etc.

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La calle multióptica…

Está claro que el poder de la religión en Perú es… muy grande cuanto menos.

La Comida en Cajamarca

Empezamos a disfrutar de la comida peruana con el delicioso pescado que comimos en Paracas, y en Cajamarca seguimos adentrándonos en los manjares locales y mucho más baratos que el pescado en cuestión.

En la Plaza de Armas dimos con un restaurante estupendo (Restaurante Salas) que ofrece desayunos y comidas 360, es decir, deliciosos por todos los lados.

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Sopa de pecho, bien cargadita

Nada más llegar a la ciudad entramos para desayunar y optamos por el Desayuno Cajamarquino compuesto por un caldo verde, un tamal, un vaso de leche y pan. ¡Rico y potente por tan solo 16 soles!

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Volvimos al Restaurante Salas ese mismo día para comer el menú del día que también costaba 16€ y constaba de una sopa de pecho (sopa con carne de ternera y verduras), guiso de cordero, chicha morada (jugo de maíz morado) y postre. Exquisito también.

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Los Baños del Inca

Una de las visitas más típicas, fáciles, gratificantes y relajantes que se pueden hacer en la región es la de los Baños del Inca, un balneario muy famoso entre la gente local por sus aguas termales y también por ser el lugar en el que Atahualpa estaba de relax cuando Pizarro llamó as sus puertas.

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La supuesta piscina de Atahualpa

Se puede llegar en combi por 1 sol desde varios puntos de la ciudad, pero nosotros le hicimos caso al del hotel y nos pegamos un buen madrugón para llegar sobre las 05:30 y ser así los primeros, por lo que tuvimos que recurrir a un taxi que nos costó 10 soles.

Una vez allí, nos recibió uno de los trabajadores para aconsejarnos y explicarnos las opciones que teníamos. Nos decantamos por media hora de Huayrapongo y 40 minutos de masaje.

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Instalaciones de los Baños del Inca

El Huayrapongo en cuestión es una piscina privada de aguas termales en la que hay que regular el agua caliente termal que sale a 72ºC con agua fría.

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Nuestro baño particular

Después del baño (que nos sentó de cine) fuimos a por el masaje. Ese día había solo una masajista, así que tuvimos que ir por turnos.

Mientras esperaba el mío, me di un paseo por las instalaciones que realmente son bastante bonitas. Lo más destacado es la poza en la que Atahualpa se dio el que sería su último baño como hombre libre.

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De paseo por los baños…

Con todo, pagamos cada uno 50 soles por el baño y el masaje (es decir, 13€), un chollo teniendo en cuenta lo renovados que salimos de allí, listos para todo un día de pateo.

La segunda noche en Cajamarca la pasamos en el Hotel Catequil (180 soles la habitación doble con desayuno), un bonito hotel cerca de la Plazuela Belén con un personal extremadamente amable y que nos ayudó mucho para aclararnos con la visita a las Ventanillas de Combayo.

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Hotel Catequil

El último día nos custodiaron las mochilas mientras disfrutamos de las últimas horas por la región. A las 18.30 nos subimos a uno de los lujosos autobuses de Cruz del Sur para ir a Trujillo, donde pasaríamos también 3 días.

Para Otra Visita…

Además de Kuntur Wasi (a 93 km de Cajamarca, 1h 30 min), me quedé con ganas de ir al Gran Pajatén, un importante sitio arqueológico de la cultura Chachapoyas al que solo se puede acceder haciendo una ruta a pie de 5 días. ¡Es que suena genial! Sería como convertirse en la versión peruana de Lara Croft o de Indiana Jones.

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Emulando a Xerxes en los Baños del Inca

¡La aventura por el Perú continúa en la costa!

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