Sri Lanka 2017 – Etapa 2 – Nuwara Eliya: El Fin del Mundo y el Té

Aunque no destaque por su desorbitada belleza, sí que Nuwara Eliya es una buena parada en el camino de Kandy a Ella para realizar algunas visitas y excursiones muy interesantes por la historia reciente de Sri Lanka y algunos de sus parajes naturales más espectaculares.

De Dalhousie a Nuwara Eliya

La intensidad de horario y pateo de Sri Pada nos había dejado algo cansados pero teníamos el día entero para tomárnoslo con calma pues nuestro único objetivo era llegar desde Dalhousie a Nuwara Eliya y recuperarnos de la peregrinación nocturna al monte sagrado.

Salimos de la guest house con mucha calma a las 12 y pico para volver en autobús a Hatton, a donde habíamos llegado el día anterior en tren desde Kandy. Allí, encontramos rápidamente un autobús con destino Nuwara Eliya (2 horas, 120 LKR) así que al ver que tenía sitio para ir sentados ni nos lo planteamos dos veces.

Nuestro tercer cómplice de las montañas, Mustafa, estaba esperándonos en Nuwara Eliya ya que se fue directo al acabar la subida a Adam’s Peak y habíamos quedado con él para cenar una vez estuviésemos instalados en nuestro hostal (Scenic View Bungallow, 1600 LKR por persona y noche). También se nos iba a unir Paul, un amigo de Niina que es de Kandy y que nos iba a aportar todo el saber local.

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Atardecer colorido en Nuwara Eliya

Nos juntamos todos en el pueblo para cenar y hablamos de lo que podíamos hacer al día siguiente. Al final, y a pesar de que nos habíamos levantado ese mismo día (parecía que no pero sí…) a la 1 de la madrugada, decidimos ir al día siguiente a visitar el famoso parque de Horton Plains. Nos fuimos pronto a dormir porque una vez más tocaba madrugón (¡parece que le hemos cogido gustillo a esto de no dormir!)

Parque Natural de Horton Plains

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Había leído maravillas de este parque al sur de Nuwara Eliya, entre otras cosas porque es de los pocos de Sri Lanka que se puede visitar (más o menos) de forma independiente sin ir acompañados ni de guías ni en un 4×4 ni nada de nada: ¡puro pateo tradicional como a mí me gusta!

Nos levantamos a las 4:30 porque el coche privado que habíamos contratado con la ayuda del dueño del hostal había quedado de pasar a las 5 de la mañana (3500 LKR a repartir entre tres). Es importante llegar pronto para evitar mogollones de gente y que la niebla haya tupido las vistas del mirador del World’s End, sin duda el punto fuerte del parque.

A Mustafa lo recogimos en el centro de la ciudad, pero se perdió y salimos 20 minutos tarde lo que supuso un buen retraso al llegar al parque por la cantidad de coches que había ya esperando. De camino nos deleitamos con un bonito amanecer para abrir el apetito.

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Tardamos algo más de una hora en llegar a la entrada del parque. Bajamos del coche para hacer cola y comprar una entrada colectiva para 3 personas y coche (3000 LKR por persona) para después continuar aún otros 5 km hasta el aparcamiento que está justo al inicio del sendero.

La ruta no tiene demasiada complicación y es imposible perderse: hay que seguir un sendero circular que la única variación que nos ofrece es la de realizarlo en un sentido o en otro.

  • Duración: 3 horas (24 de febrero)
  • Kilómetros Recorridos: 9,5 kilómetros (circular)
  • Desnivel Total Acumulado: 240 metros de subida y 240 metros de bajada
  • Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 2120 m / 2250 m

Nosotros optamos por hacer el recorrido en sentido antihorario, empezando por el desvío a mano derecha y dejando así el mirador para el final. Cuando llegamos al aparcamiento había ya unos 20 coches pero he de decir que a lo largo de las 3 horas que tardamos en completar el circuito no nos sentimos en ningún momento agobiados por la gente, ya que la mayoría empezaron por la izquierda por ser el sendero que lleva más directo al mirador (¡mejor para nosotros!)

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Empieza la ruta circular: ¿izquierda o derecha?

Los primeros kilómetros transcurren por una bonita llanura frondosa en vegetación baja que está situada a más de 2000 metros de altitud. El poco desnivel hace de esta parte un cómodo paseo que nos va introduciendo poco a poco en el corazón del parque.

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Las verdes pequeñas laderas del Parque Natural de Horton Plains

Llega un momento en el que el bosque se adueña del entorno. Vale la pena desviarse unos metros a la derecha en la indicación que señaliza la “Baker’s Fall”, una pequeña pero bonita cascada que mucha gente se salta por la pereza de bajar unos cuantos escalones que después hay que volver a subir (claramente, ¡gente que no ha subido a Sri Pada!)

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Un pequeño desviio en el camino para bajar a Baker’s Falls

Al salir del bosque volvimos al paisaje estilo tundra escandinava hasta que, después de casi 6 kilómetros desde la salida, llegamos al mirador del World’s End.

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Mirador del World’s End: ¡Guau!

Y normal que tenga ese nombre que parece hacerle competencia a Fisterra, porque una caída en vertical de 800 metros no es ninguna tontería. Tuvimos suerte con las vistas: había nubes pero estaba todo muy claro y se distinguían perfectamente las otras montañas en la lejanía…

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… y las propias nubes formando una caprichosa línea recta casi perfecta.

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La geometría de la naturaleza

Es el típico sitio donde despeñarse no debe ser complicado (un chico local nos dijo que alguna vez ya ha ocurrido), pero yo no pude evitar asomarme al abismo para disfrutar de la sensación de total libertad que me dan este tipo de alturas y miradores.

Hice sufrir a algún que otro turista miedoso que no se atrevía a acercarse a menos de 5 metros del precipicio, pero para quien no tenga vértigo es una gozada.

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Habíamos llegado al mirador con muy buen ritmo (el conductor nos pidió que no tardásemos mucho más de tres horas) por lo que nos tomamos todo el tiempo que quisimos para disfrutar de las vistas.

Unos cientos de metros más adelante está el Little World’s End, que carece del factor de majestuosidad de su hermano mayor pero proporciona igualmente unas bonitas vistas, con un ángulo perfecto para ver toda la profundidad del valle. ¡Pero qué verde!

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Little World’s End es otra parada obligatoria

El tramo final vuelve a retomar un sencillo camino con algún tramo de tierra arcillosa con múltiples colores como si se tratase de una pequeña réplica del Cañón del Colorado.

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Nos ha costado un buen pellizco a la cartera esta excursión (como casi todas las cosas en Sri Lanka…) pero una vez más, ha valido la pena por lo que no me arrepiento ni del madrugón ni de las rupias.

Plantación de Té de Labookellie

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Llegamos al hostal a las 11:30. Nuestro amable host nos preparó igualmente el desayuno que nos sentó de maravilla. Aprovechamos para comentarle la idea de visitar alguna plantación y factoría de té, a poder ser, no excesivamente turística y nos recomendó ésta, que aunque está alejada de la ciudad (más de 10 kilómetros) recibe menos visitantes que las típicas de los alrededores.

A las 2 de la tarde vino a recogernos un tuk-tuk (1200 LKR por llevarnos, esperar 2 horas y traernos de vuelta). Tardamos algo más de 40 minutos pero ya por el camino no dejamos de ver inmensas plantaciones de té color verde esmeralda que se extendían hasta más allá de donde alcanzaba nuestra vista.

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Los campos de te de Nuwara Eliya son inmensos

Nada más llegar pudimos ver a las mujeres (en su mayoría Tamiles) recolectando las hojas de té que están en su momento óptimo.

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Mujeres tamiles recolectoras de te

Paul nos comentó que hace poco se sublevaron a los dueños de estas factorías debido al mísero sueldo que cobraban (200 LKR al día, aproximadamente 1,3 €) y que ahora cobran 600 LKR (3,6 € aproximadamente). Es un sueldo indignante igualmente, pero al menos consiguieron hacerse oír.

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Las vistas que hay desde la plantación son espectaculares. ¡No se ve ni donde empiezan ni donde acaban los campos de té!

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El profundo verdor de Labookellie

Mientras esperábamos a que nos hiciesen la visita gratuita nos invitaron a tomar un té negro que me gustó incluso a mí que no soy muy dado al café, té o infusiones (sigo siendo de los del ColaCao)

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El tour por la fábrica fue bastante rápido porque la producción tampoco tiene mucho misterio. Empiezan recogiendo las hojas que están en su justo momento y después de varios procesos de deshidratación, fermentación natural y triturado pueden estar convertidas en té para tomar en menos de un día. ¡Increíble!

Paseando por Nuwara Eliya con un Guía Local de Lujo

Al volver de Labookellie el tuk-tuk nos dejó en el centro de Nuwara Eliya. Paul iba a hacernos un pequeño tour por algunos rincones de esta, a priori, no muy interesante pequeña ciudad.

Empezamos por el mercado local, que está algo oculto para las miradas no expertas. Allí pasamos un rato fabuloso probando frutas de las que nunca habíamos oído hablar (Bely, Wooden Apple…) resultando deliciosas la mayoría de ellas.

Fue un momento mágico de entrar en contacto con la gente real de las tierras altas de Sri Lanka, tanto los vendedores como los clientes.

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Productos de lujo en el mercado del pueblo

Después seguimos paseando por la zona más británica colonial y acabamos pasando un par de horas en un bar de madera de un hotel muy bonito conversando sobre la situación del presente, pasado y futuro (que según Paul poco va a cambiar) de Sri Lanka y de sus costumbres y aversión por el cambio. Fue muy gracioso también hablar con Mustafa sobre la situación de Egipto, las restricciones que hay allí y de lo que él está descubriendo viajando.

Como curiosidad vendían cerveza San Miguel de importación por 900 LKR (unos 5 € por un botellín de 200 ml).

A las 11 de la noche nos fuimos para el hostal porque estábamos derrotados de los dos madrugones seguidos que habíamos tenido esos días. Yo creo que ya en el tuk-tuk estábamos a punto de quedarnos completamente dormidos. Esa noche tocaba dormir sin poner despertador. ¡No me lo podía creer!.

Y Hoy nos hemos levantado sin prisa ya que había desechado totalmente la idea de ir a la cascada de Lover’s Leap porque Paul creía que iba a estar totalmente seca. Así que nos quedamos de relax en el hostal para encontrarnos con que las 2 nuevas huéspedes eran españolas (una de ellas de Vilanova de Arousa… ¡qué cosas!).

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Momentos de nuestro paso por Nuwara Eliya

Es una pena porque nos vamos a Ella en el tren de las 3 de la tarde, pero seguro que volveremos a coincidir por estas tierras llenas de brillantes montes verdes y un aire de total desconexión.

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