La accesible Viðoy y las remotas Svínoy y Fugloy son tres joyas naturales ideales para quienes tengan ganas de buenos trekkings y estén dispuestos a aventurarse en un viaje único por las salvajes corrientes del Atlántico Norte.
Viðoy: Un trekking imprescindible
La isla más septentrional de las Feroe es una delicia de la naturaleza que combina a la perfección montañas majestuosas, valles glaciares y acantilados de infarto.
Información Básica sobre esta Isla
- Principales conexiones con otras islas: Borðoy (por el pequeño puente-espigón en el canal Hvannasund).
- Es la séptima isla en tamaño (416 km²) y la más septentrional. En ella viven aproximadamente 600 personas.

- Aunque, como en el resto de las islas, no había árboles de forma natural, su nombre significa «Isla de la Madera» por los restos de madera a la deriva que llegaban hasta aquí arrastrados por la corriente desde zonas de Siberia y América del Norte.
- Geográficamente, destaca por tener zonas muy planas. Gran parte de la costa oeste es llana pero se eleva rápidamente a medida que vamos hacia el interior. Destaca la montaña en forma de pirámide Malinsfjall (751 m) justo enfrente de Múla (Borðoy) y la montaña Villingardalsfjall (844 m, tercer pico más alto de las Feroe) que da paso a los famosos acantilados de Enniberg con una caída de 754 metros.

El acceso a la isla desde Norðepil por el espigón es muy rápido. Desde ahí, hay solamente 8 kilómetros de carretera en toda la isla que llevan hasta el asentamiento principal (Viðareiði) siguiendo dos posibles itinerarios: el más escénico de la costa oeste y el más rápido de la costa este atravesando el túnel Viðareiðistunnilin (2 kilómetros de longitud).
Rutas en coche por Viðoy
El objetivo de cualquier visitante tras cruzar el espigón desde Borðoy será, sin duda, llegar al principal asentamiento de la isla, Viðareiði, al norte de la isla.

Toda la parte sur y la peninsula que sale hacia el sureste (coronada por el monte Talvborð) son bastante impracticables al no haber ninguna carretera ni camino que vayan hacia esa zona.
La forma más rápida de llegara a Viðareiði es tomando el desvío hacia la derecha por el moderno túnel Viðareiðistunnilin del año 2016. Al salir del túnel hay que continuar 2 kilómetros y buscar a mano derecha un pequeña el hueco del arcén para dejar el coche.

Este punto conocido como «Viðareiði Viewpoint» (N 62.345117º, O 6..510315º) ofrece una magnífica panorámica sobre las islas más al este (Fugloy y Svínoy) y también sobre el último cabo de Viðoy (Gáshøvdi).

Desde aquí, se llega al pueblo en poco más de 5 minutos.
Otra forma de llegar a Viðareiði y que nadie debería pasar por alto es la conocida «Ruta 70 Escénica«, que no es más que la antigua (y poco cuidada) carretera que lleva desde Hvannasund a Viðareiði siguiendo la costa oeste de Viðoy con impresionantes vistas en todo momento de Borðoy y del canal.


Aunque la carretera no está muy bien cuidada es totalmente llana y prácticamente sin curvas, por lo que se puede recorrer sin ningún miedo.

Viðareiði
Puede que en cuanto a casas no sea el pueblo más bonito de las Feroe, pero su ubicación en un estrecho istmo de 1,5 kilómetros de ancho bajo la sombra del espectacular monte Malinsfjall y con vistas a Múla (Borðoy) y a la majestuosa montaña Villingardalsfjall, hacen de Viðareiði un pueblo realmente mágico.

El objetivo principal de venir hasta aquí está claro: disfrutar de un agradable paseo por el pueblo y su entorno o, como era nuestro caso, hacer la famosa ruta de subida al monte Villingardalsfjall para acceder a la vista de los acantilados Enniberg.
Ruta al Monte Villingardalsfjall y Enniberg
- Duración: 4 horas (17 de agosto)
- Zonas Visitadas: Viðareiði, Villingardalsfjall, Enniberg
- Kilómetros Recorridos: 8 kilómetros (ida y vuelta)
- Desnivel Total Acumulado: 850 metros de subida y de bajada
- Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 840 m / 90 m
A diferencia de otras rutas de las Feroe, esta no es un simple paseo y se parece más a un trekking del Pirineo de una jornada (no de los fuertes fuertes, pero sí de los majos).

El recorrido comienza con el habitual cartel de «por favor págueme 200 DKK por persona». En este caso, en el cartel se indica un número de cuenta para hacer la transferencia. Justo después, nos encontraremos con una puerta-cancela-somier en el más puro estilo feísmo gallego (para hacerme sentir como en casa) y ya empieza la ruta de verdad.


Aunque no parece muy complicada de seguir (hay marcas y postes que indican el camino), conviene llevar siempre el mapa o un GPS porque la niebla se puede echar en cualquier momento (como, efectivamente, nos ocurrió a nosotros).
La subida hacia lo alto del Villingardalsfjall se hace en una progresión ascendente casi continua que va, poco a poco, incrementando el nivel de inclinación. No hay que realizar trepadas en ningún momento pero sí que a medida que nos acercamos a la cima la ruta se va haciendo más exigente.

No hay que subir a toda prisa. El regalo visual empieza casi desde el principio del recorrido con unas extraordinarias vistas del monte piramidal Malinsfjall y el pueblo de Viðareiðdi…

… y también del canal Haraldsund con la vecina isla de Borðoy…

… e incluso la inmensidad del océano con las islas Fugloy y Svínoy a lo lejos.

Realmente impactante. En este momento pensamos que si la ruta se terminase aquí ya hubiese valido la pena toda la jornada. Las Islas Feroe son puro espectáculo continuo.
Progresivamente, vamos ganando altura y por lo tanto las vistas empiezan a abrirse también hacia el oeste. Pronto aparecen las secciones norte de las islas de Borðoy, Kunoy y Kalsoy, como si de tres cordilleras marítimas gemelas se tratase.

En un día claro como el que teníamos (por ahora) se puede distinguir perfectamente el pueblo de Múla en Borðoy, Trøllanes en Kalsoy e incluso el Faro Kallur en la punta norte de esta isla.

Un auténtico deleite. A medida que seguíamos subiendo el terreno se iba volviendo cada vez más rocoso y comenzaban a aparecer las primeras nubes que hacían que la vista de casi 360º fuese cambiando como si se tratase de una película.


Desde la cima del Villingardalsfjall (a la que sí llegamos) hay que continuar aproximadamente un kilómetro hacia el norte para llegar hasta el mirador de los acantilados de Enniberg. Lo que ocurre es que nosotros nos vimos de repente envueltos en una niebla muy espesa que no nos dejaba ver nada que estuviese a más de 20 metros.

Aún así, seguimos caminando un poco por si se disipaba. Llegamos a ver algún pequeño trozo de acantilado en alguna ventana que se abría, pero estaba claro que la nube se iba a quedar ahí afincada.
Tomamos la decisión de volver porque, aunque continuásemos hasta el mirador, no íbamos a ver nada y era realmente una tontería. En el camino de vuelta aprovechamos para maravillarnos con las vistas del valle glaciar Ormadalur, dominado por una espectacular cresta rocosa en forma de peineta y que nos cautivó durante toda la bajada.

No hemos podido hacer el 100% de la ruta pero dudo que sea mucho más espectacular de lo que ya habíamos visto.
Puedes descargar aquí el track de esta ruta.

Fugloy: El Lejano Este
Una de las incursiones más salvajes y únicas en las Feroe es la visita a las islas Svínoy y Fugloy, siendo la ruta para llegar a ellas (en el genial ferry Ritan) quizás la mejor parte de la aventura.
Información Básica sobre esta Isla
- Principales conexiones con otras islas: Viðoy (en ferry desde Hvannasund) y Svínoy (en ferry).
- Es la undécima isla en tamaño (11 km²), de las más despobladas y de las peor comunicadas. Para llegar sin helicóptero hay que coger el ferry en Hvannasund que tendrá que desafiar las corrientes abiertas del Atlántico Norte para llegar primero a Svínoy y, después, a Fugloy.

- Su nombre significa «Isla de los Pájaros» por la enorme cantidad de aves que pasan por ella. Solamente la habitan 35 personas de forma habitual.
- Es un enorme trozo de basalto que llega hasta los 621 metros de altura de la montaña Klubbin y está rodeada por espectaculares acantilados verticales en gran parte de su perímetro.
El Viaje De ida en Ferry: ¡Todos al Ritan!
El viaje para llegar a Fugloy es una gran experiencia en sí mismo. El ferry Ritan lleva más de cinco décadas surcando los fiordos y los canales de las islas y, desde hace mucho tiempo, cubre la línea circular que sale de Hvannasund para dar servicio a las islas Svínoy y Fugloy.


Si las condiciones marítimas lo permiten y no hay que hacer ningún tipo de desvío, el ferry sale de Hvannasund para surcar el canal hacia el este hasta su primera parada: Svínoyareiði en Svínoy (30 minutos).

Después de que baje la gente y hagan el reparto de suministros, el Ritan continúa su recorrido hasta Kirkja, en al sur de la isla Fugloy (15 minutos) para, finalmente, bordear parcialmente esta isla hasta Hattarvík (15 minutos).


Dese aquí, el Ritan vuelve directamente a Hvannasund salvo que tenga que hacer alguna parada bajo petición. El precio del billete incluye el recorrido circular completo y hay turistas que lo compran para hacer el tour sin bajarse en ninguna de las dos islas.

Nosotros teníamos planificado ir desde Hvannasund (Viðoy) hasta Hattarvík (Fugloy) en el Ritan, hacer una caminata por la isla hasta el otro pueblo situado al sur (Kirkja) y volver en helicóptero. Nunca habíamos subido en helicóptero y nos parecía un lugar ideal para surcar el cielo y ver todas las islas por las que habíamos trotado en los últimos días.
Peeero… No todo salió como teníamos planificado…
El viaje de ida lo hicimos sin problema: Cogimos el ferry a las 08:45 en Hvannasund (a 5 minutos de nuestra casa de Depil) e hicimos todo el trayecto hasta Hattarvík sin complicaciones con todas las paradas intermedias reglamentarias (Svínoyareiði en Svínoy y Kirkja en Fugloy).
Durante el trayecto disfrutamos de las vistas de los acantilados, aunque íbamos viendo progresivamente cómo el día se iba cubriendo de una niebla densa que no tenía pinta de disiparse facilmente.

Hay que tener en cuenta que no hay un embarcadero como tal en ninguna de estas dos islas por lo que para subir o bajar del ferry hay que dar un salto mientras el ferry sube y baja hasta 3 metros de altura (en las peores condiciones), según cómo estén las corrientes.
No hay que alarmarse tampoco, es algo que la gente hace a diario, pero también es cierto que en el año 2018 un hombre local totalmente acostumbrado a estos vaivenes perdió la vida después de resbalar y quedar atrapado entre el muelle y el barco.

Ruta por Fugloy
- Duración: 2 horas (24 de agosto)
- Zonas Visitadas: Hattarvík, Kirkja
- Kilómetros Recorridos: 3 kilómetros (solo ida)
- Desnivel Total Acumulado: 300 metros de subida y de bajada
- Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 290 m / 10 m
Nos bajamos del barco (sin sustos) en Hattarvík. Desde este pequeño pueblo de menos de 20 casas enclavado en un precioso valle redondeado existen varias rutas disponibles: el pico Eystfelli (449 m) y su faro, la montaña Klubbin (621 m) o la ruta costera hasta Kirkja, que fue la que hicimos.

Cualquiera de las rutas no tiene en principio mucha complicación. Si la visibilidad es buena, la isla es lo suficientemente pequeña como para ver en todo momento a qué lugar nos estamos dirigiendo. No era el caso de este día… la niebla hacía que la visibilidad fuese prácticamente nula por encima de cierta altitud así que decidimos contentarnos con la ruta hasta Kirkja (igualmente teníamos que acabar allí porque habíamos reservado el vuelo en helicóptero para volver).
Después de un pequeño paseo por Hattarvík buscamos el inicio de la caminata que bordea la costa sur de la isla hasta llegar a Kirkja. No es nada fácil encontrar el punto de salida pero, una vez que se empieza, es cierto que el carmino está marcado por hitos de piedras que ayudan a seguir el recorrido.


La visibilidad no era buena pero al menos no llovía demasiado. Con buena visibilidad será seguramente una ruta fantástica. Cerca del final de la ruta decidimos continuar por la carretera que conecta los dos pueblos porque estaba empezando a llover más y teníamos miedo de que la cosa se pusiese más fea.
Puedes descargar aquí el track de esta ruta.
Kirkja
El pueblo no destaca por su belleza pero sí por su ubicación, mirando directamente a Svínoy y Viðoy. Nos quedaba una hora y media para la salida del helicóptero y estaba lloviendo. Un panorama bastante lamentable.

Buscamos la plataforma del helipuerto, que está muy cerca del centro del pueblo, y aunque no había nadie sí que había un baño abierto. Al menos podríamos refugiarnos allí si no encontrábamos un lugar mejor donde esperar la salida del helicóptero.
Fue entonces cuando recibimos el email comunicándonos que se suspendía el vuelo por las condiciones meteorológicas adversas. ¡Pues estupendo! Rápidamente, buscamos el teléfono del puerto de Hvannasund para decirles que íbamos a tener que subir al Ritan para volver a Viðoy.
Nos dijeron que no había ningún problema, que fuésemos al muelle a las 3 de la tarde y que allí podríamos subir al ferry. Yo creo que aunque no hubiésemos llamado no habría pasado nada porque el ferry hace siempre el recorrido circular completo, pero por si acaso vale la pena ser prevenido.
¿Y qué íbamos a hacer hasta entonces? Teníamos casi dos horas por delante, estaba lloviendo, había una humedad ambiental horrible y no había lugar agradable donde refugiarse… Un asco (de hecho, este día y el siguiente fueron los dos con peor tiempo de las dos semanas que pasamos en las Feroe).

Decidimos dar un paseo por el pueblo con los chubasqueros, a ver si al menos encontrábamos un cobertizo algo más agradable que ese baño del helipuerto, y entonces la suerte nos sonrió.
Cuando pasábamos delante de una casa, salieron dos mujeres a la puerta y nos dijeron si queríamos entrar. Nos quedamos sorprendidísimos, pero la verdad es que parecían muy agradables y que nos lo estaban diciendo de verdad. Nos acercamos y vimos que realmente se trataba de una especie de hostal (Kalalon B&B).

Entramos, nos cambiamos de ropa para no mojar el suelo y pasamos al salón-comedor principal. Las chicas nos contaron que tenían varias habitaciones y que también organizaban comidas por encargo. Justo ese día tenían una comida encargada para unas 10 personas y nos dijeron que no había ningún problema en que esperásemos allí hasta que se acercase la hora del ferry.
Aprovechamos para tomar un chocolate y unas magdalenas y ver la buena pinta que tenían todos los platos que les sirvieron a los de la comida.
No sé si algún día de mi vida volveré a Fugloy pero, de ser así, me quedaré a dormir en este B&B porque me pareció que era estupenda la casa, la comida y las dueñas. ¡De menuda situación nos salvaron!
El Viaje De vuelta en Ferry: ¡El Ritan al Rescate!
Un rato antes de las 3 de la tarde nos despedimos de las chicas del Kalalon B&B y nos fuimos al embarcadero de Kirkja. Allí había bastante gente esperando la llegada del barco.

Fue un momento maravilloso. Allí, como espectadores, vivimos las distintas situaciones de la gente que vive o visita la isla: familias que han ido a visitar a alguien y se vuelven a su isla de residencia, turistas (como nosotros) que se han quedado atascados en la isla, gente que se va a trabajar y que ¡incluso se llevan el coche!

Bueno, todo un show. El momento en el que se pusieron a preparar el coche para después cargarlo encima del ferry con una grúa fue realmente auténtico. La cancelación del helicóptero ya había valido la pena.

Cuando empezó el viaje de vuelta empezó a mejorar la visibilidad. Pronto pudimos ver perfectamente la parte final de la isla de Viðoy, visiblemente dominada por el monte Villingardalsfjall al que habíamos subido una semana antes.

Las propias islas de Svínoy y Fugloy iban librándose poco a poco de la fastidiosa niebla a la que habían estado sometidas durante todo el día y pudimos ver por fin perfectamente la parte alta de Fugloy.

Las vistas hacia el sur de Viðoy y Borðoy eran espectaculares también, con unas nieblas en movimiento que iban engullendo y soltando trozos de las montañas.

En este viaje de vuelta hablamos bastante con uno de los capitanes del barco. Era bastante majo y yo creo que le hacía gracia que estuviésemos tan emocionados con nuestra visita a Fugloy y con el viaje en ferry.
Ya en Hvannasund, cogimos el coche y volvimos a nuestra casita de Depil con la sensación, a pesar de la frustración climatológica, de haber pasado un día realmente único, especial e irrepetible.

Y es que realmente así fue casi siempre nuestro viaje a las Feroe: único, especial e irrepetible. Este archipiélago perdido a medio camino entre Escocia e Islandia y (por ahora) no demasiado invadido por el turismo, superó con creces nuestras expectativas y nos regaló una experiencia vital inigualable.

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