Irán 2017 – Etapa 6 – Últimos Días en el Norte

Decidí pasar mis últimos días en Irán en dos sitios muy míticos del norte, y acerté plenamente. Mashhad me deslumbró como ciudad sagrada y el Valle de Alamut me fascinó por su historia, montañas y su salvaje naturaleza.

Mashhad: Santuario Nivel Ciudad

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Santuario del Imam Reza en Mashhad

Salí de Kerman a las 4 de la tarde en uno de mis queridos autobuses VIP que tan cómodos son. Creo que en Irán me ha pasado con los autobuses igual que me pasó con los aviones cuando fui a Bahamas. Allí perdí de alguna manera el leve miedo que tenía a volar (después de montar en aviones con agujeros en el fuselaje ya se está preparado para casi cualquier aeronave) y en Irán he conseguido acostumbrarme a dormir en los autobuses. Claro que cuando se tiene un auténtico sillón reclinable con cabecero y plataforma para las piernas no es tan difícil…

La cuestión es que dormí la mayor parte de las 15 horas que duró el viaje de Kerman a Mashhad.

Un Día de Relax

Llegué bastante temprano pero ya era de día. Un taxi me llevó por 150.000 IRR hasta Vali’s Homestay, donde había reservado una cama en un dormitorio por 500.000 IRR la noche. Al principio me costó encontrar la puerta de entrada porque realmente no hay tal puerta… ¡se accede por un garaje! Es más, el dormitorio es el propio garaje, pero muy bien disimulado y muy acogedor (al estilo iraní).

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Vali’s Homestay: Como en tu propia casa

El propio Vali me dio la bienvenida y su mujer me preparó té y un buen desayuno que tomamos en la terraza. Me gustó mucho el sitio, está bien situado y Vali habla inglés perfecto y chapurrea una barbaridad de otros idiomas. Una vez más, una de esas personas con las que compensa sentarse a charlar unas horas.

Mi plan para Mashhad era muy simple. Básicamente es una gran ciudad (de más de 3 millones de habitantes) en la que lo interesante se concentra en el Santuario del Imam Reza.

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Tenía un día y medio para Mashhad y medio día era más que suficiente para el santuario. Lo vi bien claro: ¡primer día entero de reposo!

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El día se fue volando entre descanso, siesta, escribir, tomar el sol y hablar con Vali y los demás huéspedes. Por la tarde estuve un par de horas ayudándole a cortar y limpiar una cantidad ingente de verduras para la sopa de la cena, ya que iba a venir un grupo de trece polacos.

Llegaron por la noche y montaron en cólera. No sé… ¿esperarían encontrar el Ritz por menos de 10 euros la noche? En la web del homestay está bien especificado el tipo de establecimiento que es y las fotos no engañan. Total, que la mitad se fue a un hotel y la otra mitad se quedó. Lo que está claro es que la cena fue absolutamente deliciosa.

Al día siguiente me levanté temprano y fui caminando hasta el santuario.

Historia del Santuario

Nos tenemos que remontar al año 798 d.C. cuando Haroun ar-Rashid gobernaba en el califato Abasí. Estaba muy por la labor de introducir el estilo de pensar griego y los aires cosmopolitas en la sociedad musulmana. Haroun ansiaba también el poder espiritual de Musa, el séptimo Imam Chiíta, y se las ingenió para que fuese encarcelado en Bagdad y posteriormente ejecutado.

Su hijo de 35 años heredó su presencia espiritual en la región convirtiéndose en el Imam Reza. Al mismo tiempo, los hijos de Haroun (Ma’mun y Amin) comenzaron una guerra civil para suceder a su padre. Ma’mun se hizo con la victoria pero necesitaba la ayuda de Reza para aplacar las revueltas que estaban teniendo lugar.

Reza le negó su apoyo así que ordenó su secuestro y que fuese llevado por las regiones que se estaban rebelando como símbolo de su poder imperial. Sin embargo la idea no le funcionó bien. El carisma del Imam cautivó tanto que Ma’mun temió ser eclipsado.

Supuestamente Ma’mun orquestó su asesinato haciéndose valer de unas uvas envenenadas, disfrazando después su propio crimen al mandar construir un santuario en su honor.

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Una de las múltiples y diferentes plazas del santuario

Después del entierro comenzaron a aparecer cada vez más y más peregrinos. El santuario se amplió en el siglo XV a manos del hijo de Tamerlan, Shah Rokh, y su mujer Gohar Shad.

En el siglo XVII el Shah Abbas I reconstruyó parte del santuario y la ciudad alcanzó su culmen bajo el mando de Nader Shah. Sucesivas ampliaciones tuvieron lugar también durante el siglo XX, antes de la revolución.

El Santuario

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El Haram-e Razavi es una ciudad sagrada dentro de una enorme ciudad con multitud de plazas, edificios, cúpulas y santuarios.

La mejor forma de visitarlo es de manera totalmente independiente (¡además la entrada es gratuita incluso para los turistas!). No está permitido entrar con cámaras de fotos y cualquiera que lo intenté tendrá que dejarla obligatoriamente en una taquilla porque los registros son exhaustivos. Lo que sí está permitido introducir es el móvil y se pueden hacer tantas fotos como se quiera sin ningún tipo de problema (es más, todo el mundo hace fotos sin parar). Una cosa muy curiosa la verdad…

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¿Fotos? Las que quieras, pero con el móvil…

Hay muchas cosas que visitar en el Haram, pero al no haber ningún mapa del sitio no tuve en ningún momento claro cuál es cuál, por eso me dejé llevar por la vista y deambulé durante un par de horas de plaza en plaza totalmente maravillado por los edificios, las cúpulas, los mosaicos… ¡hasta el suelo es espectacular!

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Poco a poco más y más gente fue llegando. Gente local que me confundía con gente local (como estaba solo, con ropa oscura, y con pintas iraní…). Muchos venían de turismo y a hacerse fotos, pero muchos otros a derrochar devoción e incluso llorar por un crimen que se remonta a 1200 años atrás.

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Preparando el terreno para las oraciones

Eso es fe y lo demás son tonterías. Cuando sentí que había captado toda la intensidad del lugar volví al Vali’s Homestay a preparar la mochila e ir a la estación de tren con la próxima y última parada en Irán: el Valle de Alamut.

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Tren Nocturno a Qazvin

A las 2.30 de la tarde salía mi tren de Mashhad a Qazvin. Nada más y nada menos que 13 horas de tren nocturno recorriendo el norte del país desde cerca de la frontera con Afganistán hasta la entrada del Valle.

Fue mi primera vez en un tren con cama. En el compartimento íbamos cuatro personas, sentadas dos a un lado y dos al otro, con el ya clásico pack de bienvenida (¡esta vez incluso con un batido de chocolate!) y un kit con manta, zapatillas y almohada.

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Tren con todos los complementos

El billete lo había comprado con anterioridad en una agencia de viajes de Isfahan por 1.100.000 IRR.

Cuando empezó a hacerse de noche transformamos el compartimento en las cuatro camas. Encima de los asientos estaban plegadas las literas superiores y, los asientos, se transformaron en las camas inferiores. Dormí de maravilla. Ojalá tuviésemos más trenes nocturnos en España, me parece una manera estupenda de viajar ahorrando tiempo.

De hecho me dio rabia porque llegamos a Qazvin a las 3 de la madrugada cuando la hora prevista de llegada eran las 3:30. ¡Me robaron media hora de sueño! Con lo bien que estaba yo en mi litera…

Bajé en la pequeña estación de Qazvin y me busqué un banco conveniente para dormir un par de horas más antes de empezar la ruta por el Valle de Alamut.

¡Y no la iba a hacer solo! Sofía, la chica de Dinamarca que conocí en Varzaneh y con la que estuve también en Shiraz, se animó al plan ya que venía del sur para seguir su viaje hacia Armenia y esta zona le quedaba estratégicamente en una ubicación perfecta.

El Valle de Alamut

A las 7 de la mañana apareció Sofía en la estación tan emocionada como yo con la excursión de dos días que teníamos por delante. Un rato después Yousef, nuestro genial guía que me habían recomendado los dos chicos holandeses con los que tantas veces coincidí las pasadas semanas, vino a recogernos para empezar la ruta.

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Yousef, Sofía y yo mismo explorando el valle

Yousef nació en una pequeña aldea en las montañas del valle, por lo que se conoce todo al dedillo, le encanta hablar del valle, de su historia, del país, de política, de cine… Es un excelente guía y una excelente compañía, pues su sentido del humor nos amenizó el viaje en todo momento. Cobra 2.5000.000 IRR al día independientemente del número de personas (de 1 a 4). ¡Muy recomendable!

El Lago Evan y el Cañón

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Dejamos Qazvin y rápidamente nos vimos rodeados por un entorno natural verde envuelto en potentes montañas. Muy atrás quedaban ya todos los desiertos y zonas áridas visitadas días antes… ¡Esta parte es como si un trozo de los Alpes se hubiese independizado y escapado a Oriente Medio!

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Los paisajes que se ven desde el coche son ya maravillosos

Paramos primero en el pequeño Lago Evan situado junto a la localidad del mismo nombre. Estaba nublado y llovía débilmente, pero nos dio igual. Salimos del coche y acompañados por Yousef hicimos una bonita, corta y sencilla ruta bordeando el lago.

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Lago Evan y el pueblo

No había absolutamente nadie salvo nosotros. Está claro que Irán sigue siendo un destino muy alejado de los circuitos habituales de turismo, pero en ciertas zonas ya se empieza a notar una creciente afluencia de gente buscando disfrutar de sus maravillas. Pero de todos los visitantes que vienen a Irán me gustaría saber qué porcentaje se deja caer por el Valle de Alamut.

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Nos sorprendió encontrar cerezos en esta zona, ofreciendo un gran contraste de colorido con el resto de la vegetación.

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Después del bonito paseo nos sentamos un rato junto al coche para disfrutar de las vistas. Habíamos salido muy temprano de Qazvin, por lo que teníamos tiempo de sobra para ir a todos los sitios planeados para este primer día y con mucha calma.

Cuando ya nos sentimos llenos de paz y tranquilidad volvimos al coche y, monte arriba, nos adentramos aún más en las profundidades del valle.

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Yousef nos llevó después a una espectacular formación geológica. Atravesamos varios pueblos y recorrimos durante un par de horas más la estrecha carretera del Valle de Alamut hasta llegar a la entrada de un pequeño cañón.

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Entrada al cañón

Uno de esos sitios en los que se descubre lo exquisita y caprichosa que puede ser la naturaleza cuando quiere. Las paredes parecen esculpidas por un Dalí alocado obsesionado en hacer tantos entrantes y salientes como sea posible.

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Aquí fue donde la única nube verdaderamente gris que vi en las tres semanas que pasé por Irán decidió descargar con fuerza todo el agua que tenía acumulada. Nos refugiamos en un techo natural formado por el cañón mientras llovía, disfrutando del aire fresco y la sensación de frondosidad del lugar.

Castillo de Alamut y los Assassin

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Peñasco sobre el que están las ruinas del castillo

En el siglo XXII d.C. una amplia red de castillos muy bien fortificados se construyeron en el valle por los seguidores de Hasan-e Sabbah, líder espiritual de una especie de secta islámica.

El mito popular dice que se trataba de una organización casi de estilo mercenario a cuyos miembros se le encargaban asesinatos o secuestros de líderes políticos o religiosos. Creían que sus acciones los transportarían al paraíso. Parece ser que Sabbah les infundía estas creencias enseñándoles preciosos jardines secretos llenos de jóvenes doncellas a la vez que se drogaban con hachís. De ahí su nombre de Hashish-iyun, raíz de la actual palabra asesino.

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Vistas desde las ruinas del castillo

Sea cierto o no, lo que sí se sabe con seguridad es que los castillos fueron capturados por Hulagu Khan en 1256 a través de un truco diplomático, habiendo forzado previamente al líder sucesor de Sabbah a rendirse.

Solamente los de Girdkuh y Lamiasar decidieron luchar y sobrevivieron hasta 17 años gracias a sus sofisticados sistemas de agua y cisternas.

Por el temor de futuros rebrotes, los mongoles decidieron destruir estas fortalezas, por eso hoy lo que podemos visitar son más las impresionantes vistas de donde una vez estuvieron los castillos que las propias edificaciones.

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Llegamos a la base del peñasco sobre el que una vez estuvo el Castillo de Alamut con el estómago rugiendo por algo para comer. Afortunadamente el sitio en el que Yousef había previsto pasar la noche está justo junto al castillo, por lo que dejamos la visita para la tarde y primero fuimos a instalarlos en nuestra habitación, descansar un poco y comer deliciosos platos tradicionales.

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Estábamos una vez más solos, sin ningún atisbo de turismo aparte de nosotros mismos y un grupo de 3 franceses. No había nadie ni siquiera en la caseta en la que en teoría se cobra una entrada para acceder al castillo, por lo que la visita nos salió gratis.

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Junto a las escaleras que llevan a lo alto de la roca

La roca sobre la que están los frágiles restos de la fortificación es bastante impresionante. Imposible encontrar un mejor sitio para un castillo fácil de defender.

Siguiendo unas escaleritas empezamos poco a poco a ganar altura. Pronto las vistas se abrieron y pudimos comprobar la inmensidad del valle en otra dirección.

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¡Montañassss!

Una vez arriba nos fijamos más en los paisajes y las vistas de casi 360º que en las propias ruinas del castillo. Están llenas de andamios por unas supuestas excavaciones e investigaciones que se están haciendo en el lugar, aunque sinceramente todo tiene pinta de estar totalmente abandonado.

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Da igual. ¿Por qué mirar hacia abajo cuando se puede mirar al frente? Magníficas panorámicas del valle.

El tiempo iba mejorando poco a poco, así que nos quedamos en lo alto hasta que nos aburrimos de subir por piedras buscando nuevos puntos de vista.

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Estupendas vistas en todas las direcciones

Un buen premio nos esperaba en el hostal. ¡Menuda cena! Yousef acertó trayéndonos a este sitio. Compartimos la velada con un chico de Malasia que estaba viajando en solitario y nos fuimos temprano a dormir para poder aprovechar al máximo nuestro segundo día por los recovecos del Valle de Alamut.

Carretera a Pichebon

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No pudimos completar mi plan original de cruzar en coche las montañas del valle para bajar hasta el Mar Caspio. La ruta pasa por el Pichebon Caravanserai en su camino hacia el Salambar Pass. El problema es que la carretera sube hasta los 3200 metros de altitud y a fecha de 30 de abril aún había zonas cortadas por la nieve.

La propuesta de Yousef estuvo muy bien. Conducir en esa dirección hasta un punto que él conoce con estupendas vistas y después volver a Qazvin por otra carretera para así parar en el Castillo de Lamiasar.

Al parecer por la noche cayó una tormenta en condiciones. Tal fue el aguacero que de la inundación se rompieron las tuberías del pueblecillo donde dormíamos y no nos pudimos ni duchar. Yo por supuesto no me enteré de nada. Cuando duermo, duermo.

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Danger on the road!

Los efectos de la tormenta se vieron claramente en la carretera y en el paisaje. Los prados estaban más verdes que nunca, y algunos de los picos que el día anterior no tenían nieve habían recibido una nueva capa que los hacía aún más bonitos.

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En la carretera nos encontramos unos cuantos impedimentos que nos hicieron bajar del coche en un par de ocasiones para valorar si era posible continuar la ruta o no. Pero Yousef no se amedrenta con nada y por muy estrecho que fuese el hueco o grandes las piedras que habían caído de las laderas, seguimos adelante.

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Stop!

Pronto llegamos al mirador del que nos había hablado. ¡Menudas vistas tan espectaculares!

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Todos los elementos a una: agua, piedra, árboles, pradera, valle, montañas y nieve. Un verdadero lujo paisajístico.

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¡Qué pena que no pudiésemos seguir! Si en este punto las vistas son así, no me puedo ni imaginar cómo será seguir la ruta completa hasta lo alto y después continuar hasta el Mar Caspio. Según Yousef se puede hacer en general a partir de junio, cuando la nieve ya no bloquea la carretera (¡plan más que recomendable para los valientes que vengan a Irán en verano!).

Castillo de Lamiasar

Dimos vuelta y Yousef nos llevó hasta el otro extremo del valle. Aquí los paisajes son muy diferentes. El valle parece todavía más ancho y las colinas parecen coger tonos dorados con el reflejo del sol.

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Ruta hacia “El Dorado”

Pasando Razmiyan la carretera sube hasta el punto más cercano al que se puede acceder en coche para ir al Castillo de Lamiasar.

Desde ahí una pequeña caminata de 15 minutos lleva hasta las últimas escaleras que conducen a lo alto de las ruinas de la fortaleza.

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Ruinas muy ruinosas, pero agraciadas con una ubicación de puro infarto. Tuvimos suerte con el día, estaba bastante despejado y con una luz bonita, por lo que disfrutamos al máximo de lo que teníamos ante nuestros ojos.

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Ruinas del Castillo de Lamiasar

Esta fue mi última parada en Irán. A partir de aquí tenía por delante el largo camino hasta Pamplona. Abrí bien los ojos y no desperdicié ni un segundo del tiempo que pasamos en lo alto de Lamiasar. Me cuesta pensar en una mejor forma de despedirme de Irán.

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Después de tantas ruinas, tantas mezquitas, tanta gente maravillosa y tantos desiertos, un punto natural de estas características, casi intimista en cuanto a gente se refiere, es realmente un perfecto colofón final.

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Comimos algo en Razmiyan y Yousef nos llevó a un punto de la autopista cerca de Qazvin donde paran los autobuses en la ruta Tehran-Tabriz en cualquiera de sus direcciones. Sofía se fue a Tabriz para seguir hacia la frontera con Armenia y yo puse rumbo a Tehran.

Estos dos días han sido una pasada. Tanto por nuestro guía como por Sofía. ¡Qué suerte tuve de que se apuntase en el último momento para así compartir la última gran experiencia de mis casi 80 días de viaje!

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Contacto de Yousef: Yousef Shariyat (yousef.sh.khoo@gmail.com)

Pero todo tiene su fin. En la estación de autobuses de Tehran y tras mucha negociación (e incluso intento de irme) un taxista accedió a llevarme al aeropuerto en taxi compartido con una chica de Filipinas por 200.000 IRR. Allí tuve la suerte de reencontrarme con Nicola y Perla, los italianos que se alojaron con Noe y conmigo en casa de Nafise en Shiraz.

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¡Reencuentro inesperado con Nicola y Perla!

Teníamos muchas horas de espera hasta las 5 de la mañana cuando salían nuestros vuelos, y estar con ellos fue toda una suerte para no morir del aburrimiento.

Mi viaje de vuelta fue casi en sí mismo un nuevo tour por Europa. Etihad canceló mi vuelo (Tehran – Abu Dhabi – Madrid) y me reubicó en un itinerario más largo (Tehran – Abu Dhabi – Roma – Madrid) llegando a Madrid 8 horas más tarde de lo inicial y sin ningún tipo de compensación. ¡UNA AUTÉNTICA VERGÜENZA! Estuve horas echando bilis por la boca.

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Como la canción de Lily Allen: F*** you, f*** you very very muuuuchhh….

Así que mi consejo es el siguiente: Etihad no more. Hablé con los responsables de la compañía y me trataron fatal, como si la cancelación del vuelo fuese casi culpa mía.

Ahora estoy ya en Madrid. Esperando a que llegue el autobús que me llevará definitivamente a Pamplona para concluir esta extraordinaria aventura vital en todos los sentidos: vital en lo físico, psíquico y espiritual. Algo que me ha llenado hasta un nivel que creía imposible y que me ha recargado las pilas para seguir descubriendo mundo, conociendo nueva gente y culturas, y disfrutando de la diversidad que nos ofrece la Tierra.

En breve pondré un pie por primera vez en un nuevo continente: África.

¡Que no terminen las aventuras!

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