Irán 2017 – Etapa 3 – Varzaneh: Arena, Sal y Barro

En Irán las distancias son largas, por eso cuando se tiene tiempo no está mal hacer un alto en el camino para disfrutar de las múltiples maravillas de la tierra de los Persas. En esta ocasión paramos en Varzaneh para ver por primera vez un desierto de dunas de arena y conocer de cerca un poblado pequeño y tradicional alejado de las grandes ciudades.

Para organizar esto tuvimos la suerte de que nuestro amigo iraní de Isfahan, Mehrdad, nos pasase el contacto de Ebrahimi, un chico que aparentemente regenta una guest house en Varzaneh. Rápidamente me puse en contacto con él y nos consiguió un apartamentito para pasar la noche porque su guest house estaba llena.

Salimos de Isfahan de la pequeña estación Jey Minibus Station situada al este de la ciudad. Es una estación de juguete, muy cómoda y poco transitada, pero igualmente con empleados que se desviven por ayudar a los turistas. El autobús salió a la 1 de la tarde (50.000 IRR, 1h 30minutos) e, increíblemente, yo conseguí aprovechar el tiempo para dormir un poco que el cansancio acumulado de más de dos meses de intensidad continua empieza a hacer acto de presencia.

El trayecto fue como la seda. Las carreteras en Irán son buenas en todas partes y, además, hay muchísimos tramos de rectas infinitas que parecen no terminar nunca.

El señor conductor nos preguntó ya antes de subir “Ebrahimi?”. Debe ser que este chico es ya una celebrity en el pueblo, pero nos vino genial ya que paró en la puerta de la guest house (Yasna Varzaneh Traditional Guest House).

Entramos al precioso patio interior alrededor del cual están la cocina, las habitaciones y los baños. Tanto Ebrahimi como la gente que tiene trabajando mediante workaway salieron inmediatamente a recibirnos y ofrecernos algo de comer.

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Acogedora guest house junto al desierto

Nos pareció un sitio tremendamente acogedor y alegre (¡y además libre de restricciones de vestimenta!). Totalmente un oasis en medio del desierto (en todos los sentidos). Ebrahimi nos explicó cómo funcionaban los tours que organiza y nos decidimos por el de la tarde que es el que pasa por el desierto.

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Aquí hay para todos los gustos…

Un tipo curioso. Hablando con él le comenté cuál era mi dirección de correo electrónico (es el nombre de un famoso matemático entre los matemáticos de pura casta) y se quedó sorprendido: “¿Eres matemático”? Me quedé de piedra, y entones me contó su historia. Estudió matemáticas en Irán y después se fue a hacer un master a Burdeos y Milán. ¡Estuvo incluso en Pamplona!. Un chico muy interesante, con mucho sentido del humor y mucha cultura. Vamos, un anfitrión de lujo (y con dosis extra de frikismo matemático). Como él mismo dice “Estudié muchos años matemáticas… ¡y ahora tengo una Guest House!”.

A las 4 de la tarde nos repartió en varios taxis para ir a visitar el Lago de Sal y el Desierto de Varzaneh. Había ambientillo en la guest house, pero no todos nos apuntamos al tour. En nuestro taxi vinieron también Owen, un chico de Irlanda, y Sofia, una chica de Dinamarca con la que pude ampliar mi gusto personal por las series y películas danesas. El tour estuvo bien y nos salió por 400.000 IRR a cada uno, un precio bastante razonable para ir cómodamente en taxi con un guía de excepción: el propio Ebrahimi.

El Lago de Sal

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La primera vez que visité un lago de sal fue en el año 2006 en el viaje de estudios a Turquía que hice con mis amigos de la facultad. En un largo y tortuoso trayecto entre Cappadocia e Estambul paramos en un sitio que me resultaría imposible situar en el mapa para ver un enorme lago salado.

El lago de sal de Varzaneh es igual de excepcional. ¡Es bastante grande! Paramos en varios sitios para ver las diferentes formaciones naturales del lugar. Primero vimos cómo, debido a una especie de movimientos de los materiales de la superficie como si de placas tectónicas se tratase, se forman pequeños bordes de sal que transforman el suelo en un precioso y enorme mosaico irregular de baldosas-NaCl. Realmente fascinante.

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Un mosaico natural muy salado

Seguimos un rato más en coche (¡este sitio es enorme!) hasta parar junto al verdadero lago. Aquí la profundidad no llega en ningún momento ni a los 40 centímetros y se puede caminar sin ningún problema para apreciar de cerca este curioso fenómeno.

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La sal se podía notar hasta en el aire, como si estuviésemos cerca de un mar en el interior de Irán. Muy curioso y muy bonito, un paisaje totalmente distinto a lo que yo estaba habituado. Una vez más, contrastes por doquier.

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Al salir del lago mis piernas se transformaron en dos minutos en una especie de escultura de yeso. El agua se evaporó totalmente dando paso a un aspecto de momia embalsamada que realmente daba hasta miedo. Pero bueno, es sal, ¿no? Tampoco puede ser algo malo.

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Volvimos al taxi con ganas de la siguiente parada. Cambio radical: ¡Dunas!

Desierto de Varzaneh

Y de repente, en medio de la nada (y en Irán hay mucho de eso, “nada”) aparecieron unas preciosas dunas de arena que parecían salidas de la película de David Lynch (pero sin gusanos gigantes, menos mal).

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¡Dunas de Paul Atreides!

El día estaba bastante nublado, pero aún así la imagen de este desierto expandiéndose ante nuestros ojos hasta el horizonte fue bastante cautivadora. ¡Y lo que engañan estas dunas! No parecían muy grandes pero el hecho de ser pura arena fina hace que subir a lo alto cueste el doble de lo normal.

Ebrahimi cargó además unas tablas estilo snowboard para que pudiésemos probar sandboarding. ¡Nunca había oído hablar de nada parecido! Pero lo que tenía claro es que yo no me iba a quedar sin probar eso. Después de relajarnos un rato con las vistas, Owen y yo cogimos nuestra tabla e hicimos un par de bajadas.

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Haciendo sandboarding por primera vez

¡Qué curioso! A diferencia del Snowboard aquí no hay ni botas, ni fijaciones ni nada. Pies descalzos sobre la tabla, al borde del abismo, un poco de sentido del equilibrio… ¡y a deslizarse!

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Al rato se levantó un incómodo viento que empezó a llenarnos de arena de arriba abajo. Como además estaba el cielo bastante nublado e iba a ser imposible ver el cielo estrellado, decidimos todos volver a la guesthouse cuando empezó a hacerse de noche para tener una buena cena en la genial compañía internacional del lugar.

Portugueses, irlandeses, holandeses, daneses, alemanes, españoles… ¡Qué interesante!

Ciudadela de Ghoortan

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Después de cenar Ebrahimi nos llevó en coche al apartamento que había apalabrado para nosotros (700.000 IRR). Estaba a tan solo 1 km de la guest house, pero ya eran casi las 12 y estábamos bastante cansados. Le comentamos que por la mañana en lugar de hacer el “morning tour” que él mismo organiza, nos apetecía ir a visitar la antigua ciudadela de Ghoortan, a tan solo unos 15 km de Varzaneh.

Nos dijo que un taxi ida y vuelta con una hora y media de tiempo de espera nos saldría por 250.000 IRR. Le pedimos que nos lo reservase para las 9:30 de la mañana y nos fuimos a dormir temprano para levantarnos a las 8 y poder desayunar antes de la visita.

Esta genial fortificación de adobe ha sobrevivido a las inclemencias del tiempo (y humanas, que en esta tierra en los últimos dos milenios han conocido de todo menos la tranquilidad) durante más de 1000 años.

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La diversión está en las alturas

Al parecer el secreto está en la resistencia de los ligeros pero a la vez fuertes muros de adobe de entre 3 y 4 metros de las casas.

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Señora autóctona y el interior de su casa

Según pudimos observar solo unas 3 o 4 señoras muy mayores viven todavía en esta parte de la ciudadela. A las afueras hay varios edificios modernos y algunos de los habitantes de estas nuevas construcciones usan las antiguas casas de adobe como almacén o guarida para sus animales (gallinas, ovejas, vacas…)

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Ghoortan es un sitio cero turístico que invita a ser explorado con total libertad. El taxista nos indicó con el dedo por donde deberíamos empezar a caminar y, a partir de ahí, todo fue dejarse llevar por la intuición y las sensaciones del lugar.

En el fondo es como un pequeño parque de atracciones, especialmente para los que tenemos afición a subirnos a las rocas, tejados… Bueno, ¡a todo lo que se pueda subir!

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Lo único que hay que hacer es encontrar cualquier escalera que permita llegar a lo alto de la muralla o de los tejados. La vista de la ciudadela cambia mucho desde las calles o los tejados. Parece como si hubiese dos ciudades en una y todas las casas estuviesen de alguna forma interconectadas por pequeños caminos en las alturas.

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Subes por un sitio, bajas por otro… ¡y vuelta a empezar! Una visita muy recomendable y muy divertida, para hacer en absoluta tranquilidad sin más compañía que los animales y las 4 lugareñas que aún habitan en el adobe.

Varzaneh: Vivir en el Desierto

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La presencia humana en la región se remonta a más de 5000 años atrás, siendo Varzaneh el núcleo urbano más importante en la actualidad (unos 10.000 habitantes). Sus casas son de estilo bastante tradicional, al igual que la gente, que parece vivir en una sociedad estancada muchas, pero muchas décadas atrás.

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Masjed-e Jameh de Varzaneh

La mezquita es más bonita por fuera que por dentro. La visita es totalmente gratuita pero aunque estuviese cerrada no nos habríamos perdido gran cosa. Prescindible. Más interesante son dos construcciones a las afueras hechas a modo de memorial, con una sencillez y sobriedad geométricas maravillosas.

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Por lo demás, Varzaneh es un punto ideal para visitar el desierto y desconectar del bullicio de las grandes ciudades iraníes, pero una estancia de dos días puede hacerse demasiado larga salvo que se esté buscando detener el tiempo y la tranquilidad extrema.

En nuestro caso después de visitar el lago, el desierto, y socializar con múltiples nacionalidades teníamos claro que nuestro tiempo en Varzaneh había sido perfecto, en su justa medida. Después de volver de Ghoortan y comer en la guest house de Ebrahimi, nos subimos a un taxi (400.000 IRR) para ir hasta Naein. Es la única forma de conseguir enlazar con el autobús que va de Isfahan a Yazd.

Esperamos algo más de una hora en una especie de explanada en la autopista utilizada como punto de encuentro de autobuses y seguimos nuestro viaje hacia una de las ciudades más antiguas de Irán y del mundo: Yazd.

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Espera y viaje en autobús en medio de la nada

Nuestros couchsurfers de Yazd parecen un matrimonio muy moderno.

¡Qué ganas de conocerlos!

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