Escocia 2014 – Etapa 1 – Edimburgo (Días 3 y 4)

Desde el punto más alto natural hasta el punto más alto edificado por el hombre, Edimburgo te regala vistas y experiencias inolvidables.

Ayer comenzamos el día con una buena caminata. Después de un frugal desayuno en nuestro apartamento, bajamos la calle hasta pasar el Palacio de Holyroodhouse (el cual no podemos visitar porque está cerrado hasta dentro de una semana). Desde aquí, a tan solo un par de minutos, se encuentra la sede del Parlamento Escocés, un edificio bastante modernista para el conjunto de la Old Town. Está enclavado junto al conjunto de montañas que rodea a la ciudad, y que era verdaderamente nuestro objetivo mañanero.

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El modernismo del edificio del Parlamento Escocés

Arthur’s Seat es el punto más alto de estas montañas que rodean a Edimburgo. Se eleva 251 metros por encima del nivel del mar, lo que hace que la ascensión se resista un poco a gente no acostumbrada a caminar (aunque realmente es bastante sencillo puesto que la pendiente es continua y muy progresiva).

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Las vistas desde lo alto en un día despejado como el que tuvimos permiten contemplar de un simple vistazo toda la ladera y la ciudad. El verde profundo escocés se funde en la lejanía con los edificios y el mar.

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Vistas de la ciudad desde Arthur’s Seat

Este sitio es todo un espectáculo para cualquiera al que le gusten las alturas, como a mí. Siempre que viajo y veo un sitio elevado no lo puedo resistir, ¡tengo que subir! Es superior a mis fuerzas. A veces mis acompañantes sufren por verme cerca de precipicios, grietas o simas, pero son cosas que me atraen como si estuviese imantado.

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¡Edimburgo a mis pies!

Bajando de Arthur’s Seat, hicimos una parada en las ruinas de St. Anthony’s Chapel. Los orígenes de esta pequeña capilla son inciertos, pero se cree que es anterior al siglo XV. Originariamente de plana rectangular, contaba con una torre que se elevaba hasta los 12 metros de altura. Hoy en día las ruinas son muy ruinosas… pero el lugar sigue teniendo un toque mágico.

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Ruinas de St. Anthony’s Chapel

Después de la obligada parada para comer, volvimos a lo alto de la Royal Mile para visitar al fin el famoso Castillo de Edimburgo. Había leído algún comentario algo negativo, diciendo que no valía mucho la pena, pero desde luego a mí me ha encantado. Nos unimos a un guía que nos explicó brevemente la historia del castillo pero también dedicamos algo de tiempo a seguir visitándolo por nuestra cuenta.

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La mayoría de los edificios se conservan en casi perfecto estado. Algunos están dedicados a exposiciones y museos y otros tienen aún el toque de originalidad del castillo genuino.

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Una de las anécdotas más curiosas es que aquí sucedió lo que inspiró a George R. R. Martin a escribir esa famosa Red Wedding (“boda roja”) que ha traumatizado a innumerables fans de Juego de Tronos (no voy a comentar aquí nada para no hacer posibles spoilers, pero es curioso cómo Martin se basó en muchos hechos históricos de UK para formar todo el universo de su obra).

Las vistas de la ciudad son muy buenas desde diversos puntos del castillo. Completamente diferentes a las que ofrece Arthur’s Seat, más próximas a los edificios históricos y dignas de admiración también. Igualmente, desde Princes Street se ven las vistas contrarias, desde la parte baja vemos el Castillo dominando la ciudad en lo alto.

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Vistas desde y del castillo

Finalizado este día tan intenso, nos decidimos a buscar un buen pub para cenar y escuchar algo de buena música en directo. Relax. Relax del bueno. Recargando energías para un nuevo día.

Hoy tocaba descansar un poco las piernas, así que empezamos el día dejándonos caer por el Museo Nacional. Para mi sorpresa, conservan aquí las tablillas originales que John Napier elaboró entre el siglo XVI y XVII y que originaron los logaritmos, una de las herramientas más importantes en la historia moderna de las matemáticas. ¡Un momento friki en toda regla! Salí completamente emocionado 😀

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Tablas de Logaritmos originales de John Napier

La terraza del museo es de acceso gratuito y ofrece, una vez más, excelentes vistas de la ciudad, incluyendo el castillo al fondo (esa especie de gradas que se están montando son para el Festival de Edimburgo que tiene lugar a finales de mes).

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Edimburgo contemplada desde la terraza del Museo Nacional

Hacía tan buen día que aún invitaba a hacer algo más, así que dimos un pequeño rodeo mientras volvíamos a casa para pasar por Calton Hill y así tener la oportunidad de pasar por este pequeño monte de día. Se trata de una pequeña colina situada en el extremo este de Princes Street e incluida en la lista de Sitios Protegidos por la UNESCO, es el emplazamiento entre otros de los icónicos National Monument, Dugal Stewart Monument y el City Observatory.

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Calton Hill, la colina de los monumentos

Me ha gustado mucho en concreto la historia que rodea al National Monument of Scotland. Ideado como un homenaje a los marineros y soldados muertos en las Guerras Napoleónicas, fue diseñado entre 1823 y 1826 por Charles Robert Cockerell y William Henry Playfair basándose en los diseños del Partenón de Atenas. Su construcción se comenzó en 1826 pero, por falta de inversión, se detuvo para siempre en 1829. Esto hizo que se acuñasen varios nombres para la construcción nunca finalizada como “Scotland’s Disgrace” o “Edinburgh’s Folly“.

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National Monument, genialidad fracasada para el recuerdo

Volviendo a casa con el sentimiento de que ya habíamos visto todo Edimburgo, nos quedaba la sorpresa final de encontrarnos tuneada la escultura de homenaje al famoso filósofo Hume junto a nuestro apartamento. He de decir que no le quedaba nada mal…

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Tunning Hume junto a nuestro apartamento en la Royal Mile

Con esto se acaban nuestros días en Edimburgo. Es, desde luego, una ciudad en la que no me importaría nada vivir (aunque en invierno debe ser bastante intensa…). Mañana recogeremos el coche que hemos alquilado y nos dirigiremos al sur de Escocia, para después empezar nuestro circuito por otros sitios de la región.

¡Ahí vamos!

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