Islas Feroe 2025 – Kalsoy

Kalsoy se podría resumir como la isla de los túneles y el faro. Un lugar único, mágico e imprescindible en cualquier viaje completo a las islas Feroe.

A Kalsoy hay que dedicarle un día entero. Es una isla muy especial, tanto por su forma como por sus montañas, y si el clima acompaña la recompensa es total.

Información Básica sobre esta Isla

  • Principales conexiones con otras islas: Borðoy (en ferry desde Syðradalur).
  • Es la novena isla en tamaño (31 km²), de las más despobladas (viven en ella menos de 100 personas) y de las peor comunicadas (no es accesible ni por túnel ni por puente). Aún así, el viaje en ferry es más corto y menos expuesto a las inclemencias del tiempo que el trayecto a otras islas pequeñas habitadas como Svínoy o Fugloy).
  • Su nombre significa «Isla del Hombre», en contraposición con la isla (también alargada) al otro lado del fiordo Kalsoyarfjorður y que se llama «Isla de la Mujer» (Kunoy). 
  • La geografía de Kalsoy es muy curiosa. Parece un flautín dominado por una única cadena montañosa entre cuyas cumbres se han formado unos espléndidos y enormes valles.

El Viaje en Ferry

La única forma de llegar a Kalsoy es a bordo del ferry «Sam» que sale de Klaksvík. Aunque hay un autobús que cubre de sur a norte la única carretera de la isla, vale la pena llevar el coche porque así se puede transitar libremente sin ataduras a los horarios de ese autobús. Eso sí, solo hay sitio en el ferry para 14 vehículos por lo que es recomendable reservar con algo de antelación.

Vistas de Kalsoy desde el ferry

El ferry sale de Klaksvík y tarda poco más de media hora en llegar a Syðradalur, el pueblo más al sur de la isla. Es un recorrido muy chulo, por el fiordo Kalsoyarførður, con unas maravillosas panorámicas de Kalsoy y Kunoy.

Llegando en ferry a Syðradalur

Nosotros cogimos el ferry de las 8:00 y para regresar el de las 16:30. Puede parecer mucho tiempo para visitar unos pueblos pequeños y hacer una ruta, pero realmente no nos sobró ni un segundo porque nos dejamos llevar por el ambiente «chill» de la isla.


Syðradalur

Hubo un momento en el que la isla se consideraba como el mejor lugar de las Feroe para cultivar maíz. Concretamente, en el antiguo poblado (ahora abandonadísimo y casi inexistente) de Blakskáli, un poco más abajo de la punta al suroeste de la isla.

Aquí vivía gente hasta que en el año 1809 una avalancha hizo que las familias del pueblo se trasladasen a la otra costa de la isla, y así nació Syðradalur.

De los cuatro pueblos que hay en Kalsoy, Syðradalur es el menos interesante. La mejor idea es salir del ferry con el coche y poner rumbo directo al siguiente pueblo: Húsar.


Húsar

Situado a 3 kilómetros de Syðradalur, Húsar es el pueblo más antiguo de Kalsoy. Vivió su momento de esplendor a principios del siglo XX cuando había mucho trabajo relacionado con la pesca en el pueblo, pero empezó su declive en los años 60 cuando la gente empezó a abandonar el pueblo al tener mejores opciones y condiciones de trabajo en las nuevas factorías de pescado en Klaksvík.

Sin ser un pueblo espectacular, vale la pena para un rato y dar un paseo por sus dos calles principales, en parte para disfrutar también de las maravillosas vistas que hay de las montañas de la isla vecina de Kunoy desde la parte más alta del pueblo.

Vistas de Kunoy desde Húsar

Mikladalur

Saliendo de Húsar hacia el norte, tendremos que cruzar tres de los cinco túneles de un solo carril y sin iluminación que hay en Kalsoy para llegar hasta el siguiente pueblo. En concreto, son los túneles Villingardalstunnilin, Ritudalstunnilin y Mikladalstunnilin, de 1200, 700 y 1100 metros de longitud respectivamente.

Entrada a un túnel en Kalsoy

Personalmente me encantan estos túneles antiguos (tienen aproximadamente 40-45 años) que se construyeron según la necesidad del momento (que sigue siendo la necesidad actual). ¿Para qué invertir mucho dinero en hacer un túnel de 2 carriles y agujerear más la montaña cuando el flujo del tráfico en la isla es mínimo?

Dentro de cada túnel hay, cada cierta distancia, unos «passing places» para que un coche pueda hacerse a un lado si coinciden dos vehículos, uno en cada dirección. Y con esto se han apañado hasta ahora y seguirán apañándose perfectamente en el futuro.

Boca de túnel en Kalsoy, casi invisible

Tras un trayecto de 10 kilómetros desde Húsar, hay que desviarse a la derecha al salir del túnel Mikladalstunnilin para llegar una de las paradas cruciales en la isla: Mikladalur.

Estamos en el poblado principal de la isla y una de las atracciones principales para la mayoría de los visitantes: está ubicado en un maravilloso y fértil valle redondeado que mira directamente al fiordo y a las montañas de Kunoy y, además, desde el año 2014 es la casa de la escultura «Mujer foca» del aclamado Hans Pauli Olsen.

Mikladalur

Además de pasear por el pueblo (que tiene un buen grupo de casas tradicionales con tejado de césped muy bien conservadas) hay que seguir las indicaciones que llevan hacia el fiordo y descender los 150 escalones que nos dejan directamente delante de la escultura de Olsen.

Está hecha de bronce y de hierro y retrata a una mujer desnuda que parece emerger del cuerpo de una foca que está mudando su piel. Mide 2 metros y medio de alto, está diseñada para poder aguantar la fuerza de olas de hasta 13 metros de altura y responde a la siguiente leyenda:

Seal Woman (Mujer Foca) de Hans Pauli Olsen

Las focas son humanos que se quitaron la vida ahogándose en el mar. Según la leyenda, una vez al año, las focas se reúnen en la orilla de Mikladalur, se quitan sus pieles de foca, vuelven a convertirse en humanos y bailan y se divierten toda la noche.

Un joven del pueblo había oído hablar de esto y, cuando las focas se reunieron en una cueva cerca del pueblo, bajó para ver si la historia era cierta y se escondió detrás de una roca en la orilla. Cuando se puso el sol, vio a muchas focas nadando hacia la cueva y, efectivamente, quitándose la piel y dejándola en la playa rocosa para poder caminar como verdaderos humanos.

Desde su escondite, el joven disfrutaba contemplando la escena hasta que vio a una muchacha excepcionalmente hermosa que le fascinó. Prestó especial atención para ver dónde dejaba su piel y la escondió. 

Las focas bailaron toda la noche, pero con la primera luz del alba se pusieron sus pieles de foca. Pero la muchacha foca que él había visto no pudo encontrar su piel, aunque buscó y buscó. Antes de que el sol se elevara del todo, olió la piel que el joven había escondido. Se acercó a él y, muy agitada, le rogó que se la devolviera. Pero él no quiso escucharla y subió la colina hacia su casa llevándose la piel. Ella no pudo hacer otra cosa que seguirle. El joven la hizo su esposa y vivieron bien juntos pero debía tener mucho cuidado para mantenerla alejada del mar. Guardó la piel bajo llave en un cofre y llevaba siempre la llave atada al cinturón.

Un día el hombre salió a pescar. Mientras recogía una gran captura, su mano rozó el cinturón, donde normalmente colgaba la llave. Horrorizado, se dio cuenta de que la había olvidado en casa… Mientras tanto, la mujer foca encontró la llave, abrió el cofre y vio la piel. Y no pudo contenerse. Bajó corriendo a la orilla, se puso la piel… y se lanzó al mar.

En cuanto saltó a las olas, un gran foca macho, su antiguo compañero, nadó a su lado, y juntos se alejaron mar adentro. Todos esos años él había esperado cerca de la costa a que ella regresara.

Cada vez que los hijos que había tenido con el hombre de Mikladalur bajaban a la orilla, veían siempre una foca cerca, mirándolos fijamente. Todos pensaban que podía ser su madre.

Pasaron los años y un día, los hombres de Mikladalur planearon entrar en una cueva para cazar focas. La noche anterior, la mujer foca se le apareció al granjero en sueños. Le dijo que, si iba a la caza, no debía matar al macho frente a la cueva, porque era su marido, y que también debía perdonar la vida a las dos crías al fondo de la cueva, pues eran sus hijos. Incluso le dijo cómo eran.

Pero el granjero no hizo caso del sueño y, junto con el resto de los hombres del pueblo, mató brutalmente a todas las focas de la cueva. Como parte de su botín, recibió la cabeza del macho y las aletas delanteras y traseras de los cachorros. La cabeza la colgó sobre la puerta y la carne de las aletas la cocinó para la cena. Cuando la comida estuvo lista, se oyeron fuertes golpes y estruendos, y la mujer foca apareció transformada en un ser terrorífico. Husmeó la olla y gritó con voz amenazante:

«Aquí yace la cabeza de mi compañero, la mano de Hækur y el pie de Fríðrikur. Habéis tenido vuestra venganza y ahora mi venganza caerá sobre los hombres de Mikladalur. Algunos se ahogarán en el mar, otros caerán de los acantilados, y así será hasta que tantos hayan muerto que puedan rodear toda la isla de Kalsoy unidos de la mano».

Dicho esto, se marchó entre un gran estruendo y rugido, y nunca más volvió a ser vista. Por desgracia, desde entonces, no es raro oír noticias de desastres en Mikladalur, de hombres que al ir a cazar aves han resbalado y caído desde los acantilados para hallar su muerte.


Trøllanes

Desde Mikladalur son otros 5 kilómetros y atravesar el túnel más largo de la isla (Trøllanestunnilin, 2200 metros) para llegar al pueblo más al norte de Kalsoy, Trøllanes.

Trøllanes

Antes de la construcción de este túnel en 1985, la única forma de llegar al pueblo dese Mikladalur era haciendo un trekking que subía hasta 500 metros de altitud para atravesar después el valle de Djupadalur, subir hasta los 576 metros de altitud de la montaña Hádegisfjall y, por último, descender a Trøllanes.

El autobús que recorre Kalsoy aparcado en Trøllanes

Hoy en día, solo tres familias viven en este pueblo que realmente no tiene muchas edificaciones. Aunque su ubicación es espectacular y las vistas del norte de Kunoy (Kunoyarnakki, 819 metros de altitud) y Viðoy (Enniberg, 754 metros de altitud) son soberbias, podemos decir que casi el 100% de la gente que llega hasta aquí es para hacer la cómoda pero impactante ruta del Faro Kallur.

Ruta al Faro Kallur

  • Duración: 2 horas (20 de agosto)
  • Zonas Visitadas: Trøllanes, Faro Kallur
  • Kilómetros Recorridos:  5 kilómetros (ida y vuelta)
  • Desnivel Total Acumulado: 280 metros de subida y de bajada
  • Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 250 m / 60 m

Fue al llegar a Kalsoy cuando nos enteramos de que esta ruta se había hecho especialmente famosa en los últimos años porque es donde supuestamente muere el personaje del James Bond encarnado por Daniel Craig en la película «No Time To Die» del año 2021.

Faro Kallur en su imponente ubicación

Nosotros no teníamos ni idea. Queríamos hacer la ruta porque sabíamos que las vistas y el entorno son impactantes, pero no por el fetiche de James Bond (aunque finalmente tuvo su punto gracioso cuando encontramos la «tumba» ficticia que el propio dueño de esta parte de la isla puso para atraer todavía a más turistas).

Cuando llegamos a Trøllanes entramos en un mar de dudas absoluto ya que no sabíamos si hacer la ruta o no. Me explico: en un día despejado la hubiésemos hecho sin dudarlo, pero había muchas nubes y niebla…

Lo peor que nos podía pasar era llegar arriba y no ver nada por la niebla densa que había encima de nuestras cabezas, pero como teníamos que pagar 200 DKK por persona nos entraron muchas dudas.

Después de preguntar a varias personas que volvían de hacerla y que nos decían que estaba todo con mucha niebla pero que a veces se abría un poco y se veía algo decidimos hacerla. Total, seguramente no íbamos a volver a Kalsoy en otro momento y ya que estábamos allí era una pena no intentarlo.

Esto es lo que nos hubiésemos perdido…

Lo que ocurrió fue que el momento de indecisión fue más largo de lo que creíamos, así que teníamos que hacer la subida a ritmo exprés para poder disfrutar del Faro una vez arriba (si es que teníamos algo de visibilidad). Pero bueno, acostumbrados a rutas de montaña potentes como estamos no fue un gran problema y pusimos todo nuestro empeño para minimizar el tiempo de subida.

¡Pues menos mal que hicimos la ruta! La naturaleza nos regaló un espectáculo visual difícil de describir con palabras o imágenes ya que la sensación del directo fue realmente lo que se quedó grabado para siempre en nuestras retinas.

Vistas de Eysturoy desde el faro

El inicio de la caminata sale de la casa donde hay que pagar la entrada y no tiene pérdida porque está marcado con piedras. Nada más empezar a ganar algo de altura mejoran las vistas de las puntas norte de Kunoy y Viðoy. En este momento teníamos incluso gran parte de cielo azul, algo que media hora antes nos parecía imposible.

Viðoy y Kunoy en la lejanía

Después de un trozo de subida constante, llegamos a una zona más llana recubierta de una inmensa pradera al estilo feroés y ya pudimos ver por primera vez el faro a lo lejos. Comprobamos la hora y vimos que íbamos con tiempo de sobra como para llegar al faro, relajarnos allí 20-30 minutos y volver a bajar, así que nos permitimos relajar un poco el ritmo.

Faro de Kallur (izquierda)

El faro es pequeño (pero muy curo), aunque no es la verdadera atracción. Lo importante son las vistas fabulosas, tanto hacia el este (Kunoy y Viðoy)…

Kunoy y Viðoy desde el Faro Kallur

… como hacia el oeste: Gjógv y Risin or Kellingin (Eysturoy) e incluso Tjørnuvíksstakkur en la distancia (Streymoy).

Risin or Kellingin y Tjørnuvíksstakkur

Además de poder ver todo esto, tuvimos la suerte de disfrutar de un juego de luces muy especial: la niebla, dejándonos ver siempre las islas, iba o paso a los rayos del sol por diferentes lugares, cambiando la iluminación de cada zona como si hubiese un técnico de iluminación de un teatro jugando con los focos. Una pasada.

Luces y… ¡acción!

Por otro lado, detrás del faro y no menos alucinante, el pico Boragin (537 metros) que se eleva imponente junto al faro con una ladera verde eléctrica para después caer en picado hasta el océano por su otra ladera. 

Faro Kallur y pico Boragin

Desde el faro se puede seguir un camino por encima de una arista (estrecha pero lo suficientemente ancha como para ir con comodidad) hasta un pequeño promontorio más metido en el océano desde que las vistas panorámicas se magnifican todavía más.

Vistas desde el promontorio

Esta es la historia de cómo a veces hay que arriesgarse aunque no parezca que uno las tenga todas consigo. Gracias Kalsoy por habernos ofrecido un día tan especial.

Cuando la hora se nos echaba encima, volvimos hasta Trøllanes contentísimos por haberle sacado tanto partido a la isla, cogimos nuestro coche y pusimos rumbo a Syðradalur. El ferry de vuelta a Klaksvík nos estaba esperando.


Otras rutas en Kalsoy que no hemos hecho

  • Faro de Syðradalur: sencillo y corto paseo a este faro de 1893 que es de los más antiguos de las Feroe (1 km, 20 m de desnivel, ida y vuelta).

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